martes, 1 de septiembre de 2015

Vista "Spider baby".

La semana pasada dio para mucho...
Otra sorpresita de la biblioteca pública de Ourense, referencia para mí estos meses calurosos. Desde hace años, repartidos en una esquina de la sala de peticiones y devoluciones, organizados por décadas, hay la oportunidad de llevarse varios DVD y Blu-Ray con películas, series y documentales. No le he prestado mucha curiosidad ni tiempo porque ya uno tiene bastante material como adquirir más peeeero resulta que una mirada casual dio con esta película (y dos más, que aparecerán en la foto).
 
Terminada en 1964 y proyectada con malos resultados en 1968, "Spider baby" es una comedia de terror, en blanco y negro y subtitulada en castellano. Al menos, la edición que hay en DVD, ya que parece que nunca llegó a nuestro país en otro formato para el gran público.

La cosa es que un superviviente de cierta familia cuenta cómo en ella se ha dado un curioso síndrome que lleva a los jóvenes a degenerar mental y físicamente. Un síndrome que cree ya desaparecido. Y recordará la aparición y desaparición de los últimos Merrye que lo portaban en la sangre. Estos son una familia cuidada por el buen chófer, Bruno, que les anima siempre a comportarse y no hacer el mal ni odiar, amén de protegerles del mundo más allá de la verja de la propiedad. El problema, como tantas veces, se da cuando alguien llega a la casa y perturba esa situación de inestable control. Y no se crean que los civilizados recién llegados sean menos tarados que los habitantes del inmueble. Algunos tienen más peligro, al ser personas cuerdas que siguen su instinto egoísta, en pos de sus intereses pecuniarios. Y es que, por medio, se encuentra una cuantiosa herencia familiar.

Varios detalles captaron mi atención. Y es lo que comparto pues, para datos, luego un enlace os informará debidamente.
En primer lugar, la banda sonora, sobre todo la canción primera, que pone voz a los créditos. Estos, dibujados y con letras terroríficas que nos adelantan la dinámica de la película, representan situaciones, objectos y personas sonrientes. La misma canción tiene un aire desenfadado y cómico, tanto a nivel musical como de letra.
Luego, la aparición del negro, al que no le auguras un buen final. Y la pregunta que se queda en el aire: ¿desde cuándo el negro es el primero que muere en los filmes? Ironía aparte, magnífica fotografía con esa perspectiva que sigue el rostro del mensajero. Comenzamos a ver las posibilidades tenebrosas cuando a su inocente pregunta de dónde se encuentra tal casa, los vecinos responden con miedo y una madre oculta a sus hijos en casa. Pronto tendremos la ocasión de saber el origen de ese miedo. La aparición hipnótica de Virginia Merrye, una de las hermanas bajo el cuidado atento y cariñoso de Bruno, el chófer de la familia, supone un fatal encuentro del mensajero con uno de los habitantes de la casa.
La ternura del mencionado Bruno es otra perlita que me conmovió. Ver a este chófer grandullón (y más en comparación con las ejem, ejem, delicadas hermanas) que no juzga a esta familia de monstruitos sino que la cuida y se preocupa por ellos, les llama por su nombre y les recrimina delicadamente el mal hecho, protegiéndoles también de los males fuera de su propiedad... o del mal que estos podríam hacer, llevados de su síndrome endogámico que les lleva a la depravación. Preciosos instantes los últimos, donde toda la familia se reúne, incluso los huidizos y escondidos tíos del sótano, y el bonachón Bruno se encoge de hombros, con una sonriente y simpática cara, antes de la eliminación completa de los habitantes de la sórdida casa. ¿No os emociona esa mezcla de calculada destrucción junto al cariño por sus protegidos?
 
Y si tengo que resaltar otro detalle, sería el del final. Cómo la escena primera encalla en esta y queda en el ambiente la tensión no resuelta del mal como última palabra... y aparece la pregunta (literalmente) de si esto es o no el final. Nuestro particular narrador, siguiendo la estela de un libro sobre enfermedades extrañas, lo cierra y da por concluido el curioso síndrome familiar. Supone la "lejanía" de su estirpe como una magnífica protección contra el mismo, lo supone destruido junto a sus descastados parientes lejanos. ¿Pero podría este revivir en la ingenuidad de una niña que sonríe ante una araña que teje su tela?
Para mí, una joyita en blanco y negro, con una imagen clara y definida y una banda sonora que ayuda a mantenerse serenamente en tensión humorística y horrorizada.

- Sepa usted más entrando en la Abadía.
- Repantínguese en el sofá, hombre, anímese

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