sábado, 2 de noviembre de 2019

Todos Os santos 2019

Imagen de san Benito sobre la puerta mayor
Ayer, como es tradición, me acerqué con mis mayores a San Benito de O Rabiño. Allí se encuentra el cementerio de nuestros antepasados. Un cementerio que fue creciendo con cierta anarquía y que se asemeja a tantos otros de Galicia, con sus tumbas apretujando el templo por casi todas sus caras. Ayer mostraba un ambiente florido, con algún que otro cirio que el viento y la lluvia no habían podido apagar aún. 
 
Las flores, lozanas y recién puestas, daban un aire festivo al lugar, lo que se complementada con las conversaciones de vecinos y familiares que se reencontraban. Siempre hay tiempo para un poco de cháchara antes de Misa o de una sencilla oración ante el túmulo que hoy contiene a nuestros seres queridos y mañana nos engullirá a nosotros. Resulta, pues, de un fino humor negro el detalle de poner a las tumbas "propiedad de tal familia", cuando somos nosotros propiedad suya, ¿verdad?
 
Aunque, etimológicamente, cementerio significa dormitorio, lugar de los que duermen. Y eso le va de perlas a la creencia cristiana de la resurrección en cuerpo y alma. Los muertos, vivos en ánima, esperarían por su dimensión física. De ahí que algunas oraciones de las misas de difuntos hablen del sueño en unión, cuando no identificación, con la muerte. Aunque ayer era Misa de gloria. Por los difuntos, sí, por los fieles difuntos, también, pero no para pedir por ellos, sino para recordarles, pedirles intercesión y descubrir que santos hay más que los que aparecen en los santorales. La del día de ayer era una celebración festiva, con su Misa con Gloria y dos lecturas y cantos alegres. En san Benito los interpretaron a varias voces un coro incansable que aportó ritmo festivo a la celebración. No era para menos, pues era día de festejar a "los mejores hijos de la Iglesia", a los amigos de Dios que gozan ya de Él en el Cielo. Aunque imagino que la felicidad no será tan completa cuando les falta un "trozo" de sus ser: su cuerpo. Pero, vamos, que hoy no me voy a meter con esas disquisiciones de la unidad cuerpo-alma, del doble Juicio y de las Postrimerías. 
 
Tarde gris para festejar la gloria de Todos los Santos
Estas han sufrido una notable revisión en cuanto a su prédica y descripción, pasando de una geografía descriptiva a un traslado de corte sentimental-existencial al ámbito sobrenatural del Más Allá. Lo escrito, que ayer era día de fiesta, aunque se vive muchas veces como de recuerdo y melancolía por los que ya no están. No se celebró allí Misa por la mañana, sino esta de las 17 h que tuvo gran afluencia, contó con el coro parroquial y revistió sencillez sentida por parte del presidente. El celebrante, oiga, el cura, que se denomina presidente, porque es el que preside. Así que, cuando en una Misa digan que preside el acto tal o cual político, sepan vuesas mercedes que no, que la presidencia religiosa le compete al sacerdote que "dice" la Misa. Esto de decir nos viene de viejo, de cuando era obligación "oír" Misa. Ahora sigue existiendo, más nos hemos arrojado a nuevas perspectivas y se habla más de "participar, celebrar" la Eucaristía. 
 
Revestido de blancas vestiduras, en consonancia con la solemnidad y la lectura del Apocalipsis, don José Ramón, sucesor en el puesto de don Delmiro, nos fue guiando desde los ritos de entrada á la bendición final. Dejó bien claro que la celebración era de gloria, de fiesta por los Santos, aunque la coyuntura social y emocional nos llevara a creer que estamos en el Día de Fieles Difuntos. La idea se repitió en la predicación, donde recordó que Santos había más que los celebrados y reconocidos por la Iglesia. Al final de la Misa, como sucede más de una vez en estos lares, preguntó a los que estaban de pie, junto a la puerta mayor, qué tiempo hacía fuera. Y, como es también natural, se inició un debate acerca de si llovía, orballaba o se acercaba una tromba. Al ser hombre diplomático, al señor cura no le quedó otra sino preguntar a los fieles qué les parecía mejor: salir o no, lo que fue respondido con sugerencias de rezar dentro del templo. Eso sí, las voces ni se alzaron demasiado ni todo el mundo se puso a hablar. Es de agradecer que el ambiente de respeto y recogimiento se mantuvo. La cosa era acerca del responso por los difuntos. Como muchas familias nos habíamos unido para la visita a las sepulturas, dirigió una oración por ellos, revestido con la blanca alba y una estola morada. Otros años se realizaba una procesión en torno a la iglesia, con tres o cuatro paradas para el rezo. Lejos van quedando aquellas costumbres de pararse tumba por tumba y entonar responsos pagados: a mayor cuantía mejor responso. 
 
