martes, 27 de octubre de 2015

Disfrutada la CIFICON de A Coruña.

Aunque el invierno se acerca y apetece el calor de hogar, los días 24 y 25 de este octubre de 2015, pudimos acudir a la llamada friki de la CIFICON en A Coruña. Toca agradecer la invitación de la Orden 66 de Asturias, tramitada por el amigo Miguel Blanes, para estar el domingo con un bonito "multipase" y participar en un taller infantil sobre Star Wars. Y el ánimo cordial de Ami para aprovechar los tres días en la Coru, neno. Que "haiche moito que ver".

En un aprovechado espacio del gran Expo Coruña se dividieron los puestos de la Orden 66, las distintas tiendas, un bar, zona de videoconsolas, zona de talleres, las exposiciones de Lego y Regreso al futuro, los autores con sus novelas y un reservado para las charlas. Vale, vale, y sus debidos aseos al fondo a la izquierda. Hasta galletitas con la forma de varios personajes de Star Wars había.

Un espacio recogido y con ventanal que daba a la calle, de modo que parte de lo que se hacía podía verse por parte de conductores y paseantes. Lástima que no hubiese carteles por allí que desvelasen a posibles caminantes lo que sucedía. O que les explicase que a lo que estaban jugando en la explanada de la entrada aquella tarde era Quidditch Muggle.

Quidditch Muggle.
Dentro, la reunión de jóvenes y jovenzuelos, caracterizados de humanos de a pie, seres de otras galaxias y personajes varios de la ficción y la fantasía. A algunos los vimos bastante, a otros, poco más que en el concurso de Cosplay del sábado. Entre otros, se pasearon un magnífico y armado Iron Man de fibra de vidrio, Superman, el malote de Resident Evil, la buenorra de Resident Evil, Amidala, un par de Jawas, Darth Vader y un Trooper, Jedis, un Anakin oscuro, padawans infantiles,... Un conjunto pequeño pero magnífico de personajes con los que compadrear y sacarse fotos. 

Paseando entre tiendas se produce el encuentro con el material y los vendedores, algunos de los cuales ya no solo eran atentos sino cariñosos desde el primer saludo (así que saludamos Ami y un servidor a las chicas de las galletitas y a la del puesto de los muñequitos de estambres, especialmente).

Tuve la oportunidad de no perderme más que una de las charlas que, al principio, pensaba ir. El resto, en general, un disfrute, remarcando especialmente las dos del joven y graciosísimo Fernando Polanco, autor de "Zombi D´Or. Ciudad de vacaciones", y la de los tres miembros de la Asociación de Castilla y León de fantasía, ciencia ficción y terror. Fueron dos charlas por reseñado, jeje. Me explico. La cosa es que Fernando presentó su novela y, por la tarde, un taller de guiones de ciencia ficción. Por parte de la Asociación, una charla sobre cine y, el domingo, presentación de la novela "Metanoia" de uno de sus miembros, Dioni Arroyo. Y tan contento quedé con todos ellos que lo que compré fueron tres de sus libros: el citado de Fernando, el de Dioni y la antología de relatos "Kalpa 2015". A mayores, en lo que a charlas se refiere, el concurso de Cosplay del sábado por la tarde y la charla final del domingo sobre "Regreso al futuro".
 
No vimos zombis, menos mal, al menos no humanos, sí en algunos libros que se vendían o que comentamos en corrillo. Ah, vale, que los zombis coruñeses son esta semana... vale ;-)

 Si el sábado aprovechamos para pasear y escuchar, disfrutando del ambiente, el domingo ya nos implicamos y, tras contactar con Miguel Blanes, Ami se caracterizó de maestra Jedi, Atris, Miguel de Stormtrooper, Alberto de Jedi y un servidor se ofreció a medio vestirse de Jedi, con atrezzo de vestimenta y armas del líder Blanes. Animados por la Orden 66, estuvimos en el taller infantil de padawans. Allí, los niños aprendieron los rudimentos de la Fuerza y practicaron algunas técnicas sencillas y varios pases de sable. Como no hay mal que por bien no venga, vino Darth Vader y hubo que pararlo entre todos. Eso sí, la cosa terminó bien, haciendo las paces y una foto con todos. Luego, en comanda, salimos a pasear la convención, quedando como expertos matadores de humanos... a las fotos me remito, sí a esas donde un grupo de Jedis le siguen las gracias a Vader. Ah, hubo minutos musicales, con Vader tarareando cancioncillas populares como el "Stayin´ alive" (no, todavía no he visto si hay vídeos del canto y los meneítos que hicimos a su sombra).
Zona Lego.
 
