jueves, 22 de octubre de 2015

Vista "El guerrero del mundo perdido".

Título inicial, en los créditos.
Un poco perdido puede parecer uno si dice que ha visto esta película. A menos que te dé igual la letra del abecedario fílmico en que puede estar, perdida ella también entre la B y la Z. Y hasta perdidos parecen los personajes de esta inclasificable obra de producción italiana. Porque aunque vean muchos norteamericanos por los créditos, estamos ante un largometraje italiano... filmado por el director David Worth. Este no solo dirige sino que guioniza, aunque muchos que saben lo que dicen han comentado que eso del guión fue más una entelequia que fue surgiendo según se grababa que otra cosa. En el resultado final uno ya no se fija en estas minucias sino que solo puede recoger los ojos del suelo para ver en qué termina esto.

 




 La I. A. motorizada que repite las cosas dos y hasta tres veces y que ayuda al protagonista a salir bien parado de los peligros de la carretera postcatastrófica.




 Yo la disfruté por tener tiempo para no hacer nada y porque la vi con el despreocupamiento y cariño con que uno toma una película que es una parodia intentando parecer seria. Por entonces ya se conocía a Mad Max y al Coche fantástico y al Doctor No y, claro, intentando un sofrito de estos personajes en medio de un mundo postcatastrófico, con un gobierno dictatorial, salió esto.


Un motorista, a lomos de un velocípedo supersónico con una inteligencia artificial que se hace la graciosilla, va escapando de todos los que lo persiguen o intentan atrapar. En una mañana cualquiera de su solitaria vida sobre el asfalto va a vérselas con la policía Omega, un puñado de jovenzuelos jugando a ser malotes y unos organizados militares con vestimenta nazi y de camuflaje. De todos se librará metiéndose un piñazo del copón contra un muro bien visible. Así, sin más. Y comenzará la trama principal, tras presentarnos el mundo en una intro escrita y con voz en off, y tras el paseo matinal que remata en explosión de la moto del protagonista.

Explosión de un coche que más parece eyección del piloto.
Así las cosas, y con el protagonista recuperándose gracias a las capacidades espirituales de unos ancianos venerables, iluminados e iluminadores, nuestro hombre conocerá los intentos de un grupo denominado "Nuevo Camino" por cambiar el statu quo de las cosas a nivel político. Porque lo que sufren estos supervivientes, tras las guerras nucleares, es un estado dictatorial que les impone una serie de "normas y obligaciones", les impide toda emoción, castiga alegremente con la muerte por electrocutación y posterior cremación, y les ofrece silencio y algunas diversiones de mira pero no toques a cambio de un trabajo eficiente y comunitario. Para que esto pueda cambiar han de rescatar al líder político que traiga una nueva era de entendimiento y libertad. Lo de libertad se entiende ya que sufren la opresión de un tirano y de su aparato policial de captura y coerción, el Omega, y lo de entendimiento viene porque existen variadas tribus en el Mundo Perdido. Estas no conviven sino que se pegan a la mínima de cambio. Así que una vez rescatado el líder, a pesar de dejar atrás a su hija, a este no se le ocurre otra cosa que mandar a nuestro motorista a zoscarse con los miembros de las tribus y que sea el ganador, cosa que consigue a duras penas. Como es el que permanece en pie tras una refriega por ver quién es el más fuerte, su cicerone aprovecha para lanzar un discurso que les haga ver a todos que juntos pueden vencer al tirano. Cómo no, a partir de aquí, camaradería y alegría entre los antiguos enemigos. 

Nuevas persecuciones, tiros de armas que suenan a láser, coches que suenan a láser, sonido ambientan que suena a láser, y regreso a por la hija del líder, con la intención expresa de derrocar al poderoso Prossor, el tirano. Porque no se conocía, que aquí tenemos un remedo del Doctor No y un adelanto del Doctor Maligno.

Tras una tanda de tiros y de inflitración donde los guardias muestran tener la misma puntería que los Troopers de Star Wars, asistiremos a la confrontación de los líderes, a la transformación de la hija secuestrada y a un nuevo colegueo de los miembros de las distintas tribus, de algunos trabajadores y de dos señores que mueven los focos de modo circular. Colegueo que se produce tras un discurso que habla de tiempos nuevos y de la presentación de un himno acorde con la recién adquirida paz. Como el motorista ha quedado un poco de lado, se le concede que pase del discurso y de la audición para ponerse todo chulo él frente a la mocita y se nos pongan acaramelados... Pero, claro, es un motorista solitario, así que, ¿qué hará? Si has aguantado hasta aquí no te pierdas el final que pasa pronto y te lo desvela. Eso sí, sobrevive a los minutos musicales que anteceden, con esos andamios donde todos son felices y hasta caen globos de lo alto mientras suena un tema que bien habría podido ser "We are the world, we are the children".

Un divertimento de tarde sin mucho que hacer, la verdad. Pero como tengas algún amiguete que guste de las películas postcatastróficas y de la serie B (y más allá), aprovecha, que has de disponer de buen material para unas risas y una conversación. Hay muchos interrogantes para discutir como ¿dónde está el erial postnuclear cuando se ven exteriores con hierba y árboles? ¿Quién ha asfaltado tan bien las carreteras? Como no, discutir si la I. A. del velocípedo supersónico merece vivir tras escucharle comunicarse con frases y expresiones cortas (en el sentido peyorativo de "cortas"), la cantidad de policías Omega muertos sin apenas posibilidad de acertarle con sus armas a los rebeldes que tienen toda la puntería del mundo, o la cantidad de explosiones que se producen por un quítame allá esas pajas y esos coches perseguidores. 

Hay escenas que quedan para la posteridad como la moto ardiendo con sus rueditas de apoyo traseras (sí, como las que teníamos en las bicis al empezar a montar), la cabeza del policía que, siendo compañero del motorista con ruedines, sale despedida tras un incomprensible accidente con un coche que cae sin más por un terraplén; también, la cantidad de malotes por segundo en los primeros minutos de metraje, la falta de impactos de las armas de mano, sacando los que producen muertes humanas, la facilidad de destrucción de un megacamión a que, según las estimaciones de la odiosa I. A. motorizada, solo se fundiría con 40 megatones; y seguiríamos con las luces sanadoras que salen más de la manga que bajo la mano de los ancianos iluminados, la pronta amistad de los miembros de extrañas tribus (karatekas, nazis, camioneros, geeks,...) y la única escena, que yo recuerde en el cine, de un par de hombres que ante una amiga, e hija, con el cerebro lavado se quedan callados, mientras el malo la anima a que los mate.
 
Yo me voy a desquitar viendo otra peli, jeje, pero después de haber leído un artículo serio sobre esta y tras la lectura de otro que me tronchó más que el largometraje en sí. Ruuuuuuuuuuuuuummm.