miércoles, 30 de noviembre de 2016

Calendario propio.

Hoy podemos ponerle nombre propio al libro que contiene el calendario litúrgico-pastoral confeccionado por la CEE, y es el de epacta, también cartilla. Junto con el ya mentado de calendario litúrgico forman una tríada de posibilidades y la ocasión de llamar a casa cosa por su nombre.

En un vistazo a la epacta podremos observar como algunos días tienen detalles escritos que otro no. Por ejemplo, para el de hoy (Felicidades si te llamas Andrés) veremos que hay unas líneas explicativas. Se reservan para domingos y algunas fiestas. Luego, lo cotidiano: color de vestidura (casulla y estola), citas bíblicas,... Una síntesis para enriquecer la propia formación y hasta poder rezar desde esta información para la celebración de la Misa y el Oficio Divino.


Pero hay otros días en los que cambia algún detalle como la inclusión de una lista de poblaciones españolas o la mención de órdenes religiosas. Veamos este ejemplo, referido a una fiesta universal con varias poblaciones que tienen, a mayores, mención de santos propios. Por ejemplo, Ourense. Y es que uno de esos innombrados compañeros de Pablo Miki, en su martirio, fue nuestro ourensano Francisco. Bien, de rigor es que en el común de las celebraciones eucarísticas se nombre a san Pablo Miki y compañeros, mientras que en Ourense añadiremos el nombre de uno de ellos. Ah, curiosidad, se menciona su presencia en el Oficio de Lecturas del día. 

Un último ejemplo es el de que no haya una memoria concreta que celebrar en la Iglesia universal pero sí en la local. Tomamos la búsqueda de Burgos y resulta que hay una mención así. En su diócesis sí se nombra (o puede nombrarse, al ser Memoria Libre) a este santo mientras que en el resto del mundo es un día de la V semana del Tiempo Ordinario.


Esto me lleva a recordar que hace años encontré una hojita donde figuraba el calendario propio de Ourense. Era de los 90, creo, y no contemplaba los cambios y adiciones últimos, sobre todo teniendo en cuenta las últimas beatificaciones de mártires. Hablé con un par de sacerdotes y hete aquí que la cosa fue adelante y se publicó, en resistente y buen papel, como un cuadernillo donde estaba en nuevo calendario actualizado. Como la cosa me salió bien entonces, me animo a otra propuesta hoy.

En la web diocesana no hay rastro de este calendario propio, lo que es una pena. Sí hay, lo que es una gozada, una relación de santos ourensanos o que pasaron por nuestras tierras, junto a nuestros patronos diocesanos. Yo me pregunto si cabe la actualización del calendario propio de Ourense y su añadido a la web diocesana. Tal calendario imitaría al general para España y a cada día se le añadiría sus pautas litúrgicas, color de vestiduras, citas bíblicas y algún dato biográfico o histórico. Si la cosa quisiera crecer, propondía a continuación un artículo de corte histórico y devocional (o dos artículos) en la revista Auriensia, lo que le daría publicidad al calendario y visibilidad académica a los celebrados santos y fechas reseñables para nuestra diócesis. 
Consciente de las limitaciones, no me detendría en las propuestas y, en un trabajo de búsqueda y charla con los debidos párrocos y delegados episcopales, habría de realizarse una obra sencilla, destinada al pueblo, donde se recogiesen todos los santos y beatos diocesanos, quizás los Siervos de Dios, se adjuntase foto de su talla parroquial o fotos conservadas junto con su novena o las oraciones del Oficio que les convengan. Una obrita donde se conjugue la liturgia y la mención parroquial, la fotografía patrimonial, la historia y la devoción. 

De todas, por quedar me quedo con lo primero. Actualización del calendario propio de Ourense con sus debidas anotaciones, al modo del calendario para España de la CEE, y publicación en pdf por la web diocesana.

martes, 29 de noviembre de 2016

Hola, Dios.

El calendario litúrgico puede verse como un acontecimiento, un encuentro personal con el Misterio personal que es Dios, al que nos invita la Iglesia y que tiende a trastocarnos y cambiarnos para bien. La oferta es la salvación. No una propuesta abstracta que se reduce a un "sufre en este valle de lágrimas que luego te recompensamos con una vida eterna fetén"; tampoco una revolución social que identifica los progresos humanos con la expansión del Reino de Dios. Ni uno ni otro pero un poco de ambos, desde una perspectiva más amplia y humana trascendente. Sin embargo, para entendernos, veamos el año litúrgico como un encuentro para dialogar.

