jueves, 23 de junio de 2016

Yo estoy vivo y vosotros estáis muertos, de Emmanuel Carrère.

La editorial es Minotauro y el libro es una preciosa y emotiva biografía de Philip K. Dick, un escritor de ciencia ficción norteamericano que nos deja con la duda, después de leerle, de si realidad es lo que nos parece. Una vida con paranoias, anfetaminas, matrimonios que acaban mal, revelaciones monstruosas y un estilo donde toca la fibra sensible a la hora de conocernos y conocer el mundo. Inquieto cuestionante, hombre de mil ilusiones e ideas, persona de culo inquieto que quiso poder distinguir aquello que percibía, sospechando estar enfermo pero consciente que lo suyo más derivaba a la mística. Una derivación que  acaba en una declaración de intenciones cuando dice que su obra es un golpe que lleva al despertar, que sus lectores tienen en las manos la forma de abrir realmente los ojos para toparse con la Realidad. Una Realidad nada amigable, por cierto, un mundo donde poderosos nos dominan y mantienen anestesiados para que no nos cuestionemos ciertas coincidencias y déjà vu que nos alertan y hacen sospechar que no todo está donde debería. El escritor pasa de imaginativo a profeta y su aviso tiene poco de esperanzador. Él mismo buscó la manera de desconectarse de la proyección que falseaba el mundo, hasta se bautizó, pensando así abrirse a un salvador que le mostrase lo que había más allá de sus ojos, aunque eso supusiese descubrir que la cosa estaba peor.

El libro es una joyita de poco más de 300 páginas donde veremos al hombre formarse y descubrir su arte narrativo. Un estilo sencillo, la verdad, abordable generalmente, que te mete en multitud de universos para sorprenderte y hacerte pensar muchas veces. No se mueve siempre en el mismo escenario, no se preocupa de ir rellenando una galaxia con personajes y situaciones que podemos ir viendo en general sino que sus historias siempre son un nuevo inicio. Hay detalles que le delatan y le hacen cercano: personajes cotidianos cuyas decisiones cambian todo un mundo, multitud de artesanos y trabajadores como los que se podría cruzar él por calle en su juventud, escenarios cotidianos que apenas necesitan explicaciones porque podría ser uno en el que nos levantamos cualquier mañana, la presencia de multinacionales poderosas que incluso derrocan y mandan más que cualquier gobierno,... Una veces te mete en el futuro, otras te describe el mundo que veía por la ventana, puede lo mismo hablar de civilizaciones alienígenas como de supervivencia post mortem en cámaras preparadas incluso para comunicarse con los muertos. El título del libro es una frase de una famosa novela, comentada aquí en el blog, y que trata precisamente de la percepción y la supervivencia durante las primeras jornadas como muerto.

Esta biografía va condensando datos que vienen de entrevistas, testimonios y de las mismas novelas de Dick. Un viaje impresionante y muuuuy bien contado que nos mete en el mundo del escritor y ayuda a empatizar con él. Yo llegué a Phil por sus cuentos breves, editados en cinco maravillosos tomos por Minotauro, y agradezco haberlos devorado antes de esta biografía. También he leído alguna de sus novelas. Encontrarme con este libro en Santiago de Compostela (librería A Gata Tola) fue como un chispazo de aviso. No lo compré a la primera sino después de la compra del último tomo de relatos breves. La segunda vez en la tienda fue la definitiva, cuando sentí que debía llevarla a casa y dejarla hablar. La verdad, encantado quedé con esta compra, auténtica referencia y descanso de lectura. Da gusto leer a Carrère por su estilo ágil y su forma de meterte en la historia sin grandes aspavientos, solo narrando y aportando historias de las historias escritas por Phil. Datos y comentarios sobre su vida se van intercalando con detalles de entrevistas o excursus sobre sus novelas.

Para mí tiene un toque entrañable, tanto la biografía como algunas escenas de la vida del autor. Carrère nos desvela detalles como el de la hermana melliza de Phil que murió a las pocas semanas de nacer, que la enterraron en una tumba donde ya pusieron el nombre y la fecha de nacimiento de su hermano, que él ocuparía esa misma tumba en el 82, tras tres días en coma, siendo enterrado por su anciano padre, y que llegó a pensar que fuera su hermana la que vivía y él, con su realidad, eran una imaginación suya.  

 
También sabremos de sus paranoias, su amistad con un agente del FBI, sus declaraciones donde te confundía diciendo una cosa, refutándola después para irse sin saber bien tú lo que realmente pasaba en su cabeza. Curiosa forma que, por ejemplo, vivió la última persona que le escuchó antes de su muerte: un periodista que le entrevistó. Tras de lo cual parece que ya nadie volvió a escuchar su voz.


Un libro de referencia que no me canso de volver a consultar, ya que la lectura es amena e interesante, no se hace pesado ni se convierte en una fría exposición de datos y anécdotas. Yo, de alguna manera, al leer podía imaginar a un renovado Phil sonriente y calmo, con un chispazo de malicia en los ojos y una sonrisa a medio nacer, retando a que le hablase y no me sorprendiese si le respondía.