viernes, 23 de diciembre de 2016

Horror of Drácula.

Estos días vuelve a la gran pantalla la egregia figura de Peter Cushing. La tecnología digital resucita uno de sus personajes, breves pero intensos, para ponerle de nuevo voz y movimiento en una historia de Star Wars, Rogue One. Tarkin y la Estrella de la Muerte en acción. Escribo vuelve pero ya había participado en Una Nueva Esperanza, en carne y hueso. Si hacemos memoria de otro gran e imponente actor, Christopher Lee, no lo veremos aquí pero sí en el papel de Conde Dooku, dentro de las primeras películas, cronológicamente hablando, de Star Wars. Dos actores reconocidos en el mundo del terror de hace muchos muchos años que participaron en distintos momentos de una misma saga.

Esto les pasó alguna vez con películas en las que encarnaban personajes que no llegaban a encontrarse cara a cara. Pero en este largo vaya si no se toparán enfrentándose y lucharán a muerte. Este título les marcará dentro del mundillo y se convertirán en iconos de dos personajes ya de por sí potentes como son Drácula y Van Helsing. Dos personajes literarios que toman forma en nuestros rescuerdos con sus caras. Aunque señalemos luego a otros actores de renombre que les prestaron actuación. Una simple mirada a ellos desde esta peli: Drácula vive en su castillo alejado de la población humana pero estos temen su presencia y nunca se aventuran por su propiedad; vive con él, presuntamente encerrada, una guapa fémina, vampirizada ya, que desea salir de allí. Van Helsing están en Londres y pergeña un plan con Jonathan Harper para destruir al conde; es médico y usa tecnología de la época como un magnetófono de cilindros o un sencillo aparato que permite una transfusión de sangre. Los londinenses no esperan más que a saber de la existencia del vampiro para ir a su guarida y destruirle, cosa que no va a ser tan fácil. Drácula no contaba irse a vivir fuera de su casa. Y en cuanto a sus encuentros, hay un primero, fugaz y de sensación fúnebre cuando Van Helsing va a por Harker y ve salir del castillo un ataúd transportado por caballos con un irreconocible chófer. Luego, en la propia casa de Mina y Arthur, que se libra sin batalla pero sí con el rapto de la ama de casa. El final, de nuevo sin palabras, como los anteriores, es ya en la casa de Drácula, llegando a una pelea sin cuartel donde ambos actores hacen gala de fuerza y agilidad.


Es 1958 y la película la produce un pequeño estudio cuyo nombre está tan relacionado con el terror y los monstruos clásicos como la Universal. Aquel en los Estados Unidos de América y este en Gran Bretaña. Es la renombrada Hammer. El director es Terence Fisher, que aún volvería a trabajar con estos dos grandes del cine. Y, si tiramos de créditos iniciales, la peli pone como cebo atractivo, en orden de aparición, a Peter Cushing, en letras bien grandes y de un rojo que nos recuerda el color de la sangre que la Hammer tanto usó, a Michael Gough, Melissa Stribling y Christopher Lee.

Hacía poco que ya se habían visto las caras Cushing y Lee pero en papeles bien distintos: como Frankenstein y su criatura, respectivamente. Ahora las tornas cambiaban para ponerles frente a frente sin líneas de diálogo. Aquí nada de esas explicaciones tan socorridas entre el héroe y el villano. Nada se dicen porque lo que les van en ello es la vida, solo pueden correr y luchar, lo que da a esta película escenas de mucha agilidad, bien acompañadas por la banda sonora.

Mesero: Hay cosas que es mejor no tocar. Cosas terribles que están por encima de nuestras fuerzas.

Helsing: Por favor, no me interprete usted mal. Esto es mucho más que una superstición, lo sé.