La situación es fácil de imaginar: la Iglesia nos ha invitado a conocer a Dios y charlar con Él. Como en las presentaciones humanas, hay un saludo cordial entre los conocidos y un cambio de atención hacia el nuevo interpelante, con las debidas presentaciones nominales.

- Señor, este es fulanito.
- Fulanito, Jesús el Cristo.

Y a ver por dónde va la cosa, que los caminos pueden ser muchos e incontables, aunque el rito de presentación sea casi el mismo y no tenga mucha creatividad. Al menos que no sea como suele ser últimamente entre humanos, que más parece un diálogo (monólogo, realmente) de besugos que un tratamiento personal. Me refiero al consabido saludo "Hola, ¿qué tal?" respondido con la consabida respuesta "Hola, ¿qué tal?". Luego que vengan a decir que las celebraciones católicas siempre son iguales. Ya...

Pero volvamos a la propuesta y presentación entre la Persona de Jesús y el humano agraciado a quien la Iglesia le ha puesto a Dios al tiro. Como un conocido, ella es quien presenta y puede propiciar más encuentros pero no decide por ti ni te marca los pasos. Sí sabe de muchas vidas, estilos y maneras, y te las dará a conocer, pero el camino es personal, por mucho que no sea en solitario. Sus etapas tendrá.

Una vez presentados, se despliega un posible camino: el del calendario litúrgico, con sus celebraciones, propuestas, leyes y posibilidades. Al final, es una senda magnífica y rica que no puede olvidarse. Integra magníficamente las dimensiones personal y comunitaria, ofrece a lo largo de un año los aspectos centrales de la vida y misterio de Cristo, enriquece con celebraciones públicas y devociones privadas, cita documentos de la Iglesia universal en orden a la formación, anima al cambio y la integración en una familia, mueve a la acción sin descuidar la contemplación. Todo un acontecimiento donde el hombre viaja a lo más profundo y se impulsa a lo más alto sin perder de vista la tierra que sustenta su caminar. 


El año litúrgico, en cuanto realidad manifestada institucionalmente, marca una serie de tiempos para presentar el misterio que Jesucristo es. Siendo misterio no estamos ante un problema que la razón haya de resolver sino de un ámbito vital que explorar y con el que entrar en contacto cordialmente. Esos Tiempos, a vista de pájaro,  son el Adviento (preparación a la Navidad), Navidad (la encarnación del Hijo de Dios), Cuaresma (penitencia para eliminar lo que nos sobra y captar lo necesario vital), Pascua (efusión festiva de vida y vida eterna) y el Tiempo conocido como Ordinario o Per annum (un largo paseo al lado del predicador del Reino). A lo largo de todo un año de celebraciones, la figura de Cristo emerge luminosa en el horizonte del dialogante y le deja entrever que hay aún más.

Celebración, sí, por ser el mejor ámbito para conocer a Jesús, pero no el único. De todas, la Misa se lleva la palma. En un ideal que sea sencillo de concretar, en Misa detectamos varias presencias crísticas que, en orden de aparición, pueden sintetizarse en:

- La comunidad, Cristo que convoca y reúne, así puede dirigirse a todos a un mismo tiempo y escuchar de todos las oraciones, con sus intenciones personales y comunitarias;
- el sacerdote, presidente de la celebración, representación de Cristo Cabeza. Él preside pero es en unión con los demás fieles que celebra la Misa. El pueblo tiene su protagonismo;
- las lecturas. Un vistazo al Antiguo y al Nuevo Testamento en busca de las huellas del salvador;
- pan y vino consagrados, presencia real aunque misteriosa.

Estas cuatro se dan en el momento de la Misa, cosa que se amplía con la misión de salir del templo con ganas de decir la verdad y hacer el bien, al modo de Cristo. Estaríamos ante una presencia de compromiso. Y no es extraña al humano hacer. ¿No nos pasa que algunas veces conocemos a alguien y eso nos lleva a querer ser como él? La liturgia puede ser el profundo manantial y la alta cumbre de la vida cristiana pero no es lo único. Celebración y acción.

Viendo el calendario tendremos amplio surtido de citas bíblicas a lo largo del año, algunas reflexiones, pautas celebrativas, introducciones formativas a cada Tiempo y al propio calendario,... Así puedes construir tu propio diálogo sin acudir a Misa. Ojo, no es lo mismo pero es por si no puedes siempre acceder a las lecturas integradas en la celebración. Las citas ahí están y las puedes seguir con tu Biblia. De hecho, recomiendo que leas un poco más que lo narrado en Misa. Las lecturas son selecciones y quizás te ayude conocer los capítulos enteros o saber qué pone en el anterior y el siguiente.


