miércoles, 18 de marzo de 2020

'Virgen entre los muertos vivientes', dirigida por Jess Franco, 1971

Una chica (Christina von Blanc) llega a una posada y pregunta por cierto castillo, despertando el asombro de quien le atiende. ¡Le dice que no hay alma viviente allí! Y yo me acuerdo de Drácula, con ese joven Harker viajando a un destino sombrío, despertando a su alrededor un mundo de supersticiones, asombro y amuletos. Pero también recuerdo a la huida excursionista de 'La noche del terror ciego' (Amando de Ossorio, 1972) que, mientras escapa de un tren en marcha, los maquinistas comentan su destino, un lugar baldío y desolado. A diferencia de cualquiera de estas dos, en la peli de Jess Franco, la posadera pasa de la viajera y la deja a su suerte.

Un mudo (encarnado por el propio director, Jess Franco) es el encargado de llevarla a una preciosa casa, como un palacete, donde cada uno de sus familiares parece perdido en su mundo. O eso o es que la actuación es forzada y anodina, transmitiendo un aura de individualismo palpable. Y no sé si es mejor esa atmósfera o la del funeral que, pronto, la protagonista va a vivir: mientras unos entonan unas letanías en latín, otra se hace las uñas. ¡Y la muerta sentada en una silla! ¡Y los latines son máximas y dichos, no responsos!

No será la única muerte que la joven va a presenciar, todo en medio de un ambiente malsano y esquizofrénico: por un lado, los vecinos le dicen que en la zona no vive nadie, por otro, ella convive con familiares a los que apenas conoce y que le resultan extraños, aunque les dice, convencida, que se siente a gusto con ellos... para luego salir gritando ante la visión de una chica que practica cortes a otra o al ver que entre dos están descuartizando un cuerpo para robarle las joyas...

Con la muerte no se bromea y te aseguro que conozco sus gustos. Sé cómo es. Es bienvenida en esta casa. ¡Toquemos en su honor! Nada es demasiado bello para ella.
Pronto sabremos más, retorciendo el hilo de los acontecimientos: ella es la hija de un hombre que murió, de quien no se pudo despedir, su padre se le aparece para decir que lleva sangre maldita en su joven cuerpo vivo, que debe huir; sus familiares no comen ni quieren tratos con otros... vivos; se lee el testamento y ella no quiere quedarse sola en la mansión; el comportamiento de los familiares la hace gritar, asustarse, desmayarse, pero sigue queriendo que se queden con ella, en su casa; la encuentran, en estado febril y sola, en medio del valle sin vida y un médico la trata, diciendo que delira... Me recuerda a la mexicana 'Satánico pandemonium' (Gilberto Martínez Solares, 1975) y su delirante monja obsesa.

Ha sido difícil descuartizar a esa vieja zorra. Aún se movía cuando hemos empezado, sobre todo sus manos. Parecía que no quería morirse, pero no se ha salido con la suya.


Qué dura, pero tan poética y hasta bella, la escena final, con las ánimas que no encuentran descanso, con la narrativa (que se ha manifestado en varias ocasiones a lo largo de la película) de un destino aciago, dejando un poso de insatisfacción y resignación, pero también un desapego y cierto ánimo ante una muerte segura... que no tiene por qué ser el final... aunque tras ella no parece sino que todo empeora...

viernes, 24 de enero de 2020

Vistazo general a 'La virgen descalza', dirigida por Lone Fleming, 2019

Una propuesta actual ha salido al mercado: la ópera prima 'La Virgen Descalza', escrita y dirigida por Lone Faerch. Se trata de un cortometraje de 17 minutos, en español, subtitulado en inglés, recién salido a la venta en formato DVD, con la posibilidad de adquirirlo firmado por la directora y con un póster. Entre sus actores encontraremos a Laura de la Vega, Sandra Alberti y Antonio Mayáns. Alguno os suena, ¿verdad? Yo no conocía, o no la recordaba, mas me ha encantado Luisa Torregrosa. Por favor, ¡qué pose, qué porte! Su elegancia, esa actuación contenida, pero tan natural, me ha encantando. Lo hace genial, tanto cuando aparece encantadora, mostrándose atenta, pero firme, ante el barón con el que desposará a su sobrina, como durante la boda, cuando dirige una significativa sonrisa a alguien de la otra fila (¿el padre del barón?), borrándola lentamente al percibir hostilidad por la otra parte.

