domingo, 31 de enero de 2016

Vista "La venganza de la momia".

La momia, su leyenda en novelas y cine, sus maldiciones y las historias de amor y venganza que se dan la mano y nos hacen temer la visita de este silencioso ser salido de las tórridas arenas egipcias, de donde nunca debió salir. Pero, claro, el hombre blanco que todo lo quiere saber mientras pueda mensurarse, saca a la luz a los difuntos y los lleva lejos de su hogar mortuorio, donde ya no reposarán. A mí es un ser del terror que no me atrae demasiado aunque sí lo hacen los estudios sobre las reales. De todas, y como hay que aprender siempre algo más y expandir horizontes, me he puesto el título recomendado por Claustroman, al ser parte de la obra donde Naschy actúa. Y lo hace por cuadruplicado: como guionista y triple actor, al encarnar al faraón, al egiptólogo y la momia. Todo bajo la dirección de Carlos Aured, con el que ya coincidiera en dos películas anteriormente. 


La literatura sobre Egipto y, ya luego sobre momias, empieza a finales del XVIII, tras las campañas napoleónicas y la traducción de la piedra Rosetta (en 1822). Arthur Conan Doyle, en 1892 publica Lote no. 249, relato donde hay una momia que asesina bajo el mandato de un estudiante que posee los conjuros para ello. Conocí su existencia por la dramatización radiofónica que le dedicaron en el programa Historias, de Radio Nacional de España. De 1903 es la novela de Bram Stoker, La joya de las siete estrellas. La leí no hace tantos años y la recuerdo como novela policial, investigando asesinatos con una momia en el despacho de un profesor y un sospechoso gato. El corte era policial y llegabas al final de la novela sin saber qué pasaba pero absorvido por el ambiente sobrenatural y el poder espiritual de la reina momificada. Es al final, solo al final, cuando la momia cobra vida y se mueve, solo para encontrar la muerte. Creo que es una novela poco conocida y de las primeras en tratar el tema, aunque solo le ocupe unas páginas finales el tema de la momia en movimiento (antes solo es su poder).

El monstruo suele sonar más por las películas, algunas bien modernas y ofrecidas al gran público como un divertimento para todos los públicos, con un buen desplegue de efectos especiales. Pero vayamos a los orígenes y sepamos que la que más se cita es La momia, de 1932, dirigida por Karl Freund y protagonizada por Boris Karloff. A partir de ella, con distintos directores y actores, aparecería la historia de Kharis y la princesa Ananka, típica historia de momia rediviva que mata y busca a su amada para darle vida de nuevo. La momia, al final de cada película, parece morir, por efecto del fuego o de aguas pantanosas, pero regresa y regresa. Así, cuatro veces, empezando en 1940 (La mano de la momia), 1942 (La tumba de la momia), 1944 (El fantasma de la momia) y 1959 (La momia). Títulos, algunos, que nos recuerdan a los dedicados a la criatura de Frankenstein, ¿verdad? Como curiosidad, en 1975, un capítulo de Dr. Who se dedicó a la lucha con los osirianos y su ejército de momias.

Un par de años antes, en 1973, tenemos el título español que nos ocupa. La trama sigue un tanto lo que se conocía en el extranjero, sobre todo por las películas antes citadas. Hay una historia de amor en el Antiguo Egipto y se rompe por asesinato. El hombre, momificado en vida, promete venganza y su momia se halla unos siglos después, con un papiro que explica el porqué de su desolada tumba. Un descendiente le devuelve la vida y la momia busca a su amada, detectando como válido el cuerpo de una joven. El camino para conseguirlo quedará sembrado de misterio y varios cadáveres con la cara destrozada por los manotazos de sobrehumana fuerza de la momia. Pero sus planes tienen trazas de fracaso cuando una de sus asistentes humanas reniega de ella y se frustran completamente cuando los amigos de la joven raptada le oponen resistencia y la policía de Scotland Yard le acorrala.

(Nathan, leyendo la traducción del papiro): Amenhotep, monstruo execrable, trajo las mayores desgracias a Egipto. Pactó con los cuarenta y dos espíritus del mal y los empleó para sus fines inconfesables. Bebió sangre de doncellas, comió carne de sus semejantes en diabólicos banquetes en honor de los espíritus renegados. Mató y destruyó sin pausa, a su capricho. Amón Ra es justo y poderoso...
Habrá sangre, sí, pero no tanta como otras obras donde trabaja Naschy. De hecho, aquí nos enfrentamos a algunos cortes en bellos y juveniles cuerpos que sirven o a la contemplación gozosa del sádico faraón o a los planes y conjuros de la momia y, sobre todo, a los aplastamientos manuales de la musculosa momia, capaz de destrozar un cráneo, dejándolo convertido en pulpa, de un solo manotazo. 

Las escenas son pocas y breves pero efectivas, sobre todo cuando se trata de unas bellezas raptadas a las que Amenhotep momificado inspecciona para ver si le sirven, despreciando a todas y matándolas. Al principio de la película, como resumía, las espaldas y cuello de otras doncellas, son el objetivo de la espada que complace a un faraón sádico, capaz de disfrutar de unas viandas ante femeninas víctimas de sus impíos goces.

