lunes, 28 de septiembre de 2015

Vista "Zombie".

Policía contra un mal nacido de la brujería vudú.
Tras una noche con pocas pero bien aprovechadas horas de sueño y un desvelo anormal que me llevó a contemplar el final del eclipse de Luna, me puse a esperar alegremente el amanecer con esta película de Lucio Fulci. Película que he visto titulada como "Zombie", "Zombi 2", "Nueva York bajo el terror de los zombi" y "Nueva York bajo el terror de los zombies".


"Quiero irme de esta maldita isla. AHORA".
 Vengan, vengan conmigo cara el muelle 15 del puerto de Nueva York, que tenemos que aprovechar que está un precioso día para enterarnos de la historia de un velero que permanece atracado en tal muelle y ha aparecido vagando a la deriva. Sí, amigos, nadie en cubierta y un olor nauseabundo en el camarote. No se pareciaban signos de vida y tampoco es que pudiésemos llamar "vivo" al ser que emergió para darle una dentellada a uno de los policías que investigaba la embarcación. 


Top less bajo el agua es el baile de actualidad.
Por favor, miremos sin tocar, no vaya a ser que nos contaminemos o que nos siente mal la miasma pútrida que notamos en el aire. Sí, un aire de ciudad que parece resonar con la percusión hipnótica de tambores lejanos. Porque de lejos viene el barquito, de lejos. De una isla indeterminada y que no suele aparecer en los mapas de navegación de las Antillas. Sí, hasta allí hemos de navegar, siguiendo a un periodista y a la hija del dueño del velero de este muelle 15. Desde aquí iniciaremos una singladura que nos permitirá adentrarnos en una isla donde la superstición popular de la mayoría se enfrenta a la ciencia de un doctor que usa la iglesia del lugar como hospital. No nos llevemos a engaños: es un hospital, un lugar donde se cura. Porque el doctor, obsesionado por conocer las causas y la cura de un mal que recorre el poblado, desde el otro lado de la isla, quiere conseguir una cura. Pero, ¿qué cura se ha de intentar frente a la muerte? La muerte, sin duda, de estos hombres y mujeres que... un momento, ¿lo han visto? ¿Se ha movido ese cadáver?... Entonces, no es la muerte sino algo peor es lo que tenemos delante. El médico, devenido ya casi un "mad doctor", mejor dicho, no acierta a ponerle nombre y se niega a secundar a la población, que sabe que lo que pasa es que sufren el vudú, la maldición de morir para renacer corruptos y no-muertos.
Entre sones acuáticos y oníricos, un tiburón elige zombi como almuerzo.
Miren, miren, allí, muy cerca ya. Lo suficiente para distinguirles. Son no-muertos corruptos, con gusanos en sus cuencas oculares, con la ropa raída y sus carnes fláccidas y abultadas, descompuestas. El doctor sigue en la isla, poniendo en peligro a su mujer y sus criados, firme en su deseo de permanecer en estas tierras que siempre se nos muestran con la banda sonora de los tam-tam repetitivos, advirtiendo de la presencia de los brujos del vudú. Brujos que no veremos, de los que sospechamos por su obra: estos muertos redivivos para una existencia de lenta contaminación. Traen la muerte con ellos. Algunos son vecinos del pueblo pero otros son difuntos del cementerio. Y no importa la fecha de su inhumación, no importa. Incluso unos colonizadores españoles se levantan de su tumba, por mucho que hayan pasado cuatrocientos años de descanso.

Siempre hay quien huye, ¿verdad? ¿De qué otra manera podríamos enterarnos en nuestro mundo civilizado de los horrores de tribus que ni sospechamos? Pero, ay, aunque hayamos escapado de esa tierra de noche y muerte, aunque otros hayan muerto y nosotros podamos alcanzar de nuevo la embarcación que nos lleve a islas más salubres, ¿qué importa?

La radio lo advierte, aunque estemos lejos: Nueva York cae bajo la incesante llegada de zombis. El mismo locutor, que pone voz a la noticia, muere durante la transmisión... 

Aunque ya los zombis se habían separado de su aparición por causas mágicas, como en "White zombie", estos son fruto de la llamada del vudú. Pero aparecen a raudales, sin importar el lugar de la isla donde hayan sido enterrados o la época de su defunción. Así están, hechos una piltrafa. Y sobreviven a todo... menos a un tiro bien dado en la sesera. No siempre se acierta a la primera y en la película tendremos nuestra buena ración de gore. Pero son fuertes estos no-muertos. Y con buen aguante al auga, que hasta nos encontraremos a uno en medio del mar. Uno que debe ser bien apetitoso cuando resulta ser la presa de un tiburón que antes iba a por una bella zagala de sangre viva. Qué tendrá el zombi para que el escualo la deje ir para enfrentarse a este despojo que, por encima, presenta batalla y no se queda atrás en cuanto a dentelladas.
Mal que arrasa con la vida, causando dolor y gritos, muchos gritos.
Al vudú lo notamos por las leyendas que se comparten entre algunos personajes y por el incesante tam-tam que resuena en todas las escenas de la isla Matul. También por su obra: la aparición de muertos que o se levantan al callarse su corazón o salen de sus sepulturas, dando más de un susto. Muertos lentos, de los de toda la vida, pero con fuerza. La necesaria para agarrar a una mujer del pelo y atraerla a la muerte, con escena de empalamiento ocular incluida y gritos, muchos gritos, aunque nadie te acuda. Y menos el marido, que se ha ido con cajas destempladas a buscar cura para la zombificación.

Zombis agusanados...
Los muertos redivivos son espeluznantes, descompuestos, agusanados, y tiran adelante en busca de carne viva que da gusto. Hasta el punto de juntarse unos cuantos en camino a Nueva York, sobre el puente bajo el que los ciudadanos conducen ajenos al peligro... o avisados a tiempo de perder toda esperanza. Ciudad que aparece en el título pero que, en la película, se le conceden los primeros y últimos minutos. Lo fuerte sucede en el mar y en la cuasi desconocida isla de las Antillas. También bajo tierra, de donde salen unos cuantos muertos. Y, en un plano de pocos segundos, se nos ofrece incluso la salida a la luz solar desde la perspectiva del muerto.
... y otros zombis bien recientes.

No sé, dejemos este muelle número 15 del puerto de Nueva York y salgamos ordenada y silenciosamente. Cuando estén a salvo podrán saber más si leen las crónicas de otros supervivientes como este señor y este otro de aquí.

Aquí, la película entera.  

Seguro que claustroman se sonríe ahora satisfecho :-)