Lone, en una entrevista a la revista digital Coolart, dijo: Es una historia que he tardado tres años en escribir. Sabía cómo quería todo, decía “cámara aquí “, quería todo muy organizado. Lucas Hidalgo es uno de los productores y me preguntó si quería grabar en Úbeda y dije venga, adelante y entonces empecé a dibujar el storyboard. Estoy también detrás de producción y conseguí que Sandra Alberti, que es muy famosa por Escalofrío, hiciera de actriz. He cogido los planos más difíciles y he ido muchas veces a las localizaciones precisamente para saber dónde están los problemas. Creo que como soy vikinga, lo quiero tener todo perfecto. Aunque siempre hay problemas.

Este primer trabajo como directora nos mete en la vida de la joven Leonor (Laura de la Vega), cuya vida ha sido programada por su tía (Luisa Torregrosa) y se encuentra en la noche anterior a su boda. El enlace con un joven barón (Óscar Cabrera) está próximo y los intereses son monetarios, favorables a la tía. Pero el viento trae a la ventana de la novia una misteriosa carta. La rechaza, la quema y no hace sino abrir la puerta a la presencia tétrica de un hombre que la reconoce como suya. La boda, al día siguiente, se queda en el aire, cuando el sacerdote (Antonio Mayáns) está a punto de proclamarles marido y mujer. El sombrío hombre de la noche se hace presente y parece tomarla como esposa suya con una marca que, personalmente, siento cargada de un velado, pero potente, erotismo: pintarle de negro las uñas de las manos y los pies y su ombligo. Una marca que no desaparece y la convierte, a ojos de su marido, en maldita. A ojos del preocupado sacerdote la solución se halla en una pronta confesión. En silencio, la criada (una secundaria, pero entrañable, Paquita Moya) asiste y apoya a la desgraciada joven, a quien crio.

La sombra (así define Lone al hombre tenebroso en la presentación del corto) no ha venido sola. Una mujer, con bonitas vestiduras blancas, se aparece a la joven y la va convenciendo de que acepte a la sombra como su dueño y señor. Esta pareja parece querer encarnarse en la época de Leonor y continuar su historia de amor. Una historia que no conocemos, pero nos hacen sospechar que quedó truncada cuando ambos vivían. A día de hoy, bueno de la época de Leonor, se manifiestan en contadas ocasiones, apareciendo cual espíritus. Pero son capaces de interactuar con el mundo físico: el tenebroso amante es capaz de paralizar un grupo de personas, lanzar rayos por sus dedos y hasta asesinar. La esplendorosa amante puede acariciar y dormir a alguien con un sencillo toque o imposición de manos. Un detalle que me he guardado hasta ahora, y que podréis haber sospechado por la voz, es que ambos son preciosamente interpretados por ¡Sandra Alberti! Magnífico trabajo de caracterización.

Particularmente, tales personajes me han producido una desazón mayor tras la película que durante la misma. Porque me di cuenta que ambos usan a la joven para sus intereses. No estamos ante la típica historia de amor que sobrevive al tiempo y el espacio, sino ante una posesión premeditada por parte de una pareja que, sin tener en cuenta el daño que hacen, se aprovechan de otros para dominarles y seguir disfrutando de la presencia física mutua. La sombra lo hace desde el poder, la fuerza, la dominación, mientras que la novia de blanco lo hace desde la serenidad, la seducción, las palabras bonitas vertidas en el oído de una bella joven atemorizada.


Por cierto, preciosas las localizaciones y el vestuario a cargo de Rosa de Madrid. En la versión digital de El Correo, Lone desveló: Nos dejaron un salón inmenso en el hotel Palacio Las Manillas, en Sabiote, Úbeda, que tuvimos que vaciar. Sandra Alberti, que participa también como actriz, montó el dormitorio de la secuencia y luego yo tuve que ver dónde podía colocar la cámara para que no se viera ningún elemento contemporáneo
 
 
 
La lista conocida de las localizaciones, todas en Jaén, es:
- Plazuela de los Oficios - Úbeda
- Hotel - Palacio "Las Manillas" - Sabiote
- Santuario "Virgen de Guadalupe" - Santa Eulalia
- Cementerio "San José" - Linares

La sentida banda sonora corre de la batuta de Antonio J. Asiáin.  El equipo técnico al completo lo comparte mundo007.com. 
 