La iglesia de san Benito es barroca y su altar mayor es buen ejemplo de este recargado estilo. Piérdanse ustedes un día en sus figuraciones y reviravueltas de corte vegetal, en sus dorados y figuras. A ver si reconocen a las dos santas de la parte alta, o se emocionan ante un arcángel Miguel blandiendo su espada en alto. ¿Y no llama la atención esa Trinidad del centro? Seguro que el san Benito del altar también les llama, con esa tez morena, el báculo abacial y su gesto serio, sumido en la lectura de un libro que lo mismo son los Evangelios que el de su regla monacal. Una Regla que tuvo éxito y fuer dominando a otras implantadas en nuestro territorio. Sólo hay que ver la desgracia en la que cayeron nuestros monasterios dúplices y algunas reglas monásticas, barridas por la imposición de la benedictina. A los pies del santo monje permanece un cuervo con el pan en el pico. Se mantiene la majestuosidad de las tallas con las de san Pedro y san Pablo, perfectamente identificados por las llaves y la espada, respectivamente. De sus rostros mejor hablamos otro día. Vean ustedes el de la "piedra" sobre la que se edifica la Iglesia y díganme si tiene pinta de estar en la gloria. Eso sí, a continuación comparen con otras representaciones de la época y dense cuenta que las sensibilidades han cambiado, así como las expresiones.
La epacta de este año litúrgico
 
 
Para contemplar también nos sirven los nervios pétreos que ascienden por las paredes hasta el techo, rematados en medallones, con sus soles y lunas con rostro, y otras representaciones que les harán cavilar un instante. Si quieren ver más pueden acercarse al "humilladoiro". Es una construcción anónima y sin fechar que se encuentra en línea con el altar mayor, a la vera del caminito que sube hasta Soutelo. Es una construcción piadosa que contiene un precioso Cruceiro, con sus imágenes del Cristo y la Virgen. Hace años no eran visibles, pues los vanos estaban tapizados con madera y solo se abrían los días de fiesta para la venta de cera. Ayer no estaba buen día para buscar y fotografiar las inscripciones que aún se leen bajo el tejado, en los bordes exteriores. Me parecieron, en su momento, que eran jaculatorias marianas, al menos una de ellas. Y me parecieron tres, cada una en su lado. 
 
Pero la tarde no terminó en la que fue la parroquia matriz de san Xoán de Louredo, sino que se extendió a esta. Entre los recuerdos desgranados al amparo de la cocina de leña, compartimos algunos relacionados con la historia de nuestro pueblo. Así, la existencia de un camino de los arrieiros, que suele sonar a personajes de otras latitudes, pero no, aquí los tuvimos. Su camino recorría nuestras aldeas e iba a dar, mejor dicho, comenzaba, en la estación de tren de Filgueira. Un punto estratégico, cercano a Cortegada, que posibilitaba la adquisición de nuevos productos que luego se vendían por la contorna. En Louredo, tal camiño pasaba cerca de donde está la "nave do Perricho" e iba a dar a la parte alta del monte de O Cadaval. Subía hasta o Alto da Sardiñeira, donde se dice que se juntaban tales vendedoras para, desde allí, desperdigarse por las cercanías. No hace tantos años que por la zona se perforó en busca de agua, sin resultados halagüeños. 
 
En un viejo mapa, consultarle en línea en la web del IGN, se puede seguir las trazas de tal camino. Un hito de la tarde fue el momento en que compartí un regalo que me han mandado por Facebook: dos páginas del Boletín del Obispado de Ourense, donde se recoge una carta del cura de entonces, don Constantino, agradeciendo la reciente inauguración del nuevo templo parroquial (GRACIÑAS, Xosé antón Casares). Cita al señor párroco de O Rabiño, matriz de Louredo entonces, hombre recordado por su fuerza. Dicen que era capaz de levantar un culeiro de uvas tan pancho, él sólo. También cuentan que un día se pusieron él de un lado de una mesa y tres del otro, cayendo estos por el empuje de aquel. 
 
