miércoles, 18 de noviembre de 2015

'Mil gritos tiene la noche', dirigida por Juan Piquer Simón, 1982

La presente película es una curiosa propuesta sangrienta para un domingo por la tarde o una noche entre amigos del género. Y para disfrutar con ese inexistente equilibrio entre suspense, sangre y humor que se montó, y a veces improvisó, Juan Piquer Simón. Porque comienza con un hachazo, literalmente, que nos deja descolocados pero luego ya no hay un ritmo que nos diga si estamos ante una gore, una policial de terror, una de humor... porque de todo tiene un poco.

Si te animas, ¿qué te encontrarás? Un poco de la vida de un asesino de mujeres en serie. Un hombre que comienza por su madre, por aquello quizás de Freud, quizás por dar ejemplo comenzando en su propia casa. El caso es que la amante y sonriente madre le ve en el suelo encajando las piezas de un puzzle. Todo bien hasta ahí. Pero cuando ve que el susodicho es una mujer desnuda ya cambian las tornas.  Un par de collejas y una bronca que acaban en matricidio, descuartizamiento y a segir jugando infantilmente. Estamos en Boston, 1942.


Cuarenta años separan las escenas pero vemos que el chico mantiene las formas y haceres: puzzle (el mismo) y muertes femeninas. Y es que ya su madre le veía el mal camino:

- Qué porquería. Empiezas bien. Como tu padre. ¡¡Tetas!! Eso era lo único que le preocupaba.

  Un salto de 40 años nos deja en el mismo Boston y resulta que el asesino no vuelve al lugar del crimen, ¡sino que ya no se mueve de él! Y conserva los ensangrentados zapatos de su madre, su vestido y su puzzle porno. Todo un coleccionista que amplía sus existencias con trozos de cadáveres de mujeres, abasteciéndose entre las estudiantes, sobre todo.

El modus operandi suele ser ruidoso pero no por ello menos efectivo: una motosierra, casi siempre; las menos, un cuchillo. La zona de carnicería, la Universidad. Y ya da igual que sea al aire libre o en la piscina, de noche o de día, si hasta llega a atacar en un ascensor... ¡con la motosierra! Amarilla, para más datos. Y con una identificable indumentaria: sombrero calado hasta los ojos, cara cubierta, gabardina oscura y guantes. Aunque hay un par de chicas que lo reconocen tranquilamente.

La pareja policial que le persigue es de lo más. Un par de veteranos policías, sargento y teniente, que parecen ser más que compañeros, que se animan a meter en la investigación como colaborador a un sospechoso, que salen de cualquier embrollo con una sonrisita que parece decir más de lo que dice. Eso sí, investigadores y rastreantes de archivo y de la calle. Dos tipos duros que llegan a tener a todos los sospechosos delante, una noche de tormenta, y como si nada.




No van a llamar la atención por sus escenas de persecución, tiroteos y acción. Decididos a encontrar al asesino, sin saber por donde tirar, no solo meten tranquilamente a un estudiante del que nada saben como colaborador y protector de una agente. Esta es una infiltrada, formando parte del profesorado como la encargada de las clases de tenis. Es también la rubia sufridora de un ataque nocturno por parte de Bruce Le. Sí, sí, así se llamaba el actor que hace de profesor de Kung-Fu. Pues ambos serán profesores pero se nota que no han coincidido en la sala común ni para un cafecito de media mañana. La escena es una de mis preferidas, tan innecesaria como incomprensible, pero tronchante. La infiltrada investiga de noche, Le hace footing y, sin más, le lanza una patada y la ataca, acabando con ella en el suelo y sin su pistola. Cuando parece que la rematará, ella levanta el pie y le acierta en las partes nobles, dejándole a él en el suelo. A continuación, sigue un diálogo y una salida del profe que te deja patidifuso. Tanto fue así que ni en los créditos aparece.

 
- Luego me atacó y ahí lo tienes.
- Si es mi profesor de Kung-Fu. ¿Qué está haciendo aquí?
- Pues estaba haciendo footing y, de pronto, me atacaron. Pero veo que no ha sido nada. Buenas noches.


