martes, 23 de febrero de 2016

"La residencia".

Hará un par de semanas que me dediqué a aprovechar los tiempos de plancha y limpieza de cocina para ponerme entrevistas con Chicho Ibáñez y Jiménez del Oso y Naschy. De hecho, coinciden en un programa del famoso psiquiatra, hablando sobre el terror. Y, mira tú por dónde, Claustroman me advierte de que esta semana La 2 nos trae cuatro títulos de terror hispano. Qué alegría y qué oportunidad. De hecho, espero acabar de escribir esto y que me dejen poner La 2 para la peli de hoy. La conexión con Chicho se produjo ayer, cuando hablaron y televisaron La residencia. Película de 1969, opera prima del director y guionista que ya había triunfado en televisión, no solo en España, ejemplo de muy buen hacer en contra de lo dado. Porque si el terror no se asienta en las obras españolas, por entonces casi ni existía y siempre dependió de directores corajudos que le echaron valor y arte... para bien y para no tan bien.

Bravo por quien tuvo la idea de sacar esto de nuevo en televisión y le dedicó unos minutitos a hablar de ello antes de la película, presentándonosla. Y un bravo por la sonriente Elena S. Sánchez que nos ofrece la cara bonita que precede a la obra terrorífica. Ayer habló con una crítita de cine y solo lamento que esa charla no tuviese cinco minutos o diez más de amplitud. Lo que me encanta es que antes de las doce termina la proyección y te puedes ir a cama antes de que los fantasmas te ahuyenten, jeje.

La residencia, filmada en parte en los bellos parajes de un palacio en Comillas, narra las peripecias opresivas de un internado de señoritas perdidas, regido por una dura institutriz. La oferta del lugar es amplia pero el ambiente es de una rigidez espartana y acaba llevando a algunas internas a unas relaciones que suponen una catarsis en forma de poder y dominio, sumisión y hasta posibilidad de relaciones, lésbicas o heterosexuales. Para quien se tema las típicas escenas del cine que vendría que se olvide. El filme sugiere siempre más de lo que muestra, y no solo en este campo. Así, cuando una alumna se está enrollando con un chico, los planos que vemos son los de sus compañeras, en un rápido repaso de miradas, labios entreabiertos y movimientos de manos durante la clase de costura.

La directora mantiene el orden mediante la colaboración de algunas chicas, que juegan a doble banda: cumpliendo lo que la directora dicta y estableciendo una estado de poderío sobre sus compañeras, cumpliendo sus gustos. Así, la mano directa de la institutriz es una chica que tiene su grupito de acólitas, un par de llaves del lugar y su cuarto secreto donde se ven dibujos de desnudos. Su conducta es la de manipuladora y controladora con un lesbianismo o bisexualidad insinuada. Cumple y hace cumplir las normas pero esclaviza a sus congéneres.

Este ambiente hay que matizarlo ya que no todas entran por el aro de ser malas compañeras, habiendo una que es capaz de imponerse a la directora y cualquiera otra con su comportamiento rebelde. También se nota el compañerismo sano en la alegre recepción que muchas muestran a la última en llegar al internado. De hecho, la van ayudando y previniendo.

Hablamos de chicas pero no podemos olvidarnos que tenemos a un conserje mayor del que pronto sospechas un secreto, el hijo del carbonero que en cada entrega de leña se lleva a una al pajar y el adolescente hijo de la directora. Este, con la excusa de su asma y enfermedades que le doblegan, vive en un estado de reclusión, sin poder ver a las chicas ni relacionarse con ellas. Y es que su madre quiere para él a una mujer que sea como ella y le quiera como ella. Tras decirle esto, le besa en la mejilla pero es que al poco le da casi un pico. Una cosa es lo que diga ella y otra lo que haga él, enamorándose de al menos dos de las chicas. No al mismo tiempo, claro, que el joven parece buen rapaz, sacando sus escondidas miradas de lujuria que dedica a las chicas gracias a grietas y agujeros por los que las espía.

Si el ambiente de control no es suficiente para meter tensión, tenemos la desaparición de varias internas y los sustos que lleva la nueva, creyéndose perseguida por el conserje. Ella, tras la desaparación de una compañera, pasa a ser la amiga del hijo de la directora. Aquí me quedo con la escena a cámara lenta de un asesinato. Planos superpuestos del cuchillo y del cuerpo, una escena casi onírica en la noche en que sucede, la impresión del tiempo suspendido en el agónico intento de la chica por gritar.

