miércoles, 16 de diciembre de 2015

"La endemoniada".

El paso de los 60 a los 70 fue el paso del flower power al temor del satanismo y los adoradores del diablo organizados en sectas. En un vistazo vemos cómo el 68 conoce la película La semilla del diablo, de Polansky, y la canción Simpathy for the devil, de los Stone (aunque esta canción no hace apología del demonio tal como lo entedemos en cristiano y sí tiene una fuerte carga social al criticar el comunismo, la muerte de Kennedy, la guerra,...). Y con el inicio de los 70 allá va El exorcista, Omen, Exorcismo (Naschy de cura) y esta película del director coruñés Amando de Ossorio. Es el año 1975 y, una vez más como ya pasara en Exorcismo, se dice que la idea fue anterior a la película de Friedkin

  

Cortesía de Claustroman, Lone y Marián.
Es un largo al que tenía ganas de acceder desde que me enteré de su existencia, gracias a Claustroman. Tuve oportunidad de saber algo más en A Coruña, con motivo del FKM de este año. Allí estuvo Lone Fleming, actriz que trabajó con Ossorio en varias ocasiones y que nos contó algunas anécdotas de este rodaje, aunque su presencia se centró en la obra del director gallego y su participación en la primera de las cuatro películas sobre los templarios ciegos. Muchas nos cosas nos dijo en torno a estos dos campos de charla e investigación pero compartió también anécdotas de la película que nos ocupa. Una de ellas fue la amistad que hizo con la niña Marián Salgado

Habló con mucho cariño de ella y he podido leer, hace poco, alguna entrevista de Marián donde se nota ese cariño correspondido y mutuo. Lone dijo que con el paso del tiempo le perdió la pista pero que, al reencontrarse gracias a las redes sociales, volvió a quedar con ella. ¿Qué quién es la joven Salgado? La niña que dio voz a Linda Blair, la niña de El exorcista. Su doblaje se reduce a los momentos cuerdos de Linda. También participó en la obra de Chicho Ibáñez, ¿Quién puede matar a un niño? Es una película basada en un relato de mi admirado Juan José Plans, El juego de los niños.

El papel de esta niña es el de ser la hija de un comisionado que, con mano fuerte y firme, despeja los caminos y calles de la comunidad de malvados. Tras un encuentro con una gitana satanista, su comportamiento cambia y acaba convertida en la cápsula corporal de una transmigrada anciana zíngara y amiga involuntaria del demonio Ascator. Su cambio temperamental preocupa a su padre y a quienes le rodean. La causa se busca en la psiquiatría y la teología, quedando sin resolver hasta el final, cuando un sacerdote increpa al demonio que cree la atenaza. De aquí el nombre del filme. Aunque, desde los conocimientos demonológicos adquiridos podemos decir un par de cosas, sin ánimo de ser exhaustivo. 

 
 - Haga usted su trabajo y déjeme a mí que cumpla con mi obligación. Aunque le parezca a usted cruel, gracias a mi energía en esta comarca no hay ni vagabundos ni maleantes.

 La primera es que no hay exorcismo sino una serie de imprecaciones que forman parte del Ritual. La lucha espiritual se produce en los momentos finales, quedando reducida al mostrar la cruz, imponerse al demonio posesivo con la expresión Vade retro y colocarle esa misma cruz en la frente de la niña. Ella, Susan, se revuelve contra el signo cristiano y sufre una herida al entrar en contacto con la cruz que porta el sacerdote. La lucha contra él se resuelve en la invocación del viento contra el cura, la asunción de distintos rostros y el chantaje emocional con engaño. Dentro de la celebración del exorcismo mayor, las imprecaciones eran un momento importante ya que el sacerdote, en nombre de Cristo, empujaba al demonio de regreso al infierno. La escena sería de una intensidad inusual. Y no iba desconectada de la lectura de la Palabra, el llamado a los santos con las letanías y la oración humilde ante Dios creador. Aquí solo asistimos a unas breves imprecaciones. El Ritual en activo entonces reservaba a este momento palabras de autoridad sobre el ser demoníaco. Como detalle, decir que el Ritual fue renovado con el cambio de siglo y, actualmente, solo es obligatoria la oración deprecativa (pedir humildemente a Dios auxilio) pero no la imprecativa.

Transmigración de Madre Gautère.
La segunda nota a compartir tiene que ver con lo que sufre Susan. Más que posesión podemos pensar en una mezcla de influencia satánica y transmigración de un difunto. El demonio Ascator no llega a verse o manifestarse pero bien que le cambia el carácter a la niña cuando su idolillo y su collar pasan a pertenecerle. Así que habría influencia demoníaca. En cuanto a la transmigración, queda clara cuando vemos el alma de la zíngara "entrar" en el cuerpo de Susan, tras abandonar el hospital donde le trataban. De hecho, luego, Susan adquirirá el rostro de la anciana en determinadas ocasiones. Pero, ojo, ella misma se eleva como dueña y señora de escoger cuándo manifestarla y cuando no. Así que me quedo con la influencia demoníaca y la posesión por parte de un difunto. ¿Admite esto la teología católica? En general, no, pero hay investigadores y exorcistas actuales que admiten su sorpresa ante algunos casos en los que más que un espíritu demoníaco habla por otra persona un difunto. Tras leer a los padres exorcistas Amorth (Roma) y Fortea (España) queda la cuestión en el aire. La cosa es que ante una presunta posesión por parte de un difunto no tiene valor la celebración del exorcismo.

