lunes, 9 de noviembre de 2015

'El espanto surge de la tumba', dirigida por Carlos Aured, 1972

La verdad es que no estoy puesto en esto de las compañías que prepara y distribuyen el género y, por eso, me ha gustado que recordasen a Filmax en el FKM de A Coruña y poder leer, a tenor y temor de esta película, algo sobre la "Hammer española", Profilmes. Según parece, esta fue la primera película que produjo. Y fue la opera prima del director, Carlos Aured. Llega a ser director después de asegurar, ayudando a León Klimovsky en un largo, que si le dejaban a él esta película la terminaba antes. El productor se quedó con sus palabras y le dio la oportunidad, ofreciéndole un bajo presupuesto, un guion escrito en menos de dos días y la casa y exteriores de filmación en la sierra madrileña, en el pueblo de Lozoya y el hogar paterno de Jacinto Molina. Casa que, años más tarde, se aprovecharía para filmar El aullido del diablo (1988).

Si seguimos con los comienzos de algo, es también la primera de, al menos, las tres apariciones en cine por parte de Naschy del personaje Alaric de Marnac. Tras esta de 1972, aparecería en el 74 y el 83, en dos nuevos títulos.

Vamos adelante, mientras la tarde ourensana se vuelve de oro líquido en sus nubes y atenazan los brillos algunos trazos del cercano anochecer. Y lo hago desde las palabras de uno de los hombres de la película, un pintor que está a punto de comenzar una sangrienta y sobrenatural aventura. Esto dice:

Iremos contigo. Juntos emprendimos esta estúpida aventura y juntos la terminaremos.

Médium canalizando a Alaric

Tal pintor acude a una sesión espírita en compañía de unos amigos y tiene visiones de una cara iluminada con un potente color rojo. El mismo que iluminaba al diablo, encarnado por Naschy, en El caminante (1979). Incluso la visión, que le da la inspiración para un cuadro, sangra sobre su obra recién terminada. ¿De quién es esa cara? ¿A quién han oído, transmitida su voz por una medium, alrededor de una mesa en la sesión de espiritismo? Al malvado brujo Alaric de Marnac. A este, junto a su compañera de sobrenaturales fechorías y antropófagos tentempiés, Mabille de Lancré, veremos morir entre maldiciones al principio del largometraje.

Mabille colgada

La escena, sobria, con un carro que transporta a los brujos, chirriando cara su muerte. Una voz en off avisándonos que estamos en Francia, en la Edad Media, en pleno terror a la peste y las maldiciones portadas por los hechiceros. Algo así como el inicio de Inquisición (1976), solo que aquí, Paul Naschy es brujo y no perseguidor de la herejía. Brujo y juez, pues en los mismos iniciales minutos es dos personajes en el mismo escenario. Luego, saltando ya a la época de la historia, será un tercer personaje. De todas, quédate con lo central, dos muertes traen sendas maldiciones y la promesa de regresar de entre los muertos para cumplir debida venganza y traer muerte a los familiares que les repudiaron y a los descendientes de los verdugos.

Alaric decapitado

Siglos más tarde, un reencuentro, una sesión de espiritismo, unas visiones y el arrojo de un chulo Naschy, llevan a dos parejas a un paraje francés, a buscar el cuerpo de Alaric. Camino accidentado para llegar, un ambiente frío y tétrico en el exterior, contrapuesta al cálido interior de la casa, cerca del fuego de la chimenea y del cariño compartido. Y es que llegan a casa y encuentran la cabeza de Alaric, separada de su cuerpo para que no pudiese cumplir sus amenazas.

Lo que parecía el fin de la leyenda es el inicio del cumplimiento de las maldiciones de la pareja satánica. Alaric domina a quienes se le interponen para recomponer su cuerpo y salir del ataúd en un paródico levantamiento, lejos del solemne de Nosferatu. Las muertes se suceden y todo vale con tal de alimentarse del corazón humano, literalmente, y traer a la vida terrena a su esquelética, literalmente también, compañera. No faltarán una partida de zombis entremedio, contando entre sus filas a María José Cantudo, muerta pocos minutos antes en plena friega de platos.

Alaric y Mabille descansan en sus ataúdes, esperando a determinada conjunción astral que les permitirá la realización de un gran rito, potenciando sus capacidades y satánicas artes. Pero, claro, antes de que el plantel de vivos baje más, aparece en escena un talismán que pondrá fin, debidamente usado, a los malvados redivivos: los martillos de Thor. Aquí pasamos ya a conocer el poder de tal colgante y la manera de usarlo contra Alaric. Para la bella Mabille hay que buscar un remedio que recuerda al mortal remedio que libera a Waldemar Daninsky de su maldición loba.

