martes, 21 de enero de 2020

Poli bueno y poli malo en ‘La virgen descalza’ (2019)

El primer corto dirigido por Lone Fleming (2019), 'La virgen descalza' nos acerca a la oscura experiencia de una joven a punto de casarse. Sin buscarlo ni imaginarlo, entra en el juego de dos espíritus humanos, antaño amantes, que buscan someterla para poder encarnar de nuevo su amor. No sabemos mucho sobre ellos ni su historia, solo nos dan a entender que la muerte les separó irremediablemente, quedando en el aire la impresión de que ya antes había sufrido lejanía o la imposibilidad de vivir plenamente su pasión. El caso es que pueden aparecerse en nuestro mundo y tomar apariencia física, afectando a cosas y personas. Su objetivo es que ella, la novia espíritu, tome posesión de la novia virgen Leonor. 
 
Su táctica de acercamiento y sometimiento es la de poli bueno, poli malo. El hombre reviste una forma siniestra, con ropajes y maquillaje oscuros. La mujer se contrapone con su bello vestido blanco de novia. Él lleva un sombrero, ocultándose y dando más volumen a su personaje, ella se muestra sin artificios ni adornos vistosos. Él despliega sus poderes, demostrando fuerza, imponiéndose a cualquiera mediante la capacidad de inmovilizar, lanzar rayos eléctricos por sus dedos e incluso estimulando los nervios a distancia. Ella acaricia con sus palabras bonitas, en voz baja, sin despliegues grandiosos, ocultando más que demostrando de qué es capaz. 
 
Aunque amantes que han sobrevivido espiritualmente a la muerte, nunca actúan juntos, aunque sí son capaces de manifestarse uno después del otro. Incluso se manifiestan en los mismos lugares, con excepción de una escena, la primera, con la carta y el hogar. Los dos lugares donde se aparecen son: la iglesia (él durante la celebración del matrimonio, ella en la soledad de la escena final) y la alcoba de Leonor (uno a continuación del otro). Pero su juego es el de poli bueno, poli malo, con el fin de derrumbar y poseer a Leonor. Él la inmoviliza y la marca con la pintura negra en las uñas de manos, pies y rodeando el ombligo. Esta marca, visible para Leonor y su marido, es marca de maldición. También es capaz de excitarla sexualmente a distancia. La novia espíritu es lisonjera, agradable, incluso deseable carnalmente, tierna y delicada, capaz de arrojar a Leonor a un desolador futuro con bellas palabras susurradas.
 
 
Él despliega sus artes poderosas, afirmando que le pertenece; ella la abraza, no la violenta, sino que la atrae y le da calor en la hora de la agonía. Leonor, una joven que vive penando sin su madre, que sufre las consecuencias de un matrimonio apañado a su espalda, que no logra quitarse la sombra de la maldición, que asiste al asesinato de su marido la noche de bodas, no tiene ni tiempo ni voluntad para deshacerse de un destino al que la empujan dos amantes difuntos. 
 
Este acoso y derribo por parte de los espíritus no da una visión renovada de las historias que ya conocemos de amantes separados por la muerte. Lone nos hace gustar el oscuro abismo que le espera a quienes tengan la desdicha de ser marcados por ese oscuro novio, capaz de seguir buscando a su amada incluso en estado espiritual. Uno no puede por menos que simpatizar con ellos en algunos momentos, pero caemos aterrorizados ante la impunidad con la que encauzan a la pobre Leonor a su perdición, a su posesión.

jueves, 16 de enero de 2020

Posesión de difuntos en 'La endemoniada' y 'La virgen descalza'

Diversos eventos, sencillos, pero significativos, me han traído a una consulta rápida de las obras del padre Fortea. Es un exorcista español, con tarea pastoral parroquial, que se atreve con cuestiones fronterizas o no muy de moda a nivel popular, relacionadas con la demonología: su relación con el Derecho, tanto canónico como civil, la doctrina de otras confesiones cristianas, el exorcismo en otras culturas y, la que me interesa, el tema de las posesiones por parte de un difunto. 