¿Qué Biblia escoger? Un debate siempre interesante que soluciono eligiendo la versión de la Conferencia Episcopal Española. Es de rabiosa actualidad y resulta contener el texto que se aplicará a todas las celebraciones. Es decir, los textos bíblicos de esta versión y los leccionarios y demás libros litúrgicos coincidirán. El cristianismo, lejos de quedar reducido a religión de libro es religión de la Palabra y la Persona de Jesús (de indisoluble e idéntica naturaleza que Padre y Espíritu), así que el diálogo es cosa fácil a partir de esto. 

Las tres fotos son capturas de pantalla del actual Calendario Litúrgico de la CEE en pdf.

lunes, 28 de noviembre de 2016

Más del calendario litúrgico.

Esto del calendario litúrgico da para mucho. Y no solo como objeto de estudio sino como impulso vital. Y es que nos encontramos ante una realidad performativa, transformante. Al acercarnos a la vida y misterios de Cristo nos ponemos en contacto con Él mismo y eso cambia o llama al cambio, a la conversión, a la metanoia. Los estilos, caminos y maneras son casi tantos como las personas. Por eso la Iglesia incluye en tal calendario a los santos, teniendo como primer ejemplo a la Virgen, cercanísima al Salvador, Dios Hijo. En ella y los santos de diversos siglos hay una diversidad suficiente como para encontrar modos y maneras de acercarse a Dios y escucharle para poder caminar con pasos renovados por el mundo y la historia. Vemos que la santidad se concreta y da frutos de vida  a lo largo de la existencia. La Iglesia no lo olvida y acude a los santos para fijarse en sus vidas, pedirles y agradecerles. Yo soy de la teoría de que un santo no puede reducirse a ser el abogado de tal o cual causa o enfermedad sino que es compañero de vida, hermano adelantado en el nuevo camino que es el de la fe, la esperanza y la caridad.

Escribí que el calendario eclesial podría verse como un círculo o espiral que tiene a Cristo en el centro, irradiando en torno gracia para dar y tomar, traspasando la historia y sus gentes. En este dinamismo que nos sugiere estas formas hay cambios de año en año. Un ejemplo es la adición de nuevos santos y beatos que se proponen para el culto y la meditación. No es solo que nosotros lleguemos a cada año de una manera distinta sino que el mismo calendario se renueva y enriquece de año en año. En ocasiones hay reformas que lo trastocan en ciertos aspectos y lo acomodan a nuevas pastorales y devociones, mirando a lo universal. Otras veces hay cambios menores. Son oportunidades para sentir la vitalidad de esta kairología, que no se queda en una propuesta abstracta sino que se condensa en fórmulas y fechas asumibles y comprensibles.

Muy en concreto, anímese usted a tener en las manos un libro donde el calendario litúrgico se le explique y abra. Puede consultarlo en pdf en la web de la Conferencia Episcopal Española o comprarlo en librerías religiosas como la ourensana Betel. Un libro portátil, con un formato que facilita la manipulación y la lectura, que da las claves para conocer y celebrar los tesoros de la liturgia. Si uno tiene este instrumento puede ponerse más a tono con las celebraciones, la oración, la meditación, la propia acción cristiana. Este libro ofrece párrafos de documentos eclesiales, cita las Escrituras de cada día, marca normas y desvela ciertos simbolismos, aporta ideas y anima a una profundización en la letra para llegar al espíritu. 

Ser es un acompañante precioso para cualquiera, por la cantidad de información y claves interpretativas, amén de ideas y recordatorios que acaban influenciando en una participación más activa y fructuosa en Misa, por ejemplo. Y lo que supone como enriquecimiento personal... Allí se tocan temas como el adorno de la iglesia en los diversos Tiempos, las oraciones que se deberían usar para remarcar mejor con palabras lo que la celebración dona, desvela el sencillo simbolismo de los colores litúrgicos y recuerda que el Misal tiene más de un prefacio. Siendo un libro que habla de lo universal, de lo católico, baja a concreciones y particularidades de la nación. Nos recuerda que aunque sigamos un mismo calendario que el resto del mundo, hay fechas particulares que no deben olvidarse y han de celebrarse en la diócesis. Un ejemplo es la fecha de la ordenación del obispo o la dedicación de la catedral. 

