miércoles, 22 de junio de 2016

El libro de Sarah, de Vicente García.

Se me hizo un tanto larga esta novela, aunque no pesada. Imagino será el inicio de una saga y el pórtico ha llevado su tiempo construirlo y dar detalles al público, de modo que se despliegue parte de la épica historia que nos quiere contar el autor, poniendo en el centro a una chica, una adolescente que pasa de ser protagonista de algo. Adolecentes...

Esta chica se lleva un buen susto cuando se encuentra una copia suya, un clon, en plena calle. Acaban de mudarse a nueva casa y colegio pero esto no es una alucinación sino un fenómeno real que se nos irá explicando con el paso de la páginas. El caso es que la otra es ella pero en una realidad distinta. Ella misma pero un poco distinta. Aparece para que la Sarah que primero conocemos se mueva, cual una nueva Alicia, a una realidad donde un grupo de personas vive, se forma y entrena en un cierto ambiente de compañerismo. Cierto porque a pesar del tiempo y las generaciones que pasaron por allí, la fraternidad no llega a fraguarse. El lugar se denomina la Fortaleza y la podemos imaginar como una gran torre con múltiples locales y habitaciones. Un Consejo de hombres domina aquello y desde allí se pretende un mejor conocimiento del Universo, amén de la preparación contra un etéreo Enemigo del que poco se sabe pero cuya existencia arrastra a realidades enteras a la destrucción. Cada realidad digamos que corresponde a un universo, tal y como lo solemos conceptualizar. Es decir, el universo está formado por distintas dimensiones que conforman universos de galaxias, estrellas y civilizaciones. Entre cada realidad puede darse uno o varios nexos, conexiones que se encuentran en lugares tan anodinos como espejos y armarios.

Ah, que la cosa suena mucho a Alicia, ¿no? Pues las referencias más o menos explícitas estarán a la orden del día. Algunas se citan: Juego de Tronos, Star Wars, Star Trek,... Otras aparecen de un modo muy curioso y que me ha gustado: diciendo que nuestros cuentos y sus personajes son seres y situaciones que han podido suceder realmente pero que han ido degradándose con el tiempo, quedando una sombra de recuerdo en forma de mito o leyenda. El Origen está en el (¿platónico?) Armazón de las Ideas. Yendo a lo que vemos, leyendo, pasan por las páginas de la novela personas reales como el último gran maestre templario o un llamado Detective que nos retrotrae a Holmes. Con ellos, seres mitológicos y personajes de leyenda, literalmente. En medio de sus pesquisas y preocupaciones, Sarah, la humana despistada que resulta ser central en los acontecimientos del universo. Ella, sin saberlo, es capaz de atravesar cualquier nexo entre realidades, tiene capacidades que no son comunes y cuenta con una versión en multitud de realidades. No son la misma persona sino versiones más o menos parecidas en cuanto a capacidades, edad, características físicas,...

Va para largo así que quedémonos con que los nexos fueron descubiertos y eso no siempre llevó a relaciones entre realidades que se beneficiaron mutuamente sino que la cosa acabó en guerras, en tres guerras para ser más precisos. A día de hoy se siguen realizando incursiones, raptos, destrucción de nexos pero, también, ayudas mutuas, intercambio de personas y conocimientos entre realidades. Hay ciertas limitaciones de viaje para la gran mayoría; unos pocos pueden viajar libremente. Hay realidades cuyas civilizaciones tiran más por la técnica y otras por la magia, las relaciones son tirantes. Hay a mayores, oculto entre sombras, un Enemigo al que no se pone nombre ni rostro pero del que se sabe su capacidad de destrucción por el terrible rastro de realidades que deja reducidas al silencio tras su paso. En todos los casos, parece ser que la Tierra es el centro más importante en el momento de atacar. El Enemigo no es un solo personaje sino varios y sus armas mezclan magia con tecnología.

Mucho, mucho, vale. Sarah tiene que entrenarse, prepararse a distintos niveles y procurar ser fiel a los dictados de Consejo para poder seguir viva y salvar realidades. Como la nena es una inquieta adolescente resulta no ser muy controlable y, gracias a eso, sabrá más de lo que le cuentan y podrá tomar decisiones no siempre comprendidas o aceptadas. Es un personaje que lo mismo se nos hace simpático que un tanto cargante. En general a mí me gustó sin llegar a convencerme, sobre todo a la hora de hablar. Esto es una nota que arrastra desde algunos momentos de su anterior saga, la de Apocalipsis Island. Es como una costumbre que roza lo barroco: el tema de algunos diálogos suena a recargado y rimbombante. De vez en cuando y con alguno que otro personaje está bien porque los define pero suele pasar que luego el estilo sigue sin control y contamina el ambiente.


Si nos vamos a personajes que no hablan o casi no lo hacen, me encanta el rollo que se traen Verne y Moriarty. Dos detalles se nos dicen de ellos pero te hacen pensar mucho, y esperar más, de ambos. Además, cómo no detectar un curioso y genial antagonismo entre ambos... y ya no digamos del desaparecido padre de Sarah. Silencios elocuentes y elucubrantes.

Queda mucho por decir y es que la novela es amplia. Vale la pena si te gusta lo fantástico porque aporta un nuevo universo donde no solo hay magia sino también tecnología, los buenos no lo son de todo y alguno de los malos forma parte del equipo de los buenos (bien, bien), la prota tiene múltiples versiones y va afianzando su personalidad, tomando decisiones que no siempre caen bien en sus superiores, puidiendo hasta dejar de lado la misión que le encomiendan, el Enemigo es un conjunto de magos y asesinos, con una capacidad bestial de destrucción, mezcolanza de magia y mecánica. La lectura se me hizo muy fácil, a veces plana, pero es el precio que paga el autor para llegar a un amplio público. Portada muy chula, por cierto.


Parece que es el inicio de una nueva saga para la editorial Dolmen, antentos, pues.