Los cambios de cerradura, el control de las llaves, la vigilancia, los avisos, las ventanas cerradas del primer piso,... nada para la desaparición de chicas. La solución al misterio llegará de la mano de quien menos nos esperamos, de quien es capaz de cerrar a su madre con los cadáveres de las cinco, creo, chicas muertas que, descuartizadas, conforman un cuerpo que reproduce al de la directora en su juventud. Esta grita aterrorizada, mientras el asesino, desde el otro lado de la cerrada puerta, tranquilo, sin maldad, dice: Háblale, mamá, tras decirle que ha conformado a la mujer perfecta para él, la imagen de la madre de joven, tal como ella esperaba que fuera su novia.

Hoy, en unos minutos, en La 2, tendremos a Naschy y su Waldemar Nadinsky.

lunes, 22 de febrero de 2016

Paseo por Augas Santas. Domingo II de Coresma.

Hai lugares que cando volves a eles non che parecen os mesmos. Quizais recoñezas camiños e monumentos pero adquiren unha nova dimensión cos ollos actuais. Dende sensacións tan cotiás como as de pensar que todo era máis grande, porque fuches de pequeno, ata o ver algo como se fose a primeira vez que pasas por alí, porque antes non te fixabas no que agora si.

Xa pasaron xa bastantes anos da primeira vez que pasei por Augas Santas, polo precioso templo dedicado á martir Mariña, mociña que preferíu pasar pola morte antes que pola cama de certo home encaprichado por ela. Volvín varias veces polo sitio e puiden ver o templo con calma e ata descubrir, co párroco daquelas, algunha curiosidade agochada tras dun altar lateral, amén de disfrutar da beleza do espacio sagrado.


Santa Mariña de Augas Santas está a un paso de Allariz, ben señalizado. E vale a pena porque ofrece moito en pouco espacio, tanto en historia como en lendas. Os seus montes limpos auguran un paseo con calma e en tranquilidade, sabendo que non é un lugar explotado, anque si visitado a cotío. Como compartín cun señor do pobo, menos mal que non hai carreteras a tódolos sitios

Onte, segundo domingo da Coresma, regresei en familia e redescubrín o lugar, inda que non puidesemos pasar a ver a igrexa. Dá gusto ver o pobo tan ben cuidado e ata poder botar unha parola ca xente do lugar. Esta mantén a memoria das lendas e do fervor relixioso, e costumes como o de botar un grolo da fonte que está detrás mesmo do santuario. Auguiña fresca que canta e ri dende o salto de tres caños presididos por unha imaxe devota.

Tampouco entramos na capeliña de santo Tomás, que custodia o pozo de onde a xente leva auga o día da festa, sendo o segundo punto de auga relacionado ca santa. O terceiro non o localizo. E a lenda, como a de san Paulo, di que a cabeza da moza Mariña foi decapitada e deu tres choutos, marcando o lugar onde aparecerían tres fontes de augas milagreiras.

Con auga, polas cercanas choivas, estaba o camiño que conduce cara o seguinte punto de visita: a basílica inacabada da Asunción. Un espazo a medio facer que recordaría o lugar dunha tortura da santa. Un espacio no que o sacral recorda o lendario: como foi encerrada no que se denomina "forno" e foi salvada do lume por san Pedro, que a sacaría por un buraco do teito e a refrescaría nunha pociña cercana.


O interesante é que non só se pode visitar o que queda desta construcción sen rematar senón que se pode visitar o subterráneo, o que hai baixo os pés. 


Alí se ve un espacio iluminado por unha ventá que dá cara o nacente e a igrexa parroquial. Baixo a ventá un altar e unha vía de auga que continúa máis alá del. Lápidas sepulcrais e un ámbito separado do resto por unha portiña que se atravesa agachándose. Alí pode un meterse ata o forno da santa. E alí parecen seguir vivindo dous bichiños que recordo doutras veces: un pequeno morcego e unha grande araña.

Choveu hai pouco e nótase xa non só na humidade ambiental senón na auga presente no recinto subterráneo. A el accédese por dúas portas pero atopamos só unha aberta.

Saíndo de novo á preciosa tarde que quedara, seguimos os sinais de andaina que nos levaron a pasar ó lado dun coto que se relaciona cos mouros. Seica hai algún máis pola zona que se chegou a abrir para ver se contiña un tesouro con moedas de ouro pero que só deu como resultado unha pedra granítica rachada.

É de recordar que os mouros lendarios non son os mouros que entraron pola península adiante no século VIII. Aquí chámanse así a seres lendarios que viven baixo terra ou se lle aparecen ás humanas xentes para pedirlles un favor ou facelos partícipes dun segredo. Seguro que máis dunha lenda tiña como protagonistas a seres con outros nomes que acabaron recibindo o de mouros, por aquilo de que acabamos manipulando as lendas e actualizándoas. 