Lástima que no se ofrezcan más detalles del día de la inauguración. Nos cuenta el sacerdote que se pasó al Santísimo y las imágenes de los santos de la vieja iglesia a la nueva. Mis padres mencionan que los mayores recuerdan que eran las imágenes de San Juan bautista, patrono de la parroquia, y Santa Ana, madre de la Virgen. Aaaaunque esta última parece ser la imagen, de corte románico, que se conserva hoy junto al altar dedicado a distintas advocaciones marianas y que, en realidad, sería una imagen de la Virgen María. Curiosamente, las dos imágenes se hallan hoy enfrentadas, en sendas peanas.
 
No hay menciones, pero altares y campañas, así como el cierre de los diestros, llegarían en 1923 o por tal fecha. El cierre de piedra, pagado por "o Indiano" y los altares de madera confeccionados por el artista de Remuíño, "o Choyo". La carta se cierra con los agradecimientos de los donantes y esto empalma con un resto que, poco a poco, desaparece de la pared del templo parroquial: una flecha rojiza, que señala desde donde pagó el pueblo, a decir de mis mayores. 

domingo, 27 de octubre de 2019

Llueve en Louredo, 24-10-2019

El jueves llovió en San Xoán de Louredo. No con fuerza ni persistencia, sino con calma y finamente, lo cual aquí llamamos "orballo" y "calabobos". La mañana nos puso mala cara para los trabajos fuera de casa, pero ya se sabe que en el pueblo siempre hay algo que hacer.

La decisión fue "esfollar". Consiste en la limpieza de las espigas recogidas. Se les quita la envoltura, grisácea ya y seca, se retiran todos los filamentos rojizos, que son como una matita de fino pelo, y se les recorta lo que sobresalga del "casulo" o se retiran los granos picados. Y es que a veces todavía anda el gusano y no es cosa dejarlo pasar al "canastro". Es un trabajo mecánico y paciente, que permite, cuando no invita, a la charla. Cuando la cosecha era abundante ocupaba varias horas. Antes, y durante el menguante, se corta y recoge la espiga. Almacenada, se libera de su envoltura por capas, se limpia y selecciona conforme al tamaño. Se retiran las espigas más pequeñas o más afectadas, se guardan las grandes y sanas. Transportadas en cubetas, se depositan con cuidado en el canastro, donde se irán secando y endureciendo. En el verano, en lugar de puerta se puede colocar una rejilla. Así, por las noches, se pueden remover un poco las espigas, espantando a las mariposas. Estas salen y se las comen los benéficos murciélagos.
Nuestra gente, generalmente, sigue consultando el estado de la Luna a la hora de sembrar y recolectar. Si las fechas van muy forzadas, a su entender, se fían del tiempo atmosférico. No vaya ser que por esperar, por ejemplo, al menguante, vaya a coincidir con tiempo lluvioso o se haga muy tarde para el vegetal en cuestión. Este menguante trajo la recogida de las espigas de maíz, quedando los "milleiros" libres de su peso, marrones o con su verde casi perdido. También trajo el inicio de la poda, aunque es temprano para la misma, según la costumbre de nuestros mayores, y la hoja todavía no tapiza el suelo de nuestras viñas. ¡Es de admirar la paleta de colores de las mismas en estas semanas! Más cercanos al invierno es cuando se iniciaban las labores de la poda. Coincidía con mañanas frías, casi siempre con nieble espesa que iba aclarando cara mediodía. A veces la veíamos subir desde Arnoia y permanecer varias horas en el hueco de San Benito y Cortegada. Las vides secas, conjuntadas en apretados "monllos", se quemaban para poder calentarse las manos de vez en cuando. Su humo solía confundirse con la niebla, mientras una blanca bola luminosa nos iba señalando la cercanía de un rato soleado. 
También se visitaba al "aguardenteiro". El frío animaba a tocar a su puerta y calentarse al amor de una lumbre medida que quintaesenciaba la preciosa aguardiente. La charla estaba servida, mientras un delgado hilo del preciado licor rellenaba garrafones. A veces podías catar aguardientes de otros años, potenciadas por la reserva a una fresca y constante temperatura. Pero hoy ya no tenemos aguardanteiro y puedes llegar a la viña sin cruzarte con otro vecino. Una pena. 
Un día de lluvia en el pueblo es sinónimo de placeres. El placer del calor de la cocina de hierro, también llamada de leña o económica; el placer de una comida realizada a fuego lento, con productos que bien han podido salir todos del esfuerzo de mis padres: desde la verdura a la choriza, de la patata a la cachucha; el placer de la conversación que desvela el paso de la historia, haciendo memoria de hechos y personas; el placer de una breve siesta, aunque ya no es tiempo, que bien sabido es que "despois do san Roque nin merenda nin durmiñoque"; el placer de una calma que revitaliza, junto con los colores de la naturaleza adormilada. Las "fabas" ya han dado todo de sí, adelantándose un tanto este año. Aún quedan algunos postreros tomates y pimientos, aunque ya ni su color ni su sabor son los de hace tres semanas.