Esto se debe a las aportaciones de diversos fans que, estas semanas, han recordado la película 'La endemoniada' (dirigida por Amando de Ossorio, 1975), al cumpleaños de la protagonista femenina, Marian Salgado y a la aparición del corto dirigido por Lone Fleming, 'La virgen descalza' (2019). La posesión por parte de una alma de un difunto es un vínculo entre las dos películas mentadas. Ahora, me pregunto yo, ¿hay datos de tales posesiones? Y la práctica exorcística dentro de la Iglesia Católica nos viene a responder afirmativamente. El padre José Antonio Fortea es el único al que he podido consultar. Su obra principal es 'Tratado de las almas perdidas' (versión digital de 2015) y resulta ser un complemento contemporáneo a su tesis doctoral 'La tiniebla en el exorcismo' (versión digital de 2015). 


Acudo a las películas y veo que la niña interpretada por Marian sufre una posesión por parte del malvado espíritu de la gitana Madre Gautère. La niña cae en su poder desde que acepta el curioso regalo de una joven gitana: un ídolo que le dará cosas, a cambio de cuidarlo en secreto. La posesión lleva a una transformación, incluso física, de la pequeña, y solo se resuelve a base de imprecaciones por parte de un sacerdote católico. En el caso del corto de Lone, la joven interpretada por Laura de la Vega sufre las visitas de una mujer madura, engalanada de blanco, que la irá seduciendo para que consienta ser una sola alma con ella y, así, poderse entregar a su amante fallecido. Hay que decir que la mujer también ha muerto y se le aparece. Una vez que, agonizante, la joven viva se deja hacer en brazos de la muerta, aquella sufre una metamorfosis física. Nosotros solo vemos que sus heridos pies recuperan la salud y tersura de una piel perfecta. Debido a que no hay manifestaciones anteriores ni se ha producido la posesión cuando él entra en escena, el sacerdote de la historia solo le recomienda que le visite y se confiese. 


El padre Fortea solo se atreve a lanzar una hipótesis tras esperar varios años de práctica exorcística, estudio y comentarios con otros sacerdotes: algunas almas han llegado a poseer humanos. Almas perdidas que no han llegado a Dios, pero tampoco han renegado de Él. También podrían tratarse de condenados (viven en estado de Infierno y otro exorcista, el difunto padre Amorth, dijo haberse encontrado con alguno), aunque estos no rezarían ni se arrepentirían, tal como hacen las almas perdidas, ya que su estado es definitivamente de perdición. No se las echa con exorcismos, únicamente válidos contra los demonios, sino con oraciones. Su comportamiento no es iracundo, como en una posesión tipo una vez que el demonio se manifiesta, sino que semeja aquejado de tristeza. Suelen contar que murieron en pecado, pero sin renegar de Dios, que hay otras muchas como ellas y que solo buscan la Luz. Cuando abandonan al poseso lo hacen de una forma suave, generalmente en forma de un hondo suspiro. Si el exorcista lo pide, obedecen prontas y alaban a Dios, pronuncian el nombre de María y rezan sin problema. La propuesta del sacerdote es que son almas relegadas al Purgatorio, que su estado es el de aquellos pecadores que se han quedado apegados a nuestro mundo debido a su indecisión definitiva en el momento de la muerte o que han vivido como pecadores, pero no han llegado a renunciar a Dios por completo. Son "almas perdidas" que se purifican y cuyo destino final se forjará el día del Juicio Final. Agradecen y piden oraciones por ellas. 
- Aparta eso. Lucha solo, cobarde. No te ampares en eso. Atrévete a dar la cara.
- Vade retro, Satanás. Vuelve al infierno del que has salido.
Así, pues, aunque sean un alma condenada (la pérfida Madre Gautère) o un alma que vaga en busca de su (malvado... al menos pinta y hacer lo tiene de malo chungo) amante, quizás gracias a negras artes mágicas, la práctica del exorcismo sobre cualquier de las dos jóvenes solo tendría un cierto efecto, sin llegar a ser la solución. Ambos casos entran en la práctica anterior al nuevo Ritual de Exorcismos, presentado en enero del año 1999, así que nos podemos hacer una idea de que habría muchas imprecaciones al demonio con voz firme, pero pocas manifestaciones y sí mucha confusión. Al final, solo valdrían las denominadas oraciones deprecativas, que se dirigen a Dios en nombre y favor de alguien, las posesas en estos casos. Las imprecativas no tendrían demasiado valor, pues son órdenes al demonio. Esto, como podemos imaginar, haciendo un poco de teología ficción. Y es que, para empezar, ya tenemos que pensar que ambas son almas del Infierno, pecadoras que han renegado de Dios y se han entregado al demonio y la magia negra. Lo que no deberíamos es esperar colaboración por parte de ninguna de las dos, pues buscaban la posesión, el control de un cuerpo humano que satisfaga sus aspiraciones.

