miércoles, 11 de noviembre de 2015

Atento al "Exorcismo".


Tras la proyección de El exorcista (William Friedkin, 1973), aparece esta película dirigida por Juan Bosch al año siguiente, aunque parece que en España se adelantaron a la producción extranjera, en un movimiento rápido de Profilmes, entonces en boga. Este título español se une a los que van apareciendo durante estas décadas en las que lo satánico aparece más y más en el cine y la cultura popular. Y desparece más y más de las predicaciones católicas. A estos respectos, recordemos que en 1966 apareció A. S. LaVey fundando la Iglesia de Satán y que en 1973 Pablo VI advierte que el humo de Satán se ha colado en la Iglesia. A mayores, pongamos la idea que corría por la mente del amigo Naschy, de hacer algo sobre el tema. Y de aquí surgirá el guion, compartido con el director y Jordi Gigó, según Naschy, también.
 


Pero, centrándome en este conocido del filme, en Paul Naschy, me sorprendo ante la diversidad de personajes, ampliando las miras e idea que tenía de él como solo un actor de fantaterror. Aquí tendremos terror pero se concentra cara el final. Antes, más bien una película de drama familiar y de investigaciones policiales. Según llegamos a los minutos finales, explota lo sobrenatural para encontrarnos ante un exorcismo, que es lo que da título a esta obra. Y lo divertido es que viene de la mano de Naschy. 

No seguiré más orden que el lógico que ahora me viene a la mente y que descubre que, en lo que llevo visto, don Jacinto Molina ha sido ya demonio (El caminante), brujo adorador de Satanás (El espanto surge de la tumba), persecutor de herejías y martillo de brujas (Inquisición) y, ahora, reverendo. No digo cura para no confundirle con un sacerdote católico. Y es que, al aparecer en escena, ante un comentario de amigo respecto de cierto libro, responde él: Pertenece al reinado de Enrique VIII, cuando nuestra Iglesia dependía aún de Roma. Lo cual lleva a la conclusión de que nos encontramos ante un anglicano, por aquello de la referencia al monarca. Aunque se escudará en su fuerte fe, aparece como un descreído, al principio, de las posesiones, sobre todo tras haber ayudado en un exorcismo. Amén de pastor, es profesor universitario y ha escrito sobre hipnosis. De todas, no deja de lado una mentalidad abierta que le conducirá al exorcismo final. Tras las conversaciones con el doctor, aparece el hombre de fe que ha escuchado a la ciencia pero no haya respuesta en ella. Por lo cual, recurre a la oración y la formación para desbancar a un enemigo que no solo afecta a la mete sino que intenta acariciar lo más íntimo de la persona. 

Hombre fuerte, sí, del cual, tras pasar por un interrogatorio policial, dirán:

- Parece un tipo fuerte.

- Sí. Era un buen atleta en sus tiempos de estudiante. 
Pero no creo que él haya retorcido el cuello a las víctimas.

Y fuerte se mostrará tanto ante la tentación carnal de una fémina como ante las alucinaciones a las que será sometido, cuando descubran al Enemigo y se entable una lucha personal, cara a cara. Esta me recuerda, sobre todo, a la desesperada del jesuita padre Karras en el exorcismo de la anteriormente mentada película. Aunque el final no sea el mismo. Pero vaya si se parecen (cambien la escena de la caída de por las escaleras por la de la ventana y tal y cual).

Da para mucho comentar el filme y el tema de la posesión y el exorcismo, así que dejo de saltar por las ramas y sintetizo la trama. Un maníaco asesina a varios hombres que tienen algún tipo de tratos con su idealizada e inalcanzable amada. Tales asesinatos consisten en la víctima con el cuello roto y la cabeza girada 180 grados. De la chica se sabe que participa en ritos satánicos, tras ser iniciada por su novio, un joven arqueólogo que acaba de regresar de Egipto. Al chico no solo le dio tiempo de ser el primero en la promoción y tener un amigo religioso que le propone para la Universidad. A mayores, es satanista y drogadicto. Todo esto va saliendo a la luz mientras la policía investiga y lo hace también la familia, cada vez más acosada por el asesino y más destrozada. Pero lo fuerte todavía se hace esperar y estalla en forma de posesión. Conclusión a la que se llega tras un tratamiento psiquiátrico que nada le hace y que inicia una lucha encarnizada entre un representante de Dios y el demonio, que se presenta como Nadie.
 

Aquí el maquillaje es magistral, sobre todo el referido a los ojos, y los parecidos con Linda Blair se suponen. La representación del invisible demonio como un ser dotado de fuerza (que se muestra en la fortaleza física de la víctima), inteligente y versado en lenguas (la chica escribe y habla en alemán sin esfuerzo y sin haberlo estudiado), confusor y mentiroso (se manifiesta como sí mismo y con las voces de familiares difuntos), altanero en sus palabras y manifiestamente grotesco y violento, es compatible con la visión cristiana del mismo. 

Y el exorcismo que resuelve la película se queda en la aspersión del agua bendita y las impecraciones que conminan al diablo a salir del cuerpo poseído. 



La lucha no es meramente exterior sino que la misma chica cambia de personalidad en varias ocasiones y se descubre la diversidad de voluntades.

Por si gustan, quede aquí el trailer. Y sírvanse uno y otro enlace para una visión más global y documentada.