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sábado, 8 de junio de 2024

Ignacio Benedeti revive a los templarios de Ossorio en A Coruña

Un grupo de caballeros templarios regresaron de oriente con el secreto de la vida eterna, pero, lejos de ser una doctrina espiritual, se trata de un ritual donde la sangre de una doncella corre fuera de su cuerpo. Tales caballeros fueron crueles con los aldeanos cercanos a sus encomiendas y estos los ajusticiaron, cegándolos. Juraron regresar de las tumbas y, años después, de noche lo han conseguido. Quien se encuentre con ellos tiene las horas contadas.

Fue Amando de Ossorio quien pergeñó los atuendos e historias de los templarios ciegos. Llevó adelante una famosa tetralogía, muy valorada en Alemania y Estados Unidos, aunque la crítica española generalista poca o ninguna atención le dedica. Es una suerte que gente, como Ignacio Benedeti, le recuerden y nos expongan su vida y obra con emoción. 

Fue lo que hizo en A Coruña, el pasado viernes 24 de mayo, a las 20 h, en la sala cultural del Sporting Club Casino, sito en la calle Real. Nos presentó algunos esbozos biográficos de este esforzado director de cine, nacido en 1918, dedicado a este arte en los ratos libres que sus oficios "serios" le permitían. Pasó por la banca, en Los Cantones, Coruña, antes de dar el salto a Madrid, donde dejó su impronta en la televisión y la radio, con gran pena de su padre, que le prefería en el monótono papeleo bancario.

 En 1956 tiene la oportunidad de filmar su primer largo, titulado 'La bandera negra' y recibir el primer varapalo: no pasa la censura y no se dará a conocer al gran público. Como consecuencia, un período de hasta 8 años dejará a don Amando sin poder dedicarse a su gran pasión. Y, cuando lo haga, será para cumplir los gustos de los productores, sacándose de la manga 'La tumba del pistolero'.

Este detalle va a ser una tónica de su obra. Lejos de disponer de dinero abundante o de subvenciones, el de Coruña va a depender siempre de productores que buscan el dinero rápido, lejos de alentar unas buenas obras. Y los tiempos de filmación siempre medidos: generalmente, durante las vacaciones. Estas condiciones draconianas harán mella en las películas, aunque no en la bonhomía del director, quien todos suelen alabar su arte, la cercanía de su persona y la entrega a lo que plasma en película. Ahí quedaron los testimonios de Lone Fleming y Marian Salgado, a quienes Ignacio Benedeti recuperó durante su charla, mostrándonos incluso alguna foto sobre la que él trabajó.


En las películas de terror, Benedeti nos descubre cómo Ossorio lleva al encontronazo de dos mundos: el de las tradiciones atávicas y el moderno, el rural y el urbano, el de los mayores y los jóvenes. Aunque Ossorio dice que en su obra no hay una crítica social, sí podría leerse esta en la tetralogía templaria, sobre todo en esos personajes que deberían brillar por sus virtudes (el alcalde, por ejemplo) o en la saña del aparato místico religioso de los propios caballeros.


Muchos otros detalles nos brindó Benedeti en su amena charla, amén de fragmentos de las obras de terror de Ossorio, mostrando un amplio abanico de anécdotas y detalles de un director que hoy, la historia generalista deja en el olvido. Lo peor, que sea la ciudad que le vio nacer quien lo permita. Por eso es de alabar encuentros como este.

Tras la charla, y como sentido homenaje, me pasé por su querido Cine París, con el libro obsequiado por Ignacio (GRACIÑAS).


 

jueves, 11 de agosto de 2016

Entrevista a Manuel Martín, escritor.

En esta racha de entrevistas hoy nos paramos a charlar con Manuel Martín, autor de la novela de zombis Noche de difuntos del 38, editado en Dolmen Editorial. Hace pocos días la he leído y presentado en el blog, ahora le toca el turno al autor. Como viene siendo la tónica, ha respondido prontamente y se lo agradezco vivamente. Sacando tiempo para nosotros creo que bien vale la pena pararse y conocerle un poco más a él y su obra. Pequeña pero inabacada, lo cual la hace interesante y nos anima a seguirla para ver qué derroteros sigue y qué imaginaciones plasma.

Las fotos son cedidas por el autor para esta entrevista. Muchas gracias por ellas, pues.

Presentación conjunta de varias novelas de la Línea Z de Dolmen en el festival Celsius 232 de 2012 (la primera edición del festival). De izquierda a derecha aparece el entrevistado aquí, Víctor Blázquez, que presentaba El Cuarto Jinete, y Jorge Iván Arguiz, editor de la Línea Z de Dolmen Editorial.

- Un libro y varios proyectos. ¿Se van concretando y aparecen nuevas publicaciones?