Aquí no hay violación de una tumba o de unos secretos sacerdotales por amor, como en las películas antedichas, sino una tiranía que enardece a un sumo sacerdote de Amón Ra y decide liberar Egipto de este mal hombre y su amada. Así, a él le envenena y le condena a la momificación en vida, sin poder llegar a unirse a los dioses y su felicidad ultraterrena, y a ella la manda asesinar.

(Amenhotep, maldiciendo mentalmente, al ser momificado en vida, drogado): Maldito Anchaf, siempre supe que me odiabas pero yo soy poderoso y las fuerzas del mal me ayudarán. Algún día me libraré de esta inmovilidad y volcaré todo mi odio de siglos sobre el mundo, recobraré a mi querida Amarna y no uniremos en las sombras...

El tiempo pasa, lo muestra una escena donde cambia la luz y aumentan las telarañas en torno a la tumba, hasta que es descubierta y se decide trasladar a la momia y un extraño papiro a Londres. Allí podrá ser traducido. Escena rematada con los típicos lugareños que menean la cabeza porque saben que de allí no puede salir nada bueno y que si enterraron al faraón y protegieron bien la tumba por algo sería, ¿no?

Pero un egiptólogo, con sangre del momificado en sus venas, aparece en escena y deja claro su apenada posición: cómo tiene que viajar al extranjero para poder conocer su propia historia, en una crítica al traslado de los objetos de Egipto a Inglaterra, un expolio.

Será él, en compañía de una mujer, quien le devuelva la vida al malvado faraón. Se precisan tres doncellas para la primera parte del plan, se necesitan conocimientos mágicos. Y la momia regresa de entre los muertos para clamar venganza y buscar un cuerpo juvenil que momificar para dar carne a su amada Amarna. Este es un detalle que me llamó la atención: que se necesite otra momificación. Es decir, no se busca el regreso a un cuerpo humano o la posesión de otra persona sin más sino que se requiere una nueva momificación. Al final del filme, veremos a Amenhotep iniciar los conjuros, en silencio, que preparen a la dormida Ellen para tal evento. Llega a acercar un gran cuchillo a ella, sin llegar a tocarla.

Según el egiptólogo vaya sabiendo más y sirviendo a su señor y pariente momificado, se alejará de los descubirdores de la tumba y el papiro, poniendo nervioso y alerta al hombre, encarnado por Jack Taylor, que sostiene que lo mejor es entrar en la casa del egiptólogo Assad (Naschy) y llegar al fondo del asunto. Aquí se produce otro detalle breve y curioso: no logra entrar en la mansión porque en el momento de querer forzar una ventana, un rayo destroza y cercano árbol. La tormenta pronto amaina y reaparece cuando, más tarde, en la segunda ocasión, sí entre con su mujer en la casa, viéndose aquí el resplandor de otro rayo pero sin efecto sobre los héroes.

Los asesinatos de mujeres y las andanzas londinenses de la momia llevan a actuar a la policía, que la persigue por calles nebulosas y oscuras alcantarillas. Pero la muerte seguirá, así como las desapariciones de mujeres. Dos hitos marcarán este desenfreno: la muerte del investigador Douglas Carter (Eduardo Calvo) a manos de la momia, en su propia casa, junto al fuego, y el rapto de Ellen (Rinna Ottolina), en la misma casa. 
 


Aquí hay una salida que me pareció divertida (y cutre) que fue la manera en que Abigail decubre que el viejo investigador ha muerto y también su mayordomo. La cosa es que el cadáver del viejo se da la vuelta y queda con sus muertos ojos abiertos mirándola, ella grita y retrocede... y retrocede y grita... y mira a los ojos al difunto... y retrocede... y tropieza con el cadáver del otro hombre. Menos mal que su marido Nathan (Taylor) regresa pronto, aunque con malas noticias: Ellen no está en su cama.

A esta mujer ya no la vemos en sus cabales desde la activación de la momia. Y aunque haya sido advertida por la mujer de Assad, ella no deja de estar influida por Amenhotep, ni de desear su cercanía. Él ha visto en ella a la elegida. Un momento de clímax se prepara con el delirio de ella, en su habitación, repitiendo los nombres de Amenhotep y Amarna como un mantra, hasta la llegada del momificado redivivo y el necrófilo beso que se dan, escena alargada con un primer plano de sus rostros y labios, concretamente, acercándose. Desde ahí, Ellen cae en un sopor de trance del que no se despertará. A nivel actoral, hay que señalar que es la misma actriz, Rinna, quien encarna los dos papeles femeninos, Ellen y Amarna.


Amenhotep ya la tiene pero exigirá muertes y la fidelidad total de su pariente y siervo Assad, al que promete más de lo que pueda desear. Captura al matrimonio egiptólogo que, ahora sí, entra en la mansión por la zona de más abandono y telarañas. Empieza los conjuros que preparen la transmigración de su amada Amarna pero es atacado y comienza una pelea que le llevará a la muerte a él y a Assad. Muerte por fuego. Ellen, dormida y salvada in extremis, es llevada fuera.

