jueves, 12 de noviembre de 2015

Respirando tras "El manantial".

Solo hay que estar atento al aviso de la portada, al recorte de entrevista de las primeras páginas y a las citas elegidas antes de la novela para fruncir el ceño y esperar un despliegue de Eros y Tánatos de forma impactante y desasosegada. Y te lo acabas encontrando.


Pero no nos quedemos con el guiño, que será una constante en la novela, sino que bajemos, o mejor, entremos en este instituto donde dos jóvenes sobreviven a una invasión zombi. Los zombis sí que son un guiño en este escrito: una presencia constante, una explicación para el estado de sitio y el desarrollo enfermizo de los protagonistas, una infección que espera entrar para arrasar con la vida humana que se esconde, el motivo por el que no dar un paso más allá de las defensas que te rodean. De hecho, el arranque de la novela prescinde de ellos. No por eso son menos importantes para el desarrollo de la trama.


Preprárate, pues, para la claustrofobia y sube a la segunda planta del instituto. Más que nada porque la planta baja, con el patio como plaza mayor, es lugar infestado de zombis. Ya, ya, pueden pasar días sin que les veas o sin detectar su presencia, ocutos y quietos como están, a cubierto, protegidos del inmisericorde sol y de las espaciadas lluvias, pero están. La primera planta está protegida con ciertas barreras pero tampoco te fíes. Para nuestros protagonistas es el limbo que les separa de la infección, la entrada controlada de zombis con los que jugar de cuando en cuando y la zona neutral entre la no vida inferior y el humano transcurrir de la segunda planta. ¿El exterior? Sí, hay calles y edificios pero ha perdido interés para ambos jóvenes, hasta tal punto que no lo han pisado en años y solo es la zona por la que aparecerá algún otro humano, atraído por la fogata que encienden todos los días en la azotea y la cometa naranja que elevan cuando el viento les favorece.

Todo comenzó hace quince años, cuando una noche, sin más explicación ni tiempo a preguntar, la radio y la televisión, seguidos muy pronto de la corriente eléctrica, se esfumaron. El fluido vital de la civilización dejó de llegar a las casas y se produjo el descalabro padre. Todo al garete. Los zombis remataron el trabajo con sus ansias de carne fresca. Pero no fueron los únicos que la buscaron. Nuestra pareja protagonista también la ansía, demasiado acostumbrados a los ayunos forzados y el consumo de algunas hortalizas que cultivan precariamente en la azotea y conservan a oscuras en un aula de la segunda planta.

Ahí es donde seremos cómplices de sus juegos para mantener un día a día cada vez más asfixiante, sobre todo para la chica. El deseo carnal, la caza de carne, la pactada provocación de la carne pútrida de los zombis, aquí denominados parados, la técnica de la salmuera para conservar lo máximo posible las presas, las torturas inflingidas, son todo un revolutum de experiencias las que acumularás en la segunda planta del instituto; fortaleza y cárcel para estos dos jóvenes que, a nuestros ojos, son un trastabillante paso entre la normalidad y el extremismo de las pasiones... de las bajas pasiones.

Ya digo, antes de comenzar la novela has recibido los suficientes impactos en forma de citas como para que sospeches que estos dos no van a ser como los niños perdidos de Mad Max o Peter Pan; no habrá lago azul con la Shields. Aquí hay supervivencia y astucia, tanto para sobrevivir a la infección y buscarse las patatas, literalmente, como para engañar al prójimo o aguantar en un lugar pequeño con la sola presencia de otra persona y sus neuras. Eso sí, la camaradería con un tercero en discordia, traerá un cambio a la comunidad, y qué cambio. Hasta tal punto que uno podrá ver el resquicio de una esperanza humanitaria tras estar en el infierno de los miedos convertidos en tortura y dolor. Bastante explícitos, te lo han avisado.  

Lectura fácil y ágil, por cierto. Así me la merendé en un par de viajes en tren, jeje.

De todas, para que se vea que hay quien tiene más que decir, te dejo una entrevista con el autor, la presentación de la editorial y una crítica personal desde otro blog.

Ánimo y que el manantial te sea provechoso y refrescante, que aquí transpira salmuera.