Desde que publiqué Noche de difuntos del 38 con la editorial Dolmen, allá por 2012, solo he logrado publicar dos relatos en sendas recopilaciones:

· Mi mono y yo, dentro de la antología Peta Z. No mezclar con refresco de cola (Editorial Sportula/Dolmen Editorial, 2013).

· El Proyecto F, dentro de la antología Frankenstein. Diseccionando el mito. Kelonia Editorial, 2014.

Además, tras un par de proyectos abortados, hace unos meses finalicé una novela fantástica juvenil, algo entre el Joss Whedon de Buffy Cazavampiros y el Lovecraft de El caso de Charles Dexter Ward o En la noche de los tiempos. Mi agencia la está moviendo por diversas editoriales y yo me mantengo con los dedos cruzados. ¡A ver si hay suerte!

- Lugares concretos, nombres de regimientos, fechas, para una novela que mezcla la crudeza de la guerra con el terror de los muertos que se levantan. La parte "histórica", ¿está documentada o también es ficción?

Procuré documentarme para que la parte histórica fuera lo más “real” posible. Leí varios libros divulgativos sobre la Guerra Civil en general y sobre la Batalla del Ebro en particular, así como un par de novelas ambientadas en dicho conflicto. Ya hace unos años de todo ello, pero creo recordar que los que me resultaron más útiles fueron La batalla del Ebro de Jorge M. Reverte y… otro que me prestaron y del que ahora no recuerdo ni el nombre ni el autor. También consulté un par de libros sobre armas, vehículos y uniformes de la Guerra Civil. Por último, obtuve información de artículos de páginas web y de revistas de historia.

- Queda en el aire el misterio de las investigaciones nazis con el virus zombi. ¿Tendremos ocasión de introducirnos en el laboratorio donde se compuso?

Desde casi el día siguiente a terminar Noche de difuntos del 38, tengo en la cabeza las ideas para dos continuaciones, pero debido a que la novela no ha tenido demasiada repercusión, por el momento se han quedado en el tintero. Quien sabe, quizá me decida a escribirlas si finalmente se logra llevar a cabo el proyecto de adaptación al cine (hace unos años se vendieron los derechos de adaptación a la productora Cactus Flower Producciones: http://www.dolmeneditorial.com/vendidos-los-derechos-de-noche-de-difuntos-del-38)

- El tema zombi va perdiendo fuelle pero estaba en pleno auge en el momento de publicación del libro. ¿Forma parte de sus lecturas cotidianas o es una afición marginal que tuvo éxito?

Siempre me ha gustado el fantástico, en general, aunque lo cierto es que el género zombi nunca ha estado entre mis favoritos. La idea que acabó desembocando en Noche de difuntos del 38 me rondaba la cabeza desde unos cuantos años antes de escribir la novela y trataba de una amenaza sobrenatural que obligaba a dos grupos de soldados enemigos, republicanos y nacionales, a aliarse para enfrentarse a ella. En aquel momento, la idea no acabó de cuajar y la aparqué (distribuida en  unas cuantas notas desorganizadas en el disco duro de mi ordenador). Años después, cuando intentaba escribir una novela publicable, me enteré de que la editorial Dolmen era una de las pocas que hacían caso a los escritores noveles. El único problema era que, por aquel entonces, solo publicaban novelas de género zombi. Así que recuperé aquella idea que tenía para una historia de terror ambientada en el batalla del Ebro y empecé a darle vueltas a si el enemigo común de aquella mezcla de soldados republicanos y nacionales podría ser una horda de zombis. Las piezas encajaron casi como por arte de magia y al poco ya tenía el esqueleto de lo que, ahora sí, acabaría siendo Noche de difuntos del 38.

- Tras varios cursos de escritura y este libro, ¿alguna recomendación para los que no se animan a sacar sus obras al público pero lo están pensando?

A todo aquel que tiene algo escrito y le pica el gusanillo de publicar yo le diría que debería intentarlo. El camino es duro, pero la satisfacción de ver un libro con tu nombre en los estantes de una librería es enorme.


Manuel Martín firmando ejemplares en el stand de la editorial en el festival de Sitges en 2013.

- El verano es la típica temporada en la que se hacen recomendaciones literarias y se hace uno amigo de la lectura. Aproveche la coyuntura y anímese a nombrar algún título que le haya valido la pena.

Cualquier novela de Víctor Blázquez (Orilla intranquila, No existen los monstruos, la trilogía de El Cuarto Jinete, Las horas perdidas) o de Mikel Santiago (La última noche en Tremore Beach, El Mal Camino). También soy muy fan de Neil Gaiman (Buenos presagios, Los hijos de Anansi, Neverwhere, American Gods…). Últimamente he leído (y disfrutado) El silencio del pantano de Juanjo Braulio, Los buenos suicidas de Toni Hill, Caminarán sobre la tierra de Miguel Aguerralde y Lumen de Ben Pastor.

