lunes, 18 de enero de 2021

Síntesis de 'Actitudes frente a la posesión en los orígenes del Cristianismo', de Esther Miquel Pericás

Actitudes frente a la posesión en los orígenes del Cristianismo

Publicado en: Qol. Revista Bíblica Mexicana 47 (2007) 7-34
Año de publicación: 2007

Como ya he traído a la autora en una anterior entrada, hoy me animo a un artículo más amplio, en continuidad con aquel. Investiga, con los instrumentos de la antropología social, en sintonía con la obra de Ioan M. Lewis, cómo comprendían la posesión Jesús y algunas de las primeras comunidades cristianas, las de influencia paulina y lucana. El artículo puede leerse en un pdf gratuito en línea de 32 páginas. Con su estilo accesible y con un texto que se apoya en breves citas y notas a pie de página, se lee con gusto y de manera ágil. Lo reparte en varias divisiones que yo no contemplo aquí. Solo sigo su hilo conductor, mas sin títulos intermedios. Como textos complementarios, recojo parte de las conclusiones de la autora y las inserto como imagen en medio dela síntesis del artículo.

Un punto básico en el estudio es la inmersión en una cultura que crea en la existencia de espíritus y la posibilidad de que estos posean a uno de sus miembros. Los espíritus se denominan "centrales" si son favorables a un grupo o sociedad, mientras que se les conoce como "periféricos" si se consideran descontrolados y negativos para ese mismo grupo. Los centrales protegen, atacan a los enemigos exteriores, pero también pueden castigar a los protegidos , si estos van contra la moral y normas de la colectividad. Las relaciones entre espíritus y grupos puede variar mucho, a partir de estas relaciones básicas. Cuando se da la posesión, esta puede ser positiva, pues aporta seguridad a la comunidad y les demuestra que el espíritu les es favorable, o negativa, cuando enferma a un miembro y le impide cumplir su papel y obligaciones sociales. Hay un tercer tipo, en que los síntomas son de negativa, pero se descubre, pasado el tiempo, que es favorable, y se establece una relación entre la persona y el espíritu poseedor, que dota a su huésped de ciertas capacidades superiores.

Interesante descubrir cómo se toma la sociedad la posesión de uno o varios de sus miembros, especialmente si el poseso es de clase baja, como suele acontecer, y los que sopesan su caso de clase alta o acomodada. El poseso puede resultar un desestabilizante social, constituyéndose cauce para un espíritu que recrimina el mal funcionamiento de la comunidad o que se ríe del mismo. Los investigadores pueden darle cancha si el poseso se manifiesta en ámbitos controlados por el ritual o edificios religiosos. Pero suelen marginarlo, ya que lo que hace y dice va en su contra. Los miembros de la misma clase pueden ver un espíritu central que se apiada de su situación y clama un cambio en las normas y la moral o pueden interpretar la posesión como un espíritu periférico que no ha enfermado a uno de los suyos.

Exorcistas los hay de múltiples estilos, pero pueden agruparse en dos grandes grupos: morales y amorales. Los morales son aquellos que buscan el origen de la posesión en algún pecado personal o familiar, de modo que cree en la maldad del propio poseso o su familia, en la necesidad de la confesión y expiación de las culpas. Si por este lado no encuentra datos positivos, buscará el origen del mal en una persona externa, un brujo, o en la acción de un espíritu periférico. En todo caso, el poseso debe purificarse y enmendarse de cara a la familia y la sociedad, reintegrándose con una renovada afiliación a las costumbres locales. Los amorales suelen pertenecer a la misma clase que el poseso y empatizan de un modo nuevo, sin juzgarle ni buscar en él mal alguno, sino en los espíritus caprichosos. Los exorcismos incluyen a la comunidad, ya que revisan las relaciones sociales y ponen en duda la moralidad de la comunidad. Se da también un tiempo a la celebración festiva. Por su modo de ser y comportarse, estos exorcistas amorales no cuentan con el beneplácito de los poderosos, que llegan a acusarlos de brujería.