Drácula, de hecho, solo habla al principio de la película, cuando ha de estrechar lazos con Harker, al que contrató para catalogar su biblioteca, lugar que no veremos y al que parece que no llega ni el docto visitante. Pero luego, todo es presencia física e hipnotismo ocular. Uno de los detalles es que aquí el mal se palpa, es muy sensible. Lo sobrenatural es bien carnal. Nada de transformaciones animales, nada de nieblas que se condensan en un cuerpo. Drácula es un hombre bien plantado, alto, señorial pero, lejos de solemnidades pretéritas, se mueve con soltura, capaz de subir y bajar los escalones de dos en dos o de cerrar una puerta para apresar a su víctima o huir de un persecutor. Su pose caballeresca desaparece ante sus enemigos. Entonces es una fiera que ataca y huye, según le convenga. Y será en dos escenas así cuando le veamos con los ojos inyectados en sangre, imagen icónica muchas veces repetida: cuando, al inicio, la vampiresa de su castillo muerda a Harker y, al final, en la batalla contra Van Helsing, acorralado entre una cruz formada por dos candelabros y el sol que entra a raudales por el ventanal.

La sangre aparece visiblemente pero no es tanta. Llama la atención por el color, que iría definiendo a la Hammer, viva, pringosa. Sangre en los colmillos de Drácula, que aparece sin más en el momento en que Jonathan recibe un rápido mordisco de la mujer vampiro, a los pocos minutos de metraje. Sangre en las mordeduras que iremos viendo, en el cuello de Harker, preso ya de la maldición vampírica y el castillo, por ejemplo. Para de contar. Y mordeduras pocas. Una apenas vista a Harker por parte de la vampiresa, la oculta por la capa del conde a Lucy, la que casi recibe Van Helsing. Más importancia tiene la mirada. El enfoque no es tan vulgar como para centrarse en los ojos. Nos colocan frente a las caras, se nos van los ojos a los ojos de los protagonistas; nos ponen la escena para ver los cuerpos y nuestra atención corre a los rostros, casi descubriendo un invisible hilo que ata las córneas de las víctimas a las profundas y antiguas oscuridades del vampiro. Ampliando la percepción, las expresiones de las mujeres antes de recibir al conde son de deseo, quizás de cierta inquietud por la espera pero bulle en sus caras en deseo. Todo muy carnal, en conformidad con el resto de la película. El magnetisto hipnótico se palpa casi pero el deseo de otro encuentro se ve claramente. Y cuando un obstáculo se cruza en el camino hay una manifestación de repulsa que hasta puede dejar marca (la cruz arde en la frente de Lucy y en la mano de Mina, aaaaaaaaaaaaaunque hay una excepción: Lucy recoge su crucifijo con la mano y lo guarda en un cajón tan tranquila cuando ya estaba siendo vampirizada. Recordemos que en su mismo estado, Mina cae desmayada al suelo al tomar uno).

Lucy: Jonathan volverá enseguida, estoy segura. Entonces, me pondré mejor y ya no os molestaré ni a vosotros ni al doctor.

De Drácula no sabemos el origen, ni siquiera si hay otros como él. Helsing calcula su edad en unos 600 años y habla de casos que él y otros investigadores europeos han recopilado (Esto de europeos me hace gracia porque cuando salga cara Asia en Kung Fu contra los siete vampiros de oro dirá que él solo conoce la casuística europea y que quizás el vampiro asiático tenga características distintas). Como hombre de ciencia, declara que el vampirismo no puede identificarse con ataques de murciélagos vampiro y que la mordedura del muerto viviente (usa esta expresión en plural: reino de los muertos vivientes) lleva a la generación de otro de su misma condición.

¿Cómo hacerles frente? Helsing repasa sus notas y las escucha, mientras anota algo en lo que parece el diario de Harker: en contra del vampiro, la luz del sol es mortal; el ajo le repele; el crucifijo, con doble efecto, pues "protege al ser humano y descubre al vampiro y a sus víctimas, que retroceden ante él". Esta grabación queda fetén en medio del filme, así como las breves aportaciones de la voz en off al principio, manifestación de lo escrito en el diario de Harker. No desmerecen al conjunto y se integran muy bien. Es un recurso que solo en esos dos momentos se usa.

Helsing: Hasta ahora, se ha comprobado que la víctima detesta estar dominada por el vampirismo pero... no puede abandonar su práctica, como el drogadicto no puede abandonar las drogas.