Aquí se produce algo que me llama la atención. Con el ritual si terminar, con ella aún humana, con la momia muerta, no se recupera, no abre los ojos y le da al público un final feliz, como cuando un mordido por Drácula vuelve a ser humano porque el conde no le ha rematado pero al vampiro sí le matan. No, no hay final feliz con mujer humana. Es curioso, ella no se despierta del trance sino que su cuerpo se degrada, se seca y deshincha, como si ya fuese Amarna quien está allí presente. Y eso que antes avisaron que la posesión llegaría por su momificación. Pues no, Ellen muere como Amarna, acartonada por el paso instantáneo de los siglos en su rostro.


Un final trágico que se escacharra un tanto por culpa del jueguecito de dos policías de Scotland Yard que mueven sus linternas cara la cámara, quedando una especialmente apuntada cara nosotros. Luz que da paso al FIN pero que no se entiende y queda mal. Al menos, un segundo antes, Ellen-Amarna muere y un plano general muestra el abatimiento de los presentes y transmite desolación. Pero esas dos linternas policiales el movimiento la fastidia... o te hace sonreír, vamos, que fueron las dos impresiones que me quedaron.

Si quieres un último detalle que me llamó la atención fue la presencia del hermano de Tip en este largometraje. No lo situaba yo, y hasta lo confundí con el hermano al leer los apellidos, pero luego ya vi que era el mismo que trabajó en Verano Azul y Curro Jiménez, el actor, difunto ya, Fernando Sánchez Polack. Lo de que una de las productoras sea Loto Films y que en la peli sea la flor más citada y cultivada ya me parece algo de menor renombre.

Desentierra las ganas de leer que aquí vas a encontrar datos a tuti.

En Youtube hay una copia de baja calidad pero visible.

sábado, 30 de enero de 2016

Un paseo dominical entre ruinas: Melón.

Aunque haya perdido la costumbre, los domingos por la tarde solíamos salir en familia a pasear y ver algún lugar más o menos cercano, cuando no estábamos de visita a familiares a quienes no veíamos por la semana. Antes, generalmente, la comida en casa de papás.

La buena temperatura, la tarde sin lluvia y un sincronización para después de comer, me llevó, con mis padres, a un paseo por Melón, su monasterio en ruinas y el cercano barrio o zona denominada O Coto, por debajo del monasterio, al otro lado del río da Cortella. 

El atractivo de la zona tiene mucho que ver con las aguas vivas de este río y de los cercanos das Bouzas, el regato da Armada y el caudaloso Cierves, que afluye al Miño después del Avia y el Outeiro, en territorios que delimitan las provincias de Ourense y Pontevedra. Años ha, estaríamos hablando también de la división de dos diócesis pero a día de hoy las fronteras diocesanas se han modificado y adaptado a las civiles. Un detalle: en su momento, y sin hacer tanto tiempo, la villa de Ribadavia pertenecía a Ourense y a Tuy-Vigo. La frontera era la natural del río Avia, cruzado por un puente que existe hoy, como todavía existe el convento de san Antonio, fin de la diócesis auriense por este lado. En 1954 se produjeron los cambios para la adaptación a los límites civiles, extendiéndose hasta los límites de A Cañiza, por entonces diócesis de Tuy. En 1959 esta denominación cambia a la actual: diócesis de Tuy-Vigo.


Pues bien, en el pueblo de Melón, ayuntamiento y sede del mismo, provincia y diócesis de Ourense, el domingo callejeamos con calma. Y aunque no pasamos esta vez por ellos, hay que resaltar que la posición es buena para paseos y ocio, si gustas de la naturaleza. En primer lugar por las pozas, piscinas naturales de agua fría que baja de la montaña, caudal del río Cierves. Tienes las de abajo, en la N 120, cerca de un bar. Disponen de sitio para aparcar y desde allí a las mismas es un paso. Son nadables. Si quieres, el pateo puede seguir por el monte, llegando a pasar para un puente de la autovía A 52. Y tienes las de arriba, más vistosas pero actualmente no accesibles por las protecciones y pasamanos de madera, a las que accedes subiendo por el cementerio, dirección Tourón. El sitio para aparcar es mínimo y el recorrido a pie es precioso, atravesando el bosque, por camino de tierra amplio. Hace unos años aún podías pasearte por las piedras y las pequeñas piscinas de agua. Eso sí, con cuidado, que algunos resbalamos por ellas, aunque lo contamos. A día de hoy se ha adaptado el lugar con señalizaciones de senderos y con pasamanos de manera y hasta un mirador de metal, con unas vistas preciosas del río Cierves bajo tú y las montañas rodeándote.

Por donde sí fuimos y paseamos fue por las ruinas del monasterio cistercienses de santa María de Melón. Situado en la N 120, con sitio para aparcar y un pequeño parque antes de la entrada, llama la atención por su vistosa iglesia, hoy parroquial, y por contener en la muralla que le rodea una casa, con carteles que indican que es o fue una choricera. Una puerta lateral porta el nombre de Villa Conchita y el número 7 de portal. 

