sábado, 19 de marzo de 2016

El vengador tóxico 2.

Hay por ahí, abandonado a su suerte, un héroe que rescatar y del que habría que montarle una peli guapa pero sin guapearle a él. En su adolescencia sufrió acoso escolar, fue ninguneado y tirado a un bidón de residuos químicos-tóxicos-radiactivos. Tras la mutación física limpió las calles de su ciudad de malvados y, en la época calma que le toca vivir, ayuda en una institución para ciegos. Sí, majete, es el Vengador Tóxico, un héroe cotidiano que armado de mopa y tromatones arrasa con el mal de las calles. Un chico simple que, en su anterior existencia, era incapaz de no ir a algún lado sin montar algún pollo y quedar como lo que parecía: un tontolaba. Pero tras el paso por el bidón y su fuego transformador es todo un señor en lucha permanente contra el mal. Tanto cuando los malos son gente de poder como cuando es necesario hacer el bien cotidiano, dedicándose a los más necesitados.

Me llamo Melvin Yungo. Vivo en un apartamento con jardín en el vertedero de Tromaville. Soy el primer héroe monstruo horriblemente deformado con un tamaño y una fuerza sobrehumanos que viene de Nueva Jersey. Me llaman... ¡el Vengador Tóxico!

La primera película es de 1984 y tan bien debió de caer que, tras otros títulos, los de Troma decidieron darle continuidad. Seguimos en los ochenta, vamos al 89 y veremos a Toxie de nuevo. La acción comienza en Tromaville, esa ciudad que es la capital de los residuos tóxicos, químicos y radiactivos, auténtico caramelo para productores de suciedad y despojos industriales que buscan un lugar perdido de la mano de Dios y del Capitán Planeta. El problema es que habrá un chicarrón dispuesto a defender su terruño vital a base de mamporros y mopazos. Toxie, antes Melvin, es fruto de esos residuos pero en él reside la fuerza del bien, activado para el combate por esas partículas llamadas "tromatones". Para los no avisado, estos tromatones le impulsan a realizar el bien, poniendo fin a las injusticias cercanas a él. A veces, incluso antes de que él sea consciente, los tromatones le avisan, como si fuesen un sexto sentido, de la proximidad del mal. Su cuerpo, entonces, se revuelve, y se apresta a una pelea cuerpo a cuerpo por la reinstauración del bien. En este sentido, los tromatones molan más que los midiclorianos y son más chachis en la lucha contra el mal, jeje.


Mientras el Vengador Tóxico siga con vida, nosotros no podremos alcanzar nuestras metas. Nunca podremos ganarnos los corazones y las mentes de todas las pequeñas gentes de Tromaville y ¡las necesitamos! Porque, sin ellas, nunca tomaremos Tromaville. Y, sin Tromaville, nunca tomaremos Nueva York.

El antaño patoso Melvin, un paleto capaz de meter la fregona del gimnasio en la piscina donde la gente tranquilamente descansa, es ahora un héroe para sus conciudadanos, dispuesto a los mayores sacrificios sin pedir nada a cambio. Vive en un vertedero, consciente de su deformidad y sus nuevos gustos, cuidado por su cachonda y ciega novia Sara... bueno, eso era en la primera, ahora se llama Claire... desafiando a los malvados empresarios que quieren hundir Tromaville en residuos y residuos. Este héroe ha limpiado la ciudad de mangantes y de alcalde corrupto and company, posibilitando que sus vecinos puedan dedicarse a sus quehaceres y ociosas distracciones como la de bailar en la calle. Él, consciente de sus deberes cívicos y harto de una existencia tranquila, se dedica a cuidar ancianos y ciegos en una casa dedicada a estos menesteres, donde también ayuda su chica.

El mal, en un momento de calma chicha, emerge en forma de malvada empresa liderada por un simpático ciclotímico que se rodea de asesinos y empresarios impúdicos, bajo el nombre de Apocalypse Inc. Piensan acabar con Toxie y darle más residuos tóxicos a Tromaville. Vamos, como si fuese tan fácil... Podrán reventar la casa de los ciegos y matar gente, o asustarla en sus propias calles, pero la mopa de Toxie se levanta entre cascotes para reclamar justicia y repartirla a manos llenas, en una revulsión efervescente de tromatones y leches.