jueves, 17 de octubre de 2019

La carretera de Arnoya a Remuíño

Pisamos historia a diario, a veces hasta le pasamos por encima con el coche y ni cuenta nos damos. Y no hay que excavar mucho para dar con enjundiosas anécdotas de nuestros mayores o episodios que marcaron una población con un antes y un después.


Paso por la carretera de Remuíño y no puedo, por menos, que pensar así. Tendríamos que ponerle voz a más de nuestros mayores, pero la historia que los míos me transmitieron sobre este paso asfaltado es la siguiente.

Comenzaba la emigración y era mi padre pequeño. Arnoya, como otros tantos ayuntamientos de la zona, vivía un atraso significativo en lo concerniente a las comunicaciones. Y el pueblo de Remuíño, más. Pero surgió la oportunidad de abrir un camino, una senda que diese rienda a las personas, mercancías y noticias. Allí trabajó la juventud del pueblo, llamando la atención de los profesionales. Se usó dinamita y la fuerza de los músculos, grandes y pequeños.

Crónica de un viaje a Arnoya, valorando sus malas comunicaciones y bello paisaje
Hubo un terreno que presentó una dificultad: una viña. Su dueño, el señor F., se negaba a dejar pasar un camino que destrozaría su propiedad. Otros lo había hecho y eran bien más pobres que él. Ás que, al estilo Fuenteovejuna, la mocedad del lugar despejó la viña de cepas y el camino terminó abriéndose, aunque hubo intercambio de palabras con la Guardia Civil. Parece ser que sin llegar a mayores, la obra continuó. Hasta hubo algún anciano que llegó con dinero al sitio y dijo estar dispuesto a pisar la cárcel gastar sus ahorros en salir y poder ver su pueblo bien comunicado.

Hoy es nuestra carretera de referencia, pero ¿adivina usted cuál fue el primer coche? ¡Pues sí! El del dueño de la viña arrasada. No quería ver su propiedad cortada por la carretera y fue el primero en ponerle un coche encima.

(Ponte Arnoia, 1921. Publicada en Facebook por Xosé Bangueses García)

domingo, 13 de octubre de 2019

'Na memória do esquecimento', Xerión, 2019

Que desolación e carraxe queda no aire cando remata o tema VIII de A essência do Abismo! 'Na memória do esquecimento' non mellora a situación, senón que é unha firma e confirmación do fin. Chegamos ó fondo do ciclo tripartito, acompañando ó cantor nos seus derradeiros instantes. Podemos vivilo como o fin dunha etapa, dunha maneira de contemplar, da mesma vida ou da consciencia que se separa e esmorece. 

 
Xerión, banda ourensá de Metal extremo en galego, foinos levando da man cara o máis escuro e frondoso da contemplación dun mundo que se cae sen remedio, arrastrando a propios e estraños, transformando a mirada dos inocentes nun murmurio de pesadas ladaíñas que claman  peste, morte e cegueira. O disco, dividido en tres niveis conceptuais, condénanos a un paseniño descenso cara o silencio. Tres chanzos nos que pasamos da contemplación ó esquecemento, triste escaleira que remata na nada dun discurso estremecedor e inconexo: as últimas verbas son frases curtas, como as dun agonizante, desencantada existencia que toma conciencia, intelectual e sentimental, do efímero pasar do gozo inefable ó silandeiro olvido e morte. 

