sábado, 20 de febrero de 2016

Leídos los "Relatos de Vampiros".

La recopilación presente la encontráis en la colección Eclipse de la editorial Edimat y supone un viaje de menos de doscientas páginas por el tenebroso mundo de los no muertos sedientos de sangre. Una selección de relatos breves que siendo anteriores a nuestro siglo siguen frescos y disfrutables y más o menos tétricos. Para poder hacernos una idea de lo que habrá, una introducción nos pone sobre aviso al inicio del libro. Luego, para poder concretar algo, aunque de forma sucinta, unas líneas que tratan sobre el autor se convierten en la puerta de entrada a cada relato. Una obra breve pero enjundiosa. Un divertimento para tardes de lluvia e invierno que te hará pasar una hora de miedo.


Como indicaba su nombre, la temática central es la vampírica, sacando un cuento que tiene a la Inquisición en su haber y no cuadra con el resto, a menos que uno haga un salto imaginativo y quiera ver la institución como una chupóptera de esperanzas, siguiendo la trama del relato. Los demás, sí, retratan al no muerto avisándonos acerca de sus hostiles intenciones. Siendo relatos de hace años, reflejan una época y mantienen la esencia terrorífica del chupasangre. Porque sacando aquel conde Drácula encarnado por Naschy, quizás por primera vez, de toda la vida el vampiro es odio y oscuridad, existencia dedicada al mal. Esta imagen se ha coloreado de diversos intereses y deseos hasta la desvirtuación ofrecida al público adolescente actual. Menos mal que este libro hace justicia al vampiro de toda la no vida, incluso con capa de forro rojo de por medio, y podemos deleitarnos en obritas de rápida lectura y escalofrío. Lecturas para horas crepusculares, como las de tantas obras literarias y cinematográficas que nos ponen a los cazadores de vampiros como seres tan nocturnos como ellos. Yo, para hacer honor a la tradición, escribo en la agónica llegada  de la noche auriense.


¿Qué imagen te has formado del vampiro? Yo me paré a pensar qué vampiros conozco y me salen unos cuantos en una vistazo que no quiere ocupar el grueso de esta entrada. Quizás podrías decirme tus vampiros en un comentario. Yo he conocido al monstruo deforme y grotesco que vive en regiones arcanas y alejadas, despojo de tiempos pretéritos que se muestran en sus largas uñas y su desaseada presencia, como los Nosferatu encarnados por Schreck y Dafoe. También he dejado parte de mi alegría y sangre ante la puerta de seductores nobles transilvanos que hacían gala de un temple y elegancia sin par como los Drácula en la carne de Lugosi o el dirigido por Coppola. He sentido el miedo teñido de rojo en el inmortal conde al que prestó cara Lee y emocionado ante el suicidio del interpretado por Naschy ante la imposibilidad del amor. También recuerdo que ha recorrido mundo y se ha batido con sus enemigos en una línea cómic de Marvel. Aventuras donde aparece Blade, el medio vampiro que los caza para eliminar de la faz de la Tierra. Pero recuerdo que otras veces el vampiro fue un ser humano y hoy convive con el resto de la población, como hace el encarnado por Neill. Este quería deshacerse de los vivos y convertirlos en ganado, mientras que los que persiguen al último hombre de cierta ciudad lo que quieren es comérselo de cena y que no llegue al día siguiente. No faltan los que se hacen pasar por vampiros, por aquello de salvar el esqueleto como pasó con Chiquito de la Calzada ni los que quisieran dejar de serlo como el maldito Depp. Los hubo estrellas del Rock como Lestat y hubo grupos de Metal como Skizoo que se vampirizaron para un clip.

Vayamos a beber del rojo manantial del libro, que es lo que prima. En la introducción de Victoria Robbins los que aparecen se las dan de históricos, recogiendo enfermedades y supersticiones entresacadas de los datos del pasado. A continuación, los vampiros se elevan al rango de literarios, conformando a veces el mito ya conocido y sorprendiendo en ocasiones que nos llevan a pensar que el mito tienen más caras que las del archiconocido Drácula de Stoker. La reafirmación de esa imagen que podemos compartir se fortalece con la del infame noble inglés Lord Ruthven, vampiro ideado por Polidori que se aprovecha de los inocentes y anima el camino de los cafres y truhanes. La imagen ya puede enriquecerse con el relato de Luigi Capuana, donde un espíritu vengativo de un hombre regresa para sorber, de los labios, la vida del hijo de quien fuera su mujer en vida. Lo que sí se confirma es una de las maneras de deshacerse de la maldición de sus visitas, que pasa por usar el fuego. Tan invisible como el espíritu es el Horla, saltando al vampiro de Guy de Maupassant. El que sufre sus intangibles visitas acaba descubriendo que el ser le oprime el pecho mientras duerme y se alimenta de él, además de agua y leche. Descubrirá que sigue siendo físico pero escurridizo. Usará fuego para matarle pero... ¿cómo comprobar la efectividad sobre un cuerpo invisible? Si damos un paso atrás en el orden de la publicación, llegamos al anónimo relato contenido en las Mil y una noches, con la curiosa historia de un vampiro oriental metamórfico que retiene a su esposa a la fuerza y aún le pide que guarde secreto de su condición. El breve de de L´Isle-Adam es un relato de terror y angustia relacionado con la Inquisición pero sin vampiros. Y los dos últimos, con la autoría de Carter Scott y Manuel Yáñez Solana, nos ponen en la tesitura de la descripción de la mordida vampírica como un acto que concede el placer, o lo sobrepasa, del orgasmo. Se fija en ello más y se regodea el primero, con la historia de un hombre que pensando conseguir magnífica compañía se encuentra en la casa de una vampira y un caníbal... y tres vampirizados seres humanos ya sin piel y eviscerados pero sedientos. En el segundo prima la venganza por una sentencia injusta y unas personas que engañan para tener la justicia de su lado.

Una introducción de corte histórico y 7 relatos breves con su brevísima introducción inicial. Obrita que se lee pronto y nos muestra la poliédrica realidad vampírica, tanto de autores clásicos como otros más cercanos a nuestro siglo. No solo nos aporta datos de la existencia vampírica sino, lo mejor, nos deja con dudas acerca de sus capacidades y la manera de protegernos de ellos. Estoy yo recordando que en la ossoriana Malenka ni crucifijo ni ajos hacían mucho...