Ojalá crezca y sigan. Vimos a muchos jóvenes, tanto en la organización como paseando por Expo Coruña; vimos agradecimiento en los autores con los que hablamos, gente que no solo se ha pateado unas cuantas más sino que incluso están metidos en la organización de algo parecido en sus tierras de origen; vimos ganas y esperamos que las limitaciones y lo mejorable vaya desapareciendo a cada convocatoria que haya. Y esperamos que María José, de la Tropa Korriban, pueda estar ahí (un saludo también para ti, chavaliña). 


Ooooh, había un Félix más en la Cifi. Y Dioni y Alberto (en estado de gracia y aura).
Tras el contento por el buen tiempo que tuvimos allí, lo bien que nos lo pasamos y los buenos recuerdos que ahora afloran, solo me queda compartiros unos enlaces para complementar. Los referidos al CIFICON oficial, un álbum de fotos del mismo y el de la Asociación antes citada.








jueves, 22 de octubre de 2015

Vista "El guerrero del mundo perdido".

Título inicial, en los créditos.
Un poco perdido puede parecer uno si dice que ha visto esta película. A menos que te dé igual la letra del abecedario fílmico en que puede estar, perdida ella también entre la B y la Z. Y hasta perdidos parecen los personajes de esta inclasificable obra de producción italiana. Porque aunque vean muchos norteamericanos por los créditos, estamos ante un largometraje italiano... filmado por el director David Worth. Este no solo dirige sino que guioniza, aunque muchos que saben lo que dicen han comentado que eso del guión fue más una entelequia que fue surgiendo según se grababa que otra cosa. En el resultado final uno ya no se fija en estas minucias sino que solo puede recoger los ojos del suelo para ver en qué termina esto.

 




 La I. A. motorizada que repite las cosas dos y hasta tres veces y que ayuda al protagonista a salir bien parado de los peligros de la carretera postcatastrófica.




 Yo la disfruté por tener tiempo para no hacer nada y porque la vi con el despreocupamiento y cariño con que uno toma una película que es una parodia intentando parecer seria. Por entonces ya se conocía a Mad Max y al Coche fantástico y al Doctor No y, claro, intentando un sofrito de estos personajes en medio de un mundo postcatastrófico, con un gobierno dictatorial, salió esto.


Un motorista, a lomos de un velocípedo supersónico con una inteligencia artificial que se hace la graciosilla, va escapando de todos los que lo persiguen o intentan atrapar. En una mañana cualquiera de su solitaria vida sobre el asfalto va a vérselas con la policía Omega, un puñado de jovenzuelos jugando a ser malotes y unos organizados militares con vestimenta nazi y de camuflaje. De todos se librará metiéndose un piñazo del copón contra un muro bien visible. Así, sin más. Y comenzará la trama principal, tras presentarnos el mundo en una intro escrita y con voz en off, y tras el paseo matinal que remata en explosión de la moto del protagonista.

