lunes, 2 de noviembre de 2015

Leída "Metanoia".

Una de las compras que me traje de la CIFICON fue este libro de 204 páginas, escrito por Dioni Arroyo Merino. Era uno de los tres representantes de una asociación literaria del fantástico, ficción y terror de Castilla y León. Y aunque ha pasado una semana, ya he tenido el tiempo suficiente para meterle el diente. Es lo que tiene tener un par de ratos libres y un viaje en tren.

Portada.
Nos encontramos ante una novela distópica pero con final esperanzador y mensaje humanista. Se lee rápido y es bastante descriptiva, sin ser cansina. Y en cuanto a los personajes, pronto se ve quién es quien, dando algunos datos que nos los dibujan pronto, dando la impresión de ser tus vecinos, sin necesidad de una profundización a mayores. Eso no significa que no vayas conociéndoles más porque, según avanza la lectura, sabes más de ellos, los entiendes y ves las transformaciones o las motivaciones que les llevan a ser como son. Ya digo, unos cambiando, dando paso a una conversión, y otros permaneciendo en lo que eran. Tal conversión es el núcleo de la historia.
 

La acción transcurre en un mundo que bien podría ser el nuestro en unos lustros, tras la caída del uso de petróleo, el abuso del carbón y el progresivo deslizamiento cara sociedades militarizadas donde solo surge violencia y restricciones. La idea del autor es jugar con los datos actuales y convertir esta crisis en una situación continua y degradante, cada vez más. Pero, tras las descripciones sociales vamos a las personales. Y ello nos conduce al misterio de un moribundo, a conocer su historia, a meternos en la cárcel donde trabajaba y conocer a sus compañeros, el estilo de vida y a una reclusa muy especial. También nos encontraremos con amigos y con las misteriosa muertes de varios ciudadanos. Según vayamos cara el desenlace se descubrirá que estamos en una época de cambios radicales que darán lugar a un futuro catastrófico, donde el ser humano vive bajo tierra, calentándose bajo una superficie helada por una nueva glaciación. La sociedad futura es fría, tecnológica, con roles que se marcan desde el nacimiento (como en "Un mundo feliz" de Aldous Huxley) y con la realidad del viaje en el tiempo (como en "Terminator"). La situación, pues, es nebulosa y fría como las calles de la ciudad donde viven nuestros protagonistas y se vuelve oscura y restrictiva como las cárceles que, cada vez, abundan más en esta distopía.

Contraportada.
Pero el amor mueve el mundo y la esperanza no llega a perderse ni al final. Como en un relato de Philip K. Dick, Dioni, tras mostrarnos el mal estado de las cosas, nos ofrece las historias de gente como tú y como yo que piensan, sienten y actúan. Cuando todo parece depender de los poderes fácticos mundiales, descubrimos cómo la voluntad de unos pocos es capaz de movilizar una transformación positiva e impensada. En la novela, el autor apuesta por el cambio personal más que por el social. Podríamos hacer esta lectura viendo cómo aparece el movimiento de los "Zelotes" y se les augura un triste final, mientras que el cambio de rumbo interior de los iluminados se muestra cómo la tónica a seguir para la redención. Aunque, creo, es de tener en cuenta que el movimiento parece abocado a la violencia y la transformación interior lleva el sello del amor; y amor condicional, ya que hasta el protagonista llega a pensar un fin distinto de la muerte para sus perseguidores.

Aquí nos volvemos a topar con esta actitud y decisión: el cambio, el giro de 180 grados, el cambio de camino, la conversión, la metanoia. Tal palabra griega me la topé en mis estudios de Teología católica y me llamó la atención desde el momento en que la vi escrita en la portada. El mismo Dioni, en su presentación de la novela en la CIFICON, aludió a su uso bíblico. Y es la apuesta que nos propone deste estas páginas. Una mirada al interior que busque el amor y la esperanza para convertirlas en hábitos personales y sociales, en miras a un nuevo mundo. Vivimos un presente que puede derivar en uno de los peores futuros posibles pero la idea es cambiar esa actitud y darle un vuelco al corazón y la voluntad para reencaminarnos, pues mientras hay vida hay esperanza.

Leeremos la novela desde las palabras del escritos que describe y desde el protagonista masculino. Así tendremos ocasión de una visual global: la del héroe, que es una persona normal, aunque preparado y escogido para una determinada misión, y la del narrador, que llega a otros personajes y escenarios que están lejos de la capacidad del protagonista. Nos pasearemos por las calles de una Pontevedra reescrita desde la experiencia del autor en esta ciudad, aunque nunca sin dar pistas ni nombrarla en la novela; también por los pasillos y celdas de una prisión, echando un vistacito al escenario mundial degradado por la crisis global y las decisiones egoístas.

Con el autor en la CIFICON 2015, A Coruña.

Da para pensar sin ser un libro de pensar... y para actuar. Podrías empezar pensando cuándo fue la última vez que visitaste a alguien querido que precisa de tu compañía.  

Aquí os dejo una entrevista que toca esta y otras obras suyas.