- Quizás ni siquiera yo le haya preguntado por algo que se está muriendo por contar. Ánimo y exprésese como si fuera lo último que pudiese decir.

Solo agradecerte esta oportunidad de charlar un rato sobre escritura y espero que en un futuro no muy lejano tengamos la posibilidad de hablar de nuevos proyectos. Os dejo a ti y a los lectores de tu blog mi cuenta de twitter para cualquier cosa que me queráis comentar: @ManuelMartinF

Un abrazo.

P.D. Notas sobre su novela en este blog

jueves, 4 de agosto de 2016

Noche de difuntos del 38, de Manuel Martín.

La línea Z de la editorial Dolmen es un hervidero de títulos que desentierran una y otra vez a los muertos, dejando de lado su natural estado de descanso. De hecho, cementerio significa lugar de los que duermen. Esto desde la perspectiva cristiana que espera, tras el deceso, la resurrección en cuerpo y alma. En la perspectiva del género no es extraño que se lean expresiones como "cuerpo sin alma, ojos sin vida", referencia a un movimiento corporal y un instinto que trasladan hambre y rabia pero no humanidad.
Encontrarse ideas nuevas a veces es frustrante y pasan páginas y páginas hasta dar con algo que te sorprenda y salga del típico cúmulo de ideas que se repiten. Bueno, tampoco voy a pedir algo completamente nuevo y distinto que nos haga perder el norte de la identidad z, jeje. Pero qué pasada poder disfrutar de ambientes nuevos y de detalles curiosos que afecten a la conducta zombi o a la manera de sacártelos de delante. Y no digamos el humor, esa salida brusca a situaciones estresantes que le dan un vuelco a la narración. Un detalle que poco se aprecia en la novela pero que cuando aparece te partes. Recuerdo ahora la escena cuando entre soldados supervivientes quedan en atraer zombis y no dispararles. Hay que mantenerlos vivos, jajajaja.
Por lo demás, llama la atención el escenario y la época en que nos tendremos que mover. Batallas y enfrentamientos entre nacionales y rojos en el valle del Ebro, año 1938. Escaramuzas y disparos cruzados, guerra sobre tierra y en el aire y, como si no llegase, una amenaza nueva que no se arredra ante las balas ni ante el valor de la soldadesca. Solo sabe avanzar cara los vivos, morderlos y destrozarlos. Parece que solo el fuego los detiene y hace recular. Solución que no siempre tiene uno ocasión de usar porque, claro, con una antorcha poco harías pero si tienes un lanzallamas ya la canción es otra.
Azules y rojos luchando, zombis apareciendo de la nada y atacando indiscriminadamente. Situación bélica que acaba poniendo sobre el mismo escenario a los enemigos. Es lo que sucede aquí. No es el frente y las escaramuzas son la tónica. Un encuentro entre unos pocos soldados de cada bando es el inicio de una aventura que supone la trama central. Al principio, malas miradas y sospechas mutuas, captura por parte de los republicanos y ascensos sufridos buscando protección de las fuerzas alzadas. Pero, qué pasa cuando dos enemigos han de enfrentarse a un tercero que ataca sin mirar colores? Pues eso, unión y armarse de valor ante el terror pútrido que supone una horda de muertos que no se han quedado en tierra. Sorpresa y pies para qué os quiero. Enfrentamiento cuando no hay otra solución y camaradería aumentando al pensar que ahora hace falta apoyo incluso de quien es contrario. Así tendremos ocasión de conocer a la gente y sus historias, sobrepasando la primera impresión que nos den al conocerlos.
Una de las cosas curiosas y que suponen un punto de atención es la relación entre los zombis y los alemanes. Porque sí, hay nazis en la historia. Una presencia mínima pero importante. Sin darnos muchos datos, descubrimos que el origen de la infección la traen ellos en forma de experimento sobre los soldados. Como es frecuente, el experimento se sale del esquema imaginado y reborda el vaso del virus expandido. Y, como es típico, se recurre a una ardiente solución general que arrasará terreno y personas por igual, sin distinguir zombis, infectados e inocentes. Otro detalle que dará juego es que la morfina supone una barrera para la extensión del virus en el cuerpo, un obstáculo salvable y temporal. Pero cuando te dan unas horas de vida, qué no se puede conseguir si hay un plan... aunque sea "de mierda"?
No hay historia de amor, cosa que uno agradece, porque tampoco hay que usar todo lo típico para atraer la atención, pero sí amistad y compañerismo que se refuerza con el paso de la páginas. Hay supervivientes y un epílogo en forma de pequeña historia que nos descubre que la infección no se ha reducido a la  guerra en España. Un final abierto que bien puede quedarse ahí o disponernos a nuevas aventuras en territorio continental en los convulsos años 40. El autor dirá...


sábado, 18 de junio de 2016

Caminarán sobre la tierra, de Miguel Aguerralde.