Las estacas quedan como el clásico tiro de gracia para el muerto viviente: vemos, nunca directamente, que se empalan a dos mujeres y un hombre. Este es Jonathan, del que nos quedamos pendientes pues la escena se cierra con un apesadumbrado Van Helsing que toma los utensilios necesarios y mira la sepultura que fue de Drácula pero ahora contiene al vampiro Harker. No vemos ni que acerque la estaca al pecho. Sí veremos el de la mujer vampiro y Lucy. El resultado es curioso: a esta última le queda una bella cara de paz y dulzura, a aquella un arrugado rostro de anciana. Parece que al (volver a) morir, el vampiro entra en la fase en la que debería estar de no haberse levantado como monstruo del sepulcro. Con Drácula se confirma: su muerte, a la luz del Sol, le convierte en un montón de ceniza. Muerte agónica esta, pues antes del deceso, se le fríen un pie y una mano, automáticamente pulverizados. Luego, todo su cuerpo, quedano las ropas y un brillante anillo, cerca de un círculo esotérico con frases en griego. Helsing, en un último acto de destrucción y purificación, abre la ventana salvadora y el viento esparce los restos volátiles del vampiro.


Lucy: Ven, déjame besarte.

Hay una escena curiosa acerca de la durmición vampírica. El muerto viviente precisa de tierra de su país para dormir. Bien, la mujer vampiro tenía su ataúd en el castillo, Harker duerme en el de Drácula, este tiene el suyo en la bodega de Arthur y Mina... ¿qué pinta el conde cavando una sepultura para esta última a los pies del castillo?

Guiños a los clásicos de Drácula y que son como una firma que se repite serán la imagen vestido de negro, con capa, él cargando con la maleta de Harker, su inmovilidad mientras la luz del Sol ande cerca, un momento genial donde descorre despacio, con la mano, la tapa de su nacarado ataúd, la hipnótica mirada. Lo que no tendremos aquí es control de animales, transformaciones, uso de una niebla espesa que se condensa en su muerto cuerpo viviente, ni espejos, amén de no volar y por eso tener que usar caballería para trasladarse a lugares lejanos. Aparecen de forma circunstancial la mujer del castillo de Drácula, el doctor Seward (que atiende a Lucy pero de quien ya no se dice más), Lucy vampiro cogiendo a una niña de la mano para llevarla a su sepultura y las marcas relacionadas con el vampirismo que desaparacen al morir el portador o el mismo conde. Se mantienen las denominaciones de los personajes de la novela de Stoker, aunque sin aparecer todos, por ejemplo Renfield, pero no las relaciones originales. Así, Arthur y Mina son matrimonio, Lucy es hermana de Arthur y pareja de Jonathan, Van Helsing parece que vive en la misma ciudad y no que ha venido de lejos.

Película interesante y contundente donde vemos el refinamiento de la bestia que es el vampiro. Falto de humanidad, capaz de una máscara de seducción y bonhomía, ágil y astuto (aunque su perseguidor Van Helsing no se queda atrás), silencioso y señorial, antiguo pero adaptable a nuevos terrenos aunque no terruños, que consigo ha de llevar los natales. Eso sí, tal como en la novela y otras películas, estos quedan inservibles al dejar posado en ellos un crucifijo.

En un vistazo, tenemos una aventura terrorífica donde Harker viaja al castillo de Drácula para matarle. El tiro le sale por la culata y solo puede dejar en paz bendita a la vampiro del hogar. Drácula le vence y postra en su propia sepultura. Van Helsing llega más tarde, a tiempo para ver salir un extraño carro de caballos con un ataúd. Antes, ha recibido de manos de una mesera el diario de su amigo, ahora tiene que atravesar su corazón con una estaca. No será la última, pues luego le tocará a Mina, enferma en cama, muerta y luego vista en las inmediaciones de su sepultura con una niña de la mano. Del vampirismo se libra por un pelo su esposo, Arthur, que verá los efectos del mordisco de un muerto viviente y la saludable efectividad de una estaca en su corazón. La que no se libra es Mina, dominada en silencio por Drácula, al que protege en su propia casa. Y desde esta casa se inicia una persecución a muerte contr Drácula y la capturada Mina. Pillan al conde porque este se ha parado a abrir una zanja para su nueva mujer y eso conlleva que el amanecer le pille en plena lucha con su científico opositor. Una cruz hecha con candelabros y los puros rayos solares le reducen a cenizas dejando en el suelo un brillante anillo.

 

domingo, 18 de diciembre de 2016

Peto louredés.

