martes, 28 de junio de 2016

26J, una mañana de elecciones.

El pasado domingo me tocaba ser suplente en la mesa electoral de san Benito de O Rabiño. Esta mesa ha aparecido hace muy poco, sin saber la gente el porqué de tal génesis y multiplicación. Y es que, hasta la fecha (que creo recordar fue la anterior convocatoria electoral), bajábamos a Cortegada tan tranquilos a ejercer el derecho de voto y hablar con conocidos y amigos a la salida de la votación. En Cortegada de Baños ejercimos tal derecho y obligación en dos puntos: la mesa o estaba en una aula del colegio Otero Novas o en una sala del edificio del ayuntamiento.

La cosa es que se dispuso desde hace poco que haya mesa en san Benito, en la renovada y antigua escuela. Allí fui con ganas de salir pronto y voto a bríos que salió la cosa como internamente deseaba. Viendo la mesa constituida tenía por delante una hora antes de la apertura para las votaciones, debatiéndome entre irme a tomar un café a Cortegada o salir pitando a una rauda excursión fotográfica por los alrededores. Efectivamente, esto de tener abiertas tres cuentas de webs donde alojar fotos y alcanzar el nivel 3 de Local Guide en Google Maps parece haberme afectado positivamente. Decidí la ruta fotográfica que me llevaría a una colección de más de setenta fotos y dos vídeos en media mañana. eso y un opíparo desayuno de dos magdalenas.

Inicié la subida cara Zaparín, recordando en el ínterin que antes podía parar en Soutelo, en la hermosa y sencilla capilla de santa Mariña, mártir gallega cuyo nacimiento suele situarse en terreno limiao y su martirio en la alaricana Augas Santas. No recuerdo ahora si la novena usada aquí, en soutelo, es la misma que allí se puede conseguirse allí. El caso es que el camino estaba cubierto con hierbas altas y aún húmedas por el rocío matinal, consiguiendo mojar pantalón y zapatos en pocos minutos. Un paseo por el monte en medio de una bucólica paz que quizás se asemeje a la del Paraíso y que llevaba en su divino silencio la harmonía de la brisa y el canto de los pájaros.

Allí seguía la capilla, con su palco para la música enfrente de la entrada y la no tan antigua sección dedicada a los fuegos del churrasco que se prepara en la fiesta. Soutelo está entre San Benito y Louredo, estando su fiesta de la santa en medio de las patronales de san Juan bautista y san Benito de Nursia. Antes, la novena que prepara para el día grande. Novena y misa en un altar que no permite sino celebrar parte de la liturgia, como suele decir la gente, de espaldas al pueblo. Suele cantarse siempre el himno "Ven, Marina de Galicia". Una imagen con andas sale en procesión en torno al templo el día de fiesta.

Siguiendo el camino cara las alturas paré para una visual sobre las montañas de la contorna, cuadrando ya muchas de las vistas en terreno portugués. Al fondo se ve el puente de Valongo, una recta altísima que ahorra unos cuantos kilómetros en el camino cara la frontera pero que deja de lado Valongo y Trado. Por allí cerca o coto da moura, lugar del que tengo que enterarme si sobrevive alguna leyenda o solo ha quedado la memoria del nombre. Como bien sabemos, tal moura no sería una mujer árabe sino un ser legendario qe vive en el inframundo y suele ser noticia de premio y tesoro si se la ayuda.

Yo moura o mouro no encontré sino un extraño "parato" en el monte. "Vaya cosas que crecen hoy en día", me dije. Y es que una abominación fruto del ingenio humano se levantaba entre los pinos y la hierba a un paso de la cuneta. Como en cualquier película de terror, puede más el fascinans que lo tremendum y hete aquí que me aupé hasta su altura para descubrir un sistema perteneciente a la Xunta de Galicia que resultó ser una trampa y remedio contra el Nematodo del pino, parásito que nos seca los árboles y parece proviniente de alguna zona americana.

Aprobando el cuidado del monte, con la calma de una mañana dominical, llegué a la casi desierta Zaparín, cuyo patrono es san Martín, a la par patrono diocesano y motivo de breves artículos en la revista eclesial Comunidade de este Año de la Misericordia. Gracias a la Sociedad Filatélica Miño, de Ourense, este san Martín, y casi todos los de la provincia ya, cuenta con un sello de Correos clase A.

Enfrente de la iglesia parroquial, con su cementerio en torno, está un cruceiro con una base que resulta ser un ara romana. No conozco el contenido de su inscripción. La cruz es lisa por todos sus lados, sin imágenes, colocada directamente sobre el ara, con una pequeña base de piedra. Habrá que buscar información sobre ella, sobre todo cierta foto de hace años donde don Pepe, que fue veterinario y alcalde de Cortegada, escribió algo sobre ella. 