 
La ola de asesinatos seguirá, el clímax se acerca y todo corre a desvelarse cuando la rubia infiltrada en el profesorado es drogada. Al tiempo, en medio de los papeles del caso, el estudiante colaborador y uno de los policías descubren al asesino. Y todo transcurre rápido en la casa del hombre malo que mata mujeres (que están) buenas, resolviéndose en un final feliz... ah, no, no te fíes que luego retuercen la escena final y la cosa puede que acabe feliz para la Universidad, pero para uno de sus alumnos la cosa va a terminar mal. Y gritando.


- Randall, quiero que hagas una investigación completa de todo el personal... En profundidad. Emplea a todo el departamento si es preciso.

- Muy bien, teniente.


- Sabía que te gustaría.



De gritos iremos sobrados y no todos serán femeninos. Le pasa lo mismo que a los desnudos. Por una vez, tenemos un desnudo integral masculino. Bueno, un paso cara la igualdad en esto del destape, ¿verdad? Pero, al final, nada sabremos ni del padre de este niño matricida ni de cierta chica del principio que se estampa contra un espejo de esos, típicos, de las viñetas o de películas que muestran a dos hombres cargando un gran espejo o un gran cristal. Lo sacan del camión cara el lugar definitivo y ya sabes que no llega entero.



 - ¿Estás bien, muchacho?
- Sí... sí. 
- Has tenido suerte. 
- Ya lo creo.
 


Hay bastantes datos por ahí y he leídos varios blogs donde la destripan bien. Al final, me quedo con dos que te darán bastantes detalles técnicos, notas mil sobre la peli y sus personajes y curiosidades sin cuento. Y como ya lo han contado aquí y aquí, aquí me quedo.


 

lunes, 16 de noviembre de 2015

'Latidos de pánico', dirigida por Jacinto Molina, 1983

Lápida de Alaric. 1515-1562. Y hasta hoy.
 No sé si alguien me secundará en mi petición de celebración del V centenario del nacimiento de Alaric de Marnac, siguiendo la cronología de esta película. Efectivamente, en una calmada visita a la tumba del oscuro militar francés, la cámara enfoca las fechas de nacimiento y muerte, antes del paso tétrico de una serpiente sobre la piedra sepulcral. Serpiente que volverá a aparecer cara el final, señalando a la parca su objetivo maldito: llevarse a la señora de Marnac.
 
 ¿De dónde sale eso? Pues de la leyenda que se menta en el largometraje: Alaric de Marnac halló a su mujer con otro hombre, yaciendo, y la persiguió y asesinó. Luego, deslizó su alma y sus manos a la alquimia, la brujería y el asesinato. No llegándole esta vida para su cruenta sed, maldice, y, maldiciendo, alarga su pesada existencia para materializarse en su armadura cada cien años, llevándose en ese instante a la mujer que lleve el apellido de Marnac.

Así comienza esta película de suspense y aparecidos malditos. Ahí tendremos al armado Alaric persiguiendo, en la noche, a su mujer en cueros, dándole persecución y muerte. Un salto en el tiempo nos lleva a París, luego a una población rural donde la mujer de un descendiente de Alaric encontrará reposo para su enfermo corazón. Rubia de larga melena (como la larga y bella melena de Ami), con su paseo lento y una cara que transmite una honda y enfermiza desolación, ha de caer muerta ante la visión de un armado caballero que se persona en su casa de descanso. Parece que la leyenda tenía razón y sirve para algo más que traer pesadillas a las mujeres que la escuchan y transmiten. Lo de las pesadillas es literal. Tal como sucede en otras, aquí habrá su momento onírico revelador.


 - A mí todo eso me parece un cuento.