Ciñéndonos a lo grabado y publicado, tenemos un lugar donde la desaparición de un bebé lleva a la detención de una anciana zíngara. También, y es el inicio, se ha profanado una iglesia, con el robo del cáliz. Hay colaboración por parte de las autoridades eclesiástica y policial, aunque sus perspectivas sean distintas. El comisionado se centra en la aplicación de la ley con mano de hierro y el sacerdote le advierte que allí hay algo más que un delito. La zíngara formaba parte de una secta femenina de adoradoras del demonio. Y ante la amenaza de perder su voluntad con la inyección de pentotal sódico, se suicida, quedando mortalmente herida. Una de sus discípulas urde la venganza, consistente en manipular a la hija del comisionado. Para ello, le regala un ídolo de Ascator, el demonio que les protege, y un collar que la identifica como amiga de la congregación satanista. Estos regalos, desde su primer contacto, le agrian el carácter y la vuelven malvada y vidente.

- Quiere ser tu amigo pero es un secreto. Te lo daré solamente si me prometes esconderlo y no enseñárselo a nadie.
- ¿Me lo das?
- Es tuyo. Júrame que nadie lo verá. Júramelo.
- Te lo juro.



En casa, no solo las mujeres que la cuidan, encarnadas por las guapas Julia Saly y Lone Fleming, sufren su desordenado temperamento sino que se asustan ante los fenómenos quinéticos. Momentos flacos al querer explicar, por parte de la institutriz, las puertas que se golpean y abren solas como efecto de un despiste de la criada, dejando las ventanas abiertas, o al escapar de un ataque de peluches voladores. Más fuerza tiene la escena de la niña reptando y siseando como una serpiente. El padre, desesperado, acude a las ciencias de la teología y la psiquiatría al mismo tiempo, volviendo a darse una situación en que dos autoridades colaboran desde miradas y pensamientos distintos.

La niña va ya por libre. Impresiona cuando aparece con la cara repulsiva de la vieja zíngara y, por ejemplo, presenta un bebé como sacrificio acepto a Satanás, descuartizándolo, o se cita con el novio de su institutriz para dejarse violar. No lo consigue y lo mata, amputándole el pene y enviándoselo a la novia, que grita al recibirlo durante su declaración policial. Susan vuelve con la congregación y sigue su existencia, viviendo a veces como niña y a veces como anciana en cuerpo infantil. En ningún momento hay lucha ni arrepentimiento. La voluntad yace bajo el poder de las tinieblas. Y no ceja en su empeño de nuevos rituales sangrientos. No para hasta conseguir un nuevo niñito sin bautizar. Este podrá salvarse merced a la actuación policial.

Un joven sacerdote pone el punto tradicional a la cinta. Hay un momento, breve pero intenso, en que se conoce la ruptura con una chica, pues desea ser sacerdote. A ella volvemos a verla, años después, llamando a su amado platónico, para que la visite, sin decirle que es ella. ¿Por qué? Porque es una prostituta amargada que quiere restregarle al sacerdote su situación. Y mismo le acusa de ella. La escena contiene una honda emoción ante el hombre que apenas eleva su mirar del suelo y la mujer altiva que no puede ocultar su desesperación. No sabemos qué sucede con la mujer pero en los momentos finales, para confundir al imprecador religioso, la poseída toma su rostro y le vuelve a inculpar como causa de su pesar, siendo esta vez más lánguida y llorosa, probando una expresión distinta a la superioridad. 
 

 - Aparta eso. Lucha solo, cobarde. No te ampares en eso. Atrévete a dar la cara.
- Vade retro, Satanás. Vuelve al infierno del que has salido.

 


Del cura queda su formación, abriendo el campo de investigaciones cara lo que está más allá de la ciencia, su humildad y buen humor, sin resultar estridente, y su fortaleza. Yo no veo dudas sino cierta melancolía ante los recuerdos de juventud y la pena por la amiga perdida. De hecho, pronto se repone y será el único que se acerque a la niña con cara de vieja. En el lance final, la bendice y ora por ella en voz baja. La verdad es que el director trata genial el papel del cura y le muestra como hombre, amigo, consejero y exorcista, aunque recordemos que se da una oración de imprecación más que un exorcismo propiamente dicho.


La niña muere. La forma es bien curiosa: atravesada por la cruz de metal que marca el lugar de la sepultura de la anciana satanista. Antes, veremos a los hombres de la comunidad localizar el lugar, sacar tierra y la tapa del ataúd para dejar al descubierto el cuerpo grisáceo pero no corrompido de Madre Gautère y quemarlo. La bruja arde entre gritos estentóreos, con la cruz metálica en la cabecera de su sepulcro. Allí acaba el cuerpecito de la poseída. Y con el último aliento se produce la liberación. Una muerte que elimina de su carita los rasgos malhadados de la vieja y la deja en paz, desagrándose en los brazos del sacerdote y el padre, incapaces de salvar su vida terrena.

 - Estoy libre. Se ha ido. Me ha dejado morir en paz.


Para saber un mucho más...

... pasemos por la abadía, pasemos...  despacito, por el borde de la laguna... y no dejemos de leer la voz de Marián, la nena.