Hay en Louredo, mi pueblo natal, un peto de ánimas, una construcción popular, quizás centenaria, donde se representa a unas almas en el purificador fuego del purgatorio y, sobre ellas, un angelito en medio de la Virgen del Carmen y san Antonio. Tengo pendiente una parada para fotos actuales y ver si todavía conserva, como hace años conservaba, parte de su gastada policromía. Lo que no conserva es su parte superior, hoy vacía de su pedestal (quizás el pie de una cruz) central y sus dos pináculos en torno.

Foto que saqué hará unos 3 años. Se sitúa en el barrio de Louredo, cerca ya de Refexón, a un paso de la derruida escuela pía.
 
Es domingo por la tarde y un paseo por el pueblo, una charla en familia, pueden arrojar recuerdos de los caminos que creemos saber de memoria pero cuyas historias quizás apenas hemos oído. Petos de ánimas como este yacen en silencio, recuerdos de un tiempo donde la predicación y el arte popular dieron a luz estas construcciones y pusieron especial hincapié en el destino eterno del alma, recordando la doctrina acerca del Purgatorio. Estado, este, temporal; entrda purificadora que lleva al Cielo; fase "temporal" que nos pone guapos si alguna mancha llevamos en el momento de la muerte. Poniendo letra al Concilio Tridentino: 

Como la Iglesia católica, instruida por el Espíritu Santo, a la luz de las sagradas Escrituras y de la antigua tradición de los Padres, haya enseñado en los sagrados concilios, y enseñe últimamente en este concilio ecuménico, que existe un purgatorio, y que las almas allí detenidas son socorridas por los sufragios de los fieles, y sobre todo por el santo sacrificio del altar; el santo concilio prescribe a los obispos que se esfuercen diligentemente para que la verdadera doctrina del purgatorio, recibida de los Santos Padres y de los santos concilios, se enseñe y predique en todas partes a fin de que sea creída y conservada por los fieles.

Investigaciones contemporáneas, dejando atrás concepciones propias del Romanticismo, señalan el inicio de la erección de petos tras este Concilio. El punto álgido, en Ourense al menos, se daría entre finales del XVII y durante el XIX. Monumentos graníticos que recuerdan que almas penan purificándose y nosotros podemos ayudarlas con nuestras buenas obras, sacrificios y oraciones. Y allí están, recogiendo imágenes propias del Infierno de otros tiempos (amén de la popularización que podemos porta en nuestras mentes), las almas en medio de las llamas. No se salva ni el apuntador, en esta caso, ni las autoridades eclesiásticas. Algunos pueden ver aquí una crítica social, diciendo que los "de arriba" tienen más que purgar que el pueblo llano. No sé, yo pienso que es un recordatorio de la falta de excusas ante la hermana muerte. Igual el siervo que el señor... aunque al señor quizás le pidan más que al siervo, por aquello de las responsabilidades, las decisiones y sus consecuencias. Que es Padre Dios pero también Juez. Ya antes se representaron a las dignidades civiles y eclesiásticas a la misma altura que los fieles comunes en los bailes de la muerte. Esas danzas donde se representaba a la muerte tomando de la mano a cuanto viviente se le pone delante y pidiéndole cuentas.

El nombre de peto le viene a esta sencilla construcción de un hueco donde se aportaban dineros para Misas en sufragio por las ánimas. Falta en Louredo y falta en otros muchos lugares. Solían estar excavados en la roca, con un cierre de hierro. Aquí ya solo se ve el hueco.

Particulamente, imagino su reconstrucción. En primer lugar, lejos con ese cubo de basura que lo afea y desvaloriza. ¿Se quita también la gran hortensia? Habría que documentarse, buscar fotos más o menos antiguas, preguntar a los mayores sobre él, formar un pequeño archivo, de pocos folios, donde historia e historias se encuentren, dando noticia de su existencia. Luego, algunos datos generales sobre la existencia de petos en las cercanías, su origen y características. Porque los hay y es cosa de reconocerlos. Vete tú a saber si un mismo cantero hizo más de uno. Pero, claro, al ser obras anónimas...