martes, 26 de noviembre de 2019

'Mestres do terror', selección de relatos

Dende hai pouco coñezo a pequena biblioteca municipal de A Ponte. Situada no edificio da (inda pechada) praza de abastos, é unha institución que vai medrando, alomenos en canto títulos se refire. Cada vez queda menos espacio nas súas estanterías e aumentan as posibilidades de atopar enxundiosos escritos. Recén renovado o carné de socio, eu xa atopei un: 'Mestres do terror', publicado por Urco Editora no 2010.

A proposta dunha serie de relatos é interesante, pois son breves e uns amosan o arte de escritores recoñecidos, outros descúbrennos dimensións descoñecidas de famosos noutros xéneros e non faltan os que poñen en movemento textos fóra das recomendacións populares. Así, a proposta deste libro de 200 páxinas é presentarnos unha colección de relatos dos seguintes autores: Aluísio de Azevedo, Ambrose Bierce, Poe, Guy de Maupassant, Lovecraft, Humberto de Campos, Rubén darío, Thomaz Lopes e Willian Hope Hodgson. Dez son os textos.

Un detalle interesante é que o selector vive en Brasil e concebíu a obra como unha recopilación de autores que escribían ou foran traducidos ó portugués, cos ollos postos en Galicia. O libro bebe desa iniciativa, pero está en galego. Lembrades que aí atrás vos falara da preciosa iniciativa de traducir a Lovecraft á nosa lingua nai? Pois este libro é un paso máis para fornecernos de boa literatura de horror no noso idioma. Aquí tamén lle fan un oco ó ermitaño de Providence, ofrecendo o seu breve "A tumba": un descenso á loucura e a unha solitaria tumba na cal o protagonista será enterrado cando morra, inda que xa en vida entrou (ou imaxinou) vivir nela e coñece os segredos dos mortos.

Quen abre a obra, e faino con dous relatos, é Ambrose Bierce: "A estrada ao luar" e "Aceite de can". Na primeira asistimos ás terroríficas declaracións dunha familia na que a morte fai acto de presenza de modo violento e con nocturnidade. A pesar de todo, a existencia como espírito da esposa asasinada entre as sombras da súa propia casa, non é nada comparada ca que vive como ente desencarnado, só capaz de comunicarnos parte da súa sombría existencia mediante un médium. E que dicir da segunda entrega? Unha familia especializada nun negocio tan escuro como alentado por doutores e xente da alta sociedade.

"O defunto", de Thomaz Lopes, acércanos á terrible experiencia do enterrado vivo. Nun mausoleo pétreo irá experimentando luz e sombra, resignación, loita e loucura. "A man disecada", de Guy de Maupassant, é un clásico no que a protagonista é unha vella e defunta man. Poderá o seu criminal, e tamén defunto, dono seguir cometendo maldades con ela? Non sería mellor que quen a comprou a depositase na tumba de quen a usou para matar en vida? "Os ollos que comían carne", de Humberto Campos, é un vistazo ó desastroso final de quen ansía ver, ou recuperar a vista gracias a unha novedosa operación, pero non acepta o rango de frecuencia co que lle afinan o nervio óptico. Rubén Darío aparece co seu "A larva": unha curta aventura dun mozo que desexa saír de serenata, fuxe de casa e atopa un misterio de apariencia pútrida. 

