domingo, 13 de diciembre de 2015

"La transmigración de Timothy Archer".

He vuelto a Philip K. Dick (PKD, como sabemos) un rato. Ha sido comprarme este libro ayer y tenerlo leído hoy. 214 páginas de novela en edición de bolsillo que me han sorprendido. Una de las curiosidades que tiene este libro es que comienza la novela en la página 7 y en el capítulo 7 hay una frase que me impactó y estos días veo muchos números 7. Coincidencia, no sé si mensajera o simple curiosidad.

 La cosa es que es la última novela publicada de Phil, escrita por el mismo Phil en su identidad de Phil. Esto llevaría su tiempo explicarlo bien pero vamos a quedarnos con que el escritor se veía roto en dos personalidades en esa temporada. Su alter ego, Amacaballo Fat escribió La invasión divina y él siendo y sintiéndose él escribió esta. Luego llegarían los que descubren afinidades y gustan de las distribuciones y metieron ambas novelas, junto a SIVAINVI en la denominada Trilogía VALIS. Todo un ciclo que nos descubre al Dick buscador de la Verdad a partir de la revelación. Y revelación personal, iluminación a la que él llega y que manifiesta en su discurso en Metz, Francia, cuando dice que lo que ha escrito es un toque directo a nuestro ser verdadero para que despierte. Estas tres novelas que conforman esta trilogía, formada por los lectores, no por el autor, nos ponen en modo místico, aunque de forma distintas. De hecho, esta tercera rompe con las anteriores en cuanto a estilo y trama.

La transmigración surge como una apología sobre su contrincante dialéctico el obispo episcopaliano James Albert Pike, al que trató. El caso es que un periodista, tras la muerte del obispo en el desierto de Judea, escribió unas líneas donde le criticaba y le desmitificaba. Phil decidió encumbrarle o intentar mostrar la vida de su amigo desde otra perspectiva. El resultado es un cuadro aún más deslabazado que el del periodista. En la novela se cuelan muchos datos del añorado Pike pero también del mismo Dick y sus constantes intentos de desvelar la Verdad y poder descansar. Desde 1974 recibió información que él definió como una auténtica teofanía, una manifestación divina de VALIS, su particular Dios. Pero esto le llevó al hospital, a un intento de suicidio y, finalmente, al silencio de la palabra divina en su interior. Esa inquietud por saber si todo era fruto de la enfermedad, de las anfetaminas o de VALIS se nota en las páginas de esta novela. Quedaba siempre la incerteza de distinguir la realidad de la percepción. Y así comenzó a escribir su impresionante Exégesis, inacabada y, al decir de un biógrafo, nunca leída por nadie en su integridad. Pero sí remató La transmigración y hoy la podemos disfrutar. Un momento de calma le acompañaba entre tantas búsquedas y palabras. De hecho, hasta a nivel vital le iban bien las cosas pero ya era la paz antes de la muerte, como esa mejoría que tantas veces vemos en enfermos terminales y que avisa del inminente desenlace. Estamos en 1982.

Al escribir esta novela quizás se liberaba en una catarsis donde lo que había creído y lo que pensaba era real se entremezclan, discuten, vuelan y sobrevuelan, se aplican varias perspectivas y, finalmente, parece vencer un duro realismo material: este mundo es lo que tenemos y no hay más. Pero las palabras y los argumentos giran y giran. Así que la certeza no llega. Mirando a la vida de Philip, la víspera del ataque que le llevará a la tumba habla con un periodista. Lo normal es que digas lo relevante para la entrevista y comentes algo fuera de grabación. Pues primero Phil habla, luego comenta que lo dicho off the record era más importante y, por la noche, llama al entrevistador para retorcerle de nuevo sus creencias y declaraciones. Leyendo la novela, el realismo material destila en afirmaciones como "Yo tengo la casa y Jeff no tiene nada. Esa ha sido la historia de su vida" (p. 7), al principio de la novela, y "Tim se habría divertido. En caso de que hubiese estado vivo" (p. 221), al final. Lo que se ve es lo que hay. Y de nada sirve que venga alguien con sus argumentos de libro para cambiar esa percepción, o que un esquizofrénico hable en lenguas que desconoce, mostrando así pruebas fehacientes de su posesión por un difunto. Sin embargo, a pesar de ese tener los pies en el suelo, siempre asoma la duda a lo largo de estos recuerdos. Cara la mitad del libro, al final del capítulo 7, leemos "Esto puede parecer un aburrido parloteo; pero es algo más para mí. Es la angustia de mi corazón" (p. 104).