Foto de la página dedicada a la descripción del peto de Louredo, por doña Yolanda Barriocanal en Arte popular. Los petos de ánimas. Libro de 1985 referido a los petos de Ourense. Ayer mismo escribía una entrada sobre esta obra.

Documentado, hágase un proyecto, una reconstrucción ideal de cómo era, una restauración que respete lo recibido. Devolver a su parte superior los pináculos laterales y la cruz central. Nada de placas. Solo una inscripción lateral en el pie de uno de los pináculos, de modo que se lea pero no llame la atención. Únicamente la fecha de la restauración. Nada se leía antes, apenas algo se ha de leer ahora. El peto no lo veo muy necesario. ¿Quizás una escondida iluminación para la noche? ¿Una piedra lisa?

El peto es una muestra de arte popular y, de poder ser, hay que llamar un cantero local que lo trabaje. Y siendo, como es, obra devota, no se ha de inaugurar sin algunas predicaciones en las semanas anteriores a la finalización de la obra, algún sermón en el lugar antes de la reconstrucción, alguna charla sobre el destino eterno del alma.


Para el día de la feliz inauguración, ¿por qué no preparar un folleto para los presentes? En su portada, lugar y fecha del acontecimiento, con un dibujo del propio cantero referido al peto. En la segunda página, aprovechando la mitad inferior, unas líneas acerca del purgatorio y cómo ayudar a sus purgantes inquilinos. La tercera llevaría una lectura bíblica y la bendición de la obra. La cuarta, aprovechando la parte central, unos datos del presente peto, rematados con la fecha de la restauración.      

sábado, 17 de diciembre de 2016

Los petos de ánimas.

Hai na parroquia de san Xoán bautista de Louredo, arciprestado de Ribadavia, diocese de Ourense, un peto de ánimas. É un sinxelo exemplo de arte popular e devoción que fala da fe cristiá na inmortalidade da alma, da existencia dun tempo de purificación para entrar no Ceo (de morrer en pecado venial) e da comuñón dos santos. Tres notas que conflúen nun traballo artesán en pedra granítica (con restos de policromía) que precisa de revalorización.

Como tantos detalles dos nosos pobos, acabamos acostumados á presencia de monumentos coma este e non lles prestamos a debida atención. O libro de dona Yolanda Barriocanal López, Arte popular. Los petos de ánimas, ven a darnos un toque e abrirnos os ollos para que repasemos os trillados camiños do noso pobo natal e nos reencantemos co que queda en pé e aínda se pode salvar e compartir. Nun tranquilo paseo en familia ben podiamos descubrir o que queda e escoitar as historias dos nosos maiores, sendo nós canal para que non se perdan e teñan vixencia nos tempos olvidadizos que vivimos.

Petos de ánimas hai moitos e, sobre todo na nosa provincia, concéntranse nas poblacións cercanas a Portugal. A autora non se atreve a defender unha orixe lusa destas devotas construccións pero si nos dá os datos suficientes como para ver que alí están de maior actualidade que aquí e que teñen os exemplos máis antergos. Estamos falando dunha antigüedade que non supera o século XVII. Para Ourense incluso se dá unha data, a de 1736. A posición da obra é a de deixar en vilo a orixe dos petos, prestando atención ó pulo que á súa construcción e uso se fai nos territorios limítrofes entre Portugal e Galicia. Pero non unicamente, xa que hai exemplos tanto no resto de Galicia como no noroeste peninsular. 

Os petos aparecerían como un reflexo en pedra das declaracións tridentinas acerca do Purgatorio e das indulxencias. Sinteticamente, é doutrina católica que os mortos en pecado leve pasarán por unha purificación que os prepara para o disfrute eterno do Ceo; por eles podemos rezar e así concederlles a gracia ás ánimas dunha pronta saída dese estado purgativo. Ca erección de recordatorios en pedra e a impresión de estampas, vaise levando a doutrina ó rural, precedida moitas veces de prédicas e formación de cofradías. Diante do peto pode o fiel rezar polas ánimas e ofrecer un donativo co que celebrar Misas pola pronta liberación do lume purificador. Esta imaxe do lume é unha herencia das representación simbólicas medievais e usouse tanto de palabra como en imaxe. Máis dunha vez os petos son representacións de ánimas entre chamas e santos que as veñen sacar dalí. 


