viernes, 17 de abril de 2015

En la librería Betel tenemos los últimos libros de este sacerdote exorcista que constituye todo un referente actual y es fuente de publicaciones cotidianas en los presentes tiempos. Sin ir más lejos y centrándonos en el mundo de la posesión y la liberación, presentamos estos dos títulos, publicados en el año 2013 y 2014, respectivamente. Son "El signo del exorcista. Mis últimas batallas contra Satanás" y "El Diablo", ambas publicadas por la editorial San Pablo. Y no solo las semeja el autor y la temática sino también el formato, contando la primera obra 192 páginas y 135 la segunda.
Sin embargo, no son para nada repetición. Ambas presentan doctrina eclesial, experiencia personal y reflexiones, sí, pero presentadas de distinta manera y sin mucha repetición. Son dos libros de los que podemos hablar conjuntamente que no son iguales y que pueden complementarse, no son repetición uno del otro.
Así, el segundo es un libro más profundo, que comienza con dos casos concretos y luego los desarrolla de manera curiosa. Cada capítulo empieza con una predicación sobre la creación, Dios, el ser humano, la libertad, los ángeles y demonios, la Virgen, san José, los sacramentos, la oración,... cada capítulo escoge un tema y lo desarrolla como si fuese una predicación, a veces con ejemplos y breves digresiones, pero con un estilo de predicación, de homilía, de compartir hablando ante alguien. A continuación, tras una línea en blanco, retoma uno de los casos y lo desarrolla, poco a poco, diciendo un poco más que la vez anterior que habló de él. Y los dos casos se saltean. Primero uno, luego el otro, después se vuelve al primero. Cada capítulo es una predicación y un poco más de cada caso. Así, hasta el final. Los dos capítulos finales conllevan su respectiva exposición y el final de cada caso. Es de resaltar que a veces se necesitan muchos exorcismos o el cambio de ministro y lugar para llegar a la liberación definitiva. Los dos casos expuestos aquí son también de los difíciles: una madre que se consagra a Satanás y arrastra tras de sí a sus hijos pequeños, y el infierno padecido por un funcionario del Vaticano que, sin explicación, el día de su jubilación, es golpeado por una posesión.
"El Diablo" tiene un cariz más de exposición sencilla, de cierta divulgación cordial. Por imaginarlo, es la charla que nos da un amigo especialista en algo al que hacemos alguna que otra pregunta y él desarrolla ampliamente. También aquí hay experiencia pero ya lo expuesto es más conciso y las noticias se suceden sin hacer de ninguna en particular un desarrollo pormenorizado. Los 13 capítulos parten de la figura del demonio, sus compañeros malignos, su obrar ordinario y extraordinario, el poder de Cristo mediado por la Iglesia contra él y la exposición al mundo, recordando a cristianos y gente de buena voluntad su existencia y maldad, seguido de las armas espirituales que la Iglesia pone al servicio de los necesitados.
Dos libros, pues, que se complementan y nos muestran la belleza y luz de la fe. Pues la lucha contra la tiniebla es trasunto de la una confianza que libera e impele a lo más alto y mejor de cada uno, recibido del Padre por amor. Continuamente, el padre Amorth nos recuerda que el Diablo es una criatura, no un dios, que su estado es fruto de la libre elección, que tal decisión arrastró a muchos ángeles a convertirse en demonios y formar así el infierno, que su acción ordinaria es la tentación para alejarnos de Dios y que las acciones extraordinarias son varias pero acaban desapareciendo ante el Nombre de Cristo. La acción extraordinaria de mayor calado es la posesión, que hay que identificar y distinguir de la enfermedad. La Iglesia responde con el exorcismo, el ayuno, la oración, la fe, el trabajo del ministro y del poseso, acompañado de la ayuda de colaboradores y de la oración de los fieles.

Al final, y es de destacar, en los libros del anciano padre Amorth leemos la victoria sencilla del bien, de la vida, de la fe. La salvación, en definitiva, que Dios nos regala por Cristo y que nosotros, con la ayuda del Espíritu, conseguimos con el bien que hacemos.