domingo, 13 de marzo de 2016

Endemoniados - Demonwarp.

Paseemos un poco por los ochenta, poco antes de la caída del Muro de Berlín, con los agónicos coletazos de la Guerra Fría. Allí podremos cruzarnos con la obra del director Emmet Alston, Demonwarp. Fue una de las siete películas que dirigió en la década, dejándonos un largometraje donde se combinan varios estilos y monstruitos. Ayer teníamos a los japoneses mezclándolos y hoy vamos a ver a los americanos en el mismo tema, aunque no veremos tal cantidad.


Como la anterior peli, la amenaza viene del cielo, de un meteoro que se estrella no lejos del camino que sigue un predicador solitario que va leyendo la Biblia (aunque no me suenan para nada los versículos que recita) y tarareando Amazing Grace. Es la intro que se resolverá al final, cuando podamos descubrir en qué consistía el meteoro y la amenaza que supone para los andarines por ese bosque.


- Oye, Jack, ¿has visto alguna vez algo raro por ahí?

- No, pero he oído cosas. Dicen que sombras extrañas rondan por la noche.

- Serán osos.

- O ciervos, como Bambi.

Un salto de años nos pone en la actualidad, con un padre y su hija de excursión, aprovechando un rato libre para el trivial y una pregunta sobre un hombre lobo de cine como Larry Talbot. Pregunta que nos pone en la sintonía de terror de la siguiente escena, cuando ambos son atacados por un Big Foot. 

Así, un nuevo salto temporal, más pequeño esta vez, nos llevará al lugar de ataque y rapto, cuando unos jovenzuelos despreocupados y con ganas de marcha acaben en la misma cabaña que el padre y su hija. En ella, quedan restos de esa noche y aún llegarán a encontrarse con el pobre hombre que sigue pernoctando en el bosque, buscando a la niña de sus ojos. Poco a poco, sabemos que el bosque tiene mala reputación, que desde hace cien años se sabe de casos de encuentros con seres monstruosos y que el tío de uno de los chicos de la pandilla se ha perdido allí. La excursión resulta no ser solo una escapada de fin de semana sino una operación de busca y rescate.


Y si alguno se ríe o duda de tanta habladuría, los mismos chicos sufrirán la visita del monstruo peludo que mata y rapta... y se lleva la radio. Momento tenso este, con el monstruo cogiendo la radio y pillando puerta, uno de los chicos apuntándole con un arma y una de las chicas, desquiciada, gritándole que dispare de una vez. El Big Foot sale de la cabaña a la noche sin un rasguño. Y esto lleva a los supervivientes a la búsqueda y la huida. También a encontrarse con el padre desconsolado y otras gentes de variada procedencia que ha hecho del bosque destino de su viaje.


- Vaya, parece que tu plantación secreta no era tan secreta.

- No lo entiendo. Estaba lleno de marihuana. Él lo llamaba su plantación perdida del placer.

Por ejemplo, un par de buenas mozas vienen a buscar marihuana, una plantación agreste y escondida que resulta haber sido esquilmada antes de que ellas llegasen. Ante el desencanto y cabreo, una decide quedarse a tomar el sol. Total, ya que están allí no volver con las manos completamente vacías, ¿no? Cómo no, ya te lo estarás esperando, sufren el ataque de la bestia.

Hay otro que es de los de traca: un excursionista con cámara que también ha de asustarse y huir ante la peluda presencia. No coge aliento ni de atreve a una instantánea que podría darle fama y aportar un buen dato de la existencia del Pies Grandes. Tanto corre que hasta parece que va en círculos por la foresta, cuando vemos que repiten planos,... digooooo, que vuelve a pasar por el mismo sitio.

Como película de adolescentes en apuros, no faltarán los despelotes, los pechos al aire y las persecuciones más o menos cachondas, con trampas en pleno bosque que acaban revirtiendo en contra de los humanos. Pero, como no podía ser de otra manera, el suspense va in crescendo y un encontronazo con un nuevo personaje cambia la dirección de los supervivientes. Recapitulando, hemos visto un curioso meteoro al inicio de la peli, dejando un cráter y una especie de huevo, hemos visto al Pies Grandes atacar a humanos y llevarse material electrónico (y un motor de coche), sabemos de la mala reputación del bosque y de su aterrador denominación de bosque del demonio. ¿Qué más nos sorprende? Un par de zombis. Toma ya, podrían parecer jóvenes en shock pero no, descubrimos que son zombis, pateando el bosque. 


- Verás, Jack, tú lo conseguiste. Estás vivo, yo no. Estoy muerto, se acabó. Pero, ¿sabes una cosa? ¡Me siento mejor que nunca, Jack!

Se dirige una a la caverna donde está el origen de todo. Y las sorpresas se van sucediendo de forma vertiginosa. Dar la muerte al Big Foot trae nuevas preguntas, ya que este no se muere y listo sino que se transforma en hombre, como si la maldición que posase sobre él se acabara y pudiera morir en paz. Uno de los amigos desaparecidos aparece pero lo hace en forma de zombi hablador. Se ve por todas partes humanos que parecen trabajar en una instalación mecánica, de forma atontada.


- Astrez, es el señor. Mi amo habita en la cámara sagrada. Su nave está enterrada en las entrañas de la tierra. Y se alimenta de la carne de la tierra. Espera pacientemente, acumulando energía para su viaje a las estrellas.

Y, al final, en el clímax de los descubrimientos, la sala del trono, literalmente. Una sección de la caverna es una sala donde chicas desnudas son sacrificadas y su corazón se les quita para ofrecerlo a un terrible ser que preside el lugar. Oh, sorpresa, el oficiante oscura de tamaño crimen es el predicador del principio, mantenido contra natura en un estado de juventud. Adora al ser, del que acabamos sabiendo que estaba en el meteoro y que es un extraterrestre que reconstruye su nave y acumula energía para poder volver al espacio. Su rostro repulsivo es manifestación de sus horrendos métodos de reconstrucción: controlar humanos para que roben material electrónico y trabajen, esclavizados, en su nave, oculta en la caverna de ojos inquisitivos. Menos mal que alguien se ha llevado unos cartuchos de dinamita y ha podido salvar a su amiga de las garras del predicador y su ídolo viviente.



Ah, y me quedo con la duda de saber quién y qué pinta cierta persona en este fotograma, cuando se supone que nadie más estaba en segundo plano, jeje.