Explosión de un coche que más parece eyección del piloto.
Así las cosas, y con el protagonista recuperándose gracias a las capacidades espirituales de unos ancianos venerables, iluminados e iluminadores, nuestro hombre conocerá los intentos de un grupo denominado "Nuevo Camino" por cambiar el statu quo de las cosas a nivel político. Porque lo que sufren estos supervivientes, tras las guerras nucleares, es un estado dictatorial que les impone una serie de "normas y obligaciones", les impide toda emoción, castiga alegremente con la muerte por electrocutación y posterior cremación, y les ofrece silencio y algunas diversiones de mira pero no toques a cambio de un trabajo eficiente y comunitario. Para que esto pueda cambiar han de rescatar al líder político que traiga una nueva era de entendimiento y libertad. Lo de libertad se entiende ya que sufren la opresión de un tirano y de su aparato policial de captura y coerción, el Omega, y lo de entendimiento viene porque existen variadas tribus en el Mundo Perdido. Estas no conviven sino que se pegan a la mínima de cambio. Así que una vez rescatado el líder, a pesar de dejar atrás a su hija, a este no se le ocurre otra cosa que mandar a nuestro motorista a zoscarse con los miembros de las tribus y que sea el ganador, cosa que consigue a duras penas. Como es el que permanece en pie tras una refriega por ver quién es el más fuerte, su cicerone aprovecha para lanzar un discurso que les haga ver a todos que juntos pueden vencer al tirano. Cómo no, a partir de aquí, camaradería y alegría entre los antiguos enemigos. 

Nuevas persecuciones, tiros de armas que suenan a láser, coches que suenan a láser, sonido ambientan que suena a láser, y regreso a por la hija del líder, con la intención expresa de derrocar al poderoso Prossor, el tirano. Porque no se conocía, que aquí tenemos un remedo del Doctor No y un adelanto del Doctor Maligno.

Tras una tanda de tiros y de inflitración donde los guardias muestran tener la misma puntería que los Troopers de Star Wars, asistiremos a la confrontación de los líderes, a la transformación de la hija secuestrada y a un nuevo colegueo de los miembros de las distintas tribus, de algunos trabajadores y de dos señores que mueven los focos de modo circular. Colegueo que se produce tras un discurso que habla de tiempos nuevos y de la presentación de un himno acorde con la recién adquirida paz. Como el motorista ha quedado un poco de lado, se le concede que pase del discurso y de la audición para ponerse todo chulo él frente a la mocita y se nos pongan acaramelados... Pero, claro, es un motorista solitario, así que, ¿qué hará? Si has aguantado hasta aquí no te pierdas el final que pasa pronto y te lo desvela. Eso sí, sobrevive a los minutos musicales que anteceden, con esos andamios donde todos son felices y hasta caen globos de lo alto mientras suena un tema que bien habría podido ser "We are the world, we are the children".

Un divertimento de tarde sin mucho que hacer, la verdad. Pero como tengas algún amiguete que guste de las películas postcatastróficas y de la serie B (y más allá), aprovecha, que has de disponer de buen material para unas risas y una conversación. Hay muchos interrogantes para discutir como ¿dónde está el erial postnuclear cuando se ven exteriores con hierba y árboles? ¿Quién ha asfaltado tan bien las carreteras? Como no, discutir si la I. A. del velocípedo supersónico merece vivir tras escucharle comunicarse con frases y expresiones cortas (en el sentido peyorativo de "cortas"), la cantidad de policías Omega muertos sin apenas posibilidad de acertarle con sus armas a los rebeldes que tienen toda la puntería del mundo, o la cantidad de explosiones que se producen por un quítame allá esas pajas y esos coches perseguidores. 

Hay escenas que quedan para la posteridad como la moto ardiendo con sus rueditas de apoyo traseras (sí, como las que teníamos en las bicis al empezar a montar), la cabeza del policía que, siendo compañero del motorista con ruedines, sale despedida tras un incomprensible accidente con un coche que cae sin más por un terraplén; también, la cantidad de malotes por segundo en los primeros minutos de metraje, la falta de impactos de las armas de mano, sacando los que producen muertes humanas, la facilidad de destrucción de un megacamión a que, según las estimaciones de la odiosa I. A. motorizada, solo se fundiría con 40 megatones; y seguiríamos con las luces sanadoras que salen más de la manga que bajo la mano de los ancianos iluminados, la pronta amistad de los miembros de extrañas tribus (karatekas, nazis, camioneros, geeks,...) y la única escena, que yo recuerde en el cine, de un par de hombres que ante una amiga, e hija, con el cerebro lavado se quedan callados, mientras el malo la anima a que los mate.
 