"Unha voz na noite" é o relato de Willian Hope Hodgson. Na escuridade do mar, unha voz pide comida e, despois, conta a súa triste historia de degradación física nunha illa cercana. Sobrevivindo, el e a súa dona, a un naufraxio, chegan a unha illa. Alí, unha mancha gris, un fungo indestructible, vaise facendo con todo o que ven, ata con eles mesmos. O seguinte texto é de Edgar Allan Poe, inda que na páxina 137 poña que é de Hope Hodgson (no índice aparece ben a autoría). "Sombra... Unha parábola", catro páxinas onde un grego nos advirte da morte cercana, da existencia triste tras do pasamento. Rematando a entrega, "Demos", de Aluísio de Azevedo, unha lea de imaxinadas situacións que comezan cunha parella de namorados que sobreviven ó fin do mundo e non buscan senón morrer xuntos no mar, mais non alcanzan máis que unha e outra transformación física, moral e mental.

sábado, 2 de noviembre de 2019

Todos Os santos 2019

Imagen de san Benito sobre la puerta mayor
Ayer, como es tradición, me acerqué con mis mayores a San Benito de O Rabiño. Allí se encuentra el cementerio de nuestros antepasados. Un cementerio que fue creciendo con cierta anarquía y que se asemeja a tantos otros de Galicia, con sus tumbas apretujando el templo por casi todas sus caras. Ayer mostraba un ambiente florido, con algún que otro cirio que el viento y la lluvia no habían podido apagar aún. 
 
Las flores, lozanas y recién puestas, daban un aire festivo al lugar, lo que se complementada con las conversaciones de vecinos y familiares que se reencontraban. Siempre hay tiempo para un poco de cháchara antes de Misa o de una sencilla oración ante el túmulo que hoy contiene a nuestros seres queridos y mañana nos engullirá a nosotros. Resulta, pues, de un fino humor negro el detalle de poner a las tumbas "propiedad de tal familia", cuando somos nosotros propiedad suya, ¿verdad?
 
Aunque, etimológicamente, cementerio significa dormitorio, lugar de los que duermen. Y eso le va de perlas a la creencia cristiana de la resurrección en cuerpo y alma. Los muertos, vivos en ánima, esperarían por su dimensión física. De ahí que algunas oraciones de las misas de difuntos hablen del sueño en unión, cuando no identificación, con la muerte. Aunque ayer era Misa de gloria. Por los difuntos, sí, por los fieles difuntos, también, pero no para pedir por ellos, sino para recordarles, pedirles intercesión y descubrir que santos hay más que los que aparecen en los santorales. La del día de ayer era una celebración festiva, con su Misa con Gloria y dos lecturas y cantos alegres. En san Benito los interpretaron a varias voces un coro incansable que aportó ritmo festivo a la celebración. No era para menos, pues era día de festejar a "los mejores hijos de la Iglesia", a los amigos de Dios que gozan ya de Él en el Cielo. Aunque imagino que la felicidad no será tan completa cuando les falta un "trozo" de sus ser: su cuerpo. Pero, vamos, que hoy no me voy a meter con esas disquisiciones de la unidad cuerpo-alma, del doble Juicio y de las Postrimerías. 
 
Tarde gris para festejar la gloria de Todos los Santos
Estas han sufrido una notable revisión en cuanto a su prédica y descripción, pasando de una geografía descriptiva a un traslado de corte sentimental-existencial al ámbito sobrenatural del Más Allá. Lo escrito, que ayer era día de fiesta, aunque se vive muchas veces como de recuerdo y melancolía por los que ya no están. No se celebró allí Misa por la mañana, sino esta de las 17 h que tuvo gran afluencia, contó con el coro parroquial y revistió sencillez sentida por parte del presidente. El celebrante, oiga, el cura, que se denomina presidente, porque es el que preside. Así que, cuando en una Misa digan que preside el acto tal o cual político, sepan vuesas mercedes que no, que la presidencia religiosa le compete al sacerdote que "dice" la Misa. Esto de decir nos viene de viejo, de cuando era obligación "oír" Misa. Ahora sigue existiendo, más nos hemos arrojado a nuevas perspectivas y se habla más de "participar, celebrar" la Eucaristía. 
 
