lunes, 16 de enero de 2017

Un Ciprianillo.

Descienden las luces de este día y es la hora propicia, entre la agónica tarde y la próxima noche, para escribir sobre el arcano libro que terminé recién de leer. Una obra que estuvo en boca de muchos y quizás en las manos de algunos de ellos. Obra imposible de ofrecer en una versión segura pues bajo su nombre se redactaron varias y, por desgracia, a veces con notabilísimas diferencias. Ha querido el vulgo, o el diablo, ampliar o reducir este escrito, cambiarlo, copiarlo, remendarlo y expurgarlo hasta tal punto que unas veces es un voluminoso libro y otras no pasa de un folleto que bien podría pasar desapercibido en una estantería. La intelectualidad, dada a la curiosidad y el estudio, lo ha llegado a buscar en países distintos, lo ha anotado con rigor o ha escrito chanzas para que sus lectores se rían a la par.

He aquí al Ciprianillo, como se le conoce vulgarmente, al Gran Libro de San Cipriano o Los Tesoros del Hechicero, título ya más rimbombante y atrayente. La obra es recopilación de ensalmos y hechizos para fines diversos, preparados y mejunges en orden a una vida más placentera. Y no falta una lista de lugares donde se había de hallar un tesoro. A la par, retazos de vidas o historias sueltas donde san Cipriano y el demonio son protagonistas, por separado, de cuentecillos con sabor popular, de irónicas conclusiones y con un aire de astucia que recuerda aquello de ponerle una vela a Dios y otra al diablo. Como ejemplo, la historia de los alquimistas que consiguen oro mediante diábolicas artes y, so pena de perderlo al confesarse y salvar su alma de las garras del demonio, deciden guardar sus barras de preciado metal poniéndolas en forma de cruz y aspergiéndolas con agua bendita. O, por señalar otro dato, la recomendación de hacer pactos con el demonio, si se tercia, para conseguir riquezas terrenales y, antes que la muerte sobrevenga, conseguir del sacerdote católico absolución y bendición.

La presente edición, conservada sin cadenas y sin avisos  o catalogaciones de Libro Prohibido, se conserva en la Biblioteca Pública de Ourense y consiste en un batiburrillo de obritas con escasa o nula relación. Es de advertir que bajo el título de Ciprianillo, como antes menté, se han escrito obras distintas. La fama de diabólico y su conjunto de fórmulas máginas y lista de tesoros son conocidas pero las ediciones ofrecen material diverso. Este comienza con la transcripción de una historia sacada de un libro francés, cuyo protagonista viene de las galas tierras a las galaicas y, con ayuda del demonio, ha de procurarse tesoros, mujer y descendencia. 

Ojo a ciertas declaraciones del diablo, como las de alabar al invocador por dar limosna a los pobres o la gracia que le hace que su amigo humano se líe con cualquier perlasdusca y pretenda salir bien parado, aún teniéndole de su mano. Esta primera parte se denomina Grimorios de san Cipriano o Los prodigios del diablo. Historia verdadera que tuvo lugar en el reino de Galicia. Es toda una historia de magia, astucia humana y redención cristiana... redención astuta porque el demonio pierde una buena colección de almas y el arrepentido mantiene familia y riquezas obtenidas por las artes mágicas. Ah, nada de fórmulas se desvelan aquí, mas si las argucias del demonio para conseguir nuestra ventura eterna.


Como me llamó la atención, me detengo un nada en un punto del peregrinar de este francés, Víctor Siderol, que, ¡válgame el Altísimo!, inicia camino a Galicia por recomendación diabólica, al saber que aquí tenemos tesoros sobre tesoros. En un primer momento, el espíritu inmundo le recomienda hacer el camino con los peregrinos que van a Santiago. ¡Flipe vuecencia! Bien, el caso es que, tras aciagas peripecias, el buen gabacho se echa al camino y pasa por terreno ourensano. Con gracia leo que para en tierras que bien se sitúan en torno a Xinzo de Limia, sin nombrar esta población. Son Ababides y Allariz. En la primera haría compra de una casa y fundaría linaje, en la segunda iría a cambiar dinero junto a un sacerdote "que cambiaba dinero antiguo". Cuando pase por allí, que el camino es sencillo pues es autovía, si uno no quieres seguir una general, he de fijarme qué altos se ven, porque se habla del monte de Ababides y una imagen me surge pero puede que equivocada. Hay un monte que se ve de maravilla desde la autovía a Madrid. Monte donde queda uno de los último "toros" de Osborne. ¿Será ese donde "De repente oyó en aquella soledad el eco de estas palabras: ¡Aurea Hispania! ¡ Hiscere Gallaecos Romano! En este momento tembló la montaña, abrió una enorme boca y dejó ver a Siderol un gran montón de monedas de oro romanas"?

El siguiente título es Los tesoros de Galicia. Extraído de un pergamino encontrado en el siglo XII. Consiste en 174 notas con lugares donde hay tesoros y su descripción. No hay invocaciones formuladas ni desencantos que puedan poner a la vista humana los tesoros anunciados. Cítase un Louredo pero vaya usted a saber si es mi pueblo natal o alguno de los existentes en otras latitudes galaicas. 

Una nueva colección, breve, de historias es la que aparece intitulada como Espíritus diabólicos que infestan las casas con estruendos y remedios para evitarlos. Y la sigue lo que es propiamente un grimorio con sus fórmulas, ensalmos y prácticas mágicas, Poderes ocultos del odio y del amor. Descubiertos por el mágico Jannes y practicados por san Cipriano. Preparados con hierbas y plantas, brebajes a base de despojos animales, todo unido con oraciones a Dios o los santos en un inexplicable pandemonium. Se continúa la obra con la breve Alquimia o arte de hacer oro, donde se lee que para hacer buen oro se precisan ciertos polvos: "Los polvos que los alquimistas empleaban para la fabricación del oro, polvos preparados por el demonio, vino a saberse que tenían dos metales: el argénteo vivo y el azogue y polvos de Resch. De esa mezcla, metida en una caldera, sale el mejor oro, siendo revuelto con la cuarta parte de cobre". Eso sí, amable lector, no corras a por ellos, pues la obrita termina así, tras desvelar el alquímico secreto: "Es sin embargo peligroso, por dos motivos: el primero es el pacto con el diablo, y el segundo el fraude, cuando ese oro es empleado en la fabricación de dinero, lo que sólo está permitido al Estado". Una nueva muestra de la fina ironía de jugar a dos bandas.

Y llegamos al final, con otra historia de magia, amor y delicuencia, dando a conocer el origen del nombre de cierta población y una de sus vecinas, Siempre Novia. Cuatro páginas para La hechicera de Evora o Historia de la Siempre Novia. Sacada de un manuscrito de Amador Patricio datada en Salvaterra el 23 de abril de 1614.

Para localizarlo, lleva en el lomo esta sinatura: D-A 23687.