viernes, 25 de noviembre de 2016

Ex libris.

Un libro tiene mano de todo lo que le pongan y hay veces en que el interés recae no solo en lo escrito por el autor sino en lo complementado por el dueño o el comprador que luego lo regalará. Tales aumentos literarios suelen consistir en dedicatorias o ex libris. Son estos declaraciones de propiedad más o menos elaboradas donde el dueño pone su nombre. Si se personaliza da algunas claves sobre su personalidad, gustos o familia. Es una forma elegante de marcar un libro como propio.

No sé tú pero llevo unos años sin escribir en la primera hoja del libro. Anteriormente, escribí el nombre, luego añadí una fecha que era la de la adquisición, y llegué a escribir nombre, fecha y lugar de compra del libro. Alguno que otro lleva escrito de otras manos, unas pocas son de quienes me regalaron la obra y les pedí una dedicatoria. Menos son los que portan el autógrafo del autor literario.  Uno hay que me sirvió para pedir una autógrafo a alguien famoso de Ourense. Cosas (y personas) que pasan, jeje.  Y por ahí andará ciertos cuadernillos y un oracional con firmas mil de compañeros de estudio o participantes de algún encuentro juvenil.

Ahora se me metió en el magín esto de un elaborado ex libris. Quizás uno donde todo el texto vaya en latín y se rodee con hojas de laurel (por aquello que me dijeron acerca de la etimología de Louredo, mi pueblo natal), o haya referencia a los lemas latinos Memento Mori o Et In Arcadia Ego. Incluso pensé en liberal algunos libros con condición de que cada lector añada su nombre y fecha de recepción del libro, junto a su localización geográfica.

No conozco el mundillo de los ex libris. Es algo que me llama la atención, tras horas entre antiguos libros y saber del grabado de un profesor mío. Este consistía en un monje trabajando en su scriptorium. Revelador.

En internet hay ejemplos mil. También sé de algún encargado de biblioteca que fue fotografiando y recogiendo ejemplos distintos de los libros que iba catalogando.