Pois ben, con este referente da gran pedra, chegamos a un recinto aberto, formado por un muro de pedras, un gran carballo e dúas pías longas de auga e algunhas cazoliñas menores.

Nas longas hai auga sempre. De feito, as tres ou catro veces que fun, con tempo e en estacións distintos, tiñan auga. Seica lle supoñen propiedades sanadoras inda que a pinta de estancadas tirounos patrás á hora de comprobalo.


Se non entendín mal, aquí é onde estaba o carballo da santa, un rexo exemplar centenario que sobreviviu ata o pasado século, cando un raio o esnaquizou. Algúns din que foi un castigo ó cura e a quen lle comprara a árbore para facer leña dela.


O roteiro segue, internándose na foresta. Ca promesa de que andariamos só un pouco máis, acabamos chegando ás excavacións de Armeá (quédome con esta pronunciación e grafía porque foi o que sempre escoitei, aínda que semella que se di Armea). Están moi preto e o camiño é bo de andar, permitindo vistas sobre a contorna, a pesar das árbores e os verdecincentos líquenes que as cubren. A Lúa, en vésperas de plenitude, facía a súa aparición pola nosa dereita.

Estas excavacións falan de varios séculos, dende os antigos moradores deste altiño ata esas distribucións de corte cuadrado que nos traen novas xa do Imperio Romano.


Monte en torno e un panel que aprecía estar do outro lado que non chegamos a ler. Fitando o que nos permitía o monte, deixamos que pasaran uns minutos na calma do agónico anoitecer, que foi o que nos levou de volta ó pobo. Pero alí, ó acubillo do vento e ampliados os sentidos pola amplitude do lugar e do tempo feito historia, ben podía un  repasar lendas e autores que foron polos camiños do pasado e nolos transmitiron en libros que chegan a nós hoxe.

Dende o alto, nun intre de fermosa contemplación, dedicamos uns minutos a situarnos e discutir se o que viamos ó lonxe era ou non o Polígono Industrial de san Cibrao, cousa que era. Non sei eu se ata se podería intuír o Cumial e todo.

O camiño de regreso á civilización moderna colleunos ca noite baixando como o lobo en días de néboa. A Lúa ascendía grados no ceo e ofrecía unha estampa propia de película de terror que me encantou. 


Dúas horas para un paseíño que pedía máis. Dúas horas dunha tarde que semellou de outonoe que me recorda que hai moito máis que o que vemos, que inda queda moita historia que contar e que máis dunha vez témola diante, cando non debaixo.

Quede como testemuño este enlace a outro blog, onde van aparecendo novidades sobre Armea. 

Quede como recordo estes tres vídeos nos que recollo uns minutos do paso pola zona, á caída da tarde:

- Castro de Armeá.
- Carballo da santa e coto do mouro.
- Basílica inacabada.

domingo, 21 de febrero de 2016

Un curioso arco iris matinal auriense.

Ayer por la mañana, sábado 20 de febrero de 2016, asistí a los minutos finales de un arco iris matinal. Suceso que me llamó la atención porque siempre relacioné arco iris con lluvia de día o con luna y humedad nocturna.


El viernes había algunas nubes que pasaban bajo la luna sin eclipsarla y sin producir halo, al menos el tiempo que pasé mirándola.


Y ayer por la mañana, a las 9:28, me encuentro el fenómeno que he podido fotografiar y grabar, siendo una curiosidad que sé que no es nada de otro mundo pero que me ha llamado poderosamente la atención.


Gracias a la búsqueda en una página dedicada a la meteorología, con fotos del propio autor, supe de esta fenomenología, su explicación y alguna sorpresa como la existencia de fotos de un arco iris circular que, parece, solo puede obtenerse desde el aire.


Minutos después de la disolución del colorido arco que en Galicia se denomina arco da vella, el sol seguí ascendiendo a mi espalda y el cielo quedaba de un precioso azul.


Os comparto las fotos y dejo aquí los dos minutos y medio de vídeo.

sábado, 20 de febrero de 2016

Leídos los "Relatos de Vampiros".

La recopilación presente la encontráis en la colección Eclipse de la editorial Edimat y supone un viaje de menos de doscientas páginas por el tenebroso mundo de los no muertos sedientos de sangre. Una selección de relatos breves que siendo anteriores a nuestro siglo siguen frescos y disfrutables y más o menos tétricos. Para poder hacernos una idea de lo que habrá, una introducción nos pone sobre aviso al inicio del libro. Luego, para poder concretar algo, aunque de forma sucinta, unas líneas que tratan sobre el autor se convierten en la puerta de entrada a cada relato. Una obra breve pero enjundiosa. Un divertimento para tardes de lluvia e invierno que te hará pasar una hora de miedo.