Lone Fleming, la directora, ha liberado su corto en Youtube.



miércoles, 22 de enero de 2020

El sacerdote en 'La Virgen descalza' (2019)

Qué bonito papel de sacerdote hace Antonio Mayáns en el corto 'La Virgen Descalza' (2019). Se trata de la primera obra dirigida por nuestra querida Lone Fleming, a quien tuve la suerte de conocer en el FKM de A Coruña y sentarme a su lado para ver, en pantalla grande, una copia en 35 mm de 'La Noche del Terror Ciego' (dirigida por el coruñés Amando de Ossorio, 1971). 
 
Su primera aparición, en silencio, es para bendecir desde un púlpito. Está asistiendo a un matrimonio concertado entre la joven Leonor y un rico barón.Cuando está a punto de finalizar la fórmula que declara públicamente que ambos son esposos, una aparición tenebrosa paraliza la escena y se dirige a Leonor. Uno de los mudos testigos, aunque ausente en su consciencia, es el sacerdote. Él, como el resto de la concurrencia, solo parece ver cómo Leonor se desploma. Para la joven queda una tétrica experiencia en que un ser oscuro la toma en posesión, pintándole de negro las uñas de manos y pies, rematando por su ombligo. Además del acto de posesión, ¿no le notáis un poderoso y contenido registro erótico? 
 
El sacerdote va a visitarla y le encarga encarecidamente que vaya a confesarse con él a la mañana siguiente. Le preocupa que el origen de su mal sea el pecado. Lo cual es curioso, porque antes del matrimonio debería haberse confesado ya. Quizás piense en un pecado grave ocultado por miedo. La hora de la mañana es significativa, pues antes solo se celebraba Misa por la mañana. Y el momento del amanecer viene acompañado de mucho simbolismo positivo: el fin de la oscuridad, el clarear de las nuevas oportunidades, la victoria de la luz. Un hecho cotidiano que se reforzaba con la orientación del altar mayor cara el naciente, de modo que sacerdote y pueblo miraban cara el sol que salía. Confesarse por la mañana reforzaba la limpieza sacramental, el salir a una nueva vida, lejos de las tinieblas que habían marcado a Leonor en manos, pies y ombligo (¿símbolos de la libertad de movimiento, de la actividad humana y del vientre que puede dar una nueva vida?). 
 
El religioso demuestra su solicitud por la joven novia (aunque no hubiese terminado de pronunciar las palabras en el sacramento ya la podemos considerar esposa: en el sacramento del matrimonio son los presidentes y oficiantes los propios esposos, el sacerdote es testigo formal y transmisor de la bendición divina) recordándole la necesidad de la confesión. Pero no la molesta más ni le da una charla espiritual. En silencio, a continuación, la encomienda de un modo muy tierno: acudiendo a la sepultura de su madre para que la proteja desde el más allá. Sus sentidas palabras descubren un cariñoso sentimiento del cura hacia la difunta (¿Un amor de juventud, un amor platónico?). 
 
No sale más en el corto, su figura queda en el misterio, recluido quizás en la preciosa iglesia del matrimonio interrumpido por la fuerza de un amante que parece haber sobrevivido a la muerte y el tiempo.  
 
Lone, la directora, hace un comentario a este escrito
Leonor, marcada en manos y pies, visiblemente para todos, con el anillo oscuro que rodea su ombligo, no llegará a la confesión, sino que su destino fatal la lleva a los brazos de una bella mujer de blanco, que no busca más que su vida y su cuerpo.

martes, 21 de enero de 2020

Poli bueno y poli malo en ‘La virgen descalza’ (2019)

El primer corto dirigido por Lone Fleming (2019), 'La virgen descalza' nos acerca a la oscura experiencia de una joven a punto de casarse. Sin buscarlo ni imaginarlo, entra en el juego de dos espíritus humanos, antaño amantes, que buscan someterla para poder encarnar de nuevo su amor. No sabemos mucho sobre ellos ni su historia, solo nos dan a entender que la muerte les separó irremediablemente, quedando en el aire la impresión de que ya antes había sufrido lejanía o la imposibilidad de vivir plenamente su pasión. El caso es que pueden aparecerse en nuestro mundo y tomar apariencia física, afectando a cosas y personas. Su objetivo es que ella, la novia espíritu, tome posesión de la novia virgen Leonor. 
 