Yo me voy a desquitar viendo otra peli, jeje, pero después de haber leído un artículo serio sobre esta y tras la lectura de otro que me tronchó más que el largometraje en sí. Ruuuuuuuuuuuuuummm.

miércoles, 21 de octubre de 2015

Leída "Una princesa de Marte".

Vi la película de Ridley Scott, "The Martian", y acabé casi el mismo día "Una princesa de Marte" de Edgar Rice Burroughs. Y me faltaría añadir el nombre del astrónomo italiano Giovanni V. Schiaparelli para tener un trío de ases y un motivo para escribir un poco sobre la lectura, que hoy sigo de lectura y no me meto con la película.

De todas, jeje, comienzo por una cita de la peli. Lo que dicen en ella es real: que en Marte existe un gran cráter con el apellido del astrónomo italiano que, en su tiempo, a caballo de los siglos XIX y XX, escribió sobre sus observaciones marcianas. Uno de los detalles que más trascendió al gran público y a varias novelas de ciencia ficción fue el de los canales de Marte. Para don Giovanni eran canales o depresiones naturales del terreno por donde podía discurrir agua en medio de los desiertos marcianos. Por lo visto, al traducirse al inglés, se entendió este término en su sentido artificial: canales como construcciones para conducir agua. Y de ahí a afirmar la existencia de vida inteligente en Marte, todo fue uno. Pero ya en su momento se hicieron las debidas críticas, tanto a las observaciones que daban como resultado esos canales, como las conclusiones que hablaban de civilizaciones marcianas que construían canales artificiales para llevar agua. 

El caso es que la ciencia ficción bebió de esos datos y controversias y aquí tenemos un ejemplo: Burroughs habla en su novela de los acueductos marcianos, unas construcciones necesarias para aprovechar la escasa agua que aún queda. Aunque aparecen de refilón, como si fuesen más un recuerdo del pasado que construcciones en uso. Al menos en este libro inicial de la saga de John Carter en Marte, aparecen pocas veces y son un buen indicador de las direcciones a seguir, en medio de desiertos y cauces de mares secos.

Estamos en 1912 y este libro recoge los relatos de aventura de un hombre, caballero de Virginia y capitán él, en Marte. La fantasía se une a ciertas descripciones de corte científico y antropológico o cultural que nos da el protagonista. Porque el libro tiene su prólogo, escrito y firmado por el propio Edgar Rice B., y luego el desarrollo de las aventuras, que se venden como reales, al decir el autor que él se dedica a transcribir lo que recibió del protagonista. Así, pues, el texto se divide entre los breves párrafos del autor, diciendo que lo que viene a continuación es real (vamos, como el inicio del "El Quijote") y, después, lo grueso de la publicación, es el relato en primera persona del capitán Carter que, tras su muerte aparente, se ve proyectado a Marte y allí vive diez años de aventuras y amor.

Los relatos son ágiles, hasta divertidos en ocasiones, y contienen algunas descripciones del terreno, de sus gentes y costumbres, dejando algunos detalles en el misterio. Básicamente, son aventuras de guerras y encontronazos entre tribus de marcianos o entre miembros de las mismas tribus, ya que el tema de la fuerza, la valentía y el arrojo son determinantes a la hora de tener un buen puesto dentro de la comunidad. Veremos que no todas las tribus han elegido el camino de la fuerza pero es lo general. En un mundo que se muere y cuyos recursos alimentarios son limitados, la supervivencia de los más fuertes es la tónica. Así, tendremos la oportunidad de ir conociendo tribus, animales y costumbres mientras el protagonista se adapta a las condiciones de gravedad y atmósfera de Marte. 

Al tiempo, hay algunas descripciones, breves, de artefactos y armas usadas por los marcianos. Por ejemplo, del edificio donde se forma la atmósfera o los fusiles con sus alcances de casi quinientos kilómetros de alcance. La mayor parte de las ciudades que van desfilando ante nuestros ojos están desiertas. Fueron obra de civilizaciones anteriores, hijos de un tiempo donde Marte era un vergel, ocupadas actualmente de forma esporádica por nómadas tribus de guerreros.

