jueves, 13 de agosto de 2015

Leído "El gran ritual" de Juan José Plans.


La edición que tengo ante mí es de 2012, de la editorial La Página, en su sección de Sýnoros Narrativa, con ISBN: 978-84-15607-05-2.

Es el segundo libro que voy a buscar a la biblioteca pública de Ourense y, curiosamente, el segundo que me llevo y le ponen el folio para las fechas de devolución. Vamos, que regreso a la costumbre de llevar libros y resulta que los dos primeros son recién estrenados. El primero fue el estudio literario que hizo Lovecraft sobre el "horror cósmico".

Y este es de un autor español que ahora comienzo a disfrutar en su dimensión literaria. Hasta ahora, lo hice escuchándole; ahora ya le leo. Le conocí hace años, en realidad conocí hace tiempo su voz. Fue en la nocturna escapada a mundos de fantasía y terror de cada domingo... o madrugada de lunes, siguiendo sus pasos en RNE, Radio1, en el programa "Historias". Luego, gracias a Youtube, pude verle haciendo televisón y en algunas entrevistas. Enterado de su muerte, pocos días después, pude escuchar el eco de su paso, mortecino pero firme, en forma de póstumos honores.

El caso es que este libro me lo encontré de casualidad, buscando en la biblioteca un estudio gallego sobre la narrativa de horror, de Poe a Lovecraft. Estaba en una estantería, como otras novedades literarias, y sus letras amarillas, como si fuesen una funesta orden real chamberiana, me subyugaron. Ya no hubo más pasos y el libro salió de mi mano para, ya en el crepúsculo del hogar, hablarme y trasladarme por sus arcanos vericuetos oscuros de tinta.

 La transportación, casi brusca, fue a dar con mis anhelos a un perdido pueblo de la montaña asturiana. Allí fui testigo de la superstición y la fe, de la fuerza de pasiones ancestrales que muestran al ser humano como la continua potencia entre lo tremebundo y lo bello, de la magia de la naturaleza y la fuerza de los aldeanos que la temen y le sonríen. Plans, como un patriarca en una noche de invierno, va reuniendo a sus personajes en torno a las hogueras de la quema de una mujer, de la noche de san Juan, de la intimidad, de la amistad y el amor, de las familias necesitadas y de los acérrimos enemigos que extienden su odio a las generaciones venideras, del misterio, las costumbres y los conjuros... y de la ciencia ficción. Hay esperanza, humanismo, un final abierto gracias al cariño y la voluntad que se conjuntan entre un hombre y una mujer, hay hasta la bendición del anciano sacerdote que se desvive por sus fieles, sin ocultarles que es como ellos.

Básicamente, descubrí el alma y las acciones de unas gentes montañesas que unas veces saben vivir y se alegran con las fuerzas naturales y sobrenaturales y, otras veces, sucumben a la fuerza oscura que destila una mirada aviesa y solo sabe pronunciar muerte. Visité las casas de aquellos aguerridos que conjuran el mal con ensalmos y bendiciones o amuletos pero no siempre lo exorcizan de sus propios corazones. Y viajé un poco más allá, sí, sin moverme del pueblo. Porque algunos aldeanos se fueron y regresaron, siendo distintos. Algunos acabaron, huyendo, y dejan detrás rencor o desasosiego... hasta el final, que los que marchan son los que dejan esperanza. Pero no solo hay viaje por la montaña y la ciudad y el mar. No, hay más, hay noticias lejanas de desconocidas estrellas.

Si se quiere un resumen, digo que es la aventura y desventura de un pueblo y sus gentes.  Pueblo de montaña donde la presencia de Dios es tan creída como la del demonio y sus brujas, como la de los trasgos y las xanas. Allí, hay la sospecha de brujerías, hay amores y odios, con sus consecuencias de redención o de destrucción y miedo. Sí, ves familias separadas y enemigas y sus propios Romeo y Julieta. Sigues la vida natural de los cultivos y los animales, con la presencia cercana de la nieve, por un lado, y el calor del verano y la noche de san Juan, por otro. Pero la vida se extiende más allá de la aldea y viajaremos de la mano de quienes un día se fueron. Al volver, no solo se contarán las historias de lugares lejanos sino que se descubrirán los cambios operados en los viajeros. Y habrá reencuentros, no siempre felices. Unos volverán, algunos marcharán. El destino de "lo que tiene que ser" los conduce a la muerte o a la esperanza. En medio de todo esto, la luz de las hogueras en la festiva noche de san Juan, donde se espera a la estrella del santo y su bendición. Estrella que baja a las cercanías del pueblo y brilla con una inusitada intensidad y cercanía. Lo que a ella sigue será fatal. Pero, ¿cuántas veces en nuestro cotidiano rular no sigue el mal a lo bueno? Al final, esperanza. Y nada fácil, por cierto, y parida como un niño inesperado. Inesperado y hasta temido.

Es una inmersión en el alma asturiana con sus demonios, supersticiones, fe y cultura. Es una novela donde la ciencia ficción se hace un hueco y este es pequeño pero significativo. Es una novela costumbrista pero también mágica y espacial. Hay detalles de la vida cotidiana en la montaña y continuos diálogos donde dichos y refranes se dan cita. Hay hasta reflexiones acerca de la vida, de nuestro paso por ella, de la lucha entre el odio y el amor y sus consecuencias para un pequeño pueblo, de nuestro lugar en el cosmos.

Termino la lectura entre nuberos y amenaza de lluvia, con el espectral baile de la luz solar tras la espesura nebular. Ourense, jueves 13 de agosto de 2015.
No se me hizo fácil la lectura pero ahora que reposo de ella puedo decir que vale la pena. Es una novela donde estás, desde el principio, en medio de la gente y sus dichos. Apareces sin posibilidad de conocerles. Solo puedes seguir y desvelar lo que las páginas contienen. Y aplicártelo. Porque no es un escrito de evasión sino que contiene historias que todos los días nos encontramos y tiene una serie de reflexiones en las que podemos profundizar y tiene opciones que tantas veces son decisiones que hemos de tomar. Por mucho temor que atenace, Juan José Plans, una vez más, nos lleva a creer en la esperanza y el amor. Y el miedo.