Marco un detalle más que lo hace una obra interesante y es el de que contiene el santoral universal. Así que es mejor buscar aquí que en cualquier página de la Red las fechas de los santos. 

El año litúrgico no ofrece días con una similar intensidad sino que marca algunos sobre otros. No siempre es lo mismo. Pero no pienses que eso significa que hay días despreciables y otros aprovechables, no. Las celebraciones no tienen la misma categoría y hasta el número de lecturas en Misa fluctúa según corresponda.


No digo más por hoy, aquí puedes consultar esto y más, mucho más: 

domingo, 27 de noviembre de 2016

Feliz año nuevo, hermanos.

Acostumbrados a noticias como el inicio del año chino y algunos acontecimientos similares en distintas partes del mundo, puede que pase el primer día del calendario católico, hoy. Tal calendario se denomina “calendario o año litúrgico”. Y sí, empieza hoy, primer domingo de Adviento. Es una fecha móvil, así que no cuentes que para el año sea el mismo día. ¿Cómo saberlo, pues? Cuenta cuatro domingos antes de Navidad y tienes el Adviento, las cuatro primeras semanas del año litúrgico.

Estas semanas son preparación para la Navidad. Dos Tiempos fuertes a nivel litúrgico, lo que significa que concentran el Misterio de modo sublime. Tampoco hay que pensar que la liturgia distingue estos tiempos fuertes de otro que sería “débil”. Se les conoce así por una concentración especial en la profundización y relación con Cristo. Bien, como detalle, los tiempos que les dicen fuertes son cuatro y ocupan como la mitad del año litúrgico. La mitad son preparaciones y los otros dos el despliegue festivo de momentos centrales de la vida de Jesucristo. El Adviento prepara la Navidad, fiesta del nacimiento, mientras que la Cuaresma lleva a la Pascua, luminosa celebración de la resurrección.

Algunas festividades tienen días fijos y otras se mueven al compás de sencillas reglas numéricas y astronómicas. Si los cuatro domingos anteriores a Navidad son los de Adviento, la Pascua viene a ser el domingo tras el primer plenilunio de primavera. Las reglas llevan a simbolismos como el de los cuarenta días cuaresmales, recordatorio, entre otros, del recorrido por el desierto por parte del pueblo elegido.

La cronología no es lo fuerte cuando se habla de este tipo de calendario. Lo que interesa no son una serie de fechas sino acontecimientos que trascienden la historia y llegan a nosotros para conceder bendición. Claro, la cronología no se elimina sino que se supera y aúpa a sus máximas posibilidades. Este calendario no se reduce a cronología sino que es kairología, ya no es solo tiempo sino tiempo de salvación.  El centro es Cristo y su buena Noticia. Esta sucede en la historia, al haberse encarnado el Hijo de Dios, pero no se queda en el pasado, no se limita a un pasado que hoy solo se recordaría. Por eso las expresiones hablan de "conmemoración", ni repetición o representación sino presencia actual, real.

El año litúrgico podría representarse como una espiral o círculo que parte y regresa a Jesucristo. La fiesta principal es la pascual, alrededor de la que surgen otras como las dedicadas a la Virgen, los ángeles, los santos,... Todas son participaciones de la iluminación de Pascua. Una primera impresión es la donación, la gracia divina que antecede a la voluntad humana. Pero no es un monólogo de Dios consigo mismo sino que es Palabra que busca el corazón humano. Así, el calendario de la Iglesia no es una simple colección de celebraciones sino una convocatoria a participar de algo mayor que uno mismo pero en sintonía con mi interior aspirante a Dios.

El círculo dinámico de este particular calendario implica una llamada y pide una respuesta para que su desarrollo  no sea depósito dogmático o historia de unos textos y sus interpretaciones. Acapara la vida, no solo una parte sino toda una vida. Pidiendo todo da mucho más. El año litúrgico puede llevar  a  cambios, lejos  de las típicas buenas voluntades de primeros de año civil sin mayor repercusión luego. De primer domingo de Adviento a la fiesta de Jesucristo, Rey del universo, se desarrolla todo un año con lecturas diarias, oración, modelos de distintas épocas y modos de vida, comunidad y soledad,...

viernes, 25 de noviembre de 2016

Ex libris.