La película se filmó en poco menos de un mes, el guion se escribió en poco más de un día y la película la disfrutas en cosa de hora y media. Mientras, se quedan en la mente, el chirriar del carro, sonido que para un gallego nos recuerda el pueblo en que nacimos, habitado hasta no hace tanto por estos transportes que tanto ayudaban en la vida agrícola. Tanto cariño se le tenía que no se decía que las ruedas chirriasen sino que cantaban. Y su canto se escuchaba mucho antes de verlo venir, tirado por un animal de carga como el burro o el buey. Otra reminiscencia me trae y es la historia de un beato ourensano, Sebastián de Aparicio. El joven franciscano, natural de A Gudiña, recala en México allá por 1533 y desarrolló para las cargas y las comunicaciones lo que había visto en su tierra, el carro tirado por bueyes.

Ale, que no por escribir más voy a compartir mejor, así que dejo hoy dos enlaces. El primero, la crítica y contextualización desde el querido blog abadiense y ya, para terminar, una segunda crítica, con más tecnicismo y aportaciones personales.

Y que ruede la rueda.

domingo, 8 de noviembre de 2015

Huyendo de "La ciudad de los muertos".

Terminar una novela de trama oscura a plena luz de mediodía me hunde en una sensación extraña donde el mundo imaginado y el percibido parecen pegarse un rato, mientras no tomo conciencia de dónde estoy. Es lo que tiene la inmersión en los mundos imaginados de los escritos y los fulgurantes de la pantalla grande. Si a eso le añadimos que he dejado pasar un rato y puedo disfrutar de un ardiente atardecer nublado como este de aquí abajo, entonces, gozada completa e imaginación recurrente.



Pero yendo al tajo, sin haber leído la novela anterior de este autor, Brian Keene, con esta La ciudad de los muertos, me he enterado de todo perfectamente y he disfrutado de las peripecias de un grupo de supervivientes a la masacre zombi

Por lo leído, en la anterior, El alzamiento, comenzaron las aventuras de varias personas por sobrevivir a la invasión zombi. En este libro, un grupo de supervivientes lleva  a cabo su misión y se integra en una gran comunidad, recluida en un gran edificio de Nueva York. Aquí toca pararse, conocer a otras personas, disfrutar de un momento de descanso y de la promesa de invulnerabilidad de la construcción. Pero los zombis vienen y no dejan de llegar con más y más armamento. Ah, ¿que no lo dije? Pues sí, los zombis saben manejar vehículos y armas.

Este fue un detalle novedoso que me animó a leer hasta el final. Entre manos tenía una nueva aventura zombi, que tan de moda siguen, pero al aparecer un elemento de novedad, me atrajo. Buena elección para dejarme, Claustroman. Los zombis de Keene son antiguos espíritus que desean venir a la Tierra a poseer todo ser vivo, arrasar el mundo a fuego y saltar a otros planetas, oscureciendo la creación. Quieren apagar esa luz de vida que Dios nos concedió. Y para ello, capitaneados por un espíritu llamado Ob, poseen los cuerpos de los muertos, de cualquier especie perteneciente a mamíferos, peces, reptiles y aves. La idea es destruir todo ápice de vida y dejar campo abierto a dos nuevas invasiones que se ocuparán de otras especies y de la consumación final.

Los supervivientes, como siempre, se ven amenazados por los invasores exteriores y por el miedo a los compañeros, que pueden morir e introducir un ser malvado en la tranquila comunidad; o, incluso, tomar el poder y levantar allí un sistema dictatorial que rompa la paz que se vive. Como un clásico, aparece el tema de las reservas energéticas y de alimentos, amén de la necesidad de salir y plantar cara al enemigo.

Keene, como tantos otros autores del género, conduce a una situación límite donde los zombis entran donde nadie pensó que entrarían y eso conlleva una movilización y una respuesta contundente por parte humana. La salida de algunos combatientes es otro clásico en las escapadas de humanos de zombis.

No faltan el poderoso, un final agridulce, los zombis imposibles de contener, las historias de esforzados que mueven cielo y tierra o son capaces de atravesar cinco estados por un ser querido, las pérdidas y los reencuentros.

sábado, 7 de noviembre de 2015

'El francotirador', dirigida por Carlos Puerto, 1977

 
La verdad es que investigar una película, saber algo de quienes la pergeñaron y llevaron a buen término y saber qué fue de ella, es algo precioso. Lleva tiempo pero es precioso. Y sorprende conocer o reconocer a algunas de estas personas en otros escenarios, quizás en alguno de los que pudiste ver a lo largo de tu infancia y juventud.

Aquí ya sabes que no me meto en muchos líos. Escribo casi como al calor de una conversación con un amigo, con cuatro datos y generalidades, sin meterme ni con los nombres de los personajes. Y no es por falta de investigación. Lo que pasa es que lleva un tiempo considerable y yo me veo más como transmisor de cuatro cosas que como analista y, mucho menos, crítico. De ahí que esto sea un suave repaso y compartir de películas, libros y curiosidades personales.

