miércoles, 23 de noviembre de 2016

Biblioteca del Seminario.

Hay lugares de gran interés en nuestra pequeña y antigua ciudad. Los que los conocen no solo los comentan sino que acaban enseñándolos a amigos. Es una de las formas que dan a conocer esos rincones entrañables y mágicos. ¿Quién no ha querido pasear por el interior del santo Ángel o subir a las cubiertas de la catedral o saber dónde lleva la misteriosa escalera del claustro de san Francisco? Y esto solo en la ciudad. De ella no saldremos para dar a conocer otro lugar visitable pero quizás poco visto.
Es la biblioteca del Seminario Mayor la que te ofrezco como lugar de visita. Siendo parte de una institución privada como es el Seminario, no está vetada al gran público, ya sean estudiantes o curiosos. Sus libros están para ser consultados, aunque creo que no son prestables. Hace pocos años, al menos, no lo eran, sacando contados casos. El contenido es variopinto, lejos de ideas preconcebidas que puedan reducir sus materias a las ciencias eclesiásticas. Así, su depósito es rico en obras antiguas de derecho civil, hay varios títulos curiosos sobre profecías y fines del mundo, sin faltar libros sobre mecánica o cosmética. Claro, su número es reducido. Pero existen. Y, por aquello de las curiosidades, hay un buen número de volúmenes que esperan ser revisados y catalogados.

La biblioteca sirve a las necesidades académicas del centro, estando a disposición tanto de alumnos como de profesores. No era extraño ver a unos y otros consultar o llevar títulos de sus estanterías. Más de un trabajo, resumen de lectura y quizás artículos y libros han salido de lecturas allí facilitadas. Como complemento no hay que olvidar la sala de profesores, lugar donde las estanterías de madera sostienen decenas de revistas llegadas de todo el mundo, sobre todo relacionadas con las ciencias filosóficas y teológicas. Allí están los números más recientes. El último que llega es el que allí se queda, el anterior pasa a la biblioteca. Generalmente, se juntaban unos pocos años en la sala de consulta y los de más de cinco o así iban para el depósito.

Las actuales reformas que han dado lugar al geriátrico creo que le quitaron una pequeña parte del depósito. Y lo que es por espacio nunca tuvo demasiado. Siempre fue un problema, ya por la cantidad de libros ya por el creciente número de revistas. ¿Que de dónde salen? Hay, o hubo, muchas donaciones, también se realizan una serie de compras y luego está lo que se consigue por intercambio de la revista Auriensia. Las donaciones quedan registradas, de modo que el libro de registros recoge los nombres de personas que dejaron allí unos pocos o unos muchos títulos. No hay secciones especiales, de modo que los libros donados acaban repartidos por la biblioteca. Interesante es saber que allí está parte de la de don Emilio Duro Peña y don Emilio Castiñeiras, si no recuerdo mal. Una lista, al lado de la puerta de entrada, recuerda el nombre de insignes donantes.

Como dije, es visitable. Lo mejor es llamar y concertar una hora para ello. A menos que hubiera cambios, entras directamente a la sala de consulta, al lado hay un pequeño espacio y debajo de todo el depósito. Las obras que generalmente se consultan están en esa primera sala. La colección de la BAC está allí, por ejemplo. Y puedes quedarte allí a leer. Las revistas de los últimos años se guardaban en las estanterías superiores, con la BAC minor y una hilera de títulos de la colección personalista Sinergia.


La planta inferior reviste un especial halo de interés que no podemos pasar por alto. Solo mencionar algunas obras allí custodiadas nos dan el pulso de una localización generalmente oculta a los ojos profanos. Pero también es visitable y reseñable. Allí varios tesoros aguardan por manos firmes pero cuidadosas. Los diez tomos, por ejemplo, de las Obras de san Agustín impresas por Erasmo, en una primera edición completa de la que pocas noticias hay en el mundo (libros sueltos de esa edición se encuentran bastantes, la edición completa no); unas curiosas Décadas de Tito Livio, con grabados parcialmente coloreados; un Manual masónico; el popular Ciprianillo con sus ensalmos y conjuros; la única edición completa de El Catón Compostelano, que fue noticia hace unos años; y otros varios por los que hay que preguntar a quien nos guíe en la visita.
 
Fotos personales del año 2004.