Pero no, la muerte es obra de la humana perfidia y responde a un plan trazado entre varios compinches. En el centro del asunto, Naschy. Esta vez vuelve a darle carne a su admirado Gilles de Rais, en versión Alaric; versión libre, por cierto. Aquí, pues, aparece como Alaric y como un descendiente suyo. Este es un arquitecto casado con una rica heredera. Cada uno porta su carga de maldad, aunque ella parece ahora arrepentida y especialmente agradecida con cualquier cariño que se le profese, especialmente si sale de su añorado marido. Porque Paul, que así se llama en la película, no siempre está con ella. Ya sea porque va al pueblo para estar al tanto de la captura de unos villanos que les atracaron cuando venían para la casona, ya porque va a París, nuestro protagonista no siempre acompaña a su señora y sí se hace acompañar de otras: jóvenes para acostarse con ellas y hacer planes, mayor cuando se trata de cuidar de su casa.

 
- Tú eres rica y nosotros somos pobres. Esto es un acto de justicia social.

 Así la trama se teje y complica porque, claro, al final acaba enredado en los brazos de dos mujeres. Y sobra una, aunque sea él el que estorba a los ojos de una de ellas. La muerte tendrá trabajo extra, pues, con los habitantes que quedan en la casa. Y habrá tiempo para que uno tras otro vayan pasando al otro lado. En principio, por la mano de los planes homicidas que se traman; al final, por la maldición de Alaric, que ya la habíamos olvidado y que resulta ser tan real como las maquinaciones infames del hombre y las mujeres que llegan a esta casa. Lástima que no solo los monstruos hallan un triste final sino que también la inocente ama de llaves ha de probar un desagradable sabor a sangre en su boca, exhalando un agónico aliento entre las manos de su asesina.

 Las señoras de Marnac que pasarán ante nuestros ojos sufrirán una misma muerte agónica y tensísima, sofocándose ante la persecución del armado caballero o su descendiente. Minutos que se alargan para sufrimiento de la protagonista y de los espectadores que no estén acostumbrados a este estilo y forma de crear sensaciones malsanas. 

 

- El caballero... la muerte... Dios bendiga esta casa.



 Francia, maldición, sangre y muerte, cadáveres que esperan tras las puertas en una descarnada y pútrida aparición, mujeres que acaban entre los fuertes brazos del mismo hombre y corren una misma y desgraciada suerte, sepultura donde se esperaba hallar salud y, al final, paz, pero no la paz de la redención sino la del cementerio.
  
 - Tu muerte resolvería  el problema.



En un borbotón de detalles, te comparto que esta fue la tercera y última vez que Naschy dio rostro y voz a Alaric de Marnac, tras las setenteras El espanto surge de la tumba (1972) y El mariscal del infierno (1974). Aquí tendrá como compañeras de reparto a Julia Saly (con la que trabajó en unas cuatro películas), Lola Gaos (conocida del género de terror y comunista antifranquista, de la cual guarda buen recuerdo Naschy, aunque le habían comentado que ella tenía mal genio) y Silvia Miró (en la que me parece la única incursión en el género). La casa donde se rueda perteneció al Generalísimo y cuentan que fue un dato que se intentó ocultar a Lola Gaos. Se entera y sigue adelante con el rodaje, ya no por gusto al sitio sino por profesionalidad. Vuelve a decirse que el careto de Naschy no era agradable. Un reloj marca las doce y cinco, cosa que ya había aparecido en otras películas donde estaba Paul... y donde aparecía en algún momento una foto suya, como aquí aparece. Se manifiesta la catolicidad del personaje de mayor edad en la película (mujer y sirvienta, a mayores), lo cual no es óbice para que sea la misma que tira las cartas del Tarot en la cocina y se vea que cree en su catastrófico mensaje.

Título en los créditos finales.
 Hoy, para la parte dedicada a los enlaces, traigo la película, datos y una crítica berziana, junto con otra crítica bloguera. Vale la pena saber que Naschy escribió una novela dedicada a Alaric y que su dibujante, Javier Trujillo, es un fanático colaborador y transmisor de su legado.

domingo, 15 de noviembre de 2015

Ojito con las espinas de "El jardín impío".