Curioso me pareció el papel de Paul Naschy en este largometraje: el de un relojero que planea un atentado contra el Generalísimo. Pues sí, nuestro Molina hizo más papeles que referidos al terror y la fantasía. Y no en todos se ocupó de dirigir o del guion. 

Aquí es actor y participó en la redacción del guion junto a Juan José Porto y Carlos Puerto. Juan José pidió a Carlos que adaptase su novela 'No he muerto todavía'. No hay referencias a este hecho en los créditos y el mismo Carlos Puerto lo reconoce, además de aclarar que la novela es distinta del largometraje, aunque contuvo el germen del mismo. Lo que sí he visto es que otra novela suya, Tiempo sin Ángela, aparece en la película: en una escena en la casa de lenocinio, una prostituta la está leyendo. Una curiosidad es que este hombre fue novelista y guionista, sin ir más lejos, de Los mundos de Yupi. 

Si nos vamos a la joven protagonista femenina, una prostituta que enamora al relojero, encarnado por Naschy, tendremos que hacer memoria para localizarla en la edición de principios de los 70 del Un, Dos, Tres... responda otra vez, en la película de Ossorio, El buque maldito, y trabajando con Naschy en El caminante y Los cántabros. Se trata de la bella Blanca Estrada. En la película es una chica que entabla relación con el relojero preguntándole, simplemente, la hora, en un local. A continuación, pasarán la noche juntos, sin sexo, mostrando el vacío del hombre y la candidez de la chica.

El amor surge y se descubre en esperanzas tan ingenuas, para nosotros, como la de poder ver juntos el mar por primera vez. Pero la obsesión del protagonista será una condición a cumplir antes de otra cosa. Algo que ni el amor ni la entrega ni las súplicas de la chica podrá obstaculizar. Esta relación supone toda una serie de momentos bellos y calmos entre los dos, sacando a la luz la posibilidad de redención a través del amor. Un amor no buscado y que ha surgido por el trato cotidiano y los respectivos vacíos y anhelos.

Por poner a otra actriz que aparece aquí y en series actuales, tenemos a María de los Ángeles Lamuño. En los últimos años ha participado en El comisario y Aquí no hay quien viva; también ha pasado por programas de televisión, radio y teatro.

 
La época en la que se filma es convulsa, pues han pasado dos años de la muerte de Franco y, de hecho, tanto el director como el protagonista, declararon recibir amenazas por una película en la que el objectivo es matar al dictador. Incluso la censura mete su inmisericorde tijera: el título original era 'Matar a Franco'. Hubo que cambiarlo.

¿Y qué es lo que tenemos ante los ojos? Pues las peripecias de un relojero viudo que pierde a su pequeña en un atentado que iba dirigido a un político. Siendo también molestado por la Benemérita, ya que está en una zona cercana a la que está Franco pescando, le pilla ojeriza a don Francisco y su idea es la de matarlo. Para ello, viaja a Madrid, toma notas, cronometra sus paseos y busca salidas y lugares propicios para llevar adelante el asesinato. Hospedado en una pensión, entrará en contacto con una organización terrorista que le pide algo a lo que él tardará en acceder: que atente contra Franco pero que les deje a ellos aparecer como los autores del magnicidio. Desde el principio deja claro que su motivación es personal y no política, pero llegará un momento en que, presionado y amenazado, llevará adelante el plan que le han propuesto. Ellos, a cambio, le proveen de dinero, pasaportes y un arma mejor que la que portaba (¿una Astra 400?). 

En medio, su historia de amor y su recuperada sonrisa, aflorando en una esperanza de vida nueva. La historia sigue, pues el tiempo corre, y el día señalado, en un estadio (¿El santiago Bernabeu?), se oculta para disparar al dictador. En la salida, tras escapar de la policía que le busca, descubre un coche con explosivos que la organización terrorista ha colocado allí como segundo atentado, por si el primero fallase. Pero coincide con la llegada de un autobús de niños y se debate entre el huir con su amada o proteger la vida de los infantes.

 
Imágenes del No-Do usadas para la película. La de los primáticos, siguiendo la pista al dictador. La de la mira, en los minutos finales, cuando le tiene a tiro.
 

Varias veces aparecerá la fecha y hora en que se encuentra el protagonista. También, él porta un cronómetro que usa en multitud de ocasiones, midiendo los trayectos que recorre, apuntando los tiempos para elegir los mejores caminos de ida y vuelta para el atentado. En contadas ocasiones, un reloj es el centro de la escena, aún tratándose de un elemento menor aparente del momento. Esto, tras la decisión de la muerte de Franco y su viaje a Madrid para conseguirlo, porque al inicio de la película ya le vemos en pleno trajín, laborando en su relojería. 