Suele estar abiero el lugar y sin vigilancia aparente. La iglesia es el templo parroquial y un cementerio cercano es visitado y cuidado por la gente que reza o recuerda a sus difuntos. Si la iglesia no está abierta sí puedes verla en parte porque la entrada suele consistir en una verja. Así la puerta puede estar abierta, respirar el interior y, al tiempo, queda protegida de asaltos y profanaciones. Personalmente, nunca he entrado, siempre la he visto desde la entrada. 

Una pesada puerta metálica con dudoso estilo, que se repite luego dentro, por ejemplo, en el acceso a la cafetería, da paso a un patio y a las escaleras que te llevan al piso superior. Sí, entrando a la derecha, está la subida y está la cerrada cafetería. Una vez más cerrada, quizás por la falta de una afluencia constante de clientes. El lugar es precioso, pues es un recinto abovedado y entrañable. Subiendo paseas por la zona de habitaciones, pasillo y una habitación pequeña con chimenea. Pero puedes atravesar el patio y subir por escaleras de piedra. 

La visita de la parte inferior es un constante descubrir recintos y columnas sencillas, propias del austero estilo cisterciense. Aunque la impresión es de grandiosidad, aún sin estar completa la restauración. Muchas piedras siguen en el suelo, a veces a la vista y otras veces adivinadas entre la maleza. Incluso, parece que muchas otras fueron reutilizadas y ya son irrecuperables para el conjunto. 
 
El paseo por los alrededores, siempre dentro de la muralla, te lleva a la parte de atrás de la iglesia, con sus formas redondeadas, sugiriendo una girola, como la de Oseira, que leo que fue modelo de esta. Y el bosque puede relajarte la vista, con sus altos pinos.

Una curiosidad son las paredes que quedan en esta zona, trozos de pared de piedra, en los que la hiedra se ha subido y anclado, restos de construcciones que gracias a la limpieza se pueden imaginar. Porque nos ha cuadrado un día donde la limpieza de maleza y hierba se nota especialmente.

Continuando, llegas al palomar, construcción que se mantiene en buen estado a la que puedes acceder por una pequeña puerta. He entrado como siete veces y nunca he tenido un encuentro con otro bicho dentro, jeje.

Nuestro paseo nos llevó a las casas de O Coto, atravesado por un río, el das Bouzas, con algunos detalles curiosos como una cruz de Santiago en una casa, mirando al río, otra casa con una cruz en tejado, mirando a la carretera o el lavadero a un paso del agua. Las lluvias le han dado un buen impulso y el caudal resuena cantarín. También nos llamaron la atención dos casas cuyo portal metálico contenía en cénit un camarín para imágenes devotas.


 Subir de nuevo, a pie, hasta la N 120 y atravesar, solo atravesar Melón, te conduce a un pueblo donde se ha restaurado mucho y se ven buenas construcciones. Además de no percibir más de un alma (unida a su debido cuerpo), me llamaron la atención un peto de ánimas, con el año inscrito, cuerpo de azulejo blanco pintado de azul y la renovación en piedra del país, todavía "limpia" en contraste con la más antigua y que corona el peto.

También el curioso calvario, formado por tres cruces, enfrente de un cruceiro. No sé la historia pero vi una cruz central, latina, normal, y las dos de los lados parecidas a la Tau, al faltarles o ser talladas sin el pequeño brazo superior.



El paseo por la calle central, Calvo Sotelo, depara alguna sorpresa en forma de exposición cara el público de piezas de un carro.




Y así, dejamos que las tinieblas cayeran y disfrutamos, antes de la noche, de un cafecito caliente en el Oasis, viendo el valle ribadaviense callarse en un fundido en verde.

viernes, 29 de enero de 2016

Segunda parte da entrevista Claustroman.

Ourense é fonte de sabedoría ancestral e modernidade artística. Cres que coñecemos minimanente o noso patrimonio? Inda máis, ti ves que nos chuleemos como galegos del?

Eu vexo que a xente ten inquietudes culturais e tenta visitar eses recunchos tan fantásticos que temos e que por diversos motivos nos sabemos promocionalos como deberían ser. Dáme moita mágoa que gran parte dos visitantes consideren Ourense coma unha cidade de paso cando en realidade ofrece tanto. A reapertura do claustro fixo moito ben ó turismo e está cambiando a impresión que tiñan de nós. Non creo que sexamos chulos pero deberíamos potenciar aínda máis o noso, eu vexo que moitos van a Santiago cando temos nesta maravillosa provincia unhas igrexas fantásticas, unha paisaxe espectacular, unha gastronomía única no mundo e a bondade das nosas xentes. O tema termal xa é un clásico nos turistas, moitos o descubriron no programa de televisión Un país para comérselo cos dous lambóns Echanove e Imanol Arias.


Esta tempada fóra do claustro aumentou o tempo das túas inquisicións na busca de obras ocultas do cine patrio. Que títulos che costou máis atopar?

Pois, sobre todo, títulos entre os anos 1978 e 1982. Destacaría “Más allá del terror” de 1980 obra do realizador Tomás Aznar sobre uns maleantes que por cousas do destino refúxianse nunha antiga igrexa que esconde un profundo e increíble secreto.

Tamén destacaría “El monte de las brujas” de 1972, extraña película moi ben valorada en Estados Unidos e “La cruz del Diablo” de 1975 basada en relatos de Becquer.