No todo va a ser violencia y, como todo héroe, hay lugar para el amor. Un amor entre hombre y marciana, una atracción entre prisioneros. Y una historia que sacará a la luz otra. Un amor que descubrirá que en el corazón de algunos de aquellos seres altísimos y fuertes (sobre todo en su caudillo) hay un hálito de humanidad, o marcianidad afectiva. Luego ya descubriremos que el amor no está denostado en todo el desierto marciano sino que hay espacio y ciudad para él.

El libro que tengo yo lo compré a una librería catalana en la última Feria del Libro de Ocasión, en Ourense. Según los datos del mismo, ha sido editado y distribuido por Río Henares Producciones Gráficas, S. L. en su colección Pulp Collection. Como estaba también el segundo, "Dioses de Marte", adquirí los dos por un bajo precio, y al segundo me lanzo ahora para leerlo.

Ya digo, es una obra de ciencia ficción y aventuras y se lo pasa uno bien con tanta acción en un imaginario Marte desertizado y pendiente de un hilo.

Un par de detalles curiosos que he visto por ahí es que el autor es el creador de Tarzán y que Disney sacó una peli en el 2012 que fue un desastre en taquilla (y que, como veréis en las fotos adjuntas) no ha dejado rastro en la web oficial.

Y hasta aquí he escrito, jeje, pero dejo unos enlaces para quien quiera leer un poco más sobre la novela y su trama o sobre ciertas influencias. También el trailer de la película de Disney (en castellano) y sobre lo que fue su desarrollo hasta su estreno en cine.

Como la cité para empezar esta parrafadita, quede la curiosidad de que nuestro Pedro Duque vio y comentó la película de Scott y que Google Maps ha llegado a Marte y podemos pegarle un ojo al cráter que lleva el nombre del astrónomo italiano Schiaparelli.

sábado, 17 de octubre de 2015

Vista "La campana del infierno".

Plaza e iglesia de san Martiño de Noia.
Tengo que volver a Noia, en la ría del mismo nombre, compartiendo el de Muros también, en la provincia de A Coruña. Está  a poco más de 30 kms de Santiago de Compostela y puedes acercarte por la general o por autovía, reducida a vía rápida en su último trecho. Una villa bonita, con bullicio de gente e historias que contarnos. Tengo gratos recuerdos del paso y paseo por ella y, desde ayer, tengo ganas de regresar para no adornarla con recuerdos pasados sino almacenar algunos nuevos modernos.

Título en los créditos.
Y aún ayer estuve allí. Poco más de una hora para una fugaz visita a la iglesia de santa María, con la cohorte de sus lápidas, un resto de acueducto, el pazo del Obispo y la iglesia de san Martiño. Aquí paramos un rato a descubrir esta joya que, a buen seguro, tiene mucho qué decir desde sus piedras. Varias cosas me llamaron la atención pero aquí solo dejo constancia de mi paso por allí en memoria de Claudio Guerín, fallecido al despeñarse desde lo alto del campanario de esta iglesia. Una caída que Pilar Miró (parece que tuvieron una relación sentimental) atribuyó a suicidio, algunos a la maldición que dicen tiene la iglesia y cae sobre los que construyen la torre inacabada de su fachada y otros piensan que fue un mal paso buscando un buen plano. Porque el director, Claudio, buscaba los últimos planos para su película, antes de salir camino a Madrid.




Allí, en esa plaza, una piedra tiene una cruz esculpida, recordando tal muerte. Una cruz que no encontré, al buscarla en la torre equivocada. Si alguna vez vas, ponte frente a las escaleras de la puerta mayor y busca bajo la torre... la acabada. Yo tengo que volver allí a verla y fotografiarla, en silencio y con una oración por el joven difunto, al que pronto igualo en edad en el momento de su pasamiento. Y volver para ver la iglesia por dentro, que cuando llegamos, una celebración exequial finalizaba.