Que contraste respecto do primeiro tema! No inicio foi o gozo da contemplación! A calma leda levaba ó vidente a un estado tal que podía pechar os ollos  e todo era luz. Mais, agora, no chanzo inferior dunha existencia que vivíu o horror, os ollos quedan abertos, como se o descanso fose descartado e a vista quedara fixa, sen vida nin obxeto de contemplación. O mesmo sentir é unha sombra, o existir un estar lonxe dun ser pleno, a historia murcha no recordo dun pasado lonxano e desprovisto de atractivo. Coma nun fero inverno ourensán, podiamos imaxinar todo xeado, despois do incendio da ira e a guerra, preconizadas nos temas anteriores. 

A mesma melodía nos desola ca cadencia dun tema onde a voz do cantor é distorsionada, profunda, apenas incomprensible, seguindo a estela e potencia dunha banda do Negro Círculo Minhoto, VKR. Esta banda, na que participa Nocturno, usa da distorsión de voz e instrumentos, en diferentes intensidades e ocasións. Venme á mente o seu disco Fillos da Ira, onde ese efecto me transmitía os ecos dun mundo anegado pola radiación e a estática. Penso que podiamos ter unha imaxe similar, de corte post catastrófico, para este tema IX de Xerión.

Non sabemos que aconteceu, pois, coma no libro das Revelacións cristiá, non se narra a batalla, mais si sabemos do seu acercamento e do resultado da desfeita. O mesmo sucede neste 'Na memoria do esquecimento'. Adentrámonos nas imaxes dunha fraga e dun sentir humano ata chegar á desfeita e ó boquexar. Quizais o mundo foi destruído e arrasado, quizais só a localidade do poeta se veu abaixo, e ata pode ser que todo permaneza igual e o único que se derrubou foi o propio cantor. As lecturas son variadas e aquí reside parte da forza do tema: que o podemos aplicar a diferentes niveis, dende o macrocósmico ó máis íntimo. De todas formas, no maxín seguiranos a rondar esa distorsión eléctrica dunha voz que máis semella agora un eco do pasado, un tizón que se apaga entre xeados campos de desolación.

miércoles, 28 de agosto de 2019

"Liçom de tebras", Xerión, 2019

"Liçom de tebras", dos ourensáns XERIÓN.

Enfilamos cara o máis profundo do abismo, acubillados nunha escuridade e friaxe que só acenden a carraxe polo mal e a ignorancia que nos arrodea. O oitavo tema do disco de Xerión é unha reviravolta ó camiño iniciado un par de cancións antes. Estamos no penúltimo canto titulado do cd e no, tamén, penúltimo chanzo da sección do "Abismo".

Non nos abandonan as imaxes da fraga nin do ceo, dándonos a entender que estamos onde comezamos. No mesmo lugar, podemos imaxinar, mais non ca mesma actitude. Lonxe queda a beleza inefable do inicio, as místicas referencias que a natureza transmitía nos primeiros cantos. O bardo esmorece ante un entorno que mudou de faciana e ante o arrebato de forzas internas que o levan á violencia. Maniféstase a sombra da creación onde antes alborexaba a plenitude do belo e sabio.

E as miradas? Tinguíronse de escuro, pero non perderon profundidade. O mirar cara o alto é agora motivo de asombro, mais tamén de pérdida no valeiro inmenso. O "sentimento oceánico" no cosmos xa non se viste de plenitude, senón de pérdida, de desconcerto e falta de agarre. A negrura non só invade o hiperuranio. Inda máis, baixa cara o cantor coma unha escura e mesta chuvia de tristura. Un sentimento que callou no músico. Imaxino que os "silandeiros sons/ Que escrevo/ Na cortica de árvores confusas" son letras, ata partituras!, de cantos levados pola escura violencia cara o seu culme no afundimento da loucura... ou da morte. 



As árbores foron antes comunicadoras de luz e agora son o soporte dun calado recordo de males. Podiamos imaxinar como estes gravados, letras ou notas en pentagramas apretados, van medrar conforme a natureza se desenrole. Que pasará con elas? Acabarán perdendo a forma algún día, voltándose ilexibles, ou medrarán mantendo a integridade e informando o espírito de cantos as lean no futuro? Nestas gravuras vexo a segunda mirada, a que antes gozaba dun especial estado de gracia no medio da natura. Agora semella un medio de medo, onte atopalo e onde deixar mostras del.