Poblan os teus pesadelos cegos cabaleiros herexes ou son, máis ben, amiguiños terroríficos cos que pasalo ben?

Son uns amiguiños xeniais que non te fallan, moitas veces, cando un está enfadado ou fastidiado pensa que se os chamara para darlle un bo susto a alguén co merece sería a mellor acción do día, jeje. Pesadelos non pero o principio soñaba cos capiteis o non estar acostumado a velos tantas horas no día, á súa maneira me falaban e dábaste conta que non hai unha soa interpretación senón que todo é respetable e ahí radica o seu encanto.


Moito temos mirado cara o pasado pero, a día de hoxe, ti apostas por algún autor, na arte que sexa, que transmita o terror e faga voar a fantasía?

A nivel nacional destacaría Carlos Sisí autor da saga “Los Caminantes”, o noso artistiña Manel Loureiro con “Apocalipis Z” inda que agora abarca outros campos pero segue enganchando ós lectores co seu estilo directo e sinxelo, Vicente García con “Apocalipsis Island”, Víctor Conde con “El código de las brujas”, Javier Cosnava con “ Zombies de Stalingrado”,  Juan Miguel Fernández con “El jardín impío” e varios máis pero que agora non me saen.


Segues guiando en visitas claustrais?

Si, sempre que mo pidan e avisen con antelación fágoo encantado. O claustro forma parte da miña vida e en cada visita sempre atopamos un aspecto novo ou curiosidade. En verán fixen unhas cantas e tan pronto me recupere farei algunha para un grupo de xubilados.


Confesa, na túa biblioteca hai algo que non meta medo?

Pois claro que sí, nestes días estou lendo varios libros sobre o camiño de Santiago, un pouco de Walking Dead, teño pendente un tomo de Juego de Tronos, un tratado da Inquisición e unha novela sobre nazis… De todo un pouco, jeje

jueves, 28 de enero de 2016

Primeira parte da entrevista a Claustroman.

O amigo Alberto ofrece unha longa entrevista que vos ofrezo en dúas partes. Ei vai o entrante, amigos. Graciñas, Alberto.

Ola, Alberto, ¿que fas fóra do claustro?

Moi boas. Pois nestes momentos, estoume recuperando duns achaques de saúde que me levan un tempo bastante fastidiado. Paciencia e resignación é o que tocan aínda co bo humor ninguén mo quita e ríome de min mesmo. Moita lectura, un par de proxextos literarios e outro profesional son os próximos obxectivos. 


Pasaches unha boa tempada ó amparo das forzas naturais e os seus cambiantes rostros no alto de Ourense. Seguro que hai mil anécdotas. Compártesnos algunhas?

Ante todo hai que dicir co estado de ánimo inflúe moito na percepción das cousas. Cando hai temporal e o vento zoa con moita forza, ás veces pódeste asustar pois as palmeiras cimbréanse dunha maneira espectacular na que parece que se van caer pero en realidade son duras e resisten todo, teñen máis de 100 anos de existencia e despois claro, de regaliño cae unha póla que hai que recoller.

Se tes un mal día ocasionado pola derrota do teu equipo de fútbol sínteste mal e únicamente ó dar longos paseos desaparece esa sensación negativa. Eu sempre digo que é terapéutico e é o mellor xenérico que hai, tódolos vecinos deberían visitalo e pasear con calma, eso sí, nun día que faga bo tempo.

A chuvia é ben curiosa, é moi linda escoitala co seu ritmo ben acompasado pero a aparición das pingueiras nos sitios más inoportunos fastidia un montón…

A néboa si que mete medo! No inverno é impresionante, pois as mañás tarda en saír o solciño e polas tardes enseguida se fai de noite. Como a iluminación está enfocada ós pasillos e non nos capiteis, ás veces é unha sensación misteriosa e espectral. Cantas veces fixen o circuito cunha linterna e quedamos abraiados coa impresión que transmiten os capiteis nesa atmósfera invernal e sombría…

Resistín ó frío e a humidade que son constantes e permanentes no recinto, hai unha diferencia de case 5°C respecto ó exterior!!!!! 


A presencia de gatos deberíanos facer pensar nas meigas invisibles e na devoción de arcanas culturas a estes michiños. Algunha vez tiveches visitas do Alén ou humanas pero de corte preternatural?

Certo, aparte da presencia de gatos nos capiteis hainos de verdade, por certo, moi ben mantidos grazas á bondade dunha señora que lles daba de comer dúas veces no día na cancela da obra. Eu tiña bautizados algún gatiños co nome de Rayo, Trueno, Relámpago, Centella…. debido a súa rapidez... 

Unha vez unha señora inglesa duns 70 anos aproximadamente moi educada que tiña a intención de facer psicofonías abre o bolso e déixame abraiado pois non esperaba esa reacción dunha persoa adulta, díxenlle que iso non podía ser, que sacara fotos ou vídeos pero que para iso era necesario que pedirá permiso á administración! Calquera sabe o que ía sacar do bolso! Ista anécdota fíxolle moita graza ós compañeiros pois dicían que aumentarían as visitas de curiosos e bruxos!!! 