Allí estaba el equipo grabando la película "La campana del infierno", largometraje de hora y media donde nada aparece acerca de la citada maldición y nada infernal nos acecha para llevarnos al calor de las hogueras eternas. Aunque sí puedes hacer una lectura sobrenatural de la cinta, preguntándote si aquí mandó más el fatal destino que la voluntad y la libertad humanas. Un detalle que para muchos gallegos nos golpea afectivamente porque estamos acostumbrados a oír a nuestros mayores que lo que esté para ti nadie te lo quita o que no mueres hasta el día que te tienen marcado, por mucho que estés en peligro. Este interrogante yo lo veo, sobre todo, en las veces en que aparece un misterioso mendigo, vestido en dos de las tres veces que aparece, de peregrino; aunque parece vivir en el pueblo o muy cerca.
 
De todas, la pregunta que más asalta y que llega a formularse explicitamente es acerca de la cordura del protagonista masculino. Hacia el final, ante quienes le emparedan, condenándole a una pronta muerte, inquiere: "Solo quiero saber una cosa: ¿es verdad que estoy loco o ha sido el doctor Cunqueiro? Necesito saberlo".

Desde fuera parece claro: un joven es internado en un psiquiátrico y, antes de su juicio, se le conceden unos días en libertad, con la promesa de personarse en el centro para revisar su conducta. Nada le importa de ello, ni se persona en la institución ni en el juzgado. Lo que hace es regresar a la casa materna para tomar posesión de ella y vengarse de sus familiares vivos, que fueron quienes le encerraron. En concreto, se centra en su tía, hermana de su madre, y sus primas, con las que mantiene una curiosa relación de deseo y aversión. Su regreso trae los recelos de todas ellas, menos la pequeña, que le idolatra. Él pasará de joven travieso a astuto vengador, de hombre trabajador a insidioso matachín. Y apareciendo unos segundos intensos, la figura del "viejo mendigo" le recordará que él solo cumple su destino, tintado en sangre, desde el momento de su concepción. Un destino del que el protagonista quiere huir, haciendo valer su voluntad ("Pero las jugaré yo", responde cuando le dicen que sus cartas ya las barajó el destino), y otras veces cumple, con especial gusto por su malvada parte. Al final, hay que esperar hasta que la niebla se despeje para ver quién es el que ríe el último.

La acción transcurre toda ella en la población donde el demente (si aceptamos una lectura de su papel) tiene su casa, heredada de su madre. Allí y en los alrededores, sacando su salida de la institución psiquiátrica. Tal lugar, con mar y sin nombre, vive su cotidiana existencia y nos envuelve con su niebla y sus cantos infantiles, que varias veces recordarán al recién regresado su propia niñez. Cantos que son una canción de cuna francesa, Frère Jacques, repetida en las pocas ocasiones en que conecta con su infancia y que suele cortarse abruptamente cuando regresa conscientemente al presente. No conocía la canción pero Claustroman y, sobre todo, Ami, me dieron la clave y el título.

Aunque ocupando poco metraje, tiene gran importancia la llegada, casi al unísono, de la nueva campana que completa una de las torres de la iglesia parroquial. Una campana que hará oír mejor la voz de Dios y sus exigencias, a decir del párroco en el momento de la inauguración. Una campana con la que se cruza, antes de la definitiva, en un par de ocasiones nuestro atormentado protagonista. Esto me hace pensa que son las mismas veces que se cruza con el mendigo antes citado, que es el que le recuerda su fatal destino al inicio de su nueva vida.