Un libro tiene mano de todo lo que le pongan y hay veces en que el interés recae no solo en lo escrito por el autor sino en lo complementado por el dueño o el comprador que luego lo regalará. Tales aumentos literarios suelen consistir en dedicatorias o ex libris. Son estos declaraciones de propiedad más o menos elaboradas donde el dueño pone su nombre. Si se personaliza da algunas claves sobre su personalidad, gustos o familia. Es una forma elegante de marcar un libro como propio.

No sé tú pero llevo unos años sin escribir en la primera hoja del libro. Anteriormente, escribí el nombre, luego añadí una fecha que era la de la adquisición, y llegué a escribir nombre, fecha y lugar de compra del libro. Alguno que otro lleva escrito de otras manos, unas pocas son de quienes me regalaron la obra y les pedí una dedicatoria. Menos son los que portan el autógrafo del autor literario.  Uno hay que me sirvió para pedir una autógrafo a alguien famoso de Ourense. Cosas (y personas) que pasan, jeje.  Y por ahí andará ciertos cuadernillos y un oracional con firmas mil de compañeros de estudio o participantes de algún encuentro juvenil.

Ahora se me metió en el magín esto de un elaborado ex libris. Quizás uno donde todo el texto vaya en latín y se rodee con hojas de laurel (por aquello que me dijeron acerca de la etimología de Louredo, mi pueblo natal), o haya referencia a los lemas latinos Memento Mori o Et In Arcadia Ego. Incluso pensé en liberal algunos libros con condición de que cada lector añada su nombre y fecha de recepción del libro, junto a su localización geográfica.

No conozco el mundillo de los ex libris. Es algo que me llama la atención, tras horas entre antiguos libros y saber del grabado de un profesor mío. Este consistía en un monje trabajando en su scriptorium. Revelador.

En internet hay ejemplos mil. También sé de algún encargado de biblioteca que fue fotografiando y recogiendo ejemplos distintos de los libros que iba catalogando.

jueves, 24 de noviembre de 2016

Volviendo a lo de la biblioteca del Seminario.

Una cosa es poder acercarse a un lugar emblemático como la biblioteca del Seminario Mayor de Ourense y otra es tener una cantidad enorme de espacio físico que aleja o una imposibilidad que nos impide que la conozcamos. Una solución posible es que la biblioteca salga a la Red y se muestre, haciéndose realidad conocida.

Con don Alejandro, años ha, en el depósito de la biblioteca. Se estaban seleccionando las obras que aparecerían luego expuestas en los pasillos, con motivo del bicentenario del Seminario en Ourense.
 
A día de hoy la verdad es que la cosa no pinta bien. Las noticias en el actual blog del Seminario no le dedican tiempo (las últimas son de 2009), los medios de comunicación no parecen haberse pasado por allí desde hace años, tras aquellas ruedas de prensa por la aparición del único ejemplar completo del Catón Compostelano y otro título que ahora no recuerdo, y la web diocesana ya no dispone de un espacio dedicado como tenía la versión anterior. Podemos decir que es una biblioteca invisible de la que tenemos pocas noticias actuales en la Red.

No hace tanto, el encargado de aquellas, don Alejandro Delgado, comenzó una labor informativa que incluía entradas en el blog del seminario, una sección en la web de obispado de Ourense y algunas aportaciones en publicaciones varias, incluyendo un o dos ruedas de prensa en la misma sala de lectura, con motivo de algún curioso descubrimiento. En concreto, la sección mentada era interesante porque hacía referencia a obras antiguas que tenían que ver con nuestra ciudad o revestían una importancia o curiosidad meridianas. Alguna vez la escribió Alejandro y otras era un profesor del Seminario quien se encargaba de explicar el contenido de la obra y contextualizarla, aportando datos curiosos.

A día de hoy podría volverse a la carga, dedicándole alguna que otra entrada cotidiana en el blog del Seminario, si no abrir un blog propio. Imagino que el problema es el personal, el tener alguien que se ocupe del tema. Porque lo que es contenido hay para dar y tomar. Quizás un seminarista interesado que pueda escribir cada poco, visibilizando este precioso ámbito literario. Cada tanto, aportar una lista de novedades, reseñar algún título actual, aportar fotos de ex libris curiosos o dedicatorias,... El nivel se aumentaría con la participación puntual de porfesores. Una posibilidad es que los que escriban reseñas para la revista Auriensia podrían recortar sus aportaciones y mandarlas para el blog. Otra es que pongan algunas líneas donde expliquen lo que leen y algunas notas apreciativas personales. Y, lo que sería emotivo, que don José Ramón, que, si no es, fue bibliotecario, publicara sus "resúmenes de lecturas", pues eran obritas brevísimas pero enjundiosas.


miércoles, 23 de noviembre de 2016

Biblioteca del Seminario.