Un personajillo curioso es el fotógrafo que le proveerá de la foto y los pasaportes, hombre que le ofrecerá una selección de fotos de chicas por si desea otros servicios que él le ofrece a buenos precios. En su estudio, tanto te sacas la foto para el carné como ves posar a varias chicas desnudas, como te encuentras a terroristas conspirando contra el poder.

                                                    (Fotógrafo): 
                    Vamos a ver, guapas, ¡hay que poner más alma en estas fotografías! No solo es sexo.

Siguiendo con el tema de la imagen, la película fue rodada en Madrid y El Escorial, con imágenes de Franco cedidas por el No-Do. En ellas, el Generalísimo pesca, acude a un desfile militar o saluda a la población. Y podemos ver cerca al que sería el Rey Juan Carlos I y, si no me equivoco en una imagen, a su esposa.


Y va tocando dejar los enlaces, que hoy consisten en una entrevista con el director, una crítica cinematográfica y un trozo de la novela El tiempo sin Ángela, del mismo Puerto.

viernes, 6 de noviembre de 2015

Vista "El aullido del diablo".


Pues sí, oiga, sigo a vueltas con Jacinto Molina, o Paul Naschy, entre nosotros, y revisando películas más o menos antiguas. Una vez más, la suerte de tener a Claustroman cerca posibilita el visionado de las mismas y el ánimo para hacerlo y para escribir. Hoy nos vamos con Naschy, su hijo Sergio, la bella Munro y unos cuantos personajes más que me han hecho pasar un buen rato, sin ser lo mejor que parió Molina, pero, oiga, que uno la disfruta igual, jeje. 

 
Entre Rasputín y Frankie, escojan, escojan, que el niño de la familia lo tiene claro.

 
La cosa es que podríamos ver la trama desde los infantiles ojos del niño de la película. Un chavalín que perdió a su idolatrado padre y que vive, mejor, sobrevive, en la casa de su tío, odioso actorzuelo al que solo debe de aguantar y querer un poco la chica de las labores. Porque lo que es él y el chófer no le tragan. Ni ellos ni los monstruos que visitan en distintos tiempos y lugares al pequeño. A lo largo de los días, estos monstruos se turnan para visitar al nene y saludarle afectivamente. Por el bosque y su habitación pasan Frankenstein, Mr. Hyde, el Fantasma de la ópera y el licántropo Waldemar Daninsky. Con todos conversa y se siente a gusto, hasta tal punto de no asustarse ante la cara desfigurada del Fantasma ni los gruñidos de Waldemar, del cual llega a decir que es el mejor de todos pero también el más desgraciado.
 

 Entre la actriz principal, Caroline Munro, y el joven Molina, hubo un precioso entendimiento que el niño recordará. Tanto a nivel del personajes como en el trato diario de rodaje.

Mientras estos van y vienen, con una sola aparición cada uno, y únicamente al niño, el chófer tiene la tarea de traer chicas a la casa, cuando no aparecen ellas solitas, para el solitario y enfermizo placer del dueño, hermano del original propietario. Digo enfermizo porque el tío este sí que es un monstruo, capaz de drogar y violar, si no hay consentimiento por parte de la fémina, caracterizado de Rasputín, Fu-Manchú y Barba Azul. Es curioso como los monstruos clásicos de las novelas y películas de terror son aquí entrañables pero el ser humano es el realmente sádico y malvado. Algo que se recordará al final de la película, cuando el diablo reclama al niño como propiedad suya. Dirá que el mal prevalece, que el ser humano sigue siendo como siempre, demoníaco, y más cosas dice que ahora no os puedo contar.

Maldad y vicio también fuera de la casa. Cura y borracho.
En medio, el chófer, respetando los deseos carnales de su jefe pero odiándole, hasta tal punto que espera el regreso de entre los muertos de su anterior superior y realiza magia negra para convocarle de entre la podredumbre del sepulcro. Y la asistenta, mujer que algo siente por el malvado señor de la casa pero que le tiene a raya. Mujer solitaria que ha tenido devaneos con el cura del pueblo y acabará en la cama de quien ahora le paga más. Mujer que sueña un estado mejor y una vida familiar mejores.

Por lo demás, personajes que están cerca y conspiran desde fuera de la casa o que llegan a ella para su desgracia posterior. Un sacerdote obsesionado con una mujer, un borrachín misógino que está unido al anterior en chanchullos, las ocasionales chicas que aparecen por la casa... y el triunfo final del mal. Que eso tenía Naschy en mente desde que comenzó la escritura del guión, allá por el verano de 1986.
 
Hyde hablando pestes de Jekyll.

Disputas por la autoría del mismo, problemas económicos, vitales y de producción, porque de distribución mejor ya ni comentar, el caso es que la película sale y se la reconoce como un autohomenaje, una defensa de su arte y hacer, con el debido desprecio a una crítica que no le ha reconocido ni defendido. El paseo de los malos y monstruos es un homenaje a unos personajes que tuvieron su época de gloria y que eran la inspiración del propio Molina pero que ya habían pasado de moda o todavía no se les había revalorado. 