Como indicaba su nombre, la temática central es la vampírica, sacando un cuento que tiene a la Inquisición en su haber y no cuadra con el resto, a menos que uno haga un salto imaginativo y quiera ver la institución como una chupóptera de esperanzas, siguiendo la trama del relato. Los demás, sí, retratan al no muerto avisándonos acerca de sus hostiles intenciones. Siendo relatos de hace años, reflejan una época y mantienen la esencia terrorífica del chupasangre. Porque sacando aquel conde Drácula encarnado por Naschy, quizás por primera vez, de toda la vida el vampiro es odio y oscuridad, existencia dedicada al mal. Esta imagen se ha coloreado de diversos intereses y deseos hasta la desvirtuación ofrecida al público adolescente actual. Menos mal que este libro hace justicia al vampiro de toda la no vida, incluso con capa de forro rojo de por medio, y podemos deleitarnos en obritas de rápida lectura y escalofrío. Lecturas para horas crepusculares, como las de tantas obras literarias y cinematográficas que nos ponen a los cazadores de vampiros como seres tan nocturnos como ellos. Yo, para hacer honor a la tradición, escribo en la agónica llegada  de la noche auriense.


¿Qué imagen te has formado del vampiro? Yo me paré a pensar qué vampiros conozco y me salen unos cuantos en una vistazo que no quiere ocupar el grueso de esta entrada. Quizás podrías decirme tus vampiros en un comentario. Yo he conocido al monstruo deforme y grotesco que vive en regiones arcanas y alejadas, despojo de tiempos pretéritos que se muestran en sus largas uñas y su desaseada presencia, como los Nosferatu encarnados por Schreck y Dafoe. También he dejado parte de mi alegría y sangre ante la puerta de seductores nobles transilvanos que hacían gala de un temple y elegancia sin par como los Drácula en la carne de Lugosi o el dirigido por Coppola. He sentido el miedo teñido de rojo en el inmortal conde al que prestó cara Lee y emocionado ante el suicidio del interpretado por Naschy ante la imposibilidad del amor. También recuerdo que ha recorrido mundo y se ha batido con sus enemigos en una línea cómic de Marvel. Aventuras donde aparece Blade, el medio vampiro que los caza para eliminar de la faz de la Tierra. Pero recuerdo que otras veces el vampiro fue un ser humano y hoy convive con el resto de la población, como hace el encarnado por Neill. Este quería deshacerse de los vivos y convertirlos en ganado, mientras que los que persiguen al último hombre de cierta ciudad lo que quieren es comérselo de cena y que no llegue al día siguiente. No faltan los que se hacen pasar por vampiros, por aquello de salvar el esqueleto como pasó con Chiquito de la Calzada ni los que quisieran dejar de serlo como el maldito Depp. Los hubo estrellas del Rock como Lestat y hubo grupos de Metal como Skizoo que se vampirizaron para un clip.

Vayamos a beber del rojo manantial del libro, que es lo que prima. En la introducción de Victoria Robbins los que aparecen se las dan de históricos, recogiendo enfermedades y supersticiones entresacadas de los datos del pasado. A continuación, los vampiros se elevan al rango de literarios, conformando a veces el mito ya conocido y sorprendiendo en ocasiones que nos llevan a pensar que el mito tienen más caras que las del archiconocido Drácula de Stoker. La reafirmación de esa imagen que podemos compartir se fortalece con la del infame noble inglés Lord Ruthven, vampiro ideado por Polidori que se aprovecha de los inocentes y anima el camino de los cafres y truhanes. La imagen ya puede enriquecerse con el relato de Luigi Capuana, donde un espíritu vengativo de un hombre regresa para sorber, de los labios, la vida del hijo de quien fuera su mujer en vida. Lo que sí se confirma es una de las maneras de deshacerse de la maldición de sus visitas, que pasa por usar el fuego. Tan invisible como el espíritu es el Horla, saltando al vampiro de Guy de Maupassant. El que sufre sus intangibles visitas acaba descubriendo que el ser le oprime el pecho mientras duerme y se alimenta de él, además de agua y leche. Descubrirá que sigue siendo físico pero escurridizo. Usará fuego para matarle pero... ¿cómo comprobar la efectividad sobre un cuerpo invisible? Si damos un paso atrás en el orden de la publicación, llegamos al anónimo relato contenido en las Mil y una noches, con la curiosa historia de un vampiro oriental metamórfico que retiene a su esposa a la fuerza y aún le pide que guarde secreto de su condición. El breve de de L´Isle-Adam es un relato de terror y angustia relacionado con la Inquisición pero sin vampiros. Y los dos últimos, con la autoría de Carter Scott y Manuel Yáñez Solana, nos ponen en la tesitura de la descripción de la mordida vampírica como un acto que concede el placer, o lo sobrepasa, del orgasmo. Se fija en ello más y se regodea el primero, con la historia de un hombre que pensando conseguir magnífica compañía se encuentra en la casa de una vampira y un caníbal... y tres vampirizados seres humanos ya sin piel y eviscerados pero sedientos. En el segundo prima la venganza por una sentencia injusta y unas personas que engañan para tener la justicia de su lado.