Claustroman y un libro de Dolmen... para suele signifcar zombis de por medio. Y, plas, cuadra de nuevo pero esta vez con novedades y una historia curiosa que no hace de esta novela una novela más. Ya no es solo que sea un autor español, nacido en Madrid y residente en Lanzarote, que lleva a suelo isleño una invasión de muertos redivivos. Es que resulta que el personaje que parece que querían despertar al inicio de la misma y nunca llega a recomponerse de su corrupción post mortem es el mismo sobre e que había estado escuchando unos reportajes y entrevistas en los días anteriores. Una feliz coincidencia que me hizo tomar el libro con más ganas. Cuando te metas en la historia ya adivinarás quién es antes de que lo desvelen. Solo decir que se le atribuye un gran descubrimiento marítimo en una fecha que nos hacían aprender bien de memoria, que nos hermana con el otro lado del charco y que podría ser gallego. Un saludo, Almirante.

Un nuevo gusto se sumó a esta sincronía y es el de volver a los orígenes de los zombis. Efectivamente, asistiremos a una inacabada celebración en medio de la selva que tenía como fin reanimar unos huesos y revertirlos a su estado de viador humano. He aquí el origen que siempre nos contaron de los zombis, aunque dejando claro que los rituales haitianos trabajaban con un vivo al que aparentemente mataban y devolvían a la vida tan pronto los enterrasen para dedicarlos a trabajos forzados. Aquí hay el rito oscuro de magia pero su capacidad no afecta a los recién enterrados sino a todo resto capaz de levantarse por encima de la tierra que le cubre. Hablamos de zombis, sí, y sorprendentemente, de mucho más: cualquier cadáver vuelve de la sepultura. Una magia poderosa traída de la noche caribeña.

La novela nos llevará por dos viales temporales distintos que confluyen en la acción de los distintos personajes. Tanto en el pasado como el presente, desfilan por esas páginas piratas, aventureros, religiosos, personas del montón,... girando en torno a un cofre que resguarda los restos de un famoso marino y la magia que iba a revivirle. Unos saben de su existencia y lo ansían, otros callan e intentan que las cosas sigan como están, otros se ven abocados a tomar partido para salvar la vida, tanto propia como prójima, algunos son conscientes del percal y otros solo miran lo que sus ojos ven. Las decisiones en conjunto llevan a un catastrófico presente donde la isla de La Palma cae bajo el poder de los muertos, ansiosos por aumentar su sinnúmero ejército putrefacto.

Piratas de antaño y coleccionistas ávaros de hoy buscan objetos que les reporten pingües beneficios, religiosos católicos intentan ocultar la negrura de una magia que ni quieren comprender ni derrocar con bendiciones, buscadores de conocimiento acaban uniéndose para protegerse y servir a los poderosos fácticos antes de poder decicir por sí mismos un nuevo destino que les separe de aquellos y sus tentáculos de muerte y poder. Y la magia, una vez liberada en un acto de impaciencia e inconsciencia, se abate sobre el mundo en forma de una negra nube que descarga muerte por doquier. Como fruto de su lluvia surgen los muertos de la tierra y pasean por calles isleñas sembrando caos y terror. Sus capacidades motoras dependen de la conservación de un cuerpo o unos huesos que son ahora caparazón vacío de magia negra. Los supervivientes protagonistas buscarán la manera de revertir el hechizo de muerte, luego la huida a tierras cercanas, con la esperanza de que el efecto sea local y no generalizado; los supervivientes "secundarios" son personajes que aparecen para dejar un poso de tristeza o de ánimo.

Yo me lo pasé genial con esta novela de aventuras y magia negra, disfrutando de un paseo con muertos sobre tierra española que bien podría ser destino de vacaciones un día. Me gustó la documentación sobre Colón, que te anima a leer un poco más sobre él y el descubrimiento de América, a la par que me hizo recordar lecturas acerca del vudú, el rito de zombificación y la historia de tantos esclavos negros que acabaron en Haití formando grupos donde religión y tradiciones africanas se fusionaron con devociones católicas y formas animistas americanas, desatando una negrura mayor que la de sus pieles y la del trato despiadado de los colonos para con ellos.

No van a faltar momentos que te dejan quieto en el sitio, aguantando la respiración por la sorpresa, a veces porque no te esperas que tal personaje muera y otras porque descripciones de algunas muertes son suficientemente explícitas como para detenerte en seco. Incluso el final, que no me cuadra mucho en cuanto a desarrollo temporal y alcance de la nube, es otro fogonazo de inquietud para el lector.

jueves, 21 de abril de 2016

Zombies de Leningrado, de Javier Cosnava.