La venganza es el leit motiv de la trama pero iremos descubriendo, al tiempo, los deseos de hombres y mujeres del pueblo que se suelen quedar en eso, deseo, pero haciéndonos palpar el peso de su maldad. Curiosamente, en este campo, la única relación que se consuma es una no deseada explícitamente pero advertida ya desde pronto. Del resto, aunque incluyendo esta, vemos la zafiedad de unos hombres que intentan violentar a una jovencita o la lujuria de una casada. Lo misterioso asoma en una broma que sale especialmente bien en la primera visita del sobrino a su tía y, quizás, cara el final de la película, en el maullido de un invisible gato mientras se realizado un emparedamiento (¿guiño a Poe?). También en la figura del mendigo que conoce al protagonista desde su misma concepción y hace una lectura mágica de lo que sucedió. La muerte, que es lo que persigue la venganza, danza aquí de una forma curiosa, tocando a los animales a manos de hombres, ya en el matadero ya en la caza, pero apenas roza a los que persigue el aprendiz de asesino... tocándole sí a él (pero no se ría, no, que tiene que ver la película para saber quién ríe mejor). También se plantea la redención del malo y lo irracional de la muerte de un inocente ("En todas las tragedias tiene que haber una víctima inocente", suelta ante una jovencita prima que le adora y no se defiende ante los juegos macabros de su macabro primo). Y, finalmente, aparece una referencia a la fe cristiana acerca de la inmortalidad contrapuesta a todo un discurso, ¿entrañable?, sobre la muerte como un paso a una existencia distinta; concretamente, pasando las primas de ser humanas a un convertirse en alimento y parte sustancial (resina) de los pinos que el primo demente planta a la vera del gris mar. La ambientación, a nivel sonora, se carga en los sonidos ambientales, tanto naturales (mar, pájaros, abejas) como artificiales (campana, moto, camión), más que en una potente y sobrecogedora banda sonora musical.


La tía Viveca.
Un detalle que me hizo gracia fue ver a la actriz Viveca Lindfors haciendo de tía. Es que a ella la recuerdo también de tía mayor en la serie "La tía de Frankenstein" que, en mi infancia, disfruté. Y me acabo de enterar que hizo de tía, también, en "Creepshow". Otro, fue ver que, en la versión que vi, la película se titula en inglés, "The bells". Y que hay una escena que rompe con el ritmo de la película y que se rompe, a su vez, de forma abrupta, pasando la cámara a un modo subjectivo de visión.

Basta ya de comentarios, mírate la película y lo siguiente podemos hablarlo. 
Cómo no, una referencia a la hemeroteca de la mano de claustroman y sus investigaciones.
Por aquí puedes leer alguna curiosidad sobre el guion... y hasta comprar su versión en libro.
Vamos, hasta hay programa de Cuarto Milenio dedicado a la peli y todo. 

viernes, 2 de octubre de 2015

De la manita del "El caminante"

¿Te gustan las historias? A mí me contaron algunas pero la mayoría las he leído. Y me gustan y me tienen el sabor añejo del hogar y la transmisión de mayores a pequeños. O no tan pequeños. De hecho, recuerdo con cariño el momento en que la escritora Cristina López Barrio nos contaba, en la presentación de su novela, que ella y otras mujeres de la familia solían reunirse en la cocina a charlar por las noches y a escuchar las historias de las mayores o las que iban aprendiendo cada una en su peregrinar vital. Contar historias, sí, algo que al decirlo me evoca imágenes de lareira, o de un fuego que calienta y hace danzar las sombras circundantes, mientras los silencios o los recuerdos afloran y se hacen palabra.

Pues la historia de hoy es la historia del diablo que se hizo hombre. Tal cual, oiga, el demonio que decide tomar nuestra existencia para conocer el camino y el corazón humanos, paseando alegremente por la tierra. Un paseo que en los primeros minutos (sí, la historia es la peli, je) incluso le lleva a admirarse y alegrarse de toda la naturaleza que le rodea. Eso sí, después de desplumar a un viajero desplumado... y de cometerse un fallo de racord en las vestimentas del caminante Naschy. 

En este pasear humano, vase el demonio encontrando con hombres y mujeres que son más de lo que aparentan y que van cayendo en la red que este gracioso truhán les tiende. Porque mira que no me reí, disfrutando, de una actuación naschyana a la que no estaba acostumbrado... vaya que no me reí hasta ver la profundidad y las enseñanzas que la película iba desgranando entre gracias y no tan gracias del caminante misterioso. Este hombre, aparentemente indefenso, se muestra astuto y ladino, capaz de hacer gracejos que diviertan a los incautos que se paran a mofarse de él como entrar a las casa de nobles para deshacerse de ellos y hacerse con sus ducados. 