A presencia de santos definidos, como a Virxe do Carme, san Antonio de Padua ou san Francisco, cando non hai anxos tamén, soe ser recordo da predicacións ou cofradías que deron pé ó peto. As cofradías parroquiais, especialmente de ánimas, tiveron moita sona na nosa diocese en cercanos séculos precedentes. A súa existencia orbitaba en torno á caridade para cos mortos, en corpo e alma, pois rezaban polos defuntos e a súa eterna saúde pero tamén chegaban a ocuparse do seu enterro corporal. Volvo un momento os recordos a Louredo e alí atoparemos as figuras da Virxe e santo Antón.

Por que se lles chama petos de ánimas? Pola presenza no conxunto dunha cavidade, un peto, onde se recollen os donativos para Misas polas benditas ánimas do Purgatorio. Este soe estar ben protexido fisicamente. A día de hoxe moitos xa voaron ou desfixéronse. A costume vai desaparecendo, como a xente que os atendía, e a ofrenda ofrécese na parroquia directamente. No de Louredo, efectivamente hai un oco onde debería estar o peto.

Dona Yolanda toca o tema da posible relación cos cruceiros e chega á conclusión que son dúas manifestación distintas pero que chegan a fusionarse, por exemplo, cando se aproveita unha pedra do fondo do cruceiro para colocar alí un peto. Sen embargo, non nacen nin se colocan nos mesmo lugares moitas veces. O cruceiro soe aparecer en límites poboacionais ou en cruces de camiños; o peto ó lado dun camiño ou no medio do pobo. Interesa moito a súa visibilidade e presencia en lugar concurrido para que aumenten as oracións e ofrendas polas "almiñas". 

Este libro, de pouco máis de 300 páxinas, ofrece unha boa cantidade de fotografías dos petos estudiados da provincia de Ourense, xunto ca localización e descripción. É a parte grosa do volume. Introductoriamente, a parte textual, onde non faltan novas fotos e debuxos esquemáticos. Estes debuxos teñen bastante importancia porque aportan algo novedoso: unha tipificación dos petos, un intento de agrupación por tipos, xa que a cronolóxica se resolve case imposible. A autora advirte que co paso dos séculos houbo bos traballos e retrocesos constructivos, pezas de grande valor xunto a sinxelas construccións... e que soe faltar o ano de erección en case todos. O ano e a firma do autor. Ben, nestas primeiras partes escritas é onde nos imos enterando da orixe dos petos, os seus tipos e distribución, os datos que nos quedan deles, as súas relacións con outras construccións como o cruceiro... e as conclusións que se poden acadar de todo o visto. Non se asustar, pois, o escrito, con pequenas aportacións de debuxos e algunhas fotos, vai da páxina 7 á 83. O resto é un valioso e extenso inventario provincial, case sempre apoiado por foto do peto e datos do mesmo.

Ben vale a pena recoller o dito neste libro e saír a pasear polos pobo vendo o estado dos petos. E non se olvidar dunha ofrenda espiritual polas ánimas, rezando un Pater Noster.

Libro:
Yolanda Barriocanal López.
Arte popular. Los petos de ánimas.
Boletín Auriense. Anexo 3.
Ourense, 1985.

domingo, 11 de diciembre de 2016

Catedral Viva (II)

Uno comienza a escribir o lleva unas ideas en su mente pero a la hora de ponerlas en una determinada tipografía resulta que acaecen las sorpresas. Una entrada acaba convertida en dos o más, las ideas quedan pero la expresión escrita se esfuma, la confusión comenta mientras que aquellas ideas claras suenan a sueño... Y lo que ayer iba a ser un aviso de publicación curiosa y petición de información resultó ser la introducción a esta segunda parte. Informé y ahora debo pedir consejo. 

La lista de números del boletín interno de la catedral de Ourense que tengo están en la entrada anterior. No son todos ni mucho menos pero creo que son representantes de una publicación que tuvo su difusión y ahora calla en algún lugar o lugares donde la hayan almacenado. Quizás pronto alguien la pida para consultar o llevarse la sorpresa de su existencia. Y no digamos la alegría de don Miguel Ángel, su artífice, al poder verse reconocido y con su publicación valorada. Bien se lo merece. Lejos de un boletín donde se recoge todo de un modo aséptico y formal, Catedral Viva es un espacio dinámico donde cupieron tanto datos y anécdotas como recortes de prensa variados, artículos tiempos pasados, memorias personales, anotaciones de encuentros nacionales de canónigos, hallazgos sorprendentes...