Monstruos, no todos, que aparecen en el cartel promocional y de los que sigo preguntándome, porque aunque presentes allí, no he visto por la película a Drácula ni al guardián de la cripta y lo que es el demonio con esa máscara olivácea, casi se le intuye.
 
Comentó en el fanzine Exhumed Movies el hijo, Sergio, actor aquí: "Para mí este rodaje fue un momento especial que compartí con mi padre y del que me acuerdo en no pocas ocasiones. La ilusión con la que afrontaba el proyecto era la misma de siempre pero las condiciones no, y eso lastra el producto, de todas maneras como documento tiene interés. Era una época en el que el cine era otra cosa" (Exhumed Movies 9, p. 25)

Al profanar el sueño de los muertos pasa lo que pasa.

Si deseas complementar estas líneas, que no son más que un comentario entre amigos, sin meterse más que en la trama y algunos detalles, te dejo uno y otro enlaces que te informen más y mejor.

martes, 3 de noviembre de 2015

Leída "Dioses de Marte", Edgar Rice Burroughs.

Portada.
Volvamos a Marte. Pero sin más naves que la de la voluntad y la fantasía. Y hagámoslo de la mano del capitán John Carter. Ah, sí, le recuerdas. Y sí, está vivo pero no me pidas muchas más explicaciones en público, jeje. De ello te informarán sus propios recuerdos, tanto al inicio de esta novela como el final de la anterior, aunque más esta.

Allá había quedado el planeta Marte, Barsoom entre Burroughs y nosotros, languideciendo por la falta de aire respirable. Y se ponía en marcha el valeroso caballero sureño Carter, ofreciéndose por los barsoomianos a llegar y reparar la planta formadora de la atmósfera. Hete aquí que con esta segunda entrega del Ciclo John Carter de Marte hemos de volver a la Tierra, a las orillas del ría Hudson y, desde allí, volver a sentir el frío interplanetario y conocer nuevas tierras del moribundo planeta rojo. Efectivamente, Carter regresa. Han pasado diez años y las cosas han cambiado. Su nombre y recuerdo son laureados continuamente y su suerte, desconocida para las ciudades, es llorada como si de muerte se tratase... de muerte o de peregrinación. 

Datos de edición.
En este libro, contado desde las memorias escritas del propio Carter (del cual Burroughs haría de transmisor, siguiendo la estela de aparente verosimilitud de la primera entrega) seguiremos conociendo las costumbres de Barsoom, y nos trasladaremos a parajes marcianos que, hasta la llegada humana, formaban parte de la religión local, adquiriendo tintes míticos. El caso, es que en determinadas ocasiones, un marciano empieza una peregrinación que le lleva a un nuevo estado, gozoso, de vida. Para ello, se dirige a un lugar bien físico, esperando que su singladura le lleve a tierras lejanas y bellas. Tal costumbre tiene sus contrapartidas: significa la desaparición del ser respecto de su comunidad y se le prohíbe volver. Porque hubo quien volvió y contó historias horrendas de lo que encontró. Por eso quien emprende esta peregrinación en busca de los dioses de Marte y de la dicha definitiva no puede regresar. Si lo hace, es asesinado.

John Carter acabará en medio de esa tierra de promisión mítica y lo que se encontrará será tan contrario a las esperanzas de las tribus barsoomianas que tachará su religión de superstición y tendrá que unirse a otros para convercerles de ello. Sí, John Carter y otros personajes, algunos ya conocidos por la primera novela, entrarán en las tierras fértiles y bellas de la tradición religiosa de Marte para descubrir la verdad. Una verdad que les conducirá a la aventura. Que seguimos con capítulos llenos de giros y sorpresas, de reencuentros entre amigos y guerreros, de sorpresas y esperanzas cumplidas, de batallas y de lucha por el rescate de una mujer... y un final inconcluso.

Contraportada.
Aquí sí queda aún mucho qué decir. La acción se corta, los héroes se han esforzado y llegado geográficamente al final de su aventura pero aún les queda la búsqueda y salvación de la dama en apuros. Eso y el regreso a las tierras y flora rojizas de Marte, donde el agua escasea y la atmósfera depende de una gran y única instalación tecnológica.

Por la fecha de publicación no era este el único personaje saltarín de Burroughs, ya que Tarzán había aparecido y será quien lleve más fama y apariciones en cómic, cine y televisión, amén de su saga literaria. Yo solo tengo las imágenes del cine, ya con actores de carne, hueso y lianas, ya por animación, así que no conozco al Tarzán original salido de la pluma de nuestro autor protagonista. Tampoco dispongo ahora de más tiempo y más libros de la saga Carter, por lo que creo que pasará tiempo antes de volver a tocarla. Vale la pena por la brevedad y agilidad de la prosa, por ser amena, progresiva en su desarrollo y en la información que nos da, por tratarse de aventuras, aunque el lenguaje y las perspectivas a veces choquen con nuestra propia visión del cosmos y la vida.