Una introducción de corte histórico y 7 relatos breves con su brevísima introducción inicial. Obrita que se lee pronto y nos muestra la poliédrica realidad vampírica, tanto de autores clásicos como otros más cercanos a nuestro siglo. No solo nos aporta datos de la existencia vampírica sino, lo mejor, nos deja con dudas acerca de sus capacidades y la manera de protegernos de ellos. Estoy yo recordando que en la ossoriana Malenka ni crucifijo ni ajos hacían mucho...


jueves, 18 de febrero de 2016

"Están vivos".

Encontrarte a un director que con cuatro perras te consiga un producto digno, divertido y haga pensar, tiene su mérito. John Carpenter gastó cuatro millones en esta película y cumplió. Su They live (1988) te introduce en el mundo cotidiano de una ciudad norteamericana tocada por la crisis, con sus barriadas de pobres y marginados, con su iglesita episcopaliana y hasta con un predicador ciego de corte apocalíptico. Y te hace pensar porque te enfrenta a una realidad cotidiana en la que puedes moverte superficialmente todos los días. Su crítica a un consumismo feroz y a las obligaciones de productividad, obediencia ciega y mutismo castrador, las viste de una invasión extraterrestre, aportando tanto un toque de ciencia ficción como otro de suspense sin faltar el humor. ¿No ha ocurrido ya muchas más veces? Las historias de ciencia ficción no te ayudan a evadirte sino a leer desde otra perspectiva tu cotidianeidad.


Tenía la película pendiente de un visionado y por fin ha llegado el momento. Recordaba el cartel promocional, con ese hombre con gafas de sol a medio subir o bajar y con ese rostro descarnado y monstruoso reflejado en ellas. Al hombre lo conoces con el inicio del filme, resultando llamarse Nada, dato que no sabrás por la película en sí sino por los créditos. Y al monstruo tardarás un rato en darte cuenta de su existencia. Y eso que los tendrás delante todo el tiempo. Una banda sonora de tempo lento te acompaña y se repite hasta el infinito y más allá, creando una atmósfera pesada que puede llegar a aburrir cuando no cambia su ritmo.

Nada, interpretado por un luchador televisivo de la WrestleMania, es un hombre que pasea con su mochila y sus herramientas en busca de trabajo. La situación general es de crisis, la oficina de empleo no le informa de nada disponible y cuando halla uno le reciben de aquella manera. Tras la jornada en las obras de un edificio ha conseguido abrigo y un amigo, Frank, un hombre negro que sobrevive con otras personas en una barriada de chabolas. Del otro lado de la calle, la iglesia episcopaliana y sus luces encendidas a las tantas.


Entrevistada en televisión: Lo único verdaderamente importante es ser famosa. La gente me mira y todos me adoran. Oh, yo no envejezco nunca porque me he vuelto inmortal.
 

Esto será lo que lleve a Nada a fisgonear y descubrir que en la iglesia la gente se reúne para algo más que para rezar. Allí encontrará a cierto predicador callejero y a un señor que sale por la televisión avisando a la población del control al que se halla sometida. Comienza la revelación. Y como todo aviso revolucionario en favor del pueblo, una reacción de la autoridad: arrasando las chabolas, revolviendo en la iglesia cercana y deteniendo y golpeando gente. Nuestro Nada se salva con otros escondidos y, en un posterior pase por la iglesia, se topa con una caja que decide inspeccionar lejos de ojos curiosos.


Frank: La ley del dinero. Quien maneja el dinero hace la ley.

De ojos va la cosa y ya podemos pasar a conocer a las gafas del cartel. Tras ponerse un par, Nada queda en shock por lo que descubre: un mundo en escala de grises donde se repiten mensajes como No pienses, No te despiertes, Obedece,... un mundo por el que pasea todos los días que está conformado por seres humanos y unos inquietantes humanoides cuya cara recuerda a una calavera con parte de carne adherida todavía. Ahora puede ir comprendiendo las palabras del predicador callejero y las del hombre que intentaba colar su frecuencia por la del canal 54 de la televisión por cable. Su toma de conciencia le lleva a enfrentarse a los infiltrados y sus socios, a escapar y matar para salvarse y hasta a secuestrar a una mujer, Holly, que casi le mata a él tirándole desde la ventana de casa. Un detalle que se repetirá y que podemos conectar con otro de minutos antes es el del dolor de cabeza: tanto cuando emitía el pirata desde la televisión como cuando se usan las gafas reveladoras, te duele la cabeza. El descubrir la verdad te noquea.


