jueves, 24 de septiembre de 2015

Vista "El jorobado de la morgue".

Influenciado por los gustos de claustroman, unidos a mis recuerdos y deseos no siempre públicos, me he puesto a ver unas cuantas de Paul Naschy. Y las veo con cariño, lejos del desapasionamiento o la posible frustración, al ser películas que no son nada de nuestros gustos actuales. Así que con cariño me las pongo y las disfruto. Hasta tal punto que esos ritmos calmos, esa sangre que tantas manos embadurna, esas muertes tan instantáneas, esas historias donde conviven un mundo público y normal con otro grotesco y nocturno, han hecho las delicias de estos días. Porque sí, las veo de día, qué desgracia. Ya, ya, al ser fan del difunto Juan José Plans debería dedicarme al vicio por la noche o a la luz de una vela, ya... pero no puede ser.
 
Con calma he disfrutado de este Naschy que integra en su deformado personaje al manipulador de cadáveres de una morgue y al enamoradizo que trata y es bien tratado por las guapas mozas de la película.

El título ya nos lo avisó: tendremos jorobado y tendremos morgue. Y más, amigos, más. Una historia de amor donde el jorobado trata cariñosamente a su amiga de la infancia. La visita en su agonía y llega cuando ella ya ha muerto. Acudiendo a un doctor del hospital, pretenderá revivirla, aunque no podrá evitar perder su cuerpo corrupto de dos semanas en descomposición. Ello no obstaculiza a que el doctor le prometa que tendrá a su amada igual. Y comienza una carrera de asesinatos, sobre todo de jóvenes chicas enfermas, para alimentar una célula protoplásmica que crece y crece y come y come, empezando por el caldito que le preparan en el laboratorio y terminando con los cadáveres que le llevan a su conformación final. Busquen, busqen, a ver si el doctor le concede al jorobado una novia digna.

Es una obra de los setenta, así que tendremos a nuestro monstruito en forma de chepudo que no trae mucha suerte a sus allegados, al menos, no a los que le maltratan. Aquí creo que solo unos niños que le apedrean son los únicos que no reciben una muerte horrible o una leche en todo el careto. Tendremos al científico loco, un doctor que le trae al pairo la moralidad de sus actos, poniendo por delante sus investigaciones y su deseo que crear vida. Y si hay doctor loco, hay laboratorio con sus líquidos de colores y sus potingues humeantes, con la banda sonora de un permanente burbujeo. De todas, no se lo pierdan, el laboratorio se sitúa en una gruta que ha sido usada tanto por la Inquisición como por los judíos perseguidos (lo cual, me ha retrotraído al visionado el otro día, por la 2, de "La torre de los siete jorobados"). Hay más, hay más: hay doctoras, dando más protagonismo a la mujer, sin reducirla a simpre empleada o ayudante del doctor. Y hay paisanos, gente del pueblo que vive sus vidas, riéndose del deformado y sin meterse en los asuntos de los estudiados; compartiendo, eso sí, espacio con ellos en lugares de alterne tales como una taberna. Aquí me falta investigar porque uno de los habituales, cuando aparece la primera vez, me pareció el cantante Camilo Sesto, jijiji.
 
La acción transcurre en Alemania, aunque la gente nos parezca compatriota pero, bueno, que es una película y hemos de hacer una prudente suspensión de la credulidad, ¿no? Aunque la banda sonora, al menos en sus inicios, tampoco nos ayude mucho a situarnos en territorio teutón.

Me llamó la atención la singular vida del jorobado, Gotho, capaz de disfrutar desmembrando cadáveres en una depósito de hospital como de ser el esforzado amante platónico de una joven agonizante, a la que visita cada día con flores frescas. Aquí vi esa doble dimensión de Naschy, con el amor que quiere redimir y las circunstancias que conducen a la visión pesimista de la existencia. Porque es cariñoso el maltrecho hombre, enamoradizo y un poco suelto de cascos, y con cariño responde a quien le trata bien. No hay más que ver cómo confía y se entrega a las órdenes del doctor o cómo las chicas, sacando una camarera gritona, no le rechazan sino todo lo contrario. Y es esforzado, ya sea en la visita cotidiana a la amada enferma como en la lucha a muerte final. Amor y muerte uniditos de la mano, como cuando hay que matar a Waldemar Daninsky para liberarle de su maldición licantrópica. Rememorando la novela de Cristina López, "Tierra de brumas", el amor lleva a la muerte.
 
Otro detalle que me cautivó fue la referencia final a Lovecraft y la risa que me pegué al ver al monstruo, perdón, al primigenio. Que este sí es monstruo y no se anda con chiquitas y se come a la gente. Eso sí, es visible y matable, dándole su ratito de gloria en pantalla, tanto auditiva como visualmente.

Como no voy a escribirlo todo, lean un poco más y cliquen en la parte resaltada, que aprenderán y disfrutarán como jorobaditos.

- Dos críticas desde el magnífico blog abadiense.
- Un despiporre y desbroce de la cinta desde un blog curioso.