No claustro hai representacións varias esculpidas en pedras. Animais, vexetais, seres mitolóxicos... pero houbo un que nos deixou bos recordos e do que te documentaches ben, o Home Verde.

 Pois si, o famoso e ben querido Home verde. É unha das representacións con máis encanto e misteriosas do claustro. Dúas persoas viñeron expresamente a visitalo, o famoso Padre Pardo, un pastor protestante que recorre toda Europa buscando esta figura e o investigador galego Alfredo Erias Martínez, para min o mellor investigador que hai hoxe en día que ten unhas publicacións moi amenas e completas sobre este tema fascinante, por certo, veu de incógnito.

Hai dúas posibles interpretacións, a concepción clásica e positiva, que adopta esta imaxe pagá do home verde como dador de vida, como o mesmo Xesucristo ou ben os resucitados do paraíso. Por outra banda, o cristianismo medieval crea o oposto, a contravisión ou simbolismo negativo, como un ser que devora a vida ou crea a árbore do mal. Un ser demoníaco relacionado co mal e o pecado, o demo mesmo ou ben os condenados ao inferno.
O contexto é fundamental para a interpretación no seu conxunto.

Encántame o aspecto que colle según a estación do ano, co frío e a humidade colle ese verdor tan característico, fomentado tamén pola súa situación tan estratéxica na galería leste do claustro, concretamente no capitel número 20 facendo esquina co corredor sur. Coñézoos todos cos ollos pechados... 


De todas, non todo é antigo ou non todo ten a mesma antigüedade, non si? Hai elementos pertencentes a idades modernas e contemporáneas.

Certo, non todo é da mesma época. Ó longo do tempo houbo moitas transformacións sobre todo na época que foi cuartel militar. A cuberta é totalmente nova, o claustro estivo case 15 anos ó descuberto.

A antiga Sala Capitular convertérase na Sala de Bandeiras e Biblioteca ó carón e as vidrieiras están totalmente rehabilitadas. Como curiosidade, destacaría a existencia dun escudo da República que estivo alí ata o ano 2000 cando se prohibira o acceso ó público, un misterio en toda regla. O acceso existente hoxe en día é provisional, anteriormente era a zona de comestibles ou víveres…


Por se acaso alguén anda perdido, falamos do reaberto claustro de san Francisco. Fálanos un pouco del a nivel histórico.


Non me quero enredar nin ser pesado, vouvos dar unhas sinxelas e amenas referencias. É a parte máis antiga e mellor conservada do convento xunto co Albergue de Peregrinos e a Escolma de Escultura que eran a antiga capela da Orden Terceira. Os franciscanos eran unha orde mendicante e antigamente o convento estaba situado na parte baixa da cidade, concretamente no que hoxe é a Praza do Correxidor. Os conflictos e disputas entre o Bispado e a Sociedade Civil para adquirir máis poder e fondos económicos, terminaron en 1292 co incendio e destrucción do convento a mans dos malvados seguidores do bispo Pedro Yáñez de Nóvoa. Anos máis tarde, en 1308, o Papa Clemente V obrigou ó bispo á reconstruilo convento pero éste morreu e foron os seus sucesores os que iniciaron a reconstrucción no seu actual emprazamento.

O claustro construíuse entre os anos 1325 ó 1350. O convento tivo unha importancia considerable na cidade ó contar cun colexio de Filosofía.

En xaneiro de 1472, tras 40 días de asedio á catedral á cargo do malvado Conde de Benavente contra o Conde de Lemos, a catedral queda en tan mal estado que sen obrigados a dar misa no Convento de San Francisco.

Durante unha época, o claustro estivo decorado por varios cadros, sendo o seu autor, o pintor Juan Antonio de Bouzas, realizados para o Convento de San Francisco por encargdo do Bispo de Ourense Fr. Damián Cornejo en 1704 e reflexando diversas pasaxes que conforman o ciclo da vida de San Francisco. Actualmente estas obras forman parte dos fondos do Museo Arqueolóxico de Ourense.

Sufríu desfalcos por mor da invasión das tropas francesas e o terrible incendio acaecido a noite do 3 de febrero de 1813 polo que houbo que reedificalo todo.

En 1822 os frades franciscanos doan unha parcela na parte traseira para construír o cemiterio municipal de San Francisco. En outubro de 1855 converteuse en hospital temporal para tratar a epidemia de cólera que arrasou Ourense. A capela da Orde Terceira, próxima ó claustro, converteuse en depósito de cadáveres.


No século XIX sufriu os efectos da desamortización de Mendizábal (os roubos producidos despois da saída dos frades foron numerosos) e despois estivo ocupado polo exército desde 1843 ata o 10 de maio de 1993, (acollendo ó Cuartel de Infantería Zamora nº 8 El Fiel)

O conxunto foi declarado monumento histórico artístico en 1923.

O 27 de xuño de 2013 abriuse ó público despois de moitos anos de espera.


Comentaras que argallabas algunha obra acerca do claustro. Podes adiantarnos algo?

Hai dous proxectos. O primeiro, moi sinxelo trátase dunha guía de interpretación sobre os capiteis cunha linguaxe amena e sinxela.

