martes, 2 de febrero de 2016

Leído "Lucio Fulci. Autopsia de un cineasta".

Ourense nada en tinieblas, rotas apenas por la fugacidad nocturna  de las farolas y pajarillos insomnes que trinan a lo lejos. Da gusto escuchar esta breve victoria de la naturaleza sobre el asfalto de la ciudad. Sí, es temprano pero quizás sea buena hora, ahora que casi todos dormís, para escribir y dar a conocer una obra repleta de misterio, oscuridad, sangre, sustos, humor, recuerdos y entrevistas. Es que no hace mucho, unos minutos realmente, he rematado la lectura de este libro de Javier Pueyo. Queden aquí estas notas sobre el mismo. Y un agradecimiento a Claustroman, que me lo ha prestado.


Como tantos otros escritos, lo bueno, el contenido real, comienza en la página siete y, sacando un índice que se encuentra al final, remata esta en la trescientos siete, con los agradecimientos. Antes, todo un despliegue de conocimientos acerca de este director al que apenas conozco pero que me ha salpicado de susto y sangre en varias ocasiones: el romano Lucio Fulci

Quizás ahora, con esta carga de lectura, pueda animarme a volver a ver El destripador de Nueva York (1982), filme que dejé por nauseabundo y con una carga de violencia y sufrimiento gratuito que llegó a afectarme. La que sí rematé y puede que salga reseñada en estas líneas en breve es Aquella casa al lado del cementerio (1980), interesante largometraje donde he visto por primera vez, que recuerde, un maniquí decapitado sangrante.

Es este libro un buen repaso a la filmografía de Fulci, desde sus pinitos como guionista, sus inicios como director y su paso por la televisión, amén de algún proyecto que queda sin su autoría por muerte en 1996. El libro está bien centrado en este aspecto artístico, quedando los datos biográficos ceñidos a lo que importa para conocer su cine. La biografía sintetizada no se sale apenas de lo que es el autor y está en orden a su arte.

Fichado como hombre gustoso de planos con cámara en mano, sangre, primeros planos de muertes y niños terroríficos, Fulci tocó desde la comedia a los documentales de pintura. Aquí tenemos la oportunidad de conocerle en una amplitud sensata y en medio de una época donde se codea con otras personas que no pertenecen únicamente al mundo del terror. De ahí que no sorprenda encontrarnos declaraciones de actrices o ayudantes que están al pie del cañón en películas donde trabaja él pero que luego salen diciendo que aquello no es más que un trabajo que, si pueden, no repetirán. Alguna vez no es que lo digan solo por el género, deseosos de mostrar que dan para más y en otros registros, sino que lo dirán por el propio director, cuya fama de serio hasta el malhumor le precedió. De todas, una lectura a las entrevistas que van cara el final de la obra, nos da las impresiones de distintas personas que en determinadas ocasiones trabajaron con Lucio y lo vivieron a su manera. La conclusión que se saca es que el hombre tenía su carácter, era serio en su trabajo, apasionado y culto, más director de guion y escenas que de actores pero no por ello arisco e intratable.


De amplio campo de acción, desde las comedias y los western, pasando por el musical, hasta el terror gore de corte sobrenatural. Se le cita mucho con el tema de los zombis pero ya ves que no, que da para mucho más. Y trabajó tanto en cine como televisión, pasando por diversos trabajos: guionista, realizador, director y hasta actor, en breves apariciones en sus películas. Pero, oye, que llegó a estudiar medicina y fue crítico de cine. Son sus primeros años, de los que dice en unas entrevistas citadas en el libro: Yo no quería convertirme en director, solo quería ser guionista... Después de casarme necesitaba dinero, así que puedo decir que para mí el convertirme en director fue un accidente alimenticio. Así, en 1959, filma su opera prima, parodia del cine de gángsters, Contrabando en Nápoles.

Pueyo continúa con su obra hasta el final de la vida de Fulci, marcada por una última película, Le porte del silenzio (1991), un proyecto que no termina, Maschera de cera (1997), y sus trabajos literarios en forma de libros y guiones. Y el libro no termina así sino que se analizan luego las influencias que deja, el término de la película que había empezado, hay entrevistas a actores, actrices, directores y especialistas varios que trabajaron con él, su obra completa, bibliografía, obras consultadas como blogs y fanzines y un magnífico índice donde no salen todos los títulos pero está tan bien expuesto que pronto encuentras cualquier cosa. No hay índice de materias, títulos o autores.

Una obra de consulta donde títulos, sinopsis, autores, fechas, influencias propias y la que él deja, impresiones del autor, entrevistas, fichas técnicas, se dan la mano para ofrecer una mirada amplia, aunque centrada en su trabajo, más que en su vida (Los rasgos biográficos son insertados en orden a comprender su obra). Letra de y para cinéfilos, con capítulos breves, acompañados algunas veces de fotos: carteles, fotos privadas, fotos de continuidad en los filmes,... Un trabajo de documentación digno y profundo, sin salidas de tono y equilibrado, donde se da voz a los que trabajaron con Fulci, sobre todo, y a quienes luego le disfrutaron o estudiaron.

En los capítulos iniciales da unos trazos biográficos y comienza con las obras donde Fulci trabaja, pasando de sus estudios de medicina a los artísticos. Luego, ya es un discurrir dentro del universo Fulci, no cerrado en el terror ni mucho menos en el género zombi, amplio, con una situación general, la exposición de sus películas y algunos comentarios acerca del nivel alcanzado. Continuamente, fechas, películas en las que se basó, novedades en su trabajo, gente con la que trata, impresiones de quienes le conocen, dificultades y aciertos. Es decir, te encuentras con lo que promete el título.

Felicidades, señor Pueyo, he disfrutado su lectura, aunque a veces se me atragantase con los datos (porque la documentación es seria y aquí las películas se citan con título original, fecha y título en castellano si lo hay) y la cantidad de gente y títulos que pueblan sus páginas. Gracias, editorial Tyrannosaurus, por apostar por estos libros. Y ya solo me queda decir que personalmente recomiendo un repaso a la escrita (las típicas faltas que se suelen escapar. Eso sí, con un aplauso enorme porque por fin puedo leer "guion" sin tilde, contra todos los que aún siguen escribiendo "guión") y que me gusta el papel papel, no el plastificado que usan en este. Peccata minuta.

Un par de enlaces a un par de entrevistas con el autor, presentando esta obra, así le conocemos y comprendemos mejor. Quedan aquí y aquí.