El mundo de la novela histórica tiene un curioso título como faro que vale la pena explorar. Y es que aunque se introduzca de lleno en el mundo Z todavía tan de moda, Javier Cosnava nos lleva de la manita a una época y un lugar determinados. Leningrado, en lo peor del sitio sufrido en la II Guerra Mundial, por parte de los nazis en su camino al interior de Rusia. ¿Zombis e historia? Sí, y todo desde la perspectiva de una abuela superviviente a la carnicería de la ciudad que lleva a su nieto por lugares importantes para la memoria familiar. Lo que es un viaje por poblaciones y memoria se convierte en un complemento a lo que realmente desea el chico: que su abuela le cuente una de zombis en el Leningrado de su infancia.

La novela es ágil con alguna que otra ruptura para dar cauce a las pequeñas historias que la abuela quiere dar a conocer. La principal es la que encandila al nieto: la supervivencia en una ciudad masacrada por la guerra, la falta de alimentos, el frío y los zombis. ¿Zombis como los que conocemos? Gracias al Cielo, no. Los llamados zombis son personas de piel y huesos que recorren las calles de Leningrado en busca de cualquier atisbo de carne que llevarse a la boca. Es gente desnortada por la situación que mata a semejantes para alimentarse. Son asesinos, con más o menos capacidad de razonar, que han dado un paso del que jamás se recuperarán: probar carne humana. Los más fuertes asesinan y comen, los más débiles van detrás en hordas que aprovechan lo que queda. Pero no solo se mueven por las calles. Algunos son bien conscientes de lo que hacen y se dedican a un particular mercado negro al que proveen de carne sin demostrar su procedencia.

No toda la ciudad ha caído en el canibalismo y, así, asistimos a historias a medio camino entre lo tierno y lo límite, con familiares que protegen cadáveres de sus seres queridos o los esconden bajo tierra en lugares que nadie pueda profanar. También asistimos a los esfuerzos de dos militares en su busca de un refugio para dos niñas y un perro, al tiempo que intentan descubrir quién es el infiltrado nazi que vive entre sus filas. Esta es la trama principal. Y la abuela es la niña mayor del grupo.

La ciudad se cae a trozos y las historias de este grupito enlaza con la de familias que acuden a las filas del racionamiento, personas que vagan sin sentido por las calles, asesinos que ya no ven al prójimo sino como objetivo de sus cuchillos y hachas, agentes secretos infiltrados en territorio enemigo, supervivencia manteniendo el respeto por la vida ajena, un diario que recuerda las muertes familiares, la esperanza de los asediados en sus autoridades militares y la desconfianza cada vez mayor en las altas instancias de la madre patria para cambiar el destino de la guerra. No faltará el amor que impulsa a salvar al amado ni el esfuerzo por proteger a los animales de un zoo o la entrega hasta la muerte por custodiar semillas que, en el futuro, repueblen los campos y graneros hoy desolados.

A lo largo de la novela se ofrecen varias fotografías de la época, tomadas en la misma ciudad donde se desenvuelven las historias que la abuela desgrana. Una historia que termina en la actualidad y que alcanza cotas impresionantes de respeto y admiración solo para dejarnos el rebuzo de una verdad incómoda y desconocida. Final agrio pero realista que conforma el choque entre lo que se cree y lo que sucedió realmente. 

Tras la novela, una serie de interesantes apuntes que nos conducen por la documentación y los hechos reales en los que se basó el autor para dibujar un oscuro vivir como el mostrado. También nos señala ciertas licencias y ficciones, convirtiendo esta novela en un repaso histórico ágil e interesante a un tiempo no tan lejano y dando una renovada perspectiva a una moda que se cae a trozos, como la carne de sus descompuestos protagonistas. Una joya que refulge en la amplia biblioteca Z del amigo claustroman.

jueves, 7 de abril de 2016

White zombie, de Víctor Halperin.

Bela Lugosi llevaba en el Estados Unidos doce años y acababa de pasar por el papel que le marcaría de por vida, Drácula (dirigido en 1931 por Tod Browning). El cine sonoro conocía buenos tiempos, tras todos los problemas técnicos sufridos en la década anterior, aunque no todo el mundo apostase por él, ya  fuesen inversores o actores de prestigio. Por ejemplo, Chaplin no hablaría hasta 1940, con El gran dictador. Lugosi, a pesar de sus problemas con el inglés, sí hablaría, y dejaría huella con sus gestos y miradas. Ahora nos pueden parecer sobreactuados pero hay que comprender que muchas veces, en la época, las películas son casi obras de teatro grabadas y las expresiones son afectadas para darles mayor poder visual. Es algo que se mejora con el tiempo, adquiriendo el cine una expresión y lenguajes propios. Pero los cambios estaban ahí y hemos de tenerlo en cuenta para no ver la película solo con los ojos de hoy. Así comprenderemos cambios tan sencillos como que el público estaba acostumbrado a ver a los actores a distintas distancias (en el teatro, dependiendo de la butaca que te tocase) y gracias al cine todos teníamos la misma cercanía.