Para ayudar con la continuidad, aquí te va el enlace a la anterior entrada sobre esta saga.

lunes, 2 de noviembre de 2015

Leída "Metanoia".

Una de las compras que me traje de la CIFICON fue este libro de 204 páginas, escrito por Dioni Arroyo Merino. Era uno de los tres representantes de una asociación literaria del fantástico, ficción y terror de Castilla y León. Y aunque ha pasado una semana, ya he tenido el tiempo suficiente para meterle el diente. Es lo que tiene tener un par de ratos libres y un viaje en tren.

Portada.
Nos encontramos ante una novela distópica pero con final esperanzador y mensaje humanista. Se lee rápido y es bastante descriptiva, sin ser cansina. Y en cuanto a los personajes, pronto se ve quién es quien. Eso no significa que sean personajes planos o sin profundidad interior. Conforme avances la lectura irás conociéndoles más porque los entiendes y ves las transformaciones o las motivaciones que les llevan a ser como son. Algunos cambiarán, otros se mantendrán en sus trece. La conversión es el núcleo de la historia. Luego nos metemos con su importancia.
 

La acción transcurre en un mundo que bien podría ser el nuestro en unos lustros, tras la caída del uso de petróleo, el abuso del carbón y el progresivo deslizamiento cara sociedades militarizadas donde solo surge violencia y restricciones. La idea del autor es jugar con los datos actuales y convertir esta crisis en una situación continua y degradante, cada vez más. Pero, tras las descripciones sociales vamos a las personales. Y ello nos conduce al misterio de un moribundo, a conocer su historia, a meternos en la cárcel donde trabajaba y conocer a sus compañeros, el estilo de vida y a una reclusa muy especial. También nos encontraremos con amigos y con las misteriosa muertes de varios ciudadanos. Según vayamos cara el desenlace se descubrirá que estamos en una época de cambios radicales que darán lugar a un futuro catastrófico, donde el ser humano vive bajo tierra, calentándose bajo una superficie helada por una nueva glaciación. La sociedad futura es fría, tecnológica, con roles que se marcan desde el nacimiento (como en "Un mundo feliz" de Aldous Huxley) y con la realidad del viaje en el tiempo (como en "Terminator"). La situación, pues, es nebulosa y fría como las calles de la ciudad donde viven nuestros protagonistas y se vuelve oscura y restrictiva como las cárceles que, cada vez, abundan más en esta distopía.

Contraportada.
Pero el amor mueve el mundo y la esperanza no llega a perderse ni al final. Como en un relato de Philip K. Dick, Dioni, tras mostrarnos el mal estado de las cosas, nos ofrece las historias de gente como tú y como yo que piensan, sienten y actúan. Cuando todo parece depender de los poderes fácticos mundiales, descubrimos cómo la voluntad de unos pocos es capaz de movilizar una transformación positiva e impensada. En la novela, el autor apuesta por el cambio personal más que por el social. Podríamos hacer esta lectura viendo cómo aparece el movimiento de los "Zelotes" y se les augura un triste final, mientras que el cambio de rumbo interior de los iluminados se muestra cómo la tónica a seguir para la redención. Aunque, creo, es de tener en cuenta que el movimiento parece abocado a la violencia y la transformación interior lleva el sello del amor; y amor condicional, ya que hasta el protagonista llega a pensar un fin distinto de la muerte para sus perseguidores.

Aquí nos volvemos a topar con esta actitud y decisión: el cambio, el giro de 180 grados, el cambio de camino, la conversión, la metanoia. Tal palabra griega me la topé en mis estudios de Teología católica y me llamó la atención desde el momento en que la vi escrita en la portada. El mismo Dioni, en su presentación de la novela en la CIFICON, aludió a su uso bíblico. Y es la apuesta que nos propone deste estas páginas. Una mirada al interior que busque el amor y la esperanza para convertirlas en hábitos personales y sociales, en miras a un nuevo mundo. Vivimos un presente que puede derivar en uno de los peores futuros posibles pero la idea es cambiar esa actitud y darle un vuelco al corazón y la voluntad para reencaminarnos, pues mientras hay vida hay esperanza.

Leeremos la novela desde las palabras del escritor que describe y desde el protagonista masculino. Así tendremos ocasión de una visual global: la del héroe, que es una persona normal, aunque preparado y escogido para una determinada misión, y la del narrador, que llega a otros personajes y escenarios que están lejos de la capacidad del protagonista. Nos pasearemos por las calles de una Pontevedra reescrita desde la experiencia del autor en esta ciudad, aunque nunca sin dar pistas ni nombrarla en la novela; también por los pasillos y celdas de una prisión, echando un vistacito al escenario mundial degradado por la crisis global y las decisiones egoístas.