Miedito me da consultar el catálogo Z de la editorial Dolmen, miedito. Así que me conformo con leer y releer los títulos que publicita en sus publicaciones, siendo ya este un buen escaparate y advertencia de lo que disponen en su fondo.

Miedo me da también devolverle los libros Z del amigo Claustroman, más que nada porque sé que aparecerá con más. Miedos, ambos, que son sonrientes y que se agradecen porque vaya que no me he pasado horas y horas leyendo y destripando obras Z.

Y por los sanguinolentos caminos que cruzas de la mano de Dolmen y Claustroman, caminos coincidentes pero no dependientes de un contrato o una concertada publicidad, te encuentras con esta obra.

Fue la primera publicación del joven asturiano Juan Miguel Fernández y su temática es la citada Z. Como taaaaaantas otras del género tendremos los reconocibles muertos en vida, el grupo de supervivientes, el superviviente que no contabas, el misterio del origen, los militares siguiendo órdenes gubernamentales, la epidemia que se expande y la situación claustrofóbica que desencadena discusiones en espera de una decisión: salir del refugio o quedarse y apandar con el estado de sitio. El lugar de escapada es uno de los preferidos actualmente, aunque esté infestado de animalitos de cuatro patas que resultan no ser tan perjudiciales como pudiese imaginarse.


Claro, que aparezcas con esta serie de tópicos no te convierte en una novela más del género. Y lo que encanta es que sabes lo que recibirás pero te sorprenden con algo más que no contabas. Referido lo que ya sabes, vamos un poquito a lo que puede sorprenderte, guardándonos un as en la manga.

Novedades, novedades. El estilo que te encuentras es un tanto victoriano, al menos en sus diálogos. No son rimbombantes pero sí un poco cargantes, ya que no suenan al lenguaje común sino que suelen ser un tanto afectados, adjetivados en demasía y con un olor a las buenas lecturas de Poe o Lovecraft. Me sorprendieron pero no rebajaron mi atención ni mis ganas de leer más. Y hasta llegó a encantarme por el uso de palabras que no sueles oír. Otra cosa es que les cuadre a los personajes. A veces los iguala demasiado y no los personaliza.

La otra novedad que me hizo saltar de alegría fue la inclusión del personaje del joven y atractivo sacerdote. Por fin veo un personaje con cierta entidad que no es un loco o un perturbado en el que cebarse. Además, no ocupa un lugar preeminente y es un magnífico secundario. Queda en el ambiente el inicio de algunas disquisiciones teológicas pero, por fin, de nuevo, surge como un joven normal, de fe fuerte, que no se convierte ni en una parodia de una fe envejecida y caduca ni en un lector tortuoso del Apocalipsis. No hace falta pasarse al otro extremo pero uno de los repetidos prejuicios en el género Z es el de meter a la Iglesia o a uno de sus ministros como defensores de los zombis y tenerle como un personajillo asqueroso. 


También vas a tener un curioso origen de pandemia, que tiene que ver con una planta de determinado jardín. Todo se inicia en una oscura y nevosa noche, en una casita un tanto apartada del pueblo. Toda una estampa icónica de peli de terror navideña, aunque muy bien expresada para acabar siendo una imagen de algo muy real. Y lo que es fuera es dentro. No lo veremos hasta más adelante pero esa atmósfera fría y blanca del exterior retrata el convulso y negro interior de uno de los personajes. Y abrirá a otro a la reflexión y la tortura, advirtiéndonos a nosotros que lo que hacemos no siempre define quienes somos y que la familia es algo muuuuy importante como para abandonarlo a la soledad. El amor no correspondido puede conducir a la locura... y apenas notarse.

Y si el origen es curioso, el final queda en suspenso. Pero no por eso se van a aportar un par de armas persuasivas. Una es artificial y la otra tiene cuatro patitas. Ambas son portátiles y pequeñas. Las dos tienen como primera sílaba "ra". 