A terceira mirada ven xa, no terceiro parágrafo, onde se expresa a alma do cantor e se invirte a potencia do lume nun sopro de frío. A sintonía negativa segue a danzar entre os ceos e o espírito, co entrelazamento da natureza nocturna e adversa. Apagouse o "inmutável" que inda refulxía dous cantos atrás? Iso semella. Agora arde a carraxe e fai acto de presencia o calor do incendio da paixón destructora. No paso dun parágrafo cara o outro invertiuse a polaridade do sentir e do frío naceu un calor que fala de morte. Podemos imaxinar que chove en torno, que a negrura da noite segue apertando con forza, mais o bardo agora arde na febre que consome con ansias, convertindo a auga en lume e os estremecementos en laios de vinganza. Estoupa quen antes era parte dun todo harmónico e antigo, invoca o druída forzas escuras que traerán a catástrofe.

Ou esta xa chegou e o invocador non fai máis que pedir un maior despregue da mesma? Non queda espazo para o recordo, para a historia antiga e a lenda. Non. Só queda chamar polo esquecemento, pola perda de senso e identidade, no preludio dunha sanguenta batalla que traerá máis perda da memoria e o ser. Estamos baixando tanto nesta sección abismal que se respira con dificultade xa...

martes, 27 de agosto de 2019

'Invernia', Xerión, 2019

Debullo de vagar os temas deste disco de Xerión con alegría. A inmersión nas melodías e letras suponme un precioso exercicio que, agardo, vos anime a comprar e desfrutar este 'Na procura do abismo'. Paseniño, vou chegando ó seu fin, sentindo unha fonda sintonía con esta obra e aledándome da súa existencia.

Agora, co sétimo tema, poño un chanzo máis, que non é senón unha visión propia del. 'Invernia' é unha zancada máis no camiño do cantor cara a natureza e a loita contra os ignaros, advertida xa no tema anterior. Desta vez, a natureza queda despoxada da súa dimensión trascendente e só se manifesta fría e durmida, nun espetáculo propio de calquera cru inverno galego. Todo semella reducido ós elementos singulares que a conforman: a nube, a árbore, o lobo,... Sen conexión ca cultura nin a historia, sen posibilidade de conexión co mundo máis aló dun pechado ceo escuro. Xa non hai referencia ó cósmico.

A min evócame despoxamento, desnudez, unha volta máis ó afogamento do espíritu, que vimos sufrindo dende que entramos na terceira sección do disco, "Abismo". Se en 'O augúrio do Imutável' o cantor facíanos partícipes desa falta da anterior conexión mística ca natureza, agora só queda esta como escenario, como lugar xeográfico que percorrer, inda que descubrimos un resto preternatural na chamada que sinte o protagonista cara ela. Tamén podiamos ver un algo superior nese vello moucho de escrutadores ollos.

Todo esmoreceu ante a loita que se achega. Nin sequera temos referencias interiores do cantor. Só nos queda o recordo do "imutável" do sexto tema do disco. A natureza volveuse ameazante. Que cambio respecto dos primeiros cantos! Que esforzos, agora, para acadar ou intuír beleza e esencia nesta noite fría na fraga! O inverno chega ata o corazón, tras arrasar cos froitos vivos de árbores e estrelas. A mirada xeouse e o camiño pérdese baixo capas de neve e tebras. Mais o guerreiro avanza, pois non esqueceu a chamada. Os perigos rodéano, mais el, conscientemente, mantense firme e dá outro paso. Cabe esperar nese dragón durmido? É a única referencia a calor que atopamos. Sen embargo, a súa figura ben pode ser negativa. 



Na nosas historias e lendas é un referente negativo, xa que destrúe, queima e mata co seu alento, ata rapta doncelas. Tamén é tentador, pon probas difíciles a quen quere obter o tesouro que agocha. Dende a cultura bíblica vese como serpe e imaxe do mesmo Satán. Inda máis, e xa facendo eco do poemario 'Na noite, No silencio', de Nocturno, o dragón aparece como un elemento en contra do poeta. Volvendo á letra desta 'Invernia', que viva entre as "pedras dalém da cordura" non me supón un fortalecemento desta negatividade. O termo é suficientemente amplo como para aplicalo neste senso ou lelo como unha penumbra de trascendencia. É dicir, podemos polo en sintonía con dous significados diferentes, inda que non excluíntes. Inda máis, o dragón sería un elemento negativo e trascendente! Sería o primeiro que aparece nesta obra! Ata agora tiñamos esa dimensión como ámbito de embelesamento, máis agora enfrentámonos a un elemento activo, poderoso e negativo que habita, durmido, esa trascendencia. É unha interpretación e sentimento persoais que sintoniza ca música.