 No solo las palabras iban mostrando qué pasaba en la catedral, qué se celebraba sino que daba espacio a los movimientos de los señores canónigos, reconociendo su labor en predicaciones, publicaciones, donativos... hasta premios literarios, como el recibido por don Serafín, que fue Deán, en el santuario de A Armada (Rabal, A Merca). También se colocaban algunas fotografías donde el recuerdo tomaba forma gráfica. Y no faltaron las copias de antiguos documentos, como unas actas antiguas. Vamos, que se complementaban distintos estilos y apariencias para dar lugar a un archivo vivo y perenne. Una sección que fue cogiendo fuerza fue la referida a fichas patrimoniales de tallas que se prestaban para exposiciones. Ello dio lugar a saber más de imágenes que hoy podemos visitar en la primera iglesia diocesana y conservar copias de folletos informativos. Esos que tantas veces guardamos y acabamos tirando por considerarlos ya pasados.

Un detalle de Catedral Viva es su sentido de homenaje y agradecimiento. No un boletín de recuerdos y datos sino un compendio, también, de nombres de personas e instituciones que ayudaron a la catedral y su Archivo. Unas veces fueron donaciones de libros, otras de folletos, algunos dineros, mobiliario. Y no faltan los que se convirtieron en Asociación para demostrar el aprecio por tal insigne casa de oración. 

Creo que también dejó de publicarse pero ese sentido de noticia y agradecimiento pervivió en Dovela, una entrega diocesana que advertía sobre el buen uso y conservación del patrimonio, recordaba normas, alababa las buenas actuaciones y homenajeaba a ciudadanos e instituciones que ayudaban a la Iglesia en la conservación y adquisición de patrimonio.

Bien, y centrándome en la petición... Ahora que tengo estos números de Catedral Viva, quisiera darles publicidad y conservar su memoria. Cómo no, pasarán por manos de amigos y familares. Y mi idea es escanearlos. Los medios de que dispongo son muy básicos y qquizás no pueda pasar de un escaneo y guarda en jpg básico (limitaciones de mi viejo escáner), bien visible, eso sí, y legible. Pienso escanear y guardar en una carpeta con alguna nota informativa. Quizás, no sé si es la única manera o las hay mejores, una vez todo escaneado lo vaya pegando en un documento de texto, paginando y guardando todo en pdf, con alguna introducción informativa. Se aceptan ideas. Una vez tenga la carpeta con los escaneos, ¿dónde enviarla? ¿Será de interés para alguna institución?
 
En cuanto a los ejemplares físicos tampoco estoy seguro. Puede que guarde uno o dos de recuerdo. El resto pensaba dividirlos en una entrega a la biblioteca pública de Ourense y al Archivo Histórico. Pero ya he dudado porque imagino que lo mejor es mantener la integridad de esta colección, aunque incompleta.

En fin, haré un par de pruebas de escaneo y las adjunto como ilustración a esta entrada. Y espero comentarios e ideas. 

Feliz domingo.


Las fotos son escaneos de páginas al azar de los números 5 (los 2 primeros escaneos) y 32 (3 escaneos). 

sábado, 10 de diciembre de 2016

Catedral viva.

Han sido estos días ocasión gozosa para la lectura de una publicación que, seguramente, pocos conozcan y aprecien. La misma se titula Catedral Viva y es un boletín oficioso y dinámico sobre la vida de la catedral y los canónigos. La conseguí gracias a las gestiones de Gema, guía turística encargada de la sede episcopal auriense, y la rápida y alegre busca del autor, el canónigo archivero don Miguel Ángel. Sabía yo de la publicación por alguna lectura años ha, en mis tiempos de estudio y voluntario en la biblioteca del Seminario Mayor de Ourense. Los números que me guardaron con celo son parte de la colección, en concreto, los siguientes: 
5, julio 1998
6, octubre 1998
8, diciembre 1998
9, marzo 1999
10, junio 1999
11, noviembre 1999
20, julio 2001
21, octubre 2001
28, febrero 2002
31, abril de 2004
32, 2004 (sin definir mes)


Con el paso de los años, creció en número de páginas, en calidad de fotografía, en riqueza y ordenación de contenido. La 5 no tiene índice, lo compone  8 páginas y no hay numeración de las mismas. El 32 ya posee su índice, al final, las hojas interiores están numeradas, alcanzando el número de 156 y un marco decora toda la publicación. El formato siempre fue folio A3 doblado a la mitad.