Un crimen, una investigación policial amañada y una periodística capada de pleno. Un silencio y el paso de los años en la tranquila localidad norteña. Hasta que el mal emite lo suficientemente fuerte como para ir formando un ejército humano de inmundos zombis. Aquí sale el tema del comportamiento grupal de los muertos andantes pero lo hace de un modo que pocas veces he leído. Porque esa especie de comunidad que forman nos lleva a pensar en una inteligencia que los controla. Son zombis que caminan a trompicones, de acuerdo, y hasta pueden correr, cosa que se ha puesto de moda, y no se comen entre ellos, muy bien. Pero la novedad es que comen para alimentarse y despedazan los cuerpos no para dejarlos en el sitio sino para transportalos a otro lugar, pues son alimento para quien lo dirige.
El comportamiento grupal conocerá una serie de cambios, no será fijo, lo cual ofrece escenas nuevas y escenarios que descolocarán a los supervivientes. Algo parecido a cuando descubren, en Parque Jurásico, que la vida se abre camino. Aquí es una forma de vida vegetal y malvada que se expande más allá de lo que querríamos. Y la conducta controlada de los zombis adquirirá un nuevo papel, al ser más que simples asesinos y alimentadores de su controladora.

Entre medio, la descripción de los distintos focos de infección, las miradas que se dirigen a cierto jardín abandonado, la entrada en escena de personajes ocultos en los bosques, como son un científico, su grupo de trabajo y los escondidos militares. Cada uno tendrá su momento de gloria y sufrirá su determinado ataque, aunque no sabremos el final, jeje. El caso es que se convertirán en motivo de esperanza, aunque solo sea para un grupo de escondidos vecinos; un cordón de contención que se acaba rompiendo por el eslabón más desatendido; una puerta de escape posible.

Voy a destacar dos sencillas escenas, que tampoco son centrales ni nada pero que me han encantado. Y es una la del encuentro entre el andarín sacerdote y el orondo presidente de la Asociación de vecinos, con la consabida pugna tantas veces presentes en los pueblos entre las actividades eclesiásticas y las civiles, amén de la supuesta superioridad de quien maneja más dinero, votos y mejor coche. La otra, algo superficial y pasajera, que ocupa una sola línea de texto, es la preocupación del gobierno de que la infección y la normalidad se mantengan en unas determinadas coordenadas, para lo cual envían a los militares y, aquí la escena, un avioncete con agua para apagar unas incipientes llamas que acabarían atrayendo a demasiada gente a la abandonada población.

jueves, 12 de noviembre de 2015

Respirando tras "El manantial".

Solo hay que estar atento al aviso de la portada, al recorte de entrevista de las primeras páginas y a las citas elegidas antes de la novela para fruncir el ceño y esperar un despliegue de Eros y Tánatos de forma impactante y desasosegada. Y te lo acabas encontrando.


Pero no nos quedemos con el guiño, que será una constante en la novela, sino que bajemos, o mejor, entremos en este instituto donde dos jóvenes sobreviven a una invasión zombi. Los zombis sí que son un guiño en este escrito: una presencia constante, una explicación para el estado de sitio y el desarrollo enfermizo de los protagonistas, una infección que espera entrar para arrasar con la vida humana que se esconde, el motivo por el que no dar un paso más allá de las defensas que te rodean. De hecho, el arranque de la novela prescinde de ellos. No por eso son menos importantes para el desarrollo de la trama.


Preprárate, pues, para la claustrofobia y sube a la segunda planta del instituto. Más que nada porque la planta baja, con el patio como plaza mayor, es lugar infestado de zombis. Ya, ya, pueden pasar días sin que les veas o sin detectar su presencia, ocutos y quietos como están, a cubierto, protegidos del inmisericorde sol y de las espaciadas lluvias, pero están. La primera planta está protegida con ciertas barreras pero tampoco te fíes. Para nuestros protagonistas es el limbo que les separa de la infección, la entrada controlada de zombis con los que jugar de cuando en cuando y la zona neutral entre la no vida inferior y el humano transcurrir de la segunda planta. ¿El exterior? Sí, hay calles y edificios pero ha perdido interés para ambos jóvenes, hasta tal punto que no lo han pisado en años y solo es la zona por la que aparecerá algún otro humano, atraído por la fogata que encienden todos los días en la azotea y la cometa naranja que elevan cuando el viento les favorece.