Para el filme que nos ocupa tenemos a los Halperin con una empresa independiente que ofrece a Bela el papel de un hechicero haitiano. Y tendremos la primera aparición de los zombis en la gran pantalla. Orígenes apegados a la superstición y la realidad caribeña de los muertos vivientes. Tanto esta expresión como la palabra "zombi" se usan en la película. Y resultan ser personas a las que se ha reducido a un estado catatónico de esclavitud a la órdenes de un hechicero. Los zombis le sirven sin rechistar en los mandatos que reciben, en los trabajos del campo y de la refinería de azúcar. Nada les afecta, no hablan, su mirada es una fijada atención sin luz ni viveza, hasta pueden recibir golpes y balazos sin rechistar. Su existencia es la de un cuerpo sin memoria, sentimientos ni alma. Pero no están definitivamente condenados ya que se les puede devolver a la vida plena, aunque no se nos diga cómo. De ahí que los nativos procuren enterrar, como sucede en las primeras escenas, a sus muertos en caminos sobre los que pasen los vivos y nadie pueda sacar los cadáveres.


Madeleine: Cochero, ¿qué es eso?

Cochero: Es un funeral, mademoiselle. Tienen miedo de los hombres que roban cuerpos de hombres y cava las tumbas en medio de la carretera, por donde pasa la gente constantemente.
 


La superstición, nos advertirán hacia el final, conlleva un ritual. La superstición habla de hombres malvados con el poder de esclavizar a los muertos. ¿Cuál es el ritual? Parece que se necesita una gotita de un preparado secreto para zombificar a alguien. La persona no llega a morir pero su existencia es una sombra de vida. Algunas escenas nos muestran esto con un juego de filtros y luz que nos ponen en la mirada de una joven que recupera el hálito de vida tras pasar por una etapa zombi. Su rostro pasa de la sombra a la luz plena, de la expresión baldía y fija a la sonrisa, del silencio al habla, del olvido a la memoria y reconocimiento de sus prójimos. Ella, la protagonista femenina, Madeleine, sale a la luz vital diciendo que ha estado soñando. La misma vida zombi no parece dar más de sí. Mención aparte recibe el señor Beaumont, al que se le administra "la gotita" en una copa de vino y es zombificado a palo seco, perdiendo sus capacidades motoras y expresivas lentamente ante la mirada de aquel que un hechicero local llama Murdela (Lugosi). Su conversión no es completa y será quien lleve a su zombificador a la muerte.

He visto sus ojos. ¡Está muy enamorada!... pero no de usted.

Yo llegué a la temática zombi antes por la radio que por el cine. De la mano nocturna del programa Historias, de RNE, escuché las investigaciones y dramatizaciones que el equipo de Juan José Plans preparaba para cada domingo de madrugada. A esta película llegué hace pocos años, de la mano de un DVD de cierta revista dedicada al cine (creo que Fotogramas). La pareja protagonista del filme llega a Haití de la mano de un hombre que les propone casarse en sus pertenencias isleñas. La propuesta les parece bien a los jóvenes pero lo que no sospechan es que el terrateniente pretende a la novia. Momento dramático es la confesión del señor Beaumont a Madeleine cuando la lleva de la mano al altar y le pide encarecidamente que abandone a su prometido Neil por él.

La boda llega al banquete sin sospechar los presentes que los deseos del señor de la casa le han llevado a un hechicero local. Este mata, aparentemente, a Madeleine, mediante la magia, por medio de un fetiche de cera. Del banquete al entierro y el destrozo vital del esposo, hombre que acaba en el alcohol, sufriendo visiones donde su esposa le conmina desde las sombras. Beaumont consigue lo que desea: tener a Madeleine para él. Pero el gozo es efímero, más que la belleza y los dones de la mujer. Esta, capaz de interpretar magistralmente una pieza al piano, pasea por la casa con la mirada fija, sin vida, callada, incapaz de disfrutar o reconocer la belleza de una joya que su secuestrador le regala. La apatía vital de la muerta en vida se cuela en los pliegues del duro corazón del hombre y le pide al hechicero que le devuelva el alma a la joven.


Predicador: O el cuerpo ha sido robado por miembros de un culto a la muerte que utilizan huesos en sus ceremonias... o bien...
Neil: ¿O bien, qué?
P: No está muerta.
N: ¿Que no está muerta? ¿Se ha vuelto loco? Yo la vi morir, el médico firmó el certificado, ¡les vi enterrarla!