Con este espectáculo es normal que se cambie o de ciudad o de táctica. Los malotes tiran por lo segundo y se la cuelaa nuestro querido vengador, enviándole con malar artes al Japón, haciéndole creer que allí vive su padre. De paso, a nosotros nos ponen al día en asuntos familiares, diciéndonos que su madre vive sola desde hace años y que Melvin fue un chico que creció sin figura paterna. Por ello es normal que el corazón de Toxie se anime al largo viaje, dejando atrás familia, Tromaville y Sar... Claire. Decidido a llegar cuanto antes, se monta en una tabla de windsurf y atraviesa las millas náuticas que le ponen en las costas de la tierra del Sol naciente. Su entrada es al estilo Godzilla.


La parte de Japón es escacharrante, con peleas donde las armas provienen del mar. Y no de una civilizacióna arcana, precisamente, sino de los peces. Allí se usa de todo, un pez espada, un tiburón martillo, unas estrellas de mar... animalillos que en su vida creyeron poder servir de manera tan honorable al restablecimiento de la justicia. Un paseo por el puerto japonés dará para mucho, ya veis, y demostrará la versatilidad de Toxie. Hasta unos ninjas de teatro kabuki se le oponen y llevarán su merecido. Lo pide la justicia, lo reclaman los tromatones.

Y serán estas partículas las que se activen ante su padre, Big Mac. Un corrupto que reconoce a Toxie como hijo, aunque no pronuncie bien su nombre nunca, y que pondrá a nuestro héroe en el límite de sus fuerzas. ¿Qué hacer cuando tus partículas anti mal te piden guerra pero es tu padre el que produce ese rechazo? Pero, peor, ¿qué hacer al descubrir que el padre está recogiendo aceite de pescado para producir antitromatón... y que fuma apestosos puros baratos? De hecho, los resultados son impredecibles al no estar comprobado en cuerpo mutado. Toxie probará el malvado producto que le neutraliza. Pero como no hay mal que por bien no venga, gracias a eso descubrirá la existencia del sumo y sus propiedades benéficas sobre el cuerpo, recuperándose y aprendiendo de paso técnicas de combate nuevas. No habrá mucho más que hacer que neutralizar a su padre y, desconsolado, volver a su pueblo.


Allí, los matones de Apocalypse Inc marcan a la gente en las frente o donde les cuadre, niños incluidos, y se van haciendo con el control de Tromaville. La misma novia ciega de Toxie se encuentra en apuros cuando, blam, como un héroe tremebundo, el vengador se enfrenta a los malvados, repartiendo estopa por mucho que sus oponentes sean al principio mujeres. El malvado presidente de la empresa decide una última carta, enviando a un motorista, el motorista negro, a cargarse la ciudad empotrándose con una carga de nitroglicerina adosada a su cuerpo. Aviso que el tío acaba explotando...

Pero es una peli con final feliz y Tromaville y la limpieza prevalecen. Hasta la familia de Toxie se reúne, descubriendo que llamaba papá al Big Mac equivocado. Su verdadero papi aparece con la promesa de no volver a irse, orgulloso de su hijo. Toxie, cumplida su misión puede descansar. Y los malos recogen velamen y huir si es que lo hacen de una pieza. No digo más, que gente como el Big Mac del Japón acaban con la pierna hecha jirones por la pericia de una pescadero japo ilusionado con la pelea callejera mientras trocea pescado... bueno, pierna humana en este caso.

Ahora ya podía sentirme bien conmigo mismo. Mi identidad dañada, finalmente, había quedado reparada porque sabía que cuando los buenos habitantes de Tromaville necesitaran ayuda siempre podrían contar conmigo. Así que, recordad, amigos, cuando los malos vayan a vuestra ciudad y no sepáis muy bien qué hacer llamadme a mí, el Vengador Tóxico.

Venga, bah, hacedle la peli. No todos los héroes son unos guaperas con superpoderes. Yo avogo por los tromatones, el feísmo y la mopa en una lucha por mantener limpia la ciudad de residuos y bastardos negociantes sin escrúpulos. Si se han atrevido con Dead Pool, llega el momento de Toxie. Yo, desde estas líneas, me comprometo a seguir viendo y comentando sus películas. Por algo crecí con su serie de dibujos animados y las pegatinas en los chicles de este vengador con su mopa por montera. Háganle una peli y no olviden incluir en la B.S.O. la canción de los Killer Barbies de 1995, I wanna live in Tromaville.