Todo comenzó hace quince años, cuando una noche, sin más explicación ni tiempo a preguntar, la radio y la televisión, seguidos muy pronto de la corriente eléctrica, se esfumaron. El fluido vital de la civilización dejó de llegar a las casas y se produjo el descalabro padre. Todo al garete. Los zombis remataron el trabajo con sus ansias de carne fresca. Pero no fueron los únicos que la buscaron. Nuestra pareja protagonista también la ansía, demasiado acostumbrados a los ayunos forzados y el consumo de algunas hortalizas que cultivan precariamente en la azotea y conservan a oscuras en un aula de la segunda planta.

Ahí es donde seremos cómplices de sus juegos para mantener un día a día cada vez más asfixiante, sobre todo para la chica. El deseo carnal, la caza de carne, la pactada provocación de la carne pútrida de los zombis, aquí denominados parados, la técnica de la salmuera para conservar lo máximo posible las presas, las torturas inflingidas, son todo un revolutum de experiencias las que acumularás en la segunda planta del instituto; fortaleza y cárcel para estos dos jóvenes que, a nuestros ojos, son un trastabillante paso entre la normalidad y el extremismo de las pasiones... de las bajas pasiones.

Ya digo, antes de comenzar la novela has recibido los suficientes impactos en forma de citas como para que sospeches que estos dos no van a ser como los niños perdidos de Mad Max o Peter Pan; no habrá lago azul con la Shields. Aquí hay supervivencia y astucia, tanto para sobrevivir a la infección y buscarse las patatas, literalmente, como para engañar al prójimo o aguantar en un lugar pequeño con la sola presencia de otra persona y sus neuras. Eso sí, la camaradería con un tercero en discordia, traerá un cambio a la comunidad, y qué cambio. Hasta tal punto que uno podrá ver el resquicio de una esperanza humanitaria tras estar en el infierno de los miedos convertidos en tortura y dolor. Bastante explícitos, te lo han avisado.  

Lectura fácil y ágil, por cierto. Así me la merendé en un par de viajes en tren, jeje.

De todas, para que se vea que hay quien tiene más que decir, te dejo una entrevista con el autor, la presentación de la editorial y una crítica personal desde otro blog.

Ánimo y que el manantial te sea provechoso y refrescante, que aquí transpira salmuera.

miércoles, 11 de noviembre de 2015

'Exorcismo', dirigida por Juan Bosch, 1974

Tras la proyección de El exorcista (William Friedkin, 1973), aparece esta película dirigida por Juan Bosch al año siguiente, aunque parece que en España se adelantaron a la producción extranjera, en un movimiento rápido de Profilmes, entonces en boga. 


Este título español se une a los que van apareciendo durante estas décadas en las que lo satánico aparece más y más en el cine y la cultura popular. Y desaparece más y más de las predicaciones católicas. A estos respectos, recordemos que en 1966 apareció A. S. LaVey fundando la Iglesia de Satán y que en 1973 Pablo VI advierte que el humo de Satán se ha colado en la Iglesia. A mayores, pongamos la idea que corría por la mente del amigo Naschy, de hacer algo sobre el tema. Y de aquí surgirá el guion, compartido con el director y Jordi Gigó, según Naschy, también.

Pero, centrándome en este conocido del filme, en Paul Naschy, me sorprendo ante la diversidad de personajes, ampliando las miras e idea que tenía de él como solo un actor de fantaterror. Aquí tendremos terror pero se concentra cara el final. Antes, más bien una película de drama familiar y de investigaciones policiales. Según llegamos a los minutos finales, explota lo sobrenatural para encontrarnos ante un exorcismo, que es lo que da título a esta obra. Y lo divertido es que viene de la mano de Naschy.