Revestido de blancas vestiduras, en consonancia con la solemnidad y la lectura del Apocalipsis, don José Ramón, sucesor en el puesto de don Delmiro, nos fue guiando desde los ritos de entrada á la bendición final. Dejó bien claro que la celebración era de gloria, de fiesta por los Santos, aunque la coyuntura social y emocional nos llevara a creer que estamos en el Día de Fieles Difuntos. La idea se repitió en la predicación, donde recordó que Santos había más que los celebrados y reconocidos por la Iglesia. Al final de la Misa, como sucede más de una vez en estos lares, preguntó a los que estaban de pie, junto a la puerta mayor, qué tiempo hacía fuera. Y, como es también natural, se inició un debate acerca de si llovía, orballaba o se acercaba una tromba. Al ser hombre diplomático, al señor cura no le quedó otra sino preguntar a los fieles qué les parecía mejor: salir o no, lo que fue respondido con sugerencias de rezar dentro del templo. Eso sí, las voces ni se alzaron demasiado ni todo el mundo se puso a hablar. Es de agradecer que el ambiente de respeto y recogimiento se mantuvo. La cosa era acerca del responso por los difuntos. Como muchas familias nos habíamos unido para la visita a las sepulturas, dirigió una oración por ellos, revestido con la blanca alba y una estola morada. Otros años se realizaba una procesión en torno a la iglesia, con tres o cuatro paradas para el rezo. Lejos van quedando aquellas costumbres de pararse tumba por tumba y entonar responsos pagados: a mayor cuantía mejor responso. 
 
La iglesia de san Benito es barroca y su altar mayor es buen ejemplo de este recargado estilo. Piérdanse ustedes un día en sus figuraciones y reviravueltas de corte vegetal, en sus dorados y figuras. A ver si reconocen a las dos santas de la parte alta, o se emocionan ante un arcángel Miguel blandiendo su espada en alto. ¿Y no llama la atención esa Trinidad del centro? Seguro que el san Benito del altar también les llama, con esa tez morena, el báculo abacial y su gesto serio, sumido en la lectura de un libro que lo mismo son los Evangelios que el de su regla monacal. Una Regla que tuvo éxito y fuer dominando a otras implantadas en nuestro territorio. Sólo hay que ver la desgracia en la que cayeron nuestros monasterios dúplices y algunas reglas monásticas, barridas por la imposición de la benedictina. A los pies del santo monje permanece un cuervo con el pan en el pico. Se mantiene la majestuosidad de las tallas con las de san Pedro y san Pablo, perfectamente identificados por las llaves y la espada, respectivamente. De sus rostros mejor hablamos otro día. Vean ustedes el de la "piedra" sobre la que se edifica la Iglesia y díganme si tiene pinta de estar en la gloria. Eso sí, a continuación comparen con otras representaciones de la época y dense cuenta que las sensibilidades han cambiado, así como las expresiones.
La epacta de este año litúrgico
 
 
Para contemplar también nos sirven los nervios pétreos que ascienden por las paredes hasta el techo, rematados en medallones, con sus soles y lunas con rostro, y otras representaciones que les harán cavilar un instante. Si quieren ver más pueden acercarse al "humilladoiro". Es una construcción anónima y sin fechar que se encuentra en línea con el altar mayor, a la vera del caminito que sube hasta Soutelo. Es una construcción piadosa que contiene un precioso Cruceiro, con sus imágenes del Cristo y la Virgen. Hace años no eran visibles, pues los vanos estaban tapizados con madera y solo se abrían los días de fiesta para la venta de cera. Ayer no estaba buen día para buscar y fotografiar las inscripciones que aún se leen bajo el tejado, en los bordes exteriores. Me parecieron, en su momento, que eran jaculatorias marianas, al menos una de ellas. Y me parecieron tres, cada una en su lado. 
 