Su táctica de acercamiento y sometimiento es la de poli bueno, poli malo. El hombre reviste una forma siniestra, con ropajes y maquillaje oscuros. La mujer se contrapone con su bello vestido blanco de novia. Él lleva un sombrero, ocultándose y dando más volumen a su personaje, ella se muestra sin artificios ni adornos vistosos. Él despliega sus poderes, demostrando fuerza, imponiéndose a cualquiera mediante la capacidad de inmovilizar, lanzar rayos eléctricos por sus dedos e incluso estimulando los nervios a distancia. Ella acaricia con sus palabras bonitas, en voz baja, sin despliegues grandiosos, ocultando más que demostrando de qué es capaz. 
 
Aunque amantes que han sobrevivido espiritualmente a la muerte, nunca actúan juntos, aunque sí son capaces de manifestarse uno después del otro. Incluso se manifiestan en los mismos lugares, con excepción de una escena, la primera, con la carta y el hogar. Los dos lugares donde se aparecen son: la iglesia (él durante la celebración del matrimonio, ella en la soledad de la escena final) y la alcoba de Leonor (uno a continuación del otro). Pero su juego es el de poli bueno, poli malo, con el fin de derrumbar y poseer a Leonor. Él la inmoviliza y la marca con la pintura negra en las uñas de manos, pies y rodeando el ombligo. Esta marca, visible para Leonor y su marido, es marca de maldición. También es capaz de excitarla sexualmente a distancia. La novia espíritu es lisonjera, agradable, incluso deseable carnalmente, tierna y delicada, capaz de arrojar a Leonor a un desolador futuro con bellas palabras susurradas.
 
 
Él despliega sus artes poderosas, afirmando que le pertenece; ella la abraza, no la violenta, sino que la atrae y le da calor en la hora de la agonía. Leonor, una joven que vive penando sin su madre, que sufre las consecuencias de un matrimonio apañado a su espalda, que no logra quitarse la sombra de la maldición, que asiste al asesinato de su marido la noche de bodas, no tiene ni tiempo ni voluntad para deshacerse de un destino al que la empujan dos amantes difuntos. 
 
Este acoso y derribo por parte de los espíritus no da una visión renovada de las historias que ya conocemos de amantes separados por la muerte. Lone nos hace gustar el oscuro abismo que le espera a quienes tengan la desdicha de ser marcados por ese oscuro novio, capaz de seguir buscando a su amada incluso en estado espiritual. Uno no puede por menos que simpatizar con ellos en algunos momentos, pero caemos aterrorizados ante la impunidad con la que encauzan a la pobre Leonor a su perdición, a su posesión.

jueves, 16 de enero de 2020

Posesión de difuntos en 'La endemoniada' y 'La virgen descalza'

Diversos eventos, sencillos, pero significativos, me han traído a una consulta rápida de las obras del padre Fortea. Es un exorcista español, con tarea pastoral parroquial, que se atreve con cuestiones fronterizas o no muy de moda a nivel popular, relacionadas con la demonología: su relación con el Derecho, tanto canónico como civil, la doctrina de otras confesiones cristianas, el exorcismo en otras culturas y, la que me interesa, el tema de las posesiones por parte de un difunto. 


Esto se debe a las aportaciones de diversos fans que, estas semanas, han recordado la película 'La endemoniada' (dirigida por Amando de Ossorio, 1975), al cumpleaños de la protagonista femenina, Marian Salgado y a la aparición del corto dirigido por Lone Fleming, 'La virgen descalza' (2019). La posesión por parte de una alma de un difunto es un vínculo entre las dos películas mentadas. Ahora, me pregunto yo, ¿hay datos de tales posesiones? Y la práctica exorcística dentro de la Iglesia Católica nos viene a responder afirmativamente. El padre José Antonio Fortea es el único al que he podido consultar. Su obra principal es 'Tratado de las almas perdidas' (versión digital de 2015) y resulta ser un complemento contemporáneo a su tesis doctoral 'La tiniebla en el exorcismo' (versión digital de 2015). 


Acudo a las películas y veo que la niña interpretada por Marian sufre una posesión por parte del malvado espíritu de la gitana Madre Gautère. La niña cae en su poder desde que acepta el curioso regalo de una joven gitana: un ídolo que le dará cosas, a cambio de cuidarlo en secreto. La posesión lleva a una transformación, incluso física, de la pequeña, y solo se resuelve a base de imprecaciones por parte de un sacerdote católico. En el caso del corto de Lone, la joven interpretada por Laura de la Vega sufre las visitas de una mujer madura, engalanada de blanco, que la irá seduciendo para que consienta ser una sola alma con ella y, así, poderse entregar a su amante fallecido. Hay que decir que la mujer también ha muerto y se le aparece. Una vez que, agonizante, la joven viva se deja hacer en brazos de la muerta, aquella sufre una metamorfosis física. Nosotros solo vemos que sus heridos pies recuperan la salud y tersura de una piel perfecta. Debido a que no hay manifestaciones anteriores ni se ha producido la posesión cuando él entra en escena, el sacerdote de la historia solo le recomienda que le visite y se confiese. 