O segundo proxecto que é o máis completo e fascinante, trátase dunha novela basada no claustro no que se mesturan a oculta historia deste entorno coa realidade máis actual. Sen revelar moita cousa direi que aparecen a Inquisición, cabaleiros perversos, monxes bondadosos, políticos corruptos, tesouros ocultos... unha interesante aventura na que o pasado e o presente están moi relacionados. Creo que os lectores quedarán encantados con este entretemento e sobre todo que teñan interese e curiosidade por visitalo claustro, sitio central da novela e un gran descoñecido para moita xente.


Continuará...

Fotos cedidas por Alberto Novoa, Claustroman. 

miércoles, 27 de enero de 2016

Vista "La herencia Valdemar".

Hace por estos días 6 años que se estrenó esta película y que yo había visto en su momento, quedando la segunda parte pendiente hasta hace nada. La web oficial sigue activa y arroja datos interesantes como, por ejemplo, que es una producción sin subvenciones estatales y que el proyecto original se desarrollaba a lo largo de una trilogía, con el universo lovecraftiano como origen y base. Podemos añadir que es la opera prima de un director, José Luis Alemán, que se atrevió a hacer lo que apenas se hace en España. Como, por ejemplo, sin salir del género, traerse a un enfermo Jacinto Molina para un papel. Ole solo por ello y por las ganas de realizar el filme. Y es que me vienen a las mientes palabras de don Jacinto donde saludaba con ganas el cine de terror actual pero con tristeza compartía su desazón porque a él nunca le tenían en cuenta los directores modernos. Eso lo escribió, claro, antes de este proyecto. Y así, tendremos un poco de Naschy, en su último papel, que me suene, muriendo casi dos meses antes del estreno.

(Jervás): Por cierto, señor, ¿está usted seguro de lo que va a hacer? ¿Confía en ese hombre?
(Lázaro): No sé si confío en él, Jervás. Pero, por primera vez en mi vida, creo que realmente puede haber algo más. Y empiezo a considerar las implicaciones.

En una historia que se desarrolla entre el presente y la narración del pasado de cierta casa, iremos conociendo a los personajes. Ah, lo que iba a ser trilogía quedó en dos películas y para la segunda aún nos tocará conocer en profundidad a los que aquí se nos presentan. Quedándonos con lo dicho, acudimos al presente: una inmobiliaria debe tasar una propiedad para dar precio a un comprador y tener los papeles listos. El tasador que va desaparece y se envía a una segunda trabajadora. La propiedad está en un lugar apartado y comprende una casa de corte victoriano y el terreno alrededor. Si la casa tiene su aquel vista a plena luz del día, mejor no la hojeen en la foto del informe. Al inicio de la película, cuando esa foto se enfoca y acerca, vemos una figura fantasmal moviéndose tras una ventana. Sí, tal cual, en una fotografía. Con el desagrado de un cercano gato que bufa.


El caso es que el curro es el curro y la esforzada agente de la inmobiliaria tendrá que hacerse cargo de una propiedad para tasarla y presentar un informe en un par de días. La casa tiene su hálito de magia pero el toque de terror ya se lo pone un jardinero con aire de pocas luces que cuida del lugar y llega a afirmar que otros que fueron por allí desaparecieron... que se fueron sin decirle ni adiós. Y entiende lo que entiendas, maja. El repelús se le quita al ver que tiene mucho trabajo por delante, en una olvidada mansión dieciochesca. Esa mansión a la que había un tasador antes. ¿Que no apareció? Pues la chica lo encuentra. Y no vivo precisamente. Al terror de la visión del cadáver llega la sobrexcitación de una presencia humanoide en la casa, de la que logra salir, siendo rescatada por el jardinero y otro hombre. Según fluya el tiempo, más que rescatada se verá raptada. Impagables los momentos en que una asustada mujer ve la camilla donde había descubierto el cadáver de su compañero al lado de la puerta de su habitación y, el otro, cuendo uno de sus rescatadores pilla una mosca y la guarda en un pastillero, en lo que parece un guiño al Renfield de Drácula.

Pero mientras esto se cuenta, la trama se abre por otro lado. Y tendremos a la inmobiliaria en medio, aunque cada vez ocupará menos espacio al descubrirse que las investigaciones y los secretos parten de una fuente superior: la Fundación Valdemar. Un hombre de afilado corte aristocrático, con un bastón de cthulhiana manufactura, envía a un investigador para que haga tándem con la presidenta de la Fundación. 

El viaje en tren, en un vagón pillado para ambos, marca el inicio del flash back: la historia del matrimonio Valdemar, Leonor y Lázaro, con sus criados, entre los que sobresale Jervás, encarnado por Naschy. Este matrimonio acoge niños y prepara sus adopciones. Descubren que pueden hacer dinero con fotografías trucadas durante sesiones de espiritismo y destinar esas pesetas a su obra social. Pero el cabroncete de un periodista levanta la liebre y se descubre el pastel: las sesiones y las fotos son un fraude.

(Doctora): No sea tímido.

(Investigador): Hola. La doctora Cerviá, supongo.