Solo, perseguido por la policía, urdido por poder hacer algo, busca a su amigo Frank para que se ponga las gafas y le ayude a buscar a otros. Como Frank le cree un matón pasa de él pero el amigo Nada se emperra y comienza una pelea de más de cinco minutos que lo mismo te divierte que te cansa. Pero, oye, todo sea por dar a conocer la verdad. Lo mismo le pasó a Neo que, al principio, tuvo que darse de leches con Morfeo, ¿no? Pues aquí tenemos a los dos enfrentados por defender sus posiciones en cuanto a ponerse o no unas gafas.


Frank: ¿Cuánto tiempo llevan ahí?

Nada: Quien sabe...

Frank: ¿Quiénes son? ¿De dónde vienen?

Nada: De Disneylandia seguro que no.

Convencido, y vapuleado, Frank ve lo que Nada ve y se deciden al ataque, buscando gente como ellos, bajo el lema de "Se les va a acabar la bicoca" (Nada). Darán con ella, un grupo de resistentes humanos que han descubierto que somos el ganado de una raza de inversores (extraterrestres) que nos usa a nivel personal y planetario. La forma de represión es interesante porque no se basa en la violencia y el dominio por la fuerza sino por el engaño y la felicidad. No es algo nuevo aunque sí fue poco usado. Se preferían más los estados represores para reflejar la subyugación del poder. Ahí tenemos dos clásicos para entenderlo: Un mundo feliz y 1984. Huxley abogó por el control de natalidad y la genética, poniendo a cada persona en su lugar, para que se realizasen en aquello que sabían hacer y que les habían programado conductualmente, y Orwell apostó por un estado represor que mira al control de la colectividad con continuas guerras y restricciones. Aquí iremos por la senda de la felicidad y la realización. Es el camino de Nada que, con su media sonrisa impertérrita, dice cumplir las normas y creer que América lo recompensará con una oportunidad en su momento. Al ver lo que hay, descubre la banalidad de su pensar y se une a otros para luchar. Si volvemos a Matrix tenemos a gente como él y otros que prefieren, o ya no soportan, vivir fuera de la mentira virtual que les rodea.

La resistencia le provee de armas y unas lentillas que son más fiables que las gafas de sol. Solo falta un objetivo, la gente quiere luchar y no resignarse a una existencia cada vez más exigua. ¿Recuerdas a Holly, la que tiró a Nada desde su ventana? Ahora aparece de la nada para darles esperanza y un dato: los extraterrestres usan un potente emisor de televisión que si se destruye permitirá volver a ver el mundo tal como es. Se confirma el método: somos alcanzados por ondas que desvirtúan la realidad circundante y oculta el rostro inmundo de los infiltrados. Pero la revelación movilizador llega, de nuevo, como prólogo a nuevas persecuciones y luchas. Nuestros ya inseparables Nada y Frank llegarán hasta el fondo de la cuestión, literalmente, pudiendo ver que hay humanos colaboracionistas que promueven el sistema de manipulación, consumo y yugo. Desde ese fondo que se divide en habitaciones donde encontramos humanos cenando con los extraterrestres y descubrimos sus intenciones y su método de traslación, hemos de subir hasta el techo, lugar desde donde emite el aparato ocultador.


La crítica se dirige a la televisión con sus mensajes de vidas felices pero vacuas, centradas en la superficialidad y la venta de la persona por el personaje. La televisión controla las mentes y repite la señal de control de la población. Así se vuelve imposible ver los mensajes subliminales que llenan los anuncios, las revistas y carteles publicitarios que, bajo atrayentes imágenes nos venden un producto con lazo: el que nos ata al consumismo y la reproducción de la especie como simple continuación consumista en aras de los venidos de lejos, conformando al planeta azul como un barrio tercermundista que poder expoliar con gusto propio y hasta de la paleta humanidad. La escena que unifica todos los mensajes y que aterra por su sencillez es la de la visión de un fajo de billetes que, puestas las gafas, arrojan una verdad lapidaria en forma de mensaje: Este es tu Dios

Holly reaparece y no para ayudar, precisamente. Si seguimos con Matrix podríamos pensar en Cifra, el traidor de la primera entrega, que desea ser reinsertado en Matrix. Pero no evitará el sacrificio de Nada, capaz de volver a sonreír y mandar un saludo a los infiltrados de horrendo rostro con el dedo corazón de su mano agonizante. La señal se para y los extraterrestres son reconocibles en la calle, la televisión... y el lecho.