El padre Fortea solo se atreve a lanzar una hipótesis tras esperar varios años de práctica exorcística, estudio y comentarios con otros sacerdotes: algunas almas han llegado a poseer humanos. Almas perdidas que no han llegado a Dios, pero tampoco han renegado de Él. También podrían tratarse de condenados (viven en estado de Infierno y otro exorcista, el difunto padre Amorth, dijo haberse encontrado con alguno), aunque estos no rezarían ni se arrepentirían, tal como hacen las almas perdidas, ya que su estado es definitivamente de perdición. No se las echa con exorcismos, únicamente válidos contra los demonios, sino con oraciones. Su comportamiento no es iracundo, como en una posesión tipo una vez que el demonio se manifiesta, sino que semeja aquejado de tristeza. Suelen contar que murieron en pecado, pero sin renegar de Dios, que hay otras muchas como ellas y que solo buscan la Luz. Cuando abandonan al poseso lo hacen de una forma suave, generalmente en forma de un hondo suspiro. Si el exorcista lo pide, obedecen prontas y alaban a Dios, pronuncian el nombre de María y rezan sin problema. La propuesta del sacerdote es que son almas relegadas al Purgatorio, que su estado es el de aquellos pecadores que se han quedado apegados a nuestro mundo debido a su indecisión definitiva en el momento de la muerte o que han vivido como pecadores, pero no han llegado a renunciar a Dios por completo. Son "almas perdidas" que se purifican y cuyo destino final se forjará el día del Juicio Final. Agradecen y piden oraciones por ellas. 
- Aparta eso. Lucha solo, cobarde. No te ampares en eso. Atrévete a dar la cara.
- Vade retro, Satanás. Vuelve al infierno del que has salido.
Así, pues, aunque sean un alma condenada (la pérfida Madre Gautère) o un alma que vaga en busca de su (malvado... al menos pinta y hacer lo tiene de malo chungo) amante, quizás gracias a negras artes mágicas, la práctica del exorcismo sobre cualquier de las dos jóvenes solo tendría un cierto efecto, sin llegar a ser la solución. Ambos casos entran en la práctica anterior al nuevo Ritual de Exorcismos, presentado en enero del año 1999, así que nos podemos hacer una idea de que habría muchas imprecaciones al demonio con voz firme, pero pocas manifestaciones y sí mucha confusión. Al final, solo valdrían las denominadas oraciones deprecativas, que se dirigen a Dios en nombre y favor de alguien, las posesas en estos casos. Las imprecativas no tendrían demasiado valor, pues son órdenes al demonio. Esto, como podemos imaginar, haciendo un poco de teología ficción. Y es que, para empezar, ya tenemos que pensar que ambas son almas del Infierno, pecadoras que han renegado de Dios y se han entregado al demonio y la magia negra. Lo que no deberíamos es esperar colaboración por parte de ninguna de las dos, pues buscaban la posesión, el control de un cuerpo humano que satisfaga sus aspiraciones.

martes, 26 de noviembre de 2019

'Mestres do terror', selección de relatos

Dende hai pouco coñezo a pequena biblioteca municipal de A Ponte. Situada no edificio da (inda pechada) praza de abastos, é unha institución que vai medrando, alomenos en canto títulos se refire. Cada vez queda menos espacio nas súas estanterías e aumentan as posibilidades de atopar enxundiosos escritos. Recén renovado o carné de socio, eu xa atopei un: 'Mestres do terror', publicado por Urco Editora no 2010.

A proposta dunha serie de relatos é interesante, pois son breves e uns amosan o arte de escritores recoñecidos, outros descúbrennos dimensións descoñecidas de famosos noutros xéneros e non faltan os que poñen en movemento textos fóra das recomendacións populares. Así, a proposta deste libro de 200 páxinas é presentarnos unha colección de relatos dos seguintes autores: Aluísio de Azevedo, Ambrose Bierce, Poe, Guy de Maupassant, Lovecraft, Humberto de Campos, Rubén darío, Thomaz Lopes e Willian Hope Hodgson. Dez son os textos.

