domingo, 24 de julio de 2016

Sesión sangrienta, de Jason Zinoman.

Por fin remato un libro que me ha gustado mucho por su concreción y relativa brevedad (247 páginas), un retrato rápido e interesante sobre los inicios del Nuevo Terror en los USA. Sin ser una obra enciclopédica, se aportan datos suficientes en cuanto a nombres, relaciones, títulos y fechas, de modo que la composición de lugar es posible, sin meterse en discusiones ni demasiados matices. Obra bien fundamentada y divulgativa. Para todo tipo de lectores, sin necesidad de grandes conocimientos de cine ni de historia del mismo. Y es que a veces uno se topa con obras que deslumbran por la cantidad de referencias, anécdotas y material publicado, aunténticas compilaciones que ofrecen una visión amplia pero también detallada del tema tratado. Lo malo es que en ellas puede uno perderse si, como a un servidor, la memoria y la atención no dan para más. Y no digamos ya si el autor es especialista y gusta del lenguaje técnico sin muchas ganas de explicar términos que los profanos poco o nada usamos. Por eso una obra como esta me parece genial para conocer una época determinada y un género concreto. Divulga para todos, el lenguaje es sencillo y asequible, la extensión es abarcable y recuerdas muchos hechos y personas sin miedo a quedarte corto si luego quieres hablar de tus lecturas o escribir de memoria.
 
Un precioso libro que antes de devolver a su dueño puedo compartir por aquí, diciendo un par de cosas sobre él, aportando algunos datos y, como siempre, siendo consciente que estas son notas para recordar lecturas, que no es un comentario exhaustivo y que pretende iniciar una conversación en la que aportar detalles y nueva información. Ni mucho menos está todo en la entrada y a veces ni siquiera suficiente. Son anotaciones. Que anote el amigo Claustroman la idea de fotografiar una estantería de su biblioteca para pasarme la foto y publicarla la próxima vez que escriba de un libro suyo. Es bonito ver, en un vistazo, algunos títulos de la biblioteca de un amigo, a falta de estar en ella para poder pedirle prestado alguno. Con vuelta, claro está. Alberto es un chico que investiga y busca películas que suelen tocar ambientes, temas y monstruos más  o menos clásicos y antiguos. Generalmente, pero no exclusivamente. Y sus intereses en cuanto a conocimiento son más amplios. Una muestra es este libro y quizás valga la pena pedirle, con el tiempo, alguno de los títulos que aquí se estudian.
 
El tratamiento de las películas es somero, ofreciendo generalmente un resumen a partir de varias escenas. También se comenta su gestación, publicando las relaciones entre directores, productores y algún que otro actor, antes, durante y después de la filmación. Detalle bonito, en este tema de las relaciones, es el último capítulo, síntesis de y actualización de algunas amistades y desencuentros en el mundillo de los creadores de un terror que rompía con los monstruos clásicos y los ambiente de corte gótico, sin dejar de aprovechar lo bueno que tenían aquella películas. Vaya el repaso de largometrajes comentados citando un párrafo que comienza al final de la página 209: "Sean cuales sean los motivos que nos llevan a querer ver estas películas tan horribles, el Nuevo terror nos dio más motivos que nunca para hacerlo. La semilla del diablo, La matanza de Texas, Carrie, La noche de Halloween y Alien, el octavo pasajero son las cabezas de serie del terror norteamericano seguidas de cerca por Tiburón, El resplandor, Las colinas tienen ojos y Zombi. Unas pocas de la películas que se comentan en este libro son más influyentes que enormemente buenas (La última casa a la izquierda, Dark Star), otras han perdido algo de su potencia con la edad (El exorcista, La noche de los muertos vivientes), pero consideradas en su conjunto, componen un poderoso argumento para considerar la suya como la mejor época dorada del terror."


Desde pronto me hizo gracia que un Jason acabase escribiendo sobre Jason, jeje. Este escritor es columnista del New York Times y está preparando un libro sobre David Letterman. A esta su Sesión sangrienta la subtitula con una buena síntesis de lo que luego nos ampliará: Cómo un excéntrico puñado de cineastas outsiders nos provocaron pesadillas, conquistaron Hollywood e inventaron el terror moderno. Pon tú que esos nuevos autores crecieron con un terror que, cuando estudiaban o comenzaron a trabajar, estaba de capa caída y era cada vez menos creíble. No solo pero se tiraba mucho de los ambientes clásicos del cementerio, el castillo, la casa encantada, y eran los monstruos aquellos conocidos como la momia, el vampiro, la criatura de Frankenstein,... Sin embargo, tomando detalles que sí funcionaban, estos hombres le dan la vuelta al terror y acaban convenciendo a los grandes estudios que el género está bien vivo. Eso para algunos supuso fama y para otros ganas de huir de todo lo que sonase a comercial y destinado al gran público. Ellos abrieron la brecha que habría de dar a luz, como una grieta que nos permite vislumbrar el amanecer más allá de las oscuras paredes que nos retienen, un estilo nuevo que suponía confusión, monstruos que en poco se distinguían de nuestros vecinos, planteamientos donde la pregunta que quedaba en el aire era más importante que las certezas que se podían desvelar al final del filme, monstruos donde la belleza y la repulsión competían por hincarle el diente al corazón del espectador. No pienses que fue un cambio en bloque o que sus películas estaban diseñadas para comenzar una nueva vía compartiendo temas y lugares. Tampoco hay tal uniformidad. Sí hay nuevos enfoques que reviven el terror y le dan una nueva carta de presentación, distinguiéndolo del anterior, y poniéndolo en la estantería de lo maravilloso y comercial. Como antes escribí, no todos esperaban tal cambio ni todos quisieron convertir su arte en simple comercio a gusto de Hollywood.
 