Siempre hay quien gane, ¿verdad? Un corazón aún más duro se desvela. El brujo no solo controla a la joven a voluntad y no hace caso del dueño de casa sino que asesina al criado y reduce a Beaumont a proyecto de zombi. Aquí sí, aquí sí que Lugosi bebe vino. Una copa que iba a ser de brindis compartido acaba como festejo personal del hechicero. Ojo a las manos de Bela: la primera copa, destinada a su adversario, la toma con unos dedos como garras, desde arriba, supongo que para dejar caer la gotita zombificadora; su copa, que al final bebe, la toma finamente desde abajo. Un año antes, en su interpretación vampírica, había dicho aquello de "Yo no bebo... vino". Aquí, brinda solo ante la consecución de sus planes. Dice tener uno para Madeleine pero nunca llegaremos a conocerlo.

Beaumont: Fui un loco al hacer esto pero, si me hubieras sonreído, habría hecho cualquier cosa, ¡lo que hubieras querido! Pensé que solo la belleza me satisfaría.

Porque su esposo, ayudado del predicador que les casó, se dispone a buscarla, tras contemplar horrorizado cómo su tumba había sido profanada y su cuerpo extraído del nicho. Solos, esposo (que no viudo, ¿verdad?) y misionero, se embarcan en la búsqueda de la joven y de Beaumont, que no ha vuelto a verles. Un hechicero local les señala el camino cara las montañas, la tierra de los muertos vivientes, donde ni él ni nadie que conozca quiere ir. De hecho, dice ser el único que volvió con vida y ahora ya no se siente con fuerzas para rehacer el camino. Neil no sufre ya visiones pero sí nota la cercanía de su esposa. Ella, zombificada, sale al balcón en dos ocasiones, como si algo sintiese aún. La escena que les va acercando es un juego donde la pantalla les muestra a ambos y el plano se corta una y otra vez, longitudinalmente.

Encontrar a la dama en apuros y al monstruo que la retiene no es el final sino el inicio de la batalla definitiva. Murdela, enhiesto, aprieta sus manos juntas en un ritual de control sobre los zombis que le asisten y sobre la malograda Madeleine. Neil, al borde del agotamiento, se enfrenta a todos los peligros y es gracias a la ayuda del predicador como puede librarse de una muerte que parecía segura. Beaumont, todavía con un hálito de entendimiento, libre ya del velo de sus deseos y obsesiones, se lanza contra el hechicero y le derriba sobre el áspero mar. Madeleine, finalmente, recupera la luz de la vida y reconoce, con un bella y amplia sonrisa, a su esposo. El graznido omnipresente de los buitres acompaña a los difuntos.

¿Que qué pasa con el esforzado hombre de Dios? El sufrido ministro remata el momento tierno con una petición y un hipeo cómico. Pide cerillas, como lo hizo antes, en una conversa con Neil, en la cual se nos habló de las práctica necrofílicas haitianas. Una guinda humorística que rompe el momento amoroso de los recién reunidos esposos. Aunque tampoco pensemos en que estos tienen expresiones tiernas a lo largo del largometraje...

 Madeleine: Neil. He soñado.

domingo, 13 de marzo de 2016

Endemoniados - Demonwarp.

Paseemos un poco por los ochenta, poco antes de la caída del Muro de Berlín, con los agónicos coletazos de la Guerra Fría. Allí podremos cruzarnos con la obra del director Emmet Alston, Demonwarp. Fue una de las siete películas que dirigió en la década, dejándonos un largometraje donde se combinan varios estilos y monstruitos. Ayer teníamos a los japoneses mezclándolos y hoy vamos a ver a los americanos en el mismo tema, aunque no veremos tal cantidad.


Como la anterior peli, la amenaza viene del cielo, de un meteoro que se estrella no lejos del camino que sigue un predicador solitario que va leyendo la Biblia (aunque no me suenan para nada los versículos que recita) y tarareando Amazing Grace. Es la intro que se resolverá al final, cuando podamos descubrir en qué consistía el meteoro y la amenaza que supone para los andarines por ese bosque.


- Oye, Jack, ¿has visto alguna vez algo raro por ahí?

- No, pero he oído cosas. Dicen que sombras extrañas rondan por la noche.

- Serán osos.

- O ciervos, como Bambi.

Un salto de años nos pone en la actualidad, con un padre y su hija de excursión, aprovechando un rato libre para el trivial y una pregunta sobre un hombre lobo de cine como Larry Talbot. Pregunta que nos pone en la sintonía de terror de la siguiente escena, cuando ambos son atacados por un Big Foot. 