No seguiré más orden que el lógico que ahora me viene a la mente y que descubre que, en lo que llevo visto, don Jacinto Molina ha sido ya demonio (El caminante), brujo adorador de Satanás (El espanto surge de la tumba), persecutor de herejías y martillo de brujas (Inquisición) y, ahora, reverendo. No digo cura para no confundirle con un sacerdote católico. Y es que, al aparecer en escena, ante un comentario de amigo respecto de cierto libro, responde él: Pertenece al reinado de Enrique VIII, cuando nuestra Iglesia dependía aún de Roma. Lo cual lleva a la conclusión de que nos encontramos ante un anglicano, por aquello de la referencia al monarca. Aunque se escudará en su fuerte fe, aparece como un descreído, al principio, de las posesiones, sobre todo tras haber ayudado en un exorcismo. Amén de pastor, es profesor universitario y ha escrito sobre hipnosis. De todas, no deja de lado una mentalidad abierta que le conducirá al exorcismo final. Tras las conversaciones con el doctor, aparece el hombre de fe que ha escuchado a la ciencia, pero no halla respuesta en ella. Por lo cual, recurre a la oración y la formación para desbancar a un enemigo que no solo afecta a la mente, sino que intenta acariciar lo más íntimo de la persona. 

Hombre fuerte, sí, del cual, tras pasar por un interrogatorio policial, dirán:

- Parece un tipo fuerte.

- Sí. Era un buen atleta en sus tiempos de estudiante. Pero no creo que él haya retorcido el cuello a las víctimas.

Y fuerte se mostrará tanto ante la tentación carnal de una fémina como ante las alucinaciones a las que será sometido, cuando descubran al Enemigo y se entable una lucha personal, cara a cara. Esta me recuerda, sobre todo, a la desesperada del jesuita padre Karras en el exorcismo de la anteriormente mentada película. Aunque el final no sea el mismo. Pero vaya si se parecen (cambien la escena de la caída de por las escaleras por la de la ventana y tal y cual).

Da para mucho comentar el filme y el tema de la posesión y el exorcismo, así que dejo de saltar por las ramas y sintetizo la trama. Un maníaco asesina a varios hombres que tienen algún tipo de tratos con su idealizada e inalcanzable amada. Tales asesinatos consisten en la víctima con el cuello roto y la cabeza girada 180 grados. De la chica se sabe que participa en ritos satánicos, tras ser iniciada por su novio, un joven arqueólogo que acaba de regresar de Egipto. Al chico no solo le dio tiempo de ser el primero en la promoción y tener un amigo religioso que le propone para la Universidad. A mayores, es satanista y drogadicto. Todo esto va saliendo a la luz mientras la policía investiga y lo hace también la familia, cada vez más acosada por el asesino y más destrozada. Pero lo fuerte todavía se hace esperar y estalla en forma de posesión. Conclusión a la que se llega tras un tratamiento psiquiátrico que nada le hace y que inicia una lucha encarnizada entre un representante de Dios y el demonio, que se presenta como Nadie.

Aquí el maquillaje es llamativo, sobre todo el referido a los ojos, y los parecidos con Linda Blair se suponen. La representación del invisible demonio como un ser dotado de fuerza (que se muestra en la fortaleza física de la víctima), inteligente y versado en lenguas (la chica escribe y habla en alemán sin esfuerzo y sin haberlo estudiado), confusor y mentiroso (se manifiesta como sí mismo y con las voces de familiares difuntos), altanero en sus palabras y manifiestamente grotesco y violento, es compatible con la visión cristiana del mismo. Y el exorcismo que resuelve la película se queda en la aspersión del agua bendita y las impecraciones que conminan al diablo a salir del cuerpo poseído.

La lucha no es meramente exterior sino que la misma chica cambia de personalidad en varias ocasiones y se descubre la diversidad de voluntades.


Por si gustan, quede aquí el trailer. Y sírvanse uno y otro enlace para una visión más global y documentada.