Un detalle interesante é que o selector vive en Brasil e concebíu a obra como unha recopilación de autores que escribían ou foran traducidos ó portugués, cos ollos postos en Galicia. O libro bebe desa iniciativa, pero está en galego. Lembrades que aí atrás vos falara da preciosa iniciativa de traducir a Lovecraft á nosa lingua nai? Pois este libro é un paso máis para fornecernos de boa literatura de horror no noso idioma. Aquí tamén lle fan un oco ó ermitaño de Providence, ofrecendo o seu breve "A tumba": un descenso á loucura e a unha solitaria tumba na cal o protagonista será enterrado cando morra, inda que xa en vida entrou (ou imaxinou) vivir nela e coñece os segredos dos mortos.

Quen abre a obra, e faino con dous relatos, é Ambrose Bierce: "A estrada ao luar" e "Aceite de can". Na primeira asistimos ás terroríficas declaracións dunha familia na que a morte fai acto de presenza de modo violento e con nocturnidade. A pesar de todo, a existencia como espírito da esposa asasinada entre as sombras da súa propia casa, non é nada comparada ca que vive como ente desencarnado, só capaz de comunicarnos parte da súa sombría existencia mediante un médium. E que dicir da segunda entrega? Unha familia especializada nun negocio tan escuro como alentado por doutores e xente da alta sociedade.

"O defunto", de Thomaz Lopes, acércanos á terrible experiencia do enterrado vivo. Nun mausoleo pétreo irá experimentando luz e sombra, resignación, loita e loucura. "A man disecada", de Guy de Maupassant, é un clásico no que a protagonista é unha vella e defunta man. Poderá o seu criminal, e tamén defunto, dono seguir cometendo maldades con ela? Non sería mellor que quen a comprou a depositase na tumba de quen a usou para matar en vida? "Os ollos que comían carne", de Humberto Campos, é un vistazo ó desastroso final de quen ansía ver, ou recuperar a vista gracias a unha novedosa operación, pero non acepta o rango de frecuencia co que lle afinan o nervio óptico. Rubén Darío aparece co seu "A larva": unha curta aventura dun mozo que desexa saír de serenata, fuxe de casa e atopa un misterio de apariencia pútrida. 

"Unha voz na noite" é o relato de Willian Hope Hodgson. Na escuridade do mar, unha voz pide comida e, despois, conta a súa triste historia de degradación física nunha illa cercana. Sobrevivindo, el e a súa dona, a un naufraxio, chegan a unha illa. Alí, unha mancha gris, un fungo indestructible, vaise facendo con todo o que ven, ata con eles mesmos. O seguinte texto é de Edgar Allan Poe, inda que na páxina 137 poña que é de Hope Hodgson (no índice aparece ben a autoría). "Sombra... Unha parábola", catro páxinas onde un grego nos advirte da morte cercana, da existencia triste tras do pasamento. Rematando a entrega, "Demos", de Aluísio de Azevedo, unha lea de imaxinadas situacións que comezan cunha parella de namorados que sobreviven ó fin do mundo e non buscan senón morrer xuntos no mar, mais non alcanzan máis que unha e outra transformación física, moral e mental.

sábado, 2 de noviembre de 2019

Todos Os santos 2019

Imagen de san Benito sobre la puerta mayor
Ayer, como es tradición, me acerqué con mis mayores a San Benito de O Rabiño. Allí se encuentra el cementerio de nuestros antepasados. Un cementerio que fue creciendo con cierta anarquía y que se asemeja a tantos otros de Galicia, con sus tumbas apretujando el templo por casi todas sus caras. Ayer mostraba un ambiente florido, con algún que otro cirio que el viento y la lluvia no habían podido apagar aún. 
 
Las flores, lozanas y recién puestas, daban un aire festivo al lugar, lo que se complementada con las conversaciones de vecinos y familiares que se reencontraban. Siempre hay tiempo para un poco de cháchara antes de Misa o de una sencilla oración ante el túmulo que hoy contiene a nuestros seres queridos y mañana nos engullirá a nosotros. Resulta, pues, de un fino humor negro el detalle de poner a las tumbas "propiedad de tal familia", cuando somos nosotros propiedad suya, ¿verdad?
 