Pero la tarde no terminó en la que fue la parroquia matriz de san Xoán de Louredo, sino que se extendió a esta. Entre los recuerdos desgranados al amparo de la cocina de leña, compartimos algunos relacionados con la historia de nuestro pueblo. Así, la existencia de un camino de los arrieiros, que suele sonar a personajes de otras latitudes, pero no, aquí los tuvimos. Su camino recorría nuestras aldeas e iba a dar, mejor dicho, comenzaba, en la estación de tren de Filgueira. Un punto estratégico, cercano a Cortegada, que posibilitaba la adquisición de nuevos productos que luego se vendían por la contorna. En Louredo, tal camiño pasaba cerca de donde está la "nave do Perricho" e iba a dar a la parte alta del monte de O Cadaval. Subía hasta o Alto da Sardiñeira, donde se dice que se juntaban tales vendedoras para, desde allí, desperdigarse por las cercanías. No hace tantos años que por la zona se perforó en busca de agua, sin resultados halagüeños. 
 
En un viejo mapa, consultarle en línea en la web del IGN, se puede seguir las trazas de tal camino. Un hito de la tarde fue el momento en que compartí un regalo que me han mandado por Facebook: dos páginas del Boletín del Obispado de Ourense, donde se recoge una carta del cura de entonces, don Constantino, agradeciendo la reciente inauguración del nuevo templo parroquial (GRACIÑAS, Xosé antón Casares). Cita al señor párroco de O Rabiño, matriz de Louredo entonces, hombre recordado por su fuerza. Dicen que era capaz de levantar un culeiro de uvas tan pancho, él sólo. También cuentan que un día se pusieron él de un lado de una mesa y tres del otro, cayendo estos por el empuje de aquel. 
 
Lástima que no se ofrezcan más detalles del día de la inauguración. Nos cuenta el sacerdote que se pasó al Santísimo y las imágenes de los santos de la vieja iglesia a la nueva. Mis padres mencionan que los mayores recuerdan que eran las imágenes de San Juan bautista, patrono de la parroquia, y Santa Ana, madre de la Virgen. Aaaaunque esta última parece ser la imagen, de corte románico, que se conserva hoy junto al altar dedicado a distintas advocaciones marianas y que, en realidad, sería una imagen de la Virgen María. Curiosamente, las dos imágenes se hallan hoy enfrentadas, en sendas peanas.
 
No hay menciones, pero altares y campañas, así como el cierre de los diestros, llegarían en 1923 o por tal fecha. El cierre de piedra, pagado por "o Indiano" y los altares de madera confeccionados por el artista de Remuíño, "o Chollo". La carta se cierra con los agradecimientos de los donantes y esto empalma con un resto que, poco a poco, desaparece de la pared del templo parroquial: una flecha rojiza, que señala desde donde pagó el pueblo, a decir de mis mayores. 

domingo, 27 de octubre de 2019

Llueve en Louredo, 24-10-2019

El jueves llovió en San Xoán de Louredo. No con fuerza ni persistencia, sino con calma y finamente, lo cual aquí llamamos "orballo" y "calabobos". La mañana nos puso mala cara para los trabajos fuera de casa, pero ya se sabe que en el pueblo siempre hay algo que hacer.

