lunes, 8 de febrero de 2016

"El ataque de los muertos sin ojos".

Acercarse a la historia del Temple es fascinante y hoy he aprovechado para una lectura de menos de veinte páginas que luego os ofrezco como enlace. Es un documento con fechas, sucesos y personas que puede ofrecernos muchas claves para la curiosidad y la interpretación. Es un texto actual que, aunque solo sea por la noticia, avisa que los templarios fueron, en los primeros años de juicios, exculpados y aceptados en la comunión de la Iglesia. La excomunión que recaía sobre ellos fue levantada. Pero la conspiración real pudo más que los deseos pontificios de liberarles completamente y la Orden acabó disuelta, por decisión papal, basado en las declaraciones de propios y extraños, no por delitos en concreto. Se disolvió y se prohibió, bajo excomunión, su reapertura. Se me escapan las vicisitudes posteriores y el impacto de este documento en la actualidad, cuando aparecen tantos grupos que se denominan templarios y hasta algún sacerdote conozco que es capellán suyo. Imagino que al no tener reconocimiento eclesial y funcionar, algunos, como asociaciones de fieles para obras de caridad y enriquecimiento cultural, la excomunión no pesa sobre ellos. Y los que conozco tampoco son exaltados que patean contra la Iglesia ni se levantan como sucesores del Temple.

Con Lone en FKM 2015, presentando el tráiler del corto.
Lo que conocía Ossorio de ellos era la leyenda negra, vertida quizás en historias populares. Posteriormente, parece que los estudió. Y luego los trajo de nuevo a la vida en unas películas de terror que los tienen como protagonistas en su versión rediviva. Tetralogía de leyenda que crea un nuevo monstruo para el colectivo tenebroso. Tetralogía que, esperamos, en breve será actualizada con un corto titulado El último guión (sic. Ya sé que no se tilda y así lo comenté en A Coruña, cuando conocí al director el año pasado. Pero parece que se mantiene la tilde mal puesta). 

Tetralogía que no sigue un orden o cronología, ni siquiera una historia concordada. El hecho es que cada película es autoconclusiva. Incluso la forma de morir cambia en esta película respecto a la anterior, donde nos contaban que murieron públicamente y se colgaron sus cadáveres para que los cuervos les picasen los ojos. También cambia un poco el ritual explicado, eliminando la parafernalia de los caballeros y sus tajos por una extracción a mano del corazón de la víctima, que se devora. Se bebe la sangre de una doncella pero, en el estado actual de redivivos, ahora ya no muerden ni sorben el líquido vital, como sí hacían en la primera película. A mí estos detalles no me preocupan en demasía cuando podrían explicarse como dos secciones templarias distintas en su asentamiento aunque con un origen común. O como un revisión de la historia. ¿No se hace esto con los superhéroes y los monstruos? ¿No cambian de origen, causa de aparición, lugar de vivienda... y les mantienen la identidad?

Templario: Miserables, creeis que nos habéis vencido pero somos inmortales. Volveremos de las tumbas para vengarnos y, entonces, no quedará de este pueblo piedra sobre piedra.

Aldeano: Vamos a quemarles los ojos por si acaso.

Así que vamos a por este largometraje de Amando de Ossorio de 1973 (guion y dirección) donde repiten, por ejemplo, Antón García Abril en la música y Lone Fleming y José Thelman, en actores. Decir que estos dos hacen papeles distintos de los que interpretaron en La noche del terror ciego.

Aunque veamos escenarios de la primera película, sobre todo en el levantamiento de los templarios ciegos, estamos en otro lugar, en Portugal, en el pueblo de Bouzano, que cuenta con su particular celebración festiva referida a los guerreros orientales. Esta es otra confrontación respecto a La noche del terror ciego, ya que aquí se conoce la historia, el pueblo está habitado y los templarios son vistos como mera leyenda y leyenda derrotada, además.

Jack: ¿Qué están celebrando ustedes?

Alcalde: La fiesta de la quema. Commemoramos la victoria contra los caballeros orientales en el siglo XIV.

Jack: ¿Desde entonces? Veo que tienen buena memoria.

 

La fiesta popular tiene su música y fuegos artificiales, dando lugar a dos curiosas escenas. Una es la musical, con la misma melodía todo el tiempo, parándose solo ante un solo de batería que luego no vuelve a oírse. La otra es la referida a la "pólvora", que se repite y se retoma una y otra vez, con los fuegos de artificio en el cielo nocturno. En medio de esta fiesta suceden varias desgracias. Una de ellas, la que ocupará más tiempo pero no la definitiva, es la del levantamiento de los templarios ciegos. La tierra que les cobija ha recibido la sangre de una joven, en recuerdo de antiguos rituales de muerte allí cometidos, cuando los templarios eran de carne y hueso.
 