(Doctora): El listo de turno, supongo yo. Puede llamarme Nora si no viene con ideas tan pretenciosas.


Encarcelado, Lázaro recibe la visita de un fan suyo, nada menos que Aleister Crowley que, en un perfecto castellano, le da noticias de su mujer y le anima, ofreciéndose como defensa suya. 

 (Crowley):
Los periodistas son gente que ha fracasado en su carrera. El problema de la réplica a un ataque de la prensa es como el intento de Hércules de cortar la cabeza de la Hidra. No hay la menor probabilidad de éxito. En fin, habrá que buscar otra estrategia. Pero, de eso, ya me encargo yo.

Los favores se acaban cobrando y Crowley lo hace con un nuevo regalo, un libro de conjuros, y una exigencia, retomar las sesiones espíritas en su casa. Todo ello, basándose en la creencia de que Lázaro es un auténtico médium. En mala noche descubren que no es así y que lo que han convocado es maligno y descontrolado. Sí, finalmente, veremos quién es el auténtico canal con el mundo de los espíritus pero ni tiempo nos concederán para despedirnos, al ser arrancada del mundo de los vivos. 

Se regresa al presente y a la investigación pero ya la película se corta, prometiendo y adelantando unas imágenes de la continuación.

La impresión que me dejó el filme es la que me suscitó la banda sonora: preciosa pero contenida. Donde más lamento esa contención, hasta el punto de cierta dejadez, es en la interpretación. Algunos personajes daban la sensación de recitado, con escasa naturalidad. A otros, como la presidenta, ese aire de distanciamiento le quedaba bien, de controladora y superior. Naschy se desenvuelve muy bien y aunque uno lamente que no tenga un protagonismo mayor, se comprende que estaba enfermo y quizás ello le limitaba. No sé si por maquillaje o decrepitud, su malestar se transmite muy bien en las escenas que encarna en la segunda parte de esta entrega.

Interesante la aparición del tema de las feministas, dotando, así, a dos mujeres de una fuerza especial, siendo una de ellas Leonor, la esposa de Lázaro Valdemar. Sin embargo, contrasta con el tratamiento de las señoras que acuden a la sesión de Crowley en la casa. Aunque sean refinadas y de la alta sociedad, su papel es secundario y silencioso. Podría aducirse que para el tiempo que aparecen... Sin embargo, luego quedan como cobardicas, dándose la palabra, durante la huida, únicamente a los varones.

 (Crowley): No. Obviamente, los muertos no le sirven pero buscará lo que llevan dentro. Las larvas tienen vida y son millares. Si les da poder, conocimiento, las puede enseñar a acelerar su reproducción, a fortalecer tejidos, a dar vida. Esto no debía de haber ocurrido jamás.




Dos temas de sociedad se dan la mano y los reseño: el periodismo y el espiritismo. Llama la atención encontrarse al reportero de entonces, un hombre capaz de meterse en la boca del lobo por una noticia, el enterado que patea la calle y se mete en las casas para escuchar las historias de primera mano. Pero, en este caso, nos encontramos con un trepas, capaz de lo anterior por hacer un buen trabajo pero mezquino al venderse al mejor postor y escribir conforme a la verdad del capital y los intereses. La época, con sus convulsiones sociales, dio lugar a muchas publicaciones, sobre todo en el ámbito de los trabajadores. Y no son las únicas historias que se escriben sino que, trascendiendo, se abre hueco una experiencia que deja atrás este mundo sórdido para infiltrarse en el etéreo. El espiritismo, traído desde América, iniciado en 1858, conocería un auge especial en Francia de la mano del autonombrado Allan Kardec. este escribiría una obra fundamental para el tema en 1857. El caso es que haría furor en el mundo y las sesiones en casas o salones discretos fue la tónica de la época. Como sucede hoy, no solo interesa el conocimiento sino que afluye el deseo de saber el destino de los familiares difuntos, por ejemplo. Con la fotografía ya no solo se hablaba del tema sino que se mostraba, dejando prueba de manifestaciones espectrales, levitaciones y materialización de ectoplasma. Hubo defensas y oposiciones, entre las que me quedo con el libro del Padre Heredia, jesuita él, donde reproduce muchos de los fenómenos que se vendían como ciertos y él mostró como supercherías, Los fraudes espirititas.


(Leonor, en trance): No hay que intentar comprender lo que no se conoce. Solo se despiertan respuestas oscuras e innombrables.
 
Hemos intentado darlo todo para crear la primera saga fantástica del cine español, dedicada a un terror muy suave, muy romántico, que esperamos atraiga a la gente en un momento lleno de horrores bruscos y violentos, decía el director en rueda de prensa, antes del estreno. Un terror que se manifiesta al principio con detalles convertidos en sustos (el fantasma en la foto, la puerta que aparece abierta al darse la vuelta la agente inmobiliaria, la sombra del demonio al fondo,...) para ir, despacio, muy despacio, hasta llegar al clímax que supone la sesión dirigida por Crowley y la aparición del ser malvado en nuestra realidad. La ambientación ayuda al realismo de la distintas situaciones, jugando con lugares que a la luz del día y por fuera son mágicos y una vez que entras por su puerta se convierten en tétricos y oscuros.


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