Aunque, etimológicamente, cementerio significa dormitorio, lugar de los que duermen. Y eso le va de perlas a la creencia cristiana de la resurrección en cuerpo y alma. Los muertos, vivos en ánima, esperarían por su dimensión física. De ahí que algunas oraciones de las misas de difuntos hablen del sueño en unión, cuando no identificación, con la muerte. Aunque ayer era Misa de gloria. Por los difuntos, sí, por los fieles difuntos, también, pero no para pedir por ellos, sino para recordarles, pedirles intercesión y descubrir que santos hay más que los que aparecen en los santorales. La del día de ayer era una celebración festiva, con su Misa con Gloria y dos lecturas y cantos alegres. En san Benito los interpretaron a varias voces un coro incansable que aportó ritmo festivo a la celebración. No era para menos, pues era día de festejar a "los mejores hijos de la Iglesia", a los amigos de Dios que gozan ya de Él en el Cielo. Aunque imagino que la felicidad no será tan completa cuando les falta un "trozo" de sus ser: su cuerpo. Pero, vamos, que hoy no me voy a meter con esas disquisiciones de la unidad cuerpo-alma, del doble Juicio y de las Postrimerías. 
 
Tarde gris para festejar la gloria de Todos los Santos
Estas han sufrido una notable revisión en cuanto a su prédica y descripción, pasando de una geografía descriptiva a un traslado de corte sentimental-existencial al ámbito sobrenatural del Más Allá. Lo escrito, que ayer era día de fiesta, aunque se vive muchas veces como de recuerdo y melancolía por los que ya no están. No se celebró allí Misa por la mañana, sino esta de las 17 h que tuvo gran afluencia, contó con el coro parroquial y revistió sencillez sentida por parte del presidente. El celebrante, oiga, el cura, que se denomina presidente, porque es el que preside. Así que, cuando en una Misa digan que preside el acto tal o cual político, sepan vuesas mercedes que no, que la presidencia religiosa le compete al sacerdote que "dice" la Misa. Esto de decir nos viene de viejo, de cuando era obligación "oír" Misa. Ahora sigue existiendo, más nos hemos arrojado a nuevas perspectivas y se habla más de "participar, celebrar" la Eucaristía. 
 
Revestido de blancas vestiduras, en consonancia con la solemnidad y la lectura del Apocalipsis, don José Ramón, sucesor en el puesto de don Delmiro, nos fue guiando desde los ritos de entrada á la bendición final. Dejó bien claro que la celebración era de gloria, de fiesta por los Santos, aunque la coyuntura social y emocional nos llevara a creer que estamos en el Día de Fieles Difuntos. La idea se repitió en la predicación, donde recordó que Santos había más que los celebrados y reconocidos por la Iglesia. Al final de la Misa, como sucede más de una vez en estos lares, preguntó a los que estaban de pie, junto a la puerta mayor, qué tiempo hacía fuera. Y, como es también natural, se inició un debate acerca de si llovía, orballaba o se acercaba una tromba. Al ser hombre diplomático, al señor cura no le quedó otra sino preguntar a los fieles qué les parecía mejor: salir o no, lo que fue respondido con sugerencias de rezar dentro del templo. Eso sí, las voces ni se alzaron demasiado ni todo el mundo se puso a hablar. Es de agradecer que el ambiente de respeto y recogimiento se mantuvo. La cosa era acerca del responso por los difuntos. Como muchas familias nos habíamos unido para la visita a las sepulturas, dirigió una oración por ellos, revestido con la blanca alba y una estola morada. Otros años se realizaba una procesión en torno a la iglesia, con tres o cuatro paradas para el rezo. Lejos van quedando aquellas costumbres de pararse tumba por tumba y entonar responsos pagados: a mayor cuantía mejor responso. 
 
