domingo, 18 de diciembre de 2016

Peto louredés.

Hay en Louredo, mi pueblo natal, un peto de ánimas, una construcción popular, quizás centenaria, donde se representa a unas almas en el purificador fuego del purgatorio y, sobre ellas, un angelito en medio de la Virgen del Carmen y san Antonio. Tengo pendiente una parada para fotos actuales y ver si todavía conserva, como hace años conservaba, parte de su gastada policromía. Lo que no conserva es su parte superior, hoy vacía de su pedestal (quizás el pie de una cruz) central y sus dos pináculos en torno.

Foto que saqué hará unos 3 años. Se sitúa en el barrio de Louredo, cerca ya de Refexón, a un paso de la derruida escuela pía.
 
Es domingo por la tarde y un paseo por el pueblo, una charla en familia, pueden arrojar recuerdos de los caminos que creemos saber de memoria pero cuyas historias quizás apenas hemos oído. Petos de ánimas como este yacen en silencio, recuerdos de un tiempo donde la predicación y el arte popular dieron a luz estas construcciones y pusieron especial hincapié en el destino eterno del alma, recordando la doctrina acerca del Purgatorio. Estado, este, temporal; entrda purificadora que lleva al Cielo; fase "temporal" que nos pone guapos si alguna mancha llevamos en el momento de la muerte. Poniendo letra al Concilio Tridentino: 

Como la Iglesia católica, instruida por el Espíritu Santo, a la luz de las sagradas Escrituras y de la antigua tradición de los Padres, haya enseñado en los sagrados concilios, y enseñe últimamente en este concilio ecuménico, que existe un purgatorio, y que las almas allí detenidas son socorridas por los sufragios de los fieles, y sobre todo por el santo sacrificio del altar; el santo concilio prescribe a los obispos que se esfuercen diligentemente para que la verdadera doctrina del purgatorio, recibida de los Santos Padres y de los santos concilios, se enseñe y predique en todas partes a fin de que sea creída y conservada por los fieles.

Investigaciones contemporáneas, dejando atrás concepciones propias del Romanticismo, señalan el inicio de la erección de petos tras este Concilio. El punto álgido, en Ourense al menos, se daría entre finales del XVII y durante el XIX. Monumentos graníticos que recuerdan que almas penan purificándose y nosotros podemos ayudarlas con nuestras buenas obras, sacrificios y oraciones. Y allí están, recogiendo imágenes propias del Infierno de otros tiempos (amén de la popularización que podemos porta en nuestras mentes), las almas en medio de las llamas. No se salva ni el apuntador, en esta caso, ni las autoridades eclesiásticas. Algunos pueden ver aquí una crítica social, diciendo que los "de arriba" tienen más que purgar que el pueblo llano. No sé, yo pienso que es un recordatorio de la falta de excusas ante la hermana muerte. Igual el siervo que el señor... aunque al señor quizás le pidan más que al siervo, por aquello de las responsabilidades, las decisiones y sus consecuencias. Que es Padre Dios pero también Juez. Ya antes se representaron a las dignidades civiles y eclesiásticas a la misma altura que los fieles comunes en los bailes de la muerte. Esas danzas donde se representaba a la muerte tomando de la mano a cuanto viviente se le pone delante y pidiéndole cuentas.

El nombre de peto le viene a esta sencilla construcción de un hueco donde se aportaban dineros para Misas en sufragio por las ánimas. Falta en Louredo y falta en otros muchos lugares. Solían estar excavados en la roca, con un cierre de hierro. Aquí ya solo se ve el hueco.

Particulamente, imagino su reconstrucción. En primer lugar, lejos con ese cubo de basura que lo afea y desvaloriza. ¿Se quita también la gran hortensia? Habría que documentarse, buscar fotos más o menos antiguas, preguntar a los mayores sobre él, formar un pequeño archivo, de pocos folios, donde historia e historias se encuentren, dando noticia de su existencia. Luego, algunos datos generales sobre la existencia de petos en las cercanías, su origen y características. Porque los hay y es cosa de reconocerlos. Vete tú a saber si un mismo cantero hizo más de uno. Pero, claro, al ser obras anónimas...



Foto de la página dedicada a la descripción del peto de Louredo, por doña Yolanda Barriocanal en Arte popular. Los petos de ánimas. Libro de 1985 referido a los petos de Ourense. Ayer mismo escribía una entrada sobre esta obra.

Documentado, hágase un proyecto, una reconstrucción ideal de cómo era, una restauración que respete lo recibido. Devolver a su parte superior los pináculos laterales y la cruz central. Nada de placas. Solo una inscripción lateral en el pie de uno de los pináculos, de modo que se lea pero no llame la atención. Únicamente la fecha de la restauración. Nada se leía antes, apenas algo se ha de leer ahora. El peto no lo veo muy necesario. ¿Quizás una escondida iluminación para la noche? ¿Una piedra lisa?

El peto es una muestra de arte popular y, de poder ser, hay que llamar un cantero local que lo trabaje. Y siendo, como es, obra devota, no se ha de inaugurar sin algunas predicaciones en las semanas anteriores a la finalización de la obra, algún sermón en el lugar antes de la reconstrucción, alguna charla sobre el destino eterno del alma.


Para el día de la feliz inauguración, ¿por qué no preparar un folleto para los presentes? En su portada, lugar y fecha del acontecimiento, con un dibujo del propio cantero referido al peto. En la segunda página, aprovechando la mitad inferior, unas líneas acerca del purgatorio y cómo ayudar a sus purgantes inquilinos. La tercera llevaría una lectura bíblica y la bendición de la obra. La cuarta, aprovechando la parte central, unos datos del presente peto, rematados con la fecha de la restauración.