Para gustos, colores. Que no fue lo mismo plantear una aventura espacial con un monstruo al que vemos evolucionar desde un huevo con criatura saltarina que una carrera por la supervivencia huyendo de una gruñón paleto de un perdido pueblo. Zinoman nos introduce, siguiendo una nueva línea de revisión del género, en el problema del monstruo. A veces, las películas mostraban al monstruo y eso suponía un anticlímax, un bajón del trece donde se suponía una subida de pulsaciones en el respetable. O lo solucionabas con algo mejor o apenas mostrabas al  monstruo, escondiéndolo entre sombras y planos rápidos. El terror no estaba de moda entre los productores serios ni los críticos, que lo tachaban muchas veces de huida fácil de una realidad dura o, directamente, de chorrada supina donde un director serio no entraba a perder el tiempo y los dineros. El monstruo fue muchas veces un señor más o menos bien maquillado, otras veces un señor embutido en un risible traje de goma. Pero el Nuevo Terror trae aires frescos en este campo: el monstruo lo mismo es una fusión horrenda pero atrayente entre máquina y carne o es una persona normal de la que cualquiera que le conociese diría que es un buen vecino. El terror se vuelve cercano, difuso, intemporal y permanente. Hasta el estilo de los finales cambia. Ya no puede uno quedarse embobado esperando un final feliz con el héroe venciendo todos los atrancos. Ahora el guionista y el director pueden matar a sus protagonistas y dejar que el mal campe por sus fueros, horrorizando al respetable y dejando un rastro de sangre y trozos de cuerpos humanos irreconocibles. Un último apunte acerca del monstruo que Zinoman revela: ya no solo da miedo, ahora puede dar asco y hasta pena. Pensemos en el hombre-niño asesino y caníbal de La matanza de Texas. Es conocer la casa donde ha crecido y la familia que le ha tocado y tu perspectiva puede cambiar hasta tal punto que te compadeces de su situación. Flipemos: el público lagrimeando por la suerte del monstruo. Hasta te pondrías de su parte. ¿De qué otra manera podría reaccionar tal chavalote? ¿Cómo no va a cazar a esa panda de mozalbetes que no valoran la suerte de una educación y vida en libertad? Y volviendo sobre el rastro baboso del xenomorfo, ¿cómo te quedas antes esa quimera que parece salida de una cópula antinatural de biología y mecánica? El monstruo puede seguir dando miedo pero se le aumenta el asco y la fascinación.

El autor nos advierte de las lecturas, o subtextos, como él los llama, a mayores de tal cine. Por ejemplo, es bastante compartido que el héroe negro de La noche de los muertos vivientes podría ser una crítica al racismo y al gatillo rápido de la sociedad blanca norteamericana. En el libro se matiza tal lectura, advirtiendo que el director llegó un momento en que lo asumió... después de realizada la película donde solo pretendía pasarlo bien con sus amigos en el jardín de casa. Una crítica que puede documentarse mejor es la presente en La semilla del diablo, donde una mujer que fue católica pierde la fe, sigue siendo una sumisa y maravillosa esposa pero resulta que es a ella a quien le toca sufrir y perderse en un mundo donde no se distingue realidad de paranoia. Tal crítica impulsó la grabación de la película, pensada para asustar pero también para desestabilizar un sistema de pensamiento.

Algo sobre los directores, para ir rematando la entrada. Todos son hombres pero a veces parecen niños en cuerpos de adultos, más o menos tímidos y con problemas para aceptar las figuras autoritarias. Vidas más o menos sencillas y escondidas que se atrevieron a seguir siendo niños que quieren asustar a los mayores y decirnos que al cine no se va solo a disfrutar sino a infectarnos del virus del miedo por el simple placer de la infección.

Bueno, George romero llegó a decir que eran personas encantadoras, así que mirémosles bien, que nos lo hacen pasar de miedo.

La edición leída es de tapa dura, 247 páginas, de T&B Editores, publicado en octubre de 2011. Una Introducción y epílogo que se complementan y nos dan la base de lo escrito luego. En medio, 11 capítulos para presentar directores, productores y películas que cambian la escena del terror, dándole un nuevo aire y abriendo los ojos de los grandes estudios que se acabaron apuntando al carro del meter miedo... aunque no tanto como los marginales autores referenciados por Jason Zinoman. Agradecimientos, 4 páginas de bibliografía y cinco de Índice onomástico. Obra de divulgación completa y narrativamente sencilla de leer y comprender.

Vamos, y una portada mazo chula y terrorífica. No me olvido de las dos secciones con un papel distinto al del texto, dedicado a las fotografías de carteles y rodajes de algunas películas, en blanco y negro.