¿Quién recuerda y escribe? Es una mujer, Angel, nuera del difunto obispo Timothy. Lo cual supone toda una curiosidad porque es la primera vez que Dick dona su obra a la voz de una fémina, dándole todo el poder de transmitirnos lo vivido. Y ella ha vivido la fama y el descenso a la locura del obispo Archer. Ha sufrido el suicidio de su marido y de su mejor amiga, amante del obispo y deseada por su hijastro. Ha dudado al lado de Bill, hermano de la suicidada Kirsten, esquizofrénico que acaba convencido de ser el medio por el que el alma de Tim ha regresado al mundo físico. La novela es la sucesión de sus ideas y recuerdos, con diálogos y citas de libros, muy usados especialmente por el obispo.

Angel, tras la muerte de sus tres seres más queridos, decide apuntarse a un seminario de espiritualidad sufí. Y comienza justo el día de la muerte de Lenon. Recuerdos de su marido, de su admirado obispo, de su mejor amiga que termina siendo la amante del obispo; conversaciones donde afloran inquietudes espirituales, históricas y musicales; viajes por los sombríos pasados, e incluso presentes, de los personajes, enfrentados o resignados a sus adicciones al alcohol, los barbitúricos o la marihuana. Las referencias a los descubrimientos y expectativas respecto a los Rollos del Mar Muerto y la búsqueda de la presencia de Dios en el mundo ocupan buena parte de las conversaciones. Esto es un punto de inflexión en la fe de Timothy, hombre fluctuante que sigue las ideas que le chocan más y mejor le convencen, cambiándolas con la misma velocidad con que aparecen. Esa inquietud le llevará a Inglaterra, en un viaje que le pone en contacto con los traductores de los Rollos. Y le predispondrá a un posterior viaje a Tierra santa, donde encontrará la muerte al quedarse tirado en el desierto. Un desierto al que se enfrentaba solo, en un coche de cuatro cilindros y con el abituallamiento de dos Coca-colas y la guía de un mapa. Angel salvará su vida al no ir a ese viaje... aunque casi la convence para ser su secretaria.

Otra de las curiosidades con las que me encontré se refiere a la busca de la presencia de Dios, denominada aquí como anokhi, identificada como un hongo, siguiendo las teorías propuestas por el investigador John Allegro. Me sonaba de algo y recordé que era uno de los investigadores de los Rollos. Hace años, un amigo me comentaba estas ideas sin citar la fuente de su saber. La cosa es que aseguraban, mi amigo y Allegro, que algunas sectas religiosas judías podrían haber cultivado un hongo que, ingerido, provocada alucinaciones, creyendo el creyente que entraba en contacto con Dios. Esto aparece también en la novela, primero como suposición y motivo de ilustración pero, al final, como una búsqueda concreta, una afirmación que echaba por tierra el credo del obispo y le ponían en la tesitura de abandonar el ministerio y sus predicaciones. Aunque este motivo no será el único: también estaba su relación secreta con Kirsten y el libro que escribieran juntos sobre su difunto hijo y los mensajes que les enviaba a través de una serie de fenómenos físicos y una médium.

Obra tensa, a veces angustiosa y otras veces anodina en su lento pasar de citas y recuerdos que te meten en una espiral aún más profunda que no sospechabas debido a la cotidianeidad de lo narrado. Porque el ambiente es realista, las dudas son cotidianas, lo escrito tranquilamente le pasa a cualquiera. El final es más alegre que el comienzo y no está exento de humor. Así te quedes con la duda de saber quién está más despierto: si un gurú que te desvela el sentido de la vida por cien dólares o la aburrida encargada de una tienda de discos que consigue un valioso vinilo gratis.

Un par de perspectivas nuevas y la lectura de la misma novela son las últimas recomendaciones de este que se despide. Mi edición es la de booket y las críticas y comentarios quedan enlazadas aquí y aquí.