La iglesia de san Benito es barroca y su altar mayor es buen ejemplo de este recargado estilo. Piérdanse ustedes un día en sus figuraciones y reviravueltas de corte vegetal, en sus dorados y figuras. A ver si reconocen a las dos santas de la parte alta, o se emocionan ante un arcángel Miguel blandiendo su espada en alto. ¿Y no llama la atención esa Trinidad del centro? Seguro que el san Benito del altar también les llama, con esa tez morena, el báculo abacial y su gesto serio, sumido en la lectura de un libro que lo mismo son los Evangelios que el de su regla monacal. Una Regla que tuvo éxito y fuer dominando a otras implantadas en nuestro territorio. Sólo hay que ver la desgracia en la que cayeron nuestros monasterios dúplices y algunas reglas monásticas, barridas por la imposición de la benedictina. A los pies del santo monje permanece un cuervo con el pan en el pico. Se mantiene la majestuosidad de las tallas con las de san Pedro y san Pablo, perfectamente identificados por las llaves y la espada, respectivamente. De sus rostros mejor hablamos otro día. Vean ustedes el de la "piedra" sobre la que se edifica la Iglesia y díganme si tiene pinta de estar en la gloria. Eso sí, a continuación comparen con otras representaciones de la época y dense cuenta que las sensibilidades han cambiado, así como las expresiones.
La epacta de este año litúrgico
 
 
Para contemplar también nos sirven los nervios pétreos que ascienden por las paredes hasta el techo, rematados en medallones, con sus soles y lunas con rostro, y otras representaciones que les harán cavilar un instante. Si quieren ver más pueden acercarse al "humilladoiro". Es una construcción anónima y sin fechar que se encuentra en línea con el altar mayor, a la vera del caminito que sube hasta Soutelo. Es una construcción piadosa que contiene un precioso Cruceiro, con sus imágenes del Cristo y la Virgen. Hace años no eran visibles, pues los vanos estaban tapizados con madera y solo se abrían los días de fiesta para la venta de cera. Ayer no estaba buen día para buscar y fotografiar las inscripciones que aún se leen bajo el tejado, en los bordes exteriores. Me parecieron, en su momento, que eran jaculatorias marianas, al menos una de ellas. Y me parecieron tres, cada una en su lado. 
 
Pero la tarde no terminó en la que fue la parroquia matriz de san Xoán de Louredo, sino que se extendió a esta. Entre los recuerdos desgranados al amparo de la cocina de leña, compartimos algunos relacionados con la historia de nuestro pueblo. Así, la existencia de un camino de los arrieiros, que suele sonar a personajes de otras latitudes, pero no, aquí los tuvimos. Su camino recorría nuestras aldeas e iba a dar, mejor dicho, comenzaba, en la estación de tren de Filgueira. Un punto estratégico, cercano a Cortegada, que posibilitaba la adquisición de nuevos productos que luego se vendían por la contorna. En Louredo, tal camiño pasaba cerca de donde está la "nave do Perricho" e iba a dar a la parte alta del monte de O Cadaval. Subía hasta o Alto da Sardiñeira, donde se dice que se juntaban tales vendedoras para, desde allí, desperdigarse por las cercanías. No hace tantos años que por la zona se perforó en busca de agua, sin resultados halagüeños. 
 
En un viejo mapa, consultarle en línea en la web del IGN, se puede seguir las trazas de tal camino. Un hito de la tarde fue el momento en que compartí un regalo que me han mandado por Facebook: dos páginas del Boletín del Obispado de Ourense, donde se recoge una carta del cura de entonces, don Constantino, agradeciendo la reciente inauguración del nuevo templo parroquial (GRACIÑAS, Xosé antón Casares). Cita al señor párroco de O Rabiño, matriz de Louredo entonces, hombre recordado por su fuerza. Dicen que era capaz de levantar un culeiro de uvas tan pancho, él sólo. También cuentan que un día se pusieron él de un lado de una mesa y tres del otro, cayendo estos por el empuje de aquel. 
 
Lástima que no se ofrezcan más detalles del día de la inauguración. Nos cuenta el sacerdote que se pasó al Santísimo y las imágenes de los santos de la vieja iglesia a la nueva. Mis padres mencionan que los mayores recuerdan que eran las imágenes de San Juan bautista, patrono de la parroquia, y Santa Ana, madre de la Virgen. Aaaaunque esta última parece ser la imagen, de corte románico, que se conserva hoy junto al altar dedicado a distintas advocaciones marianas y que, en realidad, sería una imagen de la Virgen María. Curiosamente, las dos imágenes se hallan hoy enfrentadas, en sendas peanas.
 
No hay menciones, pero altares y campañas, así como el cierre de los diestros, llegarían en 1923 o por tal fecha. El cierre de piedra, pagado por "o Indiano" y los altares de madera confeccionados por el artista de Remuíño, "o Chollo". La carta se cierra con los agradecimientos de los donantes y esto empalma con un resto que, poco a poco, desaparece de la pared del templo parroquial: una flecha rojiza, que señala desde donde pagó el pueblo, a decir de mis mayores.