lunes, 11 de abril de 2016

Drácula, de George Melford.

Grabada en menos de un mes, entre octubre y noviembre de 1930, la presente versión de Drácula es una joya a descubrir. Durante años estuvo perdida y cuando se recuperó faltaban escenas, al estar uno de los rollos de película inservible. Pero la búsqueda dio sus frutos al hallar una copia completa en La Habana y poder ofrecerse una versión restaurada en 1992, época del VHS, y otra en 2004, ya en DVD, aunque fuese como extra. Porque la versión que se conoce y de la que se suele hablar en este año es la de Tod Browning, con el actor Bela Lugosi como conde transilvano, ¿verdad?


Pues la cosa es que la Universal no quería sino llegar al máximo de países posibles y para ello, antes de existir el doblaje, se grababa una copia de la película original con actores de otro idioma. En el caso que nos ocupa, el set de Browning grababa por el día y el de Melford por la noche. Se compartía escenario y vestuario. Los planos y escenas eran casi los mismos pero no iguales, ya que el equipo hispano podía ver las grabaciones del americano y cambiar ciertos detalles en orden a un película con personalidad, siendo una versión. He visto un par de opiniones sobre el tema y parece que no era todo el equipo pero sí el director y alguno de sus cercanos, quizás también el actor principal, accedían a las grabaciones durante el día. 

La cosa venía de antes pero los pilares del proyecto surgen tras una obra de teatro basada en la novela de Stoker que Tod Browning y Lon Chaney fueron a ver. Esto cara 1926. Se ponen manos a la obra pero el dúo no llegará a trabajar juntos. Lon Chaney había firmado por la MGM para su primera obra sonora y poco después muere. Para director acabo siendo elegido Browning y para actor y desconocido Lugosi que apenas sabía inglés pero cuya pronunciación llamaba la atención y podría darle al filme el acento extranjero requerido. La Universal pide una versión hispana y Browning sale en las quinielas pero decide no coger tanto trabajo. De hecho, hasta en su versión se dejaría un poco, teniendo que dar el callo especialmente el magnífico Karl Freund, que ya estaba contratado para el apartado fotográfico.

George Melford será el director y no se enfrenta por primera vez al reto, debido a que ya tenía a sus espaldas una versión hispana anterior, filmada el año anterior: La voluntad del muerto (versión de The cat creeps). Ni lo hace solo. Para esta versión de Drácula cuenta con actores como Lupita Tovar y Pablo Álvarez Rubio, presentes en la antes citada La voluntad del muerto. Para la adaptación de idiomas tira de conocido: Baltasar Fernández Cue. Buena ayuda sería al no entender mucho el español Melford. Y como productor, también repitiendo, a Paul Kohner, futuro marido de Lupita. Los idiomas y acentos se integran en esta versión del conde, reuniendo a hispanos de España, México y Argentina.

La historia es la conocida, aunque siguiendo la versión teatral de Hamilton Deane y John L. Balderston, no la novela de Bram Stoker, origen de la teatral. El señor Renfield va a Transilvania con motivo de una compra realizada por el conde Drácula. La gente que le recibe en una posada no quiere dejarle ir, sus compañeros de viaje se asustan ante las leyendas de la zona y de la propia noche. Es Walpurgisnacht, la noche del 30 de abril que trae vientos de magia, fantasmas y horrores sobrenaturales sobre la tierra. Una anciana llega a gritar que es la noche de santa Walpurga. El caso es que el británico Renfield medio se ríe de tales supersticiones y sale al encuentro del cochero que le llevará desde el paso de Borgo al castillo de Drácula. A partir de entonces es la sorpresa y el miedo quienes definen su cara, con algún momento de calma y hasta de alegría. Por ejemplo, tenemos la escena del contratista trinchando un suculento pollo en la mesa que el conde le preparó. Y de esta escena cuentan que el actor, enfadado por los pobres resultados de su actuación, decidió cortarse de verdad en el dedo.

Van Helsing: Caballeros, tenemos que vérnoslas con los vampiros.
Todos: ¿Vampiros? ¡Nosferatu!
Seward: Sí, el vampiro de Transilvania.
V: Eso es, Nosferatu, el vampiro.

Drácula aparece súbitamente en medio de las famosas escaleras con la telaraña gigante. El rostro de Carlos Villarías, el actor cordobés que lo encarna, es todo un espectáculo de expresiones. No hay que extrañarse, el cine era a veces teatro grabado, y los actores aún se estaban familiarizando con el sonoro, acostumbrado muchos a las tablas, donde había de impostar la voz, realizar lentos movimientos y forzar expresiones en el rostro que pudiesen conmover al público. Pues en esto de las expresiones, tendremos un Drácula bien surtido de ellas. A nuestra mentalidad y gustos lastrarán el resultado final pero es una muestra de que lo que se conseguía entonces. Ah, nada de colmillos afilados veremos. Ni eso ni sangre. Ni la muerte del vampiro. Ni al conde morder a un hombre. A Lugosi le tocó hacerlo pero en la versión hispana no se deja espacio a esos juegos y Drácula, que es un machote, solo muerde cuellos femeninos. Todas las mordidas serán debidamente tapadas por la capa vampírica. Capa que incluso tapa la cara del conde cuando hipnotiza a Van Helsing y le obliga a guardar su crucifijo en una caja... oculta eso y la triquiñuela del doctor que se la juega al vampiro.

Renfield: Sálveme, salve mi alma. Sálveme. Yo soy débil, usted es fuerte. Yo estoy loco, usted está cuerdo.
 
Lo que sí veremos son las marcas que deja en el cuello de las víctimas. Dos punciones blanquecinas con el centro rojo, prueba examinada con lupas que llevan a los científicos a las búsqueda del misterioso atacante. Unos no saben qué pensar y otros, como Van Helsing, apuestan claramente por el vampiro. Superstición de ayer, dice, que hoy se vuelve certeza científica. No todos sus compañeros están de acuerdo pero la oportunidad de investigar se le presenta cuando el su amigo, el doctor Seward, le invita a Londres, para dar cuenta de un curioso loco, Renfield. Este fue atacado por tres damas en el castillo transilvano y le veremos del otro lado de una claraboya de un barco, loco ya. ¿Su manía? Conseguir pequeños animales que le puedan ofrecen años de día mediante la ingesta de su sangre. Eso una porque tiene otra que es la creencia de que alguien poderoso le ronda y le exige obediencia. Le llama "el maestro".


Vampiros. Papamoscas. Mire usted, