miércoles, 9 de septiembre de 2015

Devorado "Zombis A. C."

Soy de los que prestan y aceptan libros, revistas y demás material tocable y transportable en la mano. Sí, me muevo en el cambiante y peligroso mundo del intercambio y la confianza, consciente de la responsabilidad al aceptar una obra que no has comprado y siempre temeroso de que la joyita que has dejado no regrese a tu estantería.
El caso es que el buen amigo Alberto "claustroman" me está inundando con su amplia colección Z. Un mundo desastrado y post catastrófico en forma de varios libros y algún cómic que ha hecho mis delicias en pasadas jornadas. Así me he comido "Apocalipsis Z", "Los caminantes" y "Apocalipsis Island", entre otros. Hoy le hinqué el diente a "Zombis A. C.", publicado en Dolmen. Un tomo de 96 páginas que contiene una historia en cómic, una versión de esa historia en palabras y un par de entrevistas con los autores, además de algunas ilustraciones y bosquejos, a mayores. Completito, pues, y digerible.

La cosa tiene curvas, las de una ramera de Cortona, precisamente. Y es que ella tiene el secreto de la inmortalidad y comparte tal don con un legionario, la noche anterior a la batalla del lago Trasimeno. En tal batalla, los romanos reciben otro mazazo del cartaginés Aníbal. Y el amigo Zomerio Viriato queda en un curioso estado consciente de no-muerto. Me he sorprendido gratamente de la creativa respuesta que se da a la pregunta de por qué no ha muerto cuando debería estarlo. Porque, como bien indica el título, estamos ante una historia de zombis, un relato que pretende reflejar al primer zombi y dar una explicación de su existencia. De paso, nos cuentan una de romanos y nos divertimos un poco. 

La acción del cómic es la historia del dicho Zomerio, enclavada en la época republicana de Roma, en las II Guerras Púnicas. La de Zomerio y su unidad legionaria de zombis... zombis afines a Roma y sus intereses, zombis que comen carne pero que conviven felizmente con sus compañeros de batalla, zombis que acaban convertidos en un símbolo de resistencia y fortaleza.

Luego viene el relato. Una manera de contar lo mismo o casi. Aquí partimos de una inocente visita escolar a un museo y a la labia del guía, que encandila a los peques, relatándoles la historia de Zomerio a partir de la contemplación de toda una serie de bustos. Claro, el tiempo ha pasado y, si en la historia gráfica teníamos la versión desde la perspectiva del protagonista, aquí tenemos una variante, a varios siglos vista, con lo que eso conlleva de (des)conocimiento y aparición de varias versiones del mismo hecho.

Lectura ágil, la historia contada de dos formas distintas que se complementan y no cansan, material adicional... Pues sí, vale la pena conocer el origen de los zombis de la mano de Rincón y Colorado. En una época de boom Z sienta bien la creatividad y lo diferente, manteniendo la identidad.

Y para quien quiera un poquito más... Lea.

lunes, 7 de septiembre de 2015

Leído "Ubik" de Philip K. Dick.

Quizás aprovechar un desvelo matinal para terminar "Ubik" sea una buena forma de replantearte el día, jeje. Y es lo que hice, tras ver que los minutos pasaban pero el sueño no volvía. El problema es que ha amanecido y hasta de la luz dudo ya.

Había escuchado hablar sobre la novela y el autor y, cuando la vi en la estantería de la biblioteca, no pude evitar dejar de lado otras opciones para poder pasearme los ojos a lo largo de sus 314 páginas.

Básicamente, estamos en un mundo donde humanos conviven con humanos con capacidades psíquicas y humanos que neutralizan tales capacidades. Tras un contrato que le lleva a la Luna, un grupo de estas personas sufre un atentado y, a partir de ahí, comienza una carrera por la supervivencia. Con una pregunta básica que traerá a los protagonistas por el camino de la amargura: ¿quién ha muerto en el atentado y quién sigue vivo? El final de la novela te traerá esa pregunta si no, incluso, el cuestionamiento de toda la realidad, incluida la del mismo encargo y viaje.

Y es que Dick vuelca aquí su ingenio para volver a presentarnos personas que leen las mentes o tienen visiones del futuro o son capaces de neutralizar a esas personas, imposibilitando que usen tales poderes. Y no te lo pierdas: a humanos cotidianos que hacen negocio con todo ello. Otra del amigo: la aparición de grandes empresas que controlan el cotarro. 

También está el tema de los difuntos: en esta sociedad, la muerte y el enterramiento está mal visto. De eso nada, lo que se hace es congelar al difunto y colocarle en una friovaina que permita registrar su actividad neuronal y conectar con ella de cuando en cuando. Así, según lo que uno pague y la propia fortaleza de la señal cerebral, se pueden establecer períodos de charlas con los criogenizados... hasta su total extinción. ¿Qué es lo nuevo que aporta Phil en esta obra? Que si hasta ahora teníamos a los vivos que van a visitar y hablar con los "semivivos", ahora podremos estar del otro lado, sintiendo y decubriendo el mundo tras el cristal y el frío. Sí, acompañaremos a un grupo de semivivos, con su particular mundo. Y la cosa es movidita: hay referencias temporales, personas con capacidad de aprovechar cualquier atisbo de chispa vital cercano para devorarlo, comunicación vivos-semivivos y viceversa, posibilidades de configurar la realidad circundante, capacidad de modificar la realidad entre ambos mundos,... Y la duda acerca de la misma realidad: ¿cuál es la verdadera?

Llegué al final poco antes del amanecer y las últimas líneas me dejaron con la impresión de un "mundo cebolla", de una realidad que se va manifestando en distintas capas, sin la posibilidad de llegar al final, con la constante duda de qué hay más allá y cómo llegar.

La novela la leí con facilidad, sorprendido por el continuo bombardeo (al inicio de cada capítulo) de la publicidad sobre el producto "Ubik", siguiendo bien esa línea temporal de aparición de personajes, contrato, vuelo a la Luna, atentado, regreso a la Tierra y las aventuras en pos de la verdad. Donde me paré más y me atrapó fue en el misterio de Ubik, las distintas versiones de lo que pasó, el mundo donde acaban los miembros del equipo de Runciter y la identidad de los entes que ayudan o impiden la vida... y el final, claro.

Me encantó pero no la recomiendo como introducción a Phil Dick. Yo empecé por sus relatos y, de hecho, de ellos hablo para meterse en su mundillo creativo y enrevesado. Desde que le conozco y empecé a leer no he dejado de admirarme.

martes, 1 de septiembre de 2015

Vista "Spider baby".

La semana pasada dio para mucho...
Otra sorpresita de la biblioteca pública de Ourense, referencia para mí estos meses calurosos. Desde hace años, repartidos en una esquina de la sala de peticiones y devoluciones, organizados por décadas, hay la oportunidad de llevarse varios DVD y Blu-Ray con películas, series y documentales. No le he prestado mucha curiosidad ni tiempo porque ya uno tiene bastante material como adquirir más peeeero resulta que una mirada casual dio con esta película (y dos más, que aparecerán en la foto).
 
Terminada en 1964 y proyectada con malos resultados en 1968, "Spider baby" es una comedia de terror, en blanco y negro y subtitulada en castellano. Al menos, la edición que hay en DVD, ya que parece que nunca llegó a nuestro país en otro formato para el gran público.

La cosa es que un superviviente de cierta familia cuenta cómo en ella se ha dado un curioso síndrome que lleva a los jóvenes a degenerar mental y físicamente. Un síndrome que cree ya desaparecido. Y recordará la aparición y desaparición de los últimos Merrye que lo portaban en la sangre. Estos son una familia cuidada por el buen chófer, Bruno, que les anima siempre a comportarse y no hacer el mal ni odiar, amén de protegerles del mundo más allá de la verja de la propiedad. El problema, como tantas veces, se da cuando alguien llega a la casa y perturba esa situación de inestable control. Y no se crean que los civilizados recién llegados sean menos tarados que los habitantes del inmueble. Algunos tienen más peligro, al ser personas cuerdas que siguen su instinto egoísta, en pos de sus intereses pecuniarios. Y es que, por medio, se encuentra una cuantiosa herencia familiar.

Varios detalles captaron mi atención. Y es lo que comparto pues, para datos, luego un enlace os informará debidamente.
En primer lugar, la banda sonora, sobre todo la canción primera, que pone voz a los créditos. Estos, dibujados y con letras terroríficas que nos adelantan la dinámica de la película, representan situaciones, objectos y personas sonrientes. La misma canción tiene un aire desenfadado y cómico, tanto a nivel musical como de letra.
Luego, la aparición del negro, al que no le auguras un buen final. Y la pregunta que se queda en el aire: ¿desde cuándo el negro es el primero que muere en los filmes? Ironía aparte, magnífica fotografía con esa perspectiva que sigue el rostro del mensajero. Comenzamos a ver las posibilidades tenebrosas cuando a su inocente pregunta de dónde se encuentra tal casa, los vecinos responden con miedo y una madre oculta a sus hijos en casa. Pronto tendremos la ocasión de saber el origen de ese miedo. La aparición hipnótica de Virginia Merrye, una de las hermanas bajo el cuidado atento y cariñoso de Bruno, el chófer de la familia, supone un fatal encuentro del mensajero con uno de los habitantes de la casa.
La ternura del mencionado Bruno es otra perlita que me conmovió. Ver a este chófer grandullón (y más en comparación con las ejem, ejem, delicadas hermanas) que no juzga a esta familia de monstruitos sino que la cuida y se preocupa por ellos, les llama por su nombre y les recrimina delicadamente el mal hecho, protegiéndoles también de los males fuera de su propiedad... o del mal que estos podríam hacer, llevados de su síndrome endogámico que les lleva a la depravación. Preciosos instantes los últimos, donde toda la familia se reúne, incluso los huidizos y escondidos tíos del sótano, y el bonachón Bruno se encoge de hombros, con una sonriente y simpática cara, antes de la eliminación completa de los habitantes de la sórdida casa. ¿No os emociona esa mezcla de calculada destrucción junto al cariño por sus protegidos?
 
Y si tengo que resaltar otro detalle, sería el del final. Cómo la escena primera encalla en esta y queda en el ambiente la tensión no resuelta del mal como última palabra... y aparece la pregunta (literalmente) de si esto es o no el final. Nuestro particular narrador, siguiendo la estela de un libro sobre enfermedades extrañas, lo cierra y da por concluido el curioso síndrome familiar. Supone la "lejanía" de su estirpe como una magnífica protección contra el mismo, lo supone destruido junto a sus descastados parientes lejanos. ¿Pero podría este revivir en la ingenuidad de una niña que sonríe ante una araña que teje su tela?
Para mí, una joyita en blanco y negro, con una imagen clara y definida y una banda sonora que ayuda a mantenerse serenamente en tensión humorística y horrorizada.

- Sepa usted más entrando en la Abadía.
- Repantínguese en el sofá, hombre, anímese

lunes, 31 de agosto de 2015

Lectura de "Pórtico", de Frederik Pohl.

Hace un tiempo, escuchando la sección "Negro sobre blanco" del podcast "La Órbita de Endor", salió a la palestra esta obra. Publicada en 1977, inició una saga que, por lo pronto y tras una recomendación, yo no seguiré leyendo. Recibió el Nebula del mismo año y tres premios más en el 78.

En las 365 páginas de la versión castellana de la editorial Nova, me encontré con una breve introducción de Miquel Barceló y con la novela de ciencia ficción que a más de uno encandiló. Me encuentro entre ellos.

Capítulo a capítulo se desarrollan dos tramas con un mismo protagonista: Robinette Broadhead. Y cada trama ocupa un capítulo, de tal modo que asistimos a dos tiempos distintos, según el capítulo sea par o impar. La verdad es que al final, asistimos al tiempo actual y al tiempo recordado al mismo tiempo, aterrándonos el descubrimiento de una ruptura del continuo espacio-tiempo de la que el protagonista tiene culpa y no la tiene. Ánimo, enfrascaros en la lectura y lo entenderéis.

En vuelo rápido, estamos ante un hombre que se somete a terapia psicológica, debido a un dolor que le corroe e impide ser feliz. No solo aparecen sus traumas de infancia y juventud sino que se desarrolla la historia reciente que desembocó en su vida de héroe actual, tras la cual palpita la sombra de una decisión fatal. El universo que conoce es el nuestro, tras el descubrimiento de Pórtico y Pórtico Dos. Instalaciones extraterrestres, ambas, desde las que despegan naves hacia destinos desconocidos. Quienes se atreven a subir a ellas, los prospectores, nunca saben si encontrarán algo al final del viaje de ida o si regresarán para contarlo. Salpicando las páginas, tendremos ocasión de culturizarnos un poco con las notas que, en forma de anuncio, registro de vuelo y fragmento de conferencia, nos darán algún conocimiento a mayores del universo, la desaparecida raza de los Heechee o detalles del tiempo y costumbres.

Me gustó el ritmo narrativo, sacando algunas páginas intermedias, en la época de la vida en Pórtico. Y que se mantengan las dos tramas no cansa porque se van complementando los datos y las piezas, mostrando la vida y obras del protagonista y sus adláteres en la busca de una vida mejor y siguiendo la pista de los extraterrestres que abandonaron un día ambas instalaciones Pórtico. Siendo autoconclusiva, y sabiendo ya de sus continuaciones, es una obra abierta, con muchos interrogantes por desvelar y con la posibilidad de nuevas aventuras. Al menos, el prospector Broadhead está en camino al cambio y eso crea expectativas en cuanto a que se reanime y vuelva al espacio; los interrogantes sobre los Heechee y su tecnología siguen en el aire, no digamos ya sobre su conformación física, su historia y el por qué de su desaparición; hay vida fuera de la Tierra y nos quedan muchas cosas que saber sobre un día cotidiano en Venus, por ejemplo, o que nos cuenten más sobre las ratas de túnel.

La lectura es sencilla, aunque hay detalles y situaciones que solo las entenderemos si seguimos leyendo. Las explicaciones llegan pronto pero, más de una vez, primero se nos ofrece algo (ya sea un nombre o un artefacto) que hasta unas páginas más adelante no sabremos bien de qué se trata. ¿Ralentiza la lectura? Pues no, más bien, la agiliza, sabiendo que pronto sabremos algo más.

viernes, 28 de agosto de 2015

Diversión litúrgica.

Estos días de tanta movida apostólica y celebrativa, entre la novena de san Pedro en Olás y las misas por intenciones varias, son maravillosos para rehojar el Misal y disfrutar con la diversidad de oraciones que se pueden elegir. 
Bien es verdad que hay semanas en las que memorias o fiestas nos imponen una selección muy concreta pero ¿qué decir de tantas jornadas "libres"? Aquí puede salirse uno del esquema de domingo que rige la semana para buscar Misas por intenciones varias, elegir una Plegaria Eucarística que no sea la II o conmemorar algún santo que sea de probada devoción en el pueblo. 
No sé en otras latitudes pero lo que es en nuestros pueblos, prima la intención de Misa por los difuntos. Hasta hay quien elige ir o no ir según el difunto por quien se aplique. Y esto nos empobrece y nos lleva a prácticas donde el degenere está asegurado. Véase, si no, lo que pasa cuando no nombras en su sitio al familiar por el que te piden la Misa o cuando dices que en la Eucaristía del domingo siguiente caben todas las intenciones pensables y decibles pero no una solita que dé gusto a una solita familia.
Y ya no digamos lo bien que te lo puedes pasar si decides emprenderla con los posibles saludos iniciales y petición de perdón (porque hay vida más allá del "Yo confieso") o las aclamaciones tras la consagración. Lo mismo digamos en cuanto a bendiciones y despedidas.
Decididamente, animo y yo mismo lo hago, a revisar y reconocer el Misal Romano; inventarse menos moniciones y sacar más opciones de lo que ya está escrito; enseñar a los feligreses las distintas opciones que la celebración nos propone en cuanto a diálogos sacerdote-fiel y unir, alguna vez, la celebración de Laudes o Vísperas.
Diviértanse sanamente, ea.

miércoles, 19 de agosto de 2015

Un estudio sobre Poe y su influencia en España.

El regreso a la biblioteca pública de la calle Concejo, en Ourense, me ha llevado por las oscuras sendas de lo fantástico en el s. XIX. Y es algo que no me cuesta, ya que gusto de relatos de esa ápoca desde hace años. Lo bueno es haberlos conocido hace años y poder ahora releer y ampliar lecturas. Eso, las lecturas y relecturas, junto a las dramatizaciones radiofónicas que Juan José Plans y su equipo realizaron hace años. Cito al programa "Historias" de RNE, aunque hay varios programas que he tenido oportunidad de conocer estos últimos años, en forma de podcast.
 
 Hoy, de todos modos, no he terminado una obra de la época sino un breve estudio acerca de nuestra literatura patria fantástica a lo largo de todo el XIX y la influencia que, sobre todo, ejerció Edgar Allan Poe. He leído casi de un tirón "La sombra del cuervo. Edgar Allan Poe y la literatura fantástica española del siglo XIX", de David Roas, en Devenir Ensayo, libro número 24 de la colección, Madrid 2011. 209 páginas interesantes y ágiles. Tanto que he tenido que para en algún momento, ante el delirio de las obras y autores citados, que son muchos, y la información contenida. Pero es que eso mismo es lo que me llevaba a una página más: que es un estudio ágil, que lo disfrutas leyendo y te animas a seguir y seguir.

Amén de una bibliografía donde se aúnan obras literarias y, sobre todo, estudios sobre las mismas y otras, sobre épocas y narrativas y autores, tenemos una obra densa de lectura sencilla. Vamos, que se deja leer y te permite tomar notas y ampliar luego las investigaciones personales. Aúna ambos disfrutes. Las veces que he tenido que pararme a investigar léxico técnico, que algo hay, son pocas, con lo cual puedes ejecutar una lectura seguida interesante y amena, divulgativa, sin perder en profundidad.

Comienza con la metodología que seguirá, la crítica a los escritos anteriores a su investigación y la exposición histórica de la situación literaria española, concretada en el ámbito de lo fantástico. Ante la perspectiva de un país donde lo fantástico quedaba relegado a consumos minoritarios y producciones censuradas o poco valoradas por los críticos, tenemos un siglo XIX que se mueve entre los relatos pseudofantásticos (los hechos parecen preternaturales y se explican o sobrenaturales y se manifiesta un acto de fe o de crítica moral), lo fantástico legendario y lo gótico. Pronto aparece en escena E. T. A. Hoffmann y se hace sentir su influencia, llevando a lectores y escritores a mundos que parecen reales en sus formas físicas pero cuyas leyes son de corte onírico y fantástico. Esto, sobre todo, en la primera mitad de 1800. Poe, por vía de traducciones francesas y, a continuación, adaptaciones y traducciones al castellano, entrará con bastante buena fortuna, a partir de 1856.

Ya el libro os dará datos más precisos en cuanto a autores, fechas y obras. Y es que los capítulos centrales del estudio están dedicados a estas obras que dan a conocer a Edgar Allan Poe en España, cómo fueron criticadas (para bien y para mal) y cómo influyeron en algunos autores. No faltarán referencias pero la mayor parte de citas son del orden de la literaratura narrativa, echando en falta un vistazo mayor a la poesía, cosa que uno se espera con la sombra del animal citado en el título del libro. ¿Desmerece por ello? Para nada. 

Como digo, he disfrutado de la lectura de este ensayo y me he alegrado de su existencia. Temo ahora no llevarme muchos datos y conclusiones en la mollera pero sí animo a que alguien más lo pida en la biblioteca y aumente las marcas de fechas de préstamo en su primera hoja.

jueves, 13 de agosto de 2015

Leído "El gran ritual" de Juan José Plans.


La edición que tengo ante mí es de 2012, de la editorial La Página, en su sección de Sýnoros Narrativa, con ISBN: 978-84-15607-05-2.

Es el segundo libro que voy a buscar a la biblioteca pública de Ourense y, curiosamente, el segundo que me llevo y le ponen el folio para las fechas de devolución. Vamos, que regreso a la costumbre de llevar libros y resulta que los dos primeros son recién estrenados. El primero fue el estudio literario que hizo Lovecraft sobre el "horror cósmico".

Y este es de un autor español que ahora comienzo a disfrutar en su dimensión literaria. Hasta ahora, lo hice escuchándole; ahora ya le leo. Le conocí hace años, en realidad conocí hace tiempo su voz. Fue en la nocturna escapada a mundos de fantasía y terror de cada domingo... o madrugada de lunes, siguiendo sus pasos en RNE, Radio1, en el programa "Historias". Luego, gracias a Youtube, pude verle haciendo televisón y en algunas entrevistas. Enterado de su muerte, pocos días después, pude escuchar el eco de su paso, mortecino pero firme, en forma de póstumos honores.

El caso es que este libro me lo encontré de casualidad, buscando en la biblioteca un estudio gallego sobre la narrativa de horror, de Poe a Lovecraft. Estaba en una estantería, como otras novedades literarias, y sus letras amarillas, como si fuesen una funesta orden real chamberiana, me subyugaron. Ya no hubo más pasos y el libro salió de mi mano para, ya en el crepúsculo del hogar, hablarme y trasladarme por sus arcanos vericuetos oscuros de tinta.

 La transportación, casi brusca, fue a dar con mis anhelos a un perdido pueblo de la montaña asturiana. Allí fui testigo de la superstición y la fe, de la fuerza de pasiones ancestrales que muestran al ser humano como la continua potencia entre lo tremebundo y lo bello, de la magia de la naturaleza y la fuerza de los aldeanos que la temen y le sonríen. Plans, como un patriarca en una noche de invierno, va reuniendo a sus personajes en torno a las hogueras de la quema de una mujer, de la noche de san Juan, de la intimidad, de la amistad y el amor, de las familias necesitadas y de los acérrimos enemigos que extienden su odio a las generaciones venideras, del misterio, las costumbres y los conjuros... y de la ciencia ficción. Hay esperanza, humanismo, un final abierto gracias al cariño y la voluntad que se conjuntan entre un hombre y una mujer, hay hasta la bendición del anciano sacerdote que se desvive por sus fieles, sin ocultarles que es como ellos.

Básicamente, descubrí el alma y las acciones de unas gentes montañesas que unas veces saben vivir y se alegran con las fuerzas naturales y sobrenaturales y, otras veces, sucumben a la fuerza oscura que destila una mirada aviesa y solo sabe pronunciar muerte. Visité las casas de aquellos aguerridos que conjuran el mal con ensalmos y bendiciones o amuletos pero no siempre lo exorcizan de sus propios corazones. Y viajé un poco más allá, sí, sin moverme del pueblo. Porque algunos aldeanos se fueron y regresaron, siendo distintos. Algunos acabaron, huyendo, y dejan detrás rencor o desasosiego... hasta el final, que los que marchan son los que dejan esperanza. Pero no solo hay viaje por la montaña y la ciudad y el mar. No, hay más, hay noticias lejanas de desconocidas estrellas.

Si se quiere un resumen, digo que es la aventura y desventura de un pueblo y sus gentes.  Pueblo de montaña donde la presencia de Dios es tan creída como la del demonio y sus brujas, como la de los trasgos y las xanas. Allí, hay la sospecha de brujerías, hay amores y odios, con sus consecuencias de redención o de destrucción y miedo. Sí, ves familias separadas y enemigas y sus propios Romeo y Julieta. Sigues la vida natural de los cultivos y los animales, con la presencia cercana de la nieve, por un lado, y el calor del verano y la noche de san Juan, por otro. Pero la vida se extiende más allá de la aldea y viajaremos de la mano de quienes un día se fueron. Al volver, no solo se contarán las historias de lugares lejanos sino que se descubrirán los cambios operados en los viajeros. Y habrá reencuentros, no siempre felices. Unos volverán, algunos marcharán. El destino de "lo que tiene que ser" los conduce a la muerte o a la esperanza. En medio de todo esto, la luz de las hogueras en la festiva noche de san Juan, donde se espera a la estrella del santo y su bendición. Estrella que baja a las cercanías del pueblo y brilla con una inusitada intensidad y cercanía. Lo que a ella sigue será fatal. Pero, ¿cuántas veces en nuestro cotidiano rular no sigue el mal a lo bueno? Al final, esperanza. Y nada fácil, por cierto, y parida como un niño inesperado. Inesperado y hasta temido.

Es una inmersión en el alma asturiana con sus demonios, supersticiones, fe y cultura. Es una novela donde la ciencia ficción se hace un hueco y este es pequeño pero significativo. Es una novela costumbrista pero también mágica y espacial. Hay detalles de la vida cotidiana en la montaña y continuos diálogos donde dichos y refranes se dan cita. Hay hasta reflexiones acerca de la vida, de nuestro paso por ella, de la lucha entre el odio y el amor y sus consecuencias para un pequeño pueblo, de nuestro lugar en el cosmos.

Termino la lectura entre nuberos y amenaza de lluvia, con el espectral baile de la luz solar tras la espesura nebular. Ourense, jueves 13 de agosto de 2015.
No se me hizo fácil la lectura pero ahora que reposo de ella puedo decir que vale la pena. Es una novela donde estás, desde el principio, en medio de la gente y sus dichos. Apareces sin posibilidad de conocerles. Solo puedes seguir y desvelar lo que las páginas contienen. Y aplicártelo. Porque no es un escrito de evasión sino que contiene historias que todos los días nos encontramos y tiene una serie de reflexiones en las que podemos profundizar y tiene opciones que tantas veces son decisiones que hemos de tomar. Por mucho temor que atenace, Juan José Plans, una vez más, nos lleva a creer en la esperanza y el amor. Y el miedo.