En el entorno, amplio, donde nace Jesús y comienzan su andadura las primeras comunidades cristianas tenemos pocas, pero interesantes, noticias acerca de la posesión y las dos perspectivas desde las que comprenderla. Los evangelios son una fuente muy interesante, junto con breves referencias como 'Quién es el heredero de las cosas divinas', de Filón de alejandría, por ejemplo, y episodios narrados por Plutarco y Flavio Josefo. Si no hay mucho escrito es porque el tema interesaba más en capas "bajas" de la sociedad y esta era ámbito de analfabetismo, además que los poderosos miraban mal el fenómeno y solo lo admitían en ambientes restringidos y bajo su control de interpretación. Los mismo oráculos, una posesión positiva, eran fuente de ambivalencias y frases controladas por el gremio sacerdotal. El ideal griego era el de la mesura y las festividades religiosas relacionadas con Baco, por ejemplo, estaban mal vistas. Interesa ver que los diferentes escritos, aunque breves, no aportan explicaciones, lo que supone que cualquiera que los leyera tenía un mínimo de conocimiento del fenómeno de la posesión, sus tipos y la manera de acabar con él.

Jesús fue un exorcista con unas características que la autora resume en estos puntos: no considera las posesiones como castigo divino, el exorcismo funciona porque es el reinado de Dios en acción en la Tierra, su relación personal con Dios puede extenderse a los discípulos y estos exorcizar con igual poder, y las autoridades no ven a Jesús exorcista con buenos ojos, sino que lo consideran marginal y brujo, incluso poseso. Detalles que coinciden con los piadosos exorcistas amorales, capaz de empatizar con el poseso, enfrentarse a los poderes demoníacos y criticar los males de la sociedad circundante. De hecho, algunos de los curados pasa a formar parte del grupo que acompaña a Jesús, dando imagen a la sociedad renovada que se predica con el nombre de Reinado de Dios, donde los espíritus periféricos, los demonios, no tienen entrada ni poder.

Los relatos evangélicos muestran a Jesús poseído por el Espíritu Santo, así que aquí tendríamos un caso de posesión positiva. Un espíritu central habría tomado posesión de Jesús y se establecería una relación personal entre ambos. La intención del espíritu es buena y la voluntad de Jesús se amolda a ella, controlando cada vez más sus episodios de toma de control por parte del espíritu. Lo que al principio fue forzado, después se convirtió en una actuación conjunta y poderosa, beneficiosa para los marginados de la sociedad enferma de la época.

Las posesiones positivas son bien vistas en las comunidades paulinas, hasta tal punto que puede verse a Pablo poseído por el espíritu de Cristo, dotando al apóstol de cualidades sobrenaturales. Estas no se quedan en el maestro, sino que se extienden a los discípulos, mostrando así que el espíritu central (Dios, Cristo, Espíritu Santo) se encuentra activo en la comunidad. Los fieles viven en un entorno donde el panteón divino se encuentra abierto a nuevas divinidades y a la reestructuración jerárquica de las aceptadas, pero con la pretensión de considerar a tal panteón como espíritus periféricos, que no tienen lugar donde actúa ya su espíritu central, el espíritu de Cristo. ¿Y las negativas? No entran en los intereses del dirigente carismático, más preocupado por el fin inminente y la expansión del espíritu de Cristo.

Los escritos lucanos arrojan una idealización de sus comunidades, un retrato donde ha seleccionado lo mejor, dejado las limitaciones en la sombra, y expresa un proyecto de futuro. Da a conocer al nuevo movimiento religioso desde las bondades de un sistema carismático aún, pero en vías a institucionalizarse y ofrecer lo mejor de sí mismo a la sociedad de su tiempo. Es curioso como señala la acción espontánea del Espíritu Santo, pues quiere dejar claro el origen divino del cristianismo, pero sitúa generalmente la acción espiritual en contextos admisibles por las autoridades temporales, en rituales y celebraciones. Y en cuanto a las posesiones negativas, Lucas quiere dejar claro que los exorcismos y sanaciones cristianas no son propios de magos y brujos, sino solo de discípulos a los que el Espíritu Santo selecciona y dota de poder. Sabe que las autoridades miran mal a los embaucadores y magos, así que se separa de todo lo que pueda dar la impresión de hechicería o trucos para conseguir donaciones.

No hay comentarios:

Publicar un comentario