Ahora, Murdo, cejijunto contrahecho del pueblo, maltratado por muchos, se venga vertiendo sangre inocente en el cementerio, llamando a los templarios a su noche de muerte. Estos también están llevados por la ira, ya que fueron derrotados por los aldeanos y se les quemaron los ojos antes de encender sus hogueras por si volvían a la vida. El prior de la abadía lanza esa maldición y advertencia. Hoy, en noche de fiesta, cuando todos celebran la victoria sobre el mal, este resurge de la tierra.

Murdo: La abadía de Bouzano. Los templarios trajeron de oriente el secreto de la vida eterna y hacían sacrificios a los supremos poderes infernales.

Pero hay otra desgracia, más humana. Un recién venido para preparar los fuegos y bombas de palenque resulta haber sido llamado por la prometida del alcalde. Ella le conocía y un romance quedó en el aire por sus decisiones. Ahora, tras el reencuentro, prometen fugarse juntos... después de disfrutar del baile y un whiskito. Esta desgracia ya se cambiará en agridulce luego y se mantendrá indemne hasta el final.

Pero no todo es terror sobrenatural en Bouzano. Como es bien sabido, cuando el barco se hunde las primeras en escapar son las ratas. Aquí se descubre el alcalde, tipo corrupto y controlador que ante el peligro de muerte se escuda poniendo hombres y hasta una niña por delante para salvar su rechoncho pellejo. Autoridad pública, ordena y manda, quitando a algunos la diversión de la fiesta. Y atesora joyas y papeles con los que quiere huir en medio de la marabunta y escabechina de su pueblo. Es de notar que hasta los que aparecen como malotes al inicio acaban uniéndose para luchar contra los invasores pero este no cambia, no, y se merece la muerte que le regalan entre varios templarios y sus herrumbrosas espadas.


Tras quinientos años, el pueblo vuelve a plantar cara y decubre que si no se pueden destruir, sí puedes neutralizar a los caballeros. No faltarán ataques con aparejos del campo y con los cartuchos de pólvora sobrantes de los fuegos. Los supervivientes venden cara su piel y resisten lo mejor que pueden. El alcalde intenta que el gobernador le haga caso pero este, calentito en cama y con una chavalita de buen ver al lado, no le hace caso. Es su criada quien le avisa que están de fiesta y puede que le llamen beodos. Los diálogos son graciosos, una vez supera el gobernador su enfado por la interrupción de su descanso. Parece una desenfadada crítica a las instituciones y su parcialidad, permaneciendo indiferentes y hasta cachondeándose de los males ajenos. Crítica que llega al gobernador empezando por el corrupto alcalde bouzanés.

El caso es que los supervivientes se hacen fuertes en la iglesia y van resistiendo, sacando fuerzas de flaqueza, descubriendo curiosos túneles y preparándose un café como si estuviesen en casa. Del cura ni pío. Aquí reaparece el cariacontecido Murdo, cabreado con los que pensaba eran sus amigos redivivos, para morir con una sonrisa en el rostro. Aquí tendremos a Lone Fleming oponiéndose a los templarios que rodean a su pequeña, muriendo en el acto valeroso de salvarla. Aquí muestra su mezquindad el alcalde, capaz de lanzar a la niña en medio de los guerreros solo por poder escapar él en un cercano coche. Aquí se hará de día para descubrir la soledad en que ha quedado sumido el pueblo y ver que los muertos han caído bajo los beneficiosos rayos solares.

Aquí ya solo hay muertos a manos de los templarios ciegos pero ninguno se levanta. Vemos, también, la faz de un caballo; visión que deja atónitos y temblorosos a los dos humanos que lo tienen delante. Se da la curiosa escena de un grupo de recién levantados caballeros que petan a una puerta con su espada y luego, sin que nadie toque la puerta, resulta que la franquean tan tranquilos. Y hay nueva escapada de una humana en uno de sus caballos. Mantienen estos y sus dueños la característica velocidad de la calma y la atmósfera repleta de extraños sones de ultratumba.

Vaya por delante una crítica completa sobre la película y un documento de investigación y divulgación histórica sobre el Temple