Lo siempre la apodé, con todo cariño, el fanzine de la catedral. Y es que se convierte en todo un archivo al contener desde memorias de canónigos a recortes de prensa, pasando por copias de actas capitulares o de folletos de exposiciones. El ánimo que empuja a la escritura de tal boletín es el de dar noticia de la vida catedralicia, que no es solo un edificio más o menos monumental sino un referente diocesano, la primera iglesia, la sede episcopal. Las noticias acerca de la catedral, con sus obras, reformas, descubrimientos arqueológicos y devocionales, no agota lo que puede decirse. Espacio hay para quienes misan en ella y confiesan, mantiendo el pulso de una vida religiosa que no siempre brilla ni es conocida. El edificio tiene su importancia e historia pero no lo es todo. En él sirven a Dios con obras y rezos los canónigos. Ya no son curas dedicados en exclusiva a los oficios catedralicios pero siguen adelante con la obligación de celebraciones dignas y un especial acompañamiento al señor Obispo. No son tampoco aquellos prebendados de hace años que llegaban a plantarle cara al prelado si los intereses y decisiones iban en contra del sentir capitular. Historias hay en tal insigne cuerpo sacerdotal y si uno busca un poco seguro que disfruta conociéndoles un poco más. Hallará enfrentamientos con los fácticos poderes de obispos y alcaldes, con conspiraciones y obras santas calladas, quizás sabrá de dichos que ponen al chocolate como un manjar que les embelesaba el paladar y daba en el centro de la diana de sus gustos y costumbres en días de fiesta.

Los presentes números dan noticia de actividades actuales de los señores canónigos, tal como predicación de novenas (aquí y en tierras más o menos cercanas), redacción de artículos de investigación histórica, filosófica y teológica, dirección de Ejercicios Espirituales, publicaciones literarias... También les dan voz para que cuenten sus memorias y transmitan sus experiencias que tienen a la catedral como lugar de las mismas. Así sabremos de la existencia de una escuela o del grupo de acólitos que allí se formaban y actuaban en las celebraciones. No faltan algunos detalles de los encuentros de canónigos españoles. Y la voz del Obispo toma cuerpo tipográfico en más de una ocasión al recogerse predicaciones en la catedral o la Plaza Mayor.

Retazos de una memoria que algunos compartimos pero también mirada al pasado, a algunos documentos que yacen ahora en el Archivo catedralicio, descubrimientos de relicarios o piedras labradas, ecos de publicaciones donde la catedral o su Archivo tienen cierto protagonismo, listas de investigadores, sencillos y sentidos homenajes a donantes y amigos de la catedral. No falta, y lo considero de interés, el calendario litúrgico de las celebraciones importantes y seculares en sus altares. Hay fechas que revisten una solemnidad especial o devociones que visten de fiesta a la sede del Obispo y es menester recordarlas y publicarlas.

Gracias, don Miguel Ángel, por esta publicación, hoy finiquitada pero no por ello olvidada y quizás hasta deseada. Muchas gracias por ir estructurando, conservando y dando noticia de tantos ires y venires catedralicios. Usted homenajeó y dio gracias desde las páginas de Catedral Viva y hoy quiero yo darle las gracias a usted. Es una publicación que hoy conservo con cariño pero de la que seguiré hablando y prestaré. En vistas queda una donación de estos números a alguna institución que permita su consulta a más ourensanos. Pero esto ya es para otra entrada, jeje.

Yo les dejo aquí unas fotos de la misma. Ya ven que es sencilla, en blanco y negro, humilde pero rica en contenido. Quizás la puedan pedir en el Archivo catedral para su consulta, quizás en el Histórico Diocesano o la Biblioteca del Seminario, no lo sé. Pero, si pueden, pregunten por ella.