Hay lugares de gran interés en nuestra pequeña y antigua ciudad. Los que los conocen no solo los comentan sino que acaban enseñándolos a amigos. Es una de las formas que dan a conocer esos rincones entrañables y mágicos. ¿Quién no ha querido pasear por el interior del santo Ángel o subir a las cubiertas de la catedral o saber dónde lleva la misteriosa escalera del claustro de san Francisco? Y esto solo en la ciudad. De ella no saldremos para dar a conocer otro lugar visitable pero quizás poco visto.
Es la biblioteca del Seminario Mayor la que te ofrezco como lugar de visita. Siendo parte de una institución privada como es el Seminario, no está vetada al gran público, ya sean estudiantes o curiosos. Sus libros están para ser consultados, aunque creo que no son prestables. Hace pocos años, al menos, no lo eran, sacando contados casos. El contenido es variopinto, lejos de ideas preconcebidas que puedan reducir sus materias a las ciencias eclesiásticas. Así, su depósito es rico en obras antiguas de derecho civil, hay varios títulos curiosos sobre profecías y fines del mundo, sin faltar libros sobre mecánica o cosmética. Claro, su número es reducido. Pero existen. Y, por aquello de las curiosidades, hay un buen número de volúmenes que esperan ser revisados y catalogados.

La biblioteca sirve a las necesidades académicas del centro, estando a disposición tanto de alumnos como de profesores. No era extraño ver a unos y otros consultar o llevar títulos de sus estanterías. Más de un trabajo, resumen de lectura y quizás artículos y libros han salido de lecturas allí facilitadas. Como complemento no hay que olvidar la sala de profesores, lugar donde las estanterías de madera sostienen decenas de revistas llegadas de todo el mundo, sobre todo relacionadas con las ciencias filosóficas y teológicas. Allí están los números más recientes. El último que llega es el que allí se queda, el anterior pasa a la biblioteca. Generalmente, se juntaban unos pocos años en la sala de consulta y los de más de cinco o así iban para el depósito.

Las actuales reformas que han dado lugar al geriátrico creo que le quitaron una pequeña parte del depósito. Y lo que es por espacio nunca tuvo demasiado. Siempre fue un problema, ya por la cantidad de libros ya por el creciente número de revistas. ¿Que de dónde salen? Hay, o hubo, muchas donaciones, también se realizan una serie de compras y luego está lo que se consigue por intercambio de la revista Auriensia. Las donaciones quedan registradas, de modo que el libro de registros recoge los nombres de personas que dejaron allí unos pocos o unos muchos títulos. No hay secciones especiales, de modo que los libros donados acaban repartidos por la biblioteca. Interesante es saber que allí está parte de la de don Emilio Duro Peña y don Emilio Castiñeiras, si no recuerdo mal. Una lista, al lado de la puerta de entrada, recuerda el nombre de insignes donantes.

Como dije, es visitable. Lo mejor es llamar y concertar una hora para ello. A menos que hubiera cambios, entras directamente a la sala de consulta, al lado hay un pequeño espacio y debajo de todo el depósito. Las obras que generalmente se consultan están en esa primera sala. La colección de la BAC está allí, por ejemplo. Y puedes quedarte allí a leer. Las revistas de los últimos años se guardaban en las estanterías superiores, con la BAC minor y una hilera de títulos de la colección personalista Sinergia.


La planta inferior reviste un especial halo de interés que no podemos pasar por alto. Solo mencionar algunas obras allí custodiadas nos dan el pulso de una localización generalmente oculta a los ojos profanos. Pero también es visitable y reseñable. Allí varios tesoros aguardan por manos firmes pero cuidadosas. Los diez tomos, por ejemplo, de las Obras de san Agustín impresas por Erasmo, en una primera edición completa de la que pocas noticias hay en el mundo (libros sueltos de esa edición se encuentran bastantes, la edición completa no); unas curiosas Décadas de Tito Livio, con grabados parcialmente coloreados; un Manual masónico; el popular Ciprianillo con sus ensalmos y conjuros; la única edición completa de El Catón Compostelano, que fue noticia hace unos años; y otros varios por los que hay que preguntar a quien nos guíe en la visita.
 
Fotos personales del año 2004.