Con el autor en la CIFICON 2015, A Coruña.

Da para pensar sin ser un libro de pensar... y para actuar. Podrías empezar pensando cuándo fue la última vez que visitaste a alguien querido que precisa de tu compañía.  

Aquí os dejo una entrevista que toca esta y otras obras suyas. 

domingo, 1 de noviembre de 2015

Terroríficamente divertido en el FKM.

Tras el paso por la CIFICON, tuve la oportunidad de pasar un día en A Coruña para poder disfrutar del FKM, el festival de cine fantástico. De hecho, me enteré unos días antes de su existencia y regresé contento de la experiencia. Pocas horas pero las suficientes para ver dos operas primas, asistir a dos charlas y ver la película que me faltaba de la tetratología de los templarios de Ossorio. A esto le uno el buen trato de los responsables, la alegría de algunos voluntarios, llegando a cenar con dos de ellos, y el poder conocer a gente que hoy investiga y apoya la publicidad de las películas que, tantas veces, el cine oficial olvida y hasta oculta. Este trato personal con algunos directores y responsables de cortos, libros y proyectos para rescatar los títulos que no suelen proyectarse en las grandes salas ha sido una nota a resaltar. Poder hablar de sus dificultades y de los resultados de su esfuerzo es una experiencia preciosa para quien, como yo, ha comenzado a abrir los ojos a todo este mundillo de las películas de culto, de terror y fantástico, sobre todo del ámbito español. Películas, casi siempre, de épocas pasadas que busca e investiga el querido claustroman


En este campo, el puntazo ha sido conocer y tratar un poco con la actriz Lone Fleming, que estuvo en el FKM para una mesa cuadrada (que no todas van a ser como la del Rey Arturo) y para presentar el largometraje en el que era protagonista, "La noche del terror ciego", del director coruñés Amando de Ossorio, al que en este festival se homenajeó. Estar, estaría para esto pero estuvo a más, lo cual es una gozada: ver como los invitados no se contentan con dar sus charlas sino que participan luego quedándose a otras, van a los estrenos, hablan con los fans e interesados y se descubren como personas. Esta fue la experiencia con Lone, un encuentro con una mujer que hablaba de sus papeles con desparpajo y muchas anécdotas, que no rehuía a la gente y que la veías ocupando butaca en los estrenos de operas primas o en las charlas. Aquí se hacía una más del público, preguntando y comentando como hacíamos los demás. Luego, si te cuadrabas por los pasillos con ella se paraba a hablar contigo, darte un autógrafo o sacarte una foto. Un encanto, en definitiva.

Para votar las operas primas del FKM.
  El día que yo pude participar fue el jueves 29 de octubre del presente 2015. Tras un viaje magnífico en tren, me personé con tiempo en el Fórum Metropolitano, una de las sedes del festival. Este detalle de las sedes fue una sorpresa para mí, ya que no hablábamos de un festival con una sede y una programación en la misma sino que estamos ante un festival con varias sedes y distintas actividades. Las horas ocuparon varios mediodías y las tardes. El caso es que yo llegué para la esperada mesa cuadrada del jueves a las doce. Tras una mañana de frío, niebla en algunos puntos y lluvia, prefigurando la temática que iba a tratarse, accedí al Fórum para la presentación de un libro y la posterior charla sobre el director coruñés Amando de Ossorio. El libro se titula " Los alquimistas del 7º Arte. Efectos especiales en el cine español", siendo sus autores Domingo Lizcano y Antonio Garcinuño. Una obra fruto de años de investigación y muchas entrevistas, de la que se sacaba la conclusión de que muchos artistas trabajaron para el cine fantástico español de hace años sin darse cuenta de la importancia de su actividad. Según se dijo, muchos eran trabajadores, más que personas que sentían vocación por el séptimo arte. Eran personas que hacían bien su trabajo y acabaron dedicándose al cine porque les llamaban de una a otra película. Así pasa que apenas se conservan fotografías y ya no digamos maquetas y otros atrezzos de la época. Lo que se usaba, si no se reutilizaba en otro filme, se solía destruir. Los autores nos comentaban que la conciencia cambia con la generación de los setenta, aproximadamente, y todos los jóvenes que crecen con el cine y se ilusionan ante la posibilidad de poder hacer ellos algo como lo que disfrutaban en la pantalla. Aquí nacen ya profesionales y vocacionados del sector, que tantas veces miran lo que hicieron sus antecesores, lo valoran y lo imitan, mejorándolo. Sin embargo, para la documentación del libro, comentaban que han tenido grandes dificultades para rescatar material, tanto físico como fotográfico. En este ámbito, valoran con alegría que muchos de los entrevistados les abrieran las puertas de sus casas, sus recuerdos y sus álbumes, sin restricciones, y sorprendidos por la investigación acerca de su obra. Obra que ellos, tantas veces, vieron únicamente como un trabajo que hacían... y nada más.