La decisión fue "esfollar". Consiste en la limpieza de las espigas recogidas. Se les quita la envoltura, grisácea ya y seca, se retiran todos los filamentos rojizos, que son como una matita de fino pelo, y se les recorta lo que sobresalga del "casulo" o se retiran los granos picados. Y es que a veces todavía anda el gusano y no es cosa dejarlo pasar al "canastro". Es un trabajo mecánico y paciente, que permite, cuando no invita, a la charla. Cuando la cosecha era abundante ocupaba varias horas. Antes, y durante el menguante, se corta y recoge la espiga. Almacenada, se libera de su envoltura por capas, se limpia y selecciona conforme al tamaño. Se retiran las espigas más pequeñas o más afectadas, se guardan las grandes y sanas. Transportadas en cubetas, se depositan con cuidado en el canastro, donde se irán secando y endureciendo. En el verano, en lugar de puerta se puede colocar una rejilla. Así, por las noches, se pueden remover un poco las espigas, espantando a las mariposas. Estas salen y se las comen los benéficos murciélagos.
Nuestra gente, generalmente, sigue consultando el estado de la Luna a la hora de sembrar y recolectar. Si las fechas van muy forzadas, a su entender, se fían del tiempo atmosférico. No vaya ser que por esperar, por ejemplo, al menguante, vaya a coincidir con tiempo lluvioso o se haga muy tarde para el vegetal en cuestión. Este menguante trajo la recogida de las espigas de maíz, quedando los "milleiros" libres de su peso, marrones o con su verde casi perdido. También trajo el inicio de la poda, aunque es temprano para la misma, según la costumbre de nuestros mayores, y la hoja todavía no tapiza el suelo de nuestras viñas. ¡Es de admirar la paleta de colores de las mismas en estas semanas! Más cercanos al invierno es cuando se iniciaban las labores de la poda. Coincidía con mañanas frías, casi siempre con nieble espesa que iba aclarando cara mediodía. A veces la veíamos subir desde Arnoia y permanecer varias horas en el hueco de San Benito y Cortegada. Las vides secas, conjuntadas en apretados "monllos", se quemaban para poder calentarse las manos de vez en cuando. Su humo solía confundirse con la niebla, mientras una blanca bola luminosa nos iba señalando la cercanía de un rato soleado. 
También se visitaba al "aguardenteiro". El frío animaba a tocar a su puerta y calentarse al amor de una lumbre medida que quintaesenciaba la preciosa aguardiente. La charla estaba servida, mientras un delgado hilo del preciado licor rellenaba garrafones. A veces podías catar aguardientes de otros años, potenciadas por la reserva a una fresca y constante temperatura. Pero hoy ya no tenemos aguardanteiro y puedes llegar a la viña sin cruzarte con otro vecino. Una pena. 
Un día de lluvia en el pueblo es sinónimo de placeres. El placer del calor de la cocina de hierro, también llamada de leña o económica; el placer de una comida realizada a fuego lento, con productos que bien han podido salir todos del esfuerzo de mis padres: desde la verdura a la choriza, de la patata a la cachucha; el placer de la conversación que desvela el paso de la historia, haciendo memoria de hechos y personas; el placer de una breve siesta, aunque ya no es tiempo, que bien sabido es que "despois do san Roque nin merenda nin durmiñoque"; el placer de una calma que revitaliza, junto con los colores de la naturaleza adormilada. Las "fabas" ya han dado todo de sí, adelantándose un tanto este año. Aún quedan algunos postreros tomates y pimientos, aunque ya ni su color ni su sabor son los de hace tres semanas.

jueves, 17 de octubre de 2019

La carretera de Arnoya a Remuíño

Pisamos historia a diario, a veces hasta le pasamos por encima con el coche y ni cuenta nos damos. Y no hay que excavar mucho para dar con enjundiosas anécdotas de nuestros mayores o episodios que marcaron una población con un antes y un después.


Paso por la carretera de Remuíño y no puedo, por menos, que pensar así. Tendríamos que ponerle voz a más de nuestros mayores, pero la historia que los míos me transmitieron sobre este paso asfaltado es la siguiente.

Comenzaba la emigración y era mi padre pequeño. Arnoya, como otros tantos ayuntamientos de la zona, vivía un atraso significativo en lo concerniente a las comunicaciones. Y el pueblo de Remuíño, más. Pero surgió la oportunidad de abrir un camino, una senda que diese rienda a las personas, mercancías y noticias. Allí trabajó la juventud del pueblo, llamando la atención de los profesionales. Se usó dinamita y la fuerza de los músculos, grandes y pequeños.

Crónica de un viaje a Arnoya, valorando sus malas comunicaciones y bello paisaje
Hubo un terreno que presentó una dificultad: una viña. Su dueño, el señor F., se negaba a dejar pasar un camino que destrozaría su propiedad. Otros lo había hecho y eran bien más pobres que él. Ás que, al estilo Fuenteovejuna, la mocedad del lugar despejó la viña de cepas y el camino terminó abriéndose, aunque hubo intercambio de palabras con la Guardia Civil. Parece ser que sin llegar a mayores, la obra continuó. Hasta hubo algún anciano que llegó con dinero al sitio y dijo estar dispuesto a pisar la cárcel gastar sus ahorros en salir y poder ver su pueblo bien comunicado.