El demonio es poderoso, sí, pero se guarda mucho de usar sus poderes, fuera de unas cuantas situaciones, en las que el rostro del caminante se ilumina de rojo. Y son pocas veces pero puede pasar de todo: desde que una enferma niña se recupere de su postración, a que una vidriera religiosa pase a convertirse en una blasfema e fornicaria expresión artística. Todo vale para este vividor: desde el seducir a una amable granjera hasta meterse en la celda de la superiora que sospecha ser molestada por un nocturno íncubo. Todo vale y todo le vale: desde el empujar al río a un ciego malvado (sí, tal cual, como el del Lazarillo que estás pensando) al vender por unas monedas a su compañero de camino y enseñanzas a un orondo perverso sexual. Todo se le antoja poco y desde poco siempre medra con tal de disfrutar. No se ahorra caminos y noches a la intemperie pero pronto está para robar, fornicar, matar y reírse de la humana situación.

Esta historia tiene su moraleja y sus enseñanzas, dejando campo a la reflexión. Esta es una de la recomendaciones demoníacas durante la película, pues, al menos en dos ocasiones, se para el caminante para reflexionar o para decirle a su pupilo que lo haga. Y, luego, vuelta a la rueda del vicio. Vuelta que en una escena de lupanar, se vive a cámara rápida y, siendo tan abstrusa la situación y tan única en todo el metraje, tanto da para reír que para seguir meditando en la pecaminosa naturaleza y obrar humanos. Obrar que se compara con los animales, quedando como alimañan el hombre más que el cuadrúpedo.

Este demonio jocoso, que de todos se ríe y de cualquiera se hace amigo mientras le convenga, se convierte en el maestro de un lázaro, torturado por la vida y sus familiares y amos. Alcanza, durante esta peregrinación, un buen puñado de experiencias y se abre al caminante para descubrir su sueño de llegar a la Corte... pero a qué precio ha de llegar, poniendo el culo, literalmente.

El principio y final de la historia es casi el mismo, cambiando el papel del caminante que pasa de predador a presa, aunque acabe ganando. Los registros de personajes son variados ya que pasa de humilde caminante a gentilhombre y de aquí a segurata de un lupanar, siendo antes comediante que finge ser un paleto. Los escenarios son variados: caminos, ríos, un convento, una casa labriega, una fonda, una casa de lenocinio,... Y el estilo de los diálogos es el que se esperaría de una obra clásica, tal como las influencias que se le adivinan: el Lazarillo y el Don Juan, por ejemplo. El estilo y la dinámica son ágiles y nos encontramos con un desarrollo que consiste en la concatenación de diversas historias. Lo mismo nos sirven todas juntitas que tomarlas una a una, en todas hay enjundia y provecho.

Una escena que especialmente me impactó fue, cara el final, cuando atan a una cruz al caminante malherido, tras una tunda por traicionar a su pupilo peripatético, y habla el caminante cara el Crucificado, gritándole si ha valido la pena morir por la humana estirpe. Ya antes había puesto ante los ojos de su compañero la maldad de los hombres y le había mostrado el futuro malsano de la humanidad, mostrándole imágenes de guerras, detonaciones atómicas y los campos de concentración nazis. La historia seguirá unos minutos más y veremos cómo el demonio, sin usar sus artes mágicas, vuelve al camino, magullado y sin un ojo. Otro caminante le tratará como él trató al primero que muere en la película pero ante volverá para hacerle ver que las riquezas de este mundo le pertenecen y que la muerte de su cuerpo humano no es el final.

De las primeras películas de Naschy como director (siendo aquí protagonista y coguionista), con un papel que nos recuerda que es más que una leyenda del fantaterror y sus actuaciones tocaron varias ramas de la interpretación.

Ale, un par de pasos más para conocer mejor este largometraje patrio: uno yyyyyyyyyy dos.