Al haber conocido, uno de los autores, al homenajeado Ossorio, se dio paso a la charla homenaje, donde relumbró sin dudas la actriz (todavía en activo) Lone Fleming. En la mesa continuaron los anteriormente citados Domingo y Antonio, junto a Lone, David García Sariñera y, un poco más tarde, Xosé Zapata. Entre todos, dibujaron la personalidad del director Ossorio, director más de personajes y acción que de actores. Y ello sin desprecio de la persona. Lo que comentaban es que él tenía más gancho para lo que había que hacer más que dirigir a las personas. Pero, ya fuera de rodaje, se ocupaba de que el set estuviese bien y se formase ese ambiente de familia. Lone lo recordó, hablando del la filmación de la "La noche del terror ciego". Las semanas de grabación fueron días de convivencia, ya que todos vivían en el mismo pueblo y estaban juntos varias horas. No pasaba como en otras ocasiones que uno hacía su papel y le pagaban coche para ir y volver; aquí vivían como una familia y ella nos compartió su sensación de compañerismo, resaltando que no hubo ninguna discusión fuerte en el equipo. Luego, eso sí, Amando estaba centrado en los templarios más que en la manera concreta de resolver algunas escenas. De esto salieron otras anécdotas, como la del beso entre las mujeres protagonistas, al inicio de la película. Amando le comenta la escena y les deja, a las protagonistas, inventarse la manera de sacarla adelante. Al final, Lone le pide una botella de vino que ellas se bebieron, una rosa para darle un toque más sensible y bonito y una revista como excusa para el acercamiento. 

El director, como escribí antes, estaba centrado en sus templarios. Eran un monstruo distinto a lo que estaba acostumbrado el cine de la época, ocupado por los clásicos de la Hammer y la Universal. Y quienes se caracterizaban como tales había de pasar por el peso y la disposición de sus trajes, amén del frío reinante. Lone nos habló de algún desmayo y todo.

Para esta mesa redonda... ay, no, cuadrada, tomaron voz los distintos invitados. El último en llegar fue Xosé Zapata, máximo investigador de Ossorio. Una de las constantes del encuentro fue la pena por ver relegado este tipo de películas al olvido por parte de la oicialidad, ya sea gubernamental ya cinematrográfica. De hecho, nos comentaron los responsables del festival, poder conseguir la copia en 35 mm de la película de la tarde fue toda una epopeya. Así repasamos el pasado y el presente y se abrió el camino al futuro con el anuncio de un corto donde Lone volverá a encontrarse con actores de sus edad y con los templarios. Habrá que estar atentos a partir de mayo de 2016, aunque ya hay algún trailer.

Garra templaria y calavera de "El buque maldito".
Por la tarde, tras el enfermo largometraje "Cat Sick Blues" de Dave Jackson, pasamos a la proyección de "La noche del terror ciego", en 35 mm, con presentación de Lone Fleming. Posterioremente a la película habría un rato de charla con ella, con pocas intervenciones, la verdad. Para mí fue toda una oportunidad porque era la que me faltaba para completar la tetralogía de los templarios y la disfruté, tanto por la calidad y calidez de la imagen como por lo sólido de la obra. La noche terminó con el visionado de la entrañable "Fantasticherie di un paseggiatore solitario" de Paolo Gaudio, siendo estreno en España.

   Ya al día siguiente, tras un buen pateo por la ciudad, cerca del mar y del puerto, acudí a la charla acerca del cine de terror francés. Allí estuvimos con dos representantes franceses, a la espera del especialista en efectos especiales Spadaccini. Y se compararon las escenas del cine de terror francés y español, para ver que andábamos casi igual: poco reconocimiento, pocos directores que son valorados por su obra en el género, poca financiación y la posibilidad de la coproducción como una vía de salida, amén de la existencia de festivales donde proyectar y conocer a gente afín. Este tema de los festivales llevó a la conclusión de que la mayor parte de festivales de cine que se publicitan tienen al terror, la fantasía y la ciencia ficción como núcleo duro. Y se escucha el lamento por la falta de valoración de estos géneros a la hora de premiar y de proyectar en salas convencionales.

Al final, fue un día bien aprovechado y me alegro de haber pasado por A Coruña. Poder hablar con Lone, compadrear con gente que está llevando adelante este festival y haber visto algunas reliquias de los templarios ciegos de Ossorio, ha sido una magnífica forma de pasatiempo y enriquicimiento cultural.


Para profundizar más y ver las fotos en buena calidad, pásese por su web, especialmente por la zona del blog. Y alegrémonos de que la prensa de papel haga algo de caso a estas realidades terroríficamente divertidas y entrañables.