Hoy es nuestra carretera de referencia, pero ¿adivina usted cuál fue el primer coche? ¡Pues sí! El del dueño de la viña arrasada. No quería ver su propiedad cortada por la carretera y fue el primero en ponerle un coche encima.

(Ponte Arnoia, 1921. Publicada en Facebook por Xosé Bangueses García)

domingo, 13 de octubre de 2019

'Na memória do esquecimento', Xerión, 2019

Que desolación e carraxe queda no aire cando remata o tema VIII de A essência do Abismo! 'Na memória do esquecimento' non mellora a situación, senón que é unha firma e confirmación do fin. Chegamos ó fondo do ciclo tripartito, acompañando ó cantor nos seus derradeiros instantes. Podemos vivilo como o fin dunha etapa, dunha maneira de contemplar, da mesma vida ou da consciencia que se separa e esmorece. 

 
Xerión, banda ourensá de Metal extremo en galego, foinos levando da man cara o máis escuro e frondoso da contemplación dun mundo que se cae sen remedio, arrastrando a propios e estraños, transformando a mirada dos inocentes nun murmurio de pesadas ladaíñas que claman  peste, morte e cegueira. O disco, dividido en tres niveis conceptuais, condénanos a un paseniño descenso cara o silencio. Tres chanzos nos que pasamos da contemplación ó esquecemento, triste escaleira que remata na nada dun discurso estremecedor e inconexo: as últimas verbas son frases curtas, como as dun agonizante, desencantada existencia que toma conciencia, intelectual e sentimental, do efímero pasar do gozo inefable ó silandeiro olvido e morte. 

Que contraste respecto do primeiro tema! No inicio foi o gozo da contemplación! A calma leda levaba ó vidente a un estado tal que podía pechar os ollos  e todo era luz. Mais, agora, no chanzo inferior dunha existencia que vivíu o horror, os ollos quedan abertos, como se o descanso fose descartado e a vista quedara fixa, sen vida nin obxeto de contemplación. O mesmo sentir é unha sombra, o existir un estar lonxe dun ser pleno, a historia murcha no recordo dun pasado lonxano e desprovisto de atractivo. Coma nun fero inverno ourensán, podiamos imaxinar todo xeado, despois do incendio da ira e a guerra, preconizadas nos temas anteriores. 

A mesma melodía nos desola ca cadencia dun tema onde a voz do cantor é distorsionada, profunda, apenas incomprensible, seguindo a estela e potencia dunha banda do Negro Círculo Minhoto, VKR. Esta banda, na que participa Nocturno, usa da distorsión de voz e instrumentos, en diferentes intensidades e ocasións. Venme á mente o seu disco Fillos da Ira, onde ese efecto me transmitía os ecos dun mundo anegado pola radiación e a estática. Penso que podiamos ter unha imaxe similar, de corte post catastrófico, para este tema IX de Xerión.

Non sabemos que aconteceu, pois, coma no libro das Revelacións cristiá, non se narra a batalla, mais si sabemos do seu acercamento e do resultado da desfeita. O mesmo sucede neste 'Na memoria do esquecimento'. Adentrámonos nas imaxes dunha fraga e dun sentir humano ata chegar á desfeita e ó boquexar. Quizais o mundo foi destruído e arrasado, quizais só a localidade do poeta se veu abaixo, e ata pode ser que todo permaneza igual e o único que se derrubou foi o propio cantor. As lecturas son variadas e aquí reside parte da forza do tema: que o podemos aplicar a diferentes niveis, dende o macrocósmico ó máis íntimo. De todas formas, no maxín seguiranos a rondar esa distorsión eléctrica dunha voz que máis semella agora un eco do pasado, un tizón que se apaga entre xeados campos de desolación.