Fixástesvos onde van colocados os momentos onde Nocturno entoa, con voces límpidas, a melodía? Despois do segundo e cuarto parágrafo, despois da mención do moucho e o dragón, nos instantes nos que podiamos falar dun alén. Efectivamente, ese mundo "máis aló" das apariencias non aparece neste tema na letra, pero si o faría nas harmonías vocais do cantor. Non vos elevan esas entoacións? Non vos rompe o ciclo musical instrumental? Hai continuidade na melodía, mais non na execución: instrumentos e voz gutural van xuntos para narrar o paso do guerreiro cara o descoñecido, no medio da crúa noite, peeeeeero, cando chegan as voces limpias, o ambiente torna de senso, recórdanos a contemplación do inicio do disco, reanima o "imutável", é un sopro de trascendencia. O que non desvelan as verbas revélano as harmonías vocais.

Moucho e dragón, inda sendo contrapostos, veñen recomendarnos o mesmo: silencio, consciencia, sabedoría agochada, valor para atravesar a noite e entrar na cova tenebrosa, perseverancia.

lunes, 26 de agosto de 2019

'O augúrio do Imutável', Xerión, 2019

'O augúrio do Imutável' é o sexto tema de A essencia do abismo, de Xerión, banda que fai Metal Galaico Extremo. Abre a terceira parte do disco, intitulada "Abismo", e supón o descenso cara o escuro da humanidade.

Atrás queda a contemplación do micro e o macrcosmos, alomenos de xeito positivo e místico. Agora, a ollada descobre a ignorancia e a violencia, a perda do trascendente nos elementos. Seguen diante do cantor a Lúa e a fraga, mais non evocan afoutas imaxes de inefable resplandor. Agora é o lume o que arde. Un lume que fala de loitas, de carraxe que contamina e mata, da ira que revolve as entranas e cega a razón. O perigo atísbase na lumieira que antes era luz e calor de fogar, trasmutada nun horrible auspicio de terror e loitas.

A manifestación da maldade ven acompañada da segreda lapa da resistencia activa. No canto e no cantor está o xermolo da oposición, da loita, a calada presenza dunha forza que, ata o de agora, non tivera actuación, pois non se precisaba dela. Musicalmente, a introducción está en sintonía cos temas anteriores. Continúa a liña instrumental de harmonías cíclicas, mais o tono é pesado, grave, case escuro. É a fluctuación que indica a cercanía do mal, o tremor aéreo que fai adiviñar a treboada, unha advertencia que se desvela con toda a forza cando a breve distorsión aguda da guitarra nos alza e unha recoñecida descarga da caixa de ritmos dalle pé ós guturais de Nocturno. 


Haberá despois un intre de calma, pero cun acompasamento que desacouga, cun silencio que nos tensa e prepara a unha nova acometida. Os graves soan a ecos dunha loita que se recrudecerá. No tema volve ollarse o micro e o macrocosmos, cunha ollada penumbrosa que contrasta ca luminosa dos primeiros cantos. Aquí os elementos cósmicos e a mesma natureza circundante perden o poder da expresión histórica, cultural e trascendente. Quedan ó alcance dun mirar cotián e desapaixoado. O micrcosmos reflicte un sentir paralelo. Xa non afonda nunha apertura mística, senón nunha concentración de acción e esperanza. O inmutable semella seguro, mais está agochado, ten poder, mais hai que rescatalo das profundidades. Ó igual que a confrontación, achégase firme, mais non despregou o seu potencial.

Un detalle que me gustou dos primeiros versos é a forza do telúrico e da acción humana. En lugar de fixar a atención no decorrer das estrelas polo ceo, visibilizando así o calendario, o poder do tempo e a influencia estelar nas cousas da terra, faise partir dos traballos e leceres desta o sentido do hiperuránico. Unha preciosa visión, así mo fixo sentir, de que a capacidade e o cambio humanizador non xorde dos lumes que arden na cúpula nocturna, senón que é o traballo feito a ras do chan o que conta, ata tal punto que lles confire significado a esas belas luciñas separadas por fríos milleiros de anos luz da nosa amorosa Terra.