La del día 1 sí, día de todos los santos, con el cura revestido de blanco y el coro de Louredo entonando animados cánticos. Muchos tienen en mente a los difuntos y no sé si asumieron que la celebración es festiva, peeeeeero como es el día libre y la gente se dedica a visitar los cementerios, pues no me extraña que la sintonía con el rito eucarístico de este día no sea plena y pese más la ausencia de los seres queridos que la alegría que las oraciones pretenden despertar.
En su prédica, habló don Julio Rodríguez López de esa alegría de los santos, de la celebración del gozo celestial y cómo estábamos todos llamados a él, gracias a la redención de Cristo. Recordó la máxima de san Juan de la Cruz: al atardecer de la vida nos examinarán del amor, y hasta animó a que la cantásemos un instante (posteriormente, el coro la entonaría completa, en versión gallega).
Después de la misa y de la charla con los vecinos, ratito para leer la prensa, que este domingo traía algunas noticias de interés personal, como la apertura de la puerta santa en la Veracruz de O Carballiño, artículo de La Región de donde escojo esta foto, pues aparece nuestro anterior cura, don José Ramón Villar.
También me quedo con esta hoja del suplemento Vida, donde se hicieron eco de la última ruta por tierras de Cortegada, que dejó fuera la aldea de Louredo, al coger un camino dirección Valongo.
Me recuerda que no hay tanto que pasó por la aldea una ruta especial, organizado por las mujeres rurales de Cortegada. Queréis saber que nadie me contó nada de cómo fue o qué aconteció? Pues no esperéis que en las redes aparezca algo de interés especial. Sí, las fotos que recuerdan su paso por aquí tienen su aquel, pero echo en falta un texto, un mínimo de crónica para que quede constancia para memoria futura. Mientras, quedo mirando lugares y objetos de pasadas épocas que bien precisaban quien pregunte por ellos y tome nota, por breve que sea, de su existir, estado y memoria. Cuánto no podrían contarnos estos hierros del 23. Año, por ejemplo, de la campana mayor de la iglesia de Louredo y del cierre de piedra de los Diestros.
El día fue soleado, porque no acaba de llegar el frío y la lluvia... y, claro, con estas condiciones de sol, florecen los caminos, como este que va de O Outeiro a Pedradas. Un lugar que no olvidamos, porque aunque tengamos agua de la traída, ¡cómo presta ir a buscar agua a la fuente!
Desde ese camino ojeo un cielo donde la luna va menguando y desapareciendo en un precioso y despejado cielo azul.

Azul que encontramos en estas escondidas pinturas de factura contemporánea, dentro de un vistoso elemento de la fuente de Pedradas. Por cierto, sí, por ese angosto rincón hay que entrar para poder acceder al manantial y limpiarlo (una o dos veces al año) de las raíces de los árboles y que la fuente recupere su precioso y regular caudal.
Cuando vas al agua es que es hora de comer. Hoy comenzamos con el pulpo, regado con el precioso oro Ribeiro de la casa y rematamos con las castañas, preparadas sobre plancha de hierro. Este año, cachis, no salieron muy allá.
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Este texto es un extracto, traducido del original en gallego. Completo lo puedes leer y ver AQUÍ.












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