Como ofertas de entrada, el texto que fue la inspiración del cómic que descubrió Carpenter y desde el que ideó la película y el visionado en una versión de español latino del filme. 

Infiltrado descubierto: ¿Algo va mal, nena? 

miércoles, 17 de febrero de 2016

"El beso de la pantera".


Lo que son los detalles y las relaciones que descubrimos o que establecemos... Sin ir más lejos, hace pocas semanas vi de nuevo Malditos bastardos (2009). No sabía entonces que uno de sus temas musicales era de Bowie (voz y letra, ya que la música era originaria de Giorgio Moroder) y que se había utilizado por primera vez en 1982, para la película Cat people, con letra y voz de Bowie, al que tanto le debió de gustar que grabó su propia versión para su álbum Let´s dance de 1983. Y ayer mismo me enteraba que la cantante de Texas, en solitario, grabó su propia versión en un disco de canciones de cine allí por el 2010.


Paul: El destino nos separó de niños. Gracias, Señor, por habernos vuelto a reunir aquí este día. Amén.
 


Relaciones y detalles encontré en la película de Paul Schrader, esta Cat People que tengo con el título de El beso de la pantera, y que nos retrotrae a 1982. Detalles como la preciosa intro, bajo los sones hipnóticos del tema homónimo al título y eso tono rojizo que imbuye a personas, panteras y escenario desértico. Allí llama la atención ese árbol ancestral, donde gente con pinturas, que les dan el aspecto de un animal moteado, dejan a una chica ante una pantera. Un poco antes, cuando el título y los créditos iniciales, la pantalla se aleja muy lentamente del suelo para mostrar el viento llevándose la arena que oculta los cráneos y huesos humanos. Muerte y vida, agonía y rituales de fecundidad que nos dan una pista de lo que vendrá. Y lo que nos podría parecer un sacrificio se resuelve en familia, con la joven siendo aceptada por una negra pantera de redondos ojos que se reflejan en los humanos. Como relación, decir que la mujer que la acompaña hasta la entrada de la cueva bajo el árbol, me recordó a las procesionales oferentes de La noche de las gaviotas, de Ossorio, todas de negro y con expresión cariacontecida.


Los ojos, la mirada, será vehículo importante a lo largo de la película. Y lo es ya en estos primeros minutos, conectando la mirada de la antedicha joven con otra, la que será protagonista, Irina, interpretada por la preciosa hija de K. Kinski, Nasstasja. Esta es una viajera que visita a su hermano, al que hace años dejó de ver. Este aparece con alzacuellos, clérigo de una misión, del que pronto sospechamos que guarda un terrible secreto... y una agilidad sin igual.

Irina, sale a visitar la ciudad, Nueva Orleáns, llegando de la mano de una taxista con dos pares de gafas, al zoológico. Su atención se centra en una pantera que los cuidadores tachan de peligrosa pero a la que el veterinario jefe no desea matar. De nuevo las miradas, la conexión, la sospecha de un algo que se nos escapa. Y la abstracción contemplativa de Irina que se queda a oscuras dibujando al animal en su cuaderno. El veterinario jefe regresa a escena para ver qué le sucede, teniendo en cuenta que el zoo ha cerrado hace más de una hora. Lo que es un encontronazo y una sospechosa conducta se resuelve en un trabajo: Irina pasa a la nómina del zoo. Y descubrimos que ella, como su hermano Paul, es bien ágil también.


Irina: Los sentimientos de un animal se pueden notar.

Oliver: Uhm, ¿usted puede?


Irina: Sí, a veces nos compenetramos.


Irina encuentra la horma de su zapato en su puesto. No solo está contenta con lo que hace, sino que ha hecho una amiga y parece enamorada del veterinario. En una conversación con la ayudante de aquel, descubrimos que Irina es virgen y genuina, dando la imagen de romántica empedernida, fuerte bajo la apariencia de una jovencita frágil. Oliver, el veterinario, bebe los vientos por ella. Y sus ansias no se quedan en ella sino que le impulsan a más: a descubrir el misterio de cierta pantera que ha realizado varios asesinatos o, porque la hipótesis queda en el aire, se alimenta de carne humana al tener un dueño asesino que así la trata. Se le ha visto en el escenario de un crimen; cazada y enjaulada, arranca el brazo de un operario del zoo; sin explicación, desaparece de las rejas que la retenían; buscada por policía y veterinarios, se descubre un escondido reducto del sótano de Paul, donde hay restos óseos humanos, cadenas y rejas.


Irina: Jamás he conocido a nadie que me gustara lo bastante como para acostarme con él.
 