Nuestro rural se desvanece, como le sucede a Zaparín, lo cual es una pena y nos llama a valorar y cuidar a la gente que resiste en sus casas, recordando tiempos más duros en los que los vecinos trabajaban las tierras a golpes de esfuerzo y cánticos. 

Lamentarnos cuando aún podemos hacer algo es poco, ¿verdad? La alegría de las vegetales vistas y el fresco reinante se empaña un tanto con estos pensamientos. Y así sigo el tránsito cara la cima. Reviso el reloj y veo que falta poco para las nueve pero arriesgo la subida en aras de una visita que hace años postergo: un paseo por el entorno del santuario de la Virgen del Val.

El lugar está hoy rodeado de árboles y la hierba está alta aunque se nota que el lugar se cuida y la maleza no hace acto de presencia. El entorno de la inacabada iglesia es un remando de paz verde y gris, de hierba y piedra, de crecimiento y estancada historia que muestra un alto en el camino donde oración, meditación y calma se dan la mano. La iglesia es un fragmento de lo que pudo haber sido, pues su construcción se dejó en el aire. Lo que sí se remató fue un muro que la circunda y alberga un camposanto, pórtico medidativo a la bella iglesia que es poco más que el cabecero de lo que habría de ser. 

Meditativo porque puede uno pararse ante las sepulturas y preguntarse si ciertos lemas como "Propiedad de..." no serán ácidos sarcasmos o luminosas intuiciones que nos revelan que más que poseer nosotros un trozo de tierra va a ser esta quien nos posea a nosotros. El pensamiento corre hacia la muerte con la calma de quien acepta y parece comprender que la vida terrena es un paso y la muerte un descanso. Por eso el lugar es cementerio, lugar de los que duermen, y no una simple necrópolis, ciudad de muertos.


Hay cerca de la iglesia una casa en ruinas, parcialmente tapada por la maleza que siempre me llamó la atención y que parece que fue hospedaje de peregrinos. Realidad esta no vista por nuestras tierras y que valdría la pena investigar. A día de hoy es un hecho cultural y religioso que vale la pena poner en valor, amén de redescubrir la ruta jacobea que recuerda. Si no, una purificación de la memoria no vendría nada mal y arrojaría luz sobre una edificación ruinosa bien visible.

Fui el cuarto en votar y dirigí los pasos cara Ribadavia, siguiendo la vieja carretera que pasa por Meréns y Arnoya. Ello dio lugar a una parada en la casa de tal ayuntamiento, cuyo nombre no se encuentra en ningún pueblo o barrio. Algunas investigaciones lingüísticas dicen que Arnoya significaría "río". Y el río que la pasa es Arnoya. Pues vale. 


Parar delante de una casa consistorial es todo un reto para mí ya que me impulsa a buscar una placa ovalada que contiene datos geográficos acerca del lugar. He cogido la costumbre de fotografiar esas placas y reunirlas en un álbum digital. Una colección curiosa que comencé por aquello de pasarle las fotos a una amiga que estudiaba Geografía e Historia. Allí la encontré, como encontré más tarde la de Cenlle. Y allí estaba el monumento a los labradores, especialmente dedicados al pimiento, hoy cultivo denostado, por desgracia pero mantenido.

Entre las joyas a visitar y en las que pararse, pensar y rezar, está el peto de ánimas de san Amaro, a un lado de la carretera. Conserva parte de su policromía y muestra a la Virgen sosteniendo al Hijo muerto (Piedad), sobre las llamas purificadoras del Purgatorio, donde vemos tres ánimas penar.
 
Ribadavia fue la parada para un potente desayuno leyendo noticias y escuchando al personal, bien escaso, que hacía cábalas y comentarios acerca de la jornada electoral. también fue lugar para fotografiar algunas placas de la plaza mayor. Me llamaron la atención la que señala la casa natal de fray Tomás de Lemos y la que recuerda la persecución religiosa contra los judíos. 

Recuerdo que hace años participé en un programa de televisión local donde se hablaba de cultura y cristianismo. Lo dirigía don Juan Bande, hombre entregado al buen humor y la cultura al que hace tiempo no veo. Aquello desapareció con la caída de TeleArnoya. Una pena que deja un hueco sin llenar en cuanto a cultura local. 

Las horas dieron para esto y una visita al cementerio ribadaviense, con charla incluida de un vecino.

El cementerio está rodeado de un muro donde se leen hasta tres meditaciones acerca de la vida y la muerte. Dos puertas recuerdan la antigua separación de cristianos y otras confesiones, cuando no se enterraba en terreno sagrado a quien no fuese bautizado católico romano. Hoy en día queda en la segunda puerta, la no católica entonces, un curioso monumento dicen que masónico, dedicado a Cesáreo Rivera A., ex diputado de las Cortes Constituyentes.



Y llegué a casa antes de la hora de comer...