Así, un nuevo salto temporal, más pequeño esta vez, nos llevará al lugar de ataque y rapto, cuando unos jovenzuelos despreocupados y con ganas de marcha acaben en la misma cabaña que el padre y su hija. En ella, quedan restos de esa noche y aún llegarán a encontrarse con el pobre hombre que sigue pernoctando en el bosque, buscando a la niña de sus ojos. Poco a poco, sabemos que el bosque tiene mala reputación, que desde hace cien años se sabe de casos de encuentros con seres monstruosos y que el tío de uno de los chicos de la pandilla se ha perdido allí. La excursión resulta no ser solo una escapada de fin de semana sino una operación de busca y rescate.


Y si alguno se ríe o duda de tanta habladuría, los mismos chicos sufrirán la visita del monstruo peludo que mata y rapta... y se lleva la radio. Momento tenso este, con el monstruo cogiendo la radio y pillando puerta, uno de los chicos apuntándole con un arma y una de las chicas, desquiciada, gritándole que dispare de una vez. El Big Foot sale de la cabaña a la noche sin un rasguño. Y esto lleva a los supervivientes a la búsqueda y la huida. También a encontrarse con el padre desconsolado y otras gentes de variada procedencia que ha hecho del bosque destino de su viaje.


- Vaya, parece que tu plantación secreta no era tan secreta.

- No lo entiendo. Estaba lleno de marihuana. Él lo llamaba su plantación perdida del placer.

Por ejemplo, un par de buenas mozas vienen a buscar marihuana, una plantación agreste y escondida que resulta haber sido esquilmada antes de que ellas llegasen. Ante el desencanto y cabreo, una decide quedarse a tomar el sol. Total, ya que están allí no volver con las manos completamente vacías, ¿no? Cómo no, ya te lo estarás esperando, sufren el ataque de la bestia.

Hay otro que es de los de traca: un excursionista con cámara que también ha de asustarse y huir ante la peluda presencia. No coge aliento ni de atreve a una instantánea que podría darle fama y aportar un buen dato de la existencia del Pies Grandes. Tanto corre que hasta parece que va en círculos por la foresta, cuando vemos que repiten planos,... digooooo, que vuelve a pasar por el mismo sitio.

Como película de adolescentes en apuros, no faltarán los despelotes, los pechos al aire y las persecuciones más o menos cachondas, con trampas en pleno bosque que acaban revirtiendo en contra de los humanos. Pero, como no podía ser de otra manera, el suspense va in crescendo y un encontronazo con un nuevo personaje cambia la dirección de los supervivientes. Recapitulando, hemos visto un curioso meteoro al inicio de la peli, dejando un cráter y una especie de huevo, hemos visto al Pies Grandes atacar a humanos y llevarse material electrónico (y un motor de coche), sabemos de la mala reputación del bosque y de su aterrador denominación de bosque del demonio. ¿Qué más nos sorprende? Un par de zombis. Toma ya, podrían parecer jóvenes en shock pero no, descubrimos que son zombis, pateando el bosque. 


- Verás, Jack, tú lo conseguiste. Estás vivo, yo no. Estoy muerto, se acabó. Pero, ¿sabes una cosa? ¡Me siento mejor que nunca, Jack!

Se dirige una a la caverna donde está el origen de todo. Y las sorpresas se van sucediendo de forma vertiginosa. Dar la muerte al Big Foot trae nuevas preguntas, ya que este no se muere y listo sino que se transforma en hombre, como si la maldición que posase sobre él se acabara y pudiera morir en paz. Uno de los amigos desaparecidos aparece pero lo hace en forma de zombi hablador. Se ve por todas partes humanos que parecen trabajar en una instalación mecánica, de forma atontada.


- Astrez es el señor. Mi amo habita en la cámara sagrada. Su nave está enterrada en las entrañas de la tierra. Y se alimenta de la carne de la tierra. Espera pacientemente, acumulando energía para su viaje a las estrellas.

Y, al final, en el clímax de los descubrimientos, la sala del trono, literalmente. Una sección de la caverna es una sala donde chicas desnudas son sacrificadas y su corazón se les quita para ofrecerlo a un terrible ser que preside el lugar. Oh, sorpresa, el oficiante oscura de tamaño crimen es el predicador del principio, mantenido contra natura en un estado de juventud. Adora al ser, del que acabamos sabiendo que estaba en el meteoro y que es un extraterrestre que reconstruye su nave y acumula energía para poder volver al espacio. Su rostro repulsivo es manifestación de sus horrendos métodos de reconstrucción: controlar humanos para que roben material electrónico y trabajen, esclavizados, en su nave, oculta en la caverna de ojos inquisitivos. Menos mal que alguien se ha llevado unos cartuchos de dinamita y ha podido salvar a su amiga de las garras del predicador y su ídolo viviente.



Ah, y me quedo con la duda de saber quién y qué pinta cierta persona en este fotograma, cuando se supone que nadie más estaba en segundo plano, jeje.