Paul, el hombre al que le perdimos la pista y que regresará solo para fastidiar el idilio de su hermana con una propuesta incestuosa y la historia de unos origenes donde humano y animal se han fusionado por ritos de adoración y sacrificios de infantes. Ella le cree a medias hasta que note la transformación. Volvemos a la mirada, de la que aquí solo traigo a colación la femenina de Irina. Mirada que le permite ver de noche y colorear de una forma curiosa lo que le rodea, hasta que la mirada se convierte en una especie de radar que la conduce a la presa. Exteriormente sigue siendo la preciosa jovencita del inicio pero algo en su interior se ha roto y medra como nueva personalidad.


La pantera de azabache vuelve a escena, ocupando el lugar que antes ocupaba Paul, siendo ahora ya no cazada sino abatida. Y poniendo más misterio al misterio cuando en medio de la disección, aparece en su interior lo que parece ser un cuerpo humano. Sí, un brazo aparece y con él un gas amarillento que amenaza con ahogar a Oliver. En un tris, de la pantera ni del humano, nada queda sobre la mesa. Solo una sustancia viscosa rojiza, amarillenta, aún humeante. Nada que ver con otra blancuzca y comestible que aparecía cara el inicio de la película.


Visitemos la mirada de Irina en su viaje a Richmond. Yendo en tren, al inicio de un sueño que la vence, la vemos entrar por una puerta donde el rojizo y un son conocido la reciben. Esta escena me hizo gracia porque hay un momento en que todo parece quieto y hay un señor con sombrero detrás de ella. En esto, todo se mueve y no vemos al de detrás, pero por ciertas semejanzas y por el ambiente, uno recuerda el aeropuerto del inicio, cuando la escena rojiza cambia a la mirada de Irina y un cercano negro está a su lado. Sacando la gracia de la nueva perspectiva y de los personajes, hay como un cierre respecto al principio. Allí se iniciaba una vida, donde humanos y panteras conviven en torno a cierto árbol y su ritual. Los ojos de una mujer daban lugar a los de Irina. Aquí el círculo se cierra en este viaje onírico de Irina cara el escenario desértico. Oh, sorpresa, encontrándose con su hermano que le da cuenta de su origen.


Paul: Hace mucho tiempo, nuestros antepasados sacrificaban a sus hijos a las panteras. Las almas de los niños crecían dentro de las panteras hasta que se convertían en humanos. Entonces éramos dioses. Somos una raza incestuosa. Solo podemos hacer el amor con los nuestros. Padre con hija, madre con hijo, hermano con hermana... De otra forma, nos transformamos y antes que podamos convertirnos en humanos de nuevo tenemos que matar.

La ascendencia tribal queda para los hermanos y nosotros, quizás también para Femali, la señora que cuida a Paul y le atiende. Huérfana como los hermanos, vive con él y parece conocer su secreto o parte del mismo, sin dejarle solitario sino comprendiendo lo que sucede. No lo sabrá la policía, enterados de los desequilibrios mentales de Paul, recluido en orfelinatos y psiquiátricos, con unos padres circenses y suicidas. Lo barruntará Oliver cuando ella se transforme, estando a su lado en cama, tras el sexo. Y aceptará su transformación y su último deseo: vivir como pantera, dejar de sufrir por una existencia que no considera humana.



Y ahí nos quedaremos, con la noticia de esa tribu, con un Oliver que rehace su vida con la ayudante Alice, con Paul muerto, sin panteras asesinas en las calles y con un ejemplar azabache precioso en el zoo que acepta cariñosamente de Oliver un trozo de carne y un mimo. 


Ah, y con cierta señora que al principio de los trabajos de Irina en el zoológico, se dirige a esta en francés para decirle "mi hermana". Los hipnóticos sones del tema musical y la voz de Bowie quizás nos guíen cara ella...

Además de la belleza evocadora de la canción, me ha encantado la manera en que se tratan las transformaciones de humano en bestia.
 
Siempre distintas, jugando a enfocar partes o esconder el total entre sombras, dando la presencia del animal por su gruñido y haciendo aparecer de pronto al humano. Así, tendremos la de Paul saliendo de las sombras, donde el destello de un rayo lo muestra a medio transformar y la sombra oculta su cambio, o la de Irina al lado de un dormido Oliver, o la que no vemos de Paul tras acostarse con una chica rubia que encontró en un cementerio. Tanto esta chica como Irina como Alice acaban mostrando más o menos sus encantos y solo así puede entenderse esta nota en español de los carteles: "fantasía erótica". Y queda en el aire la visión del busto de Beatriz, en una nocturna visión de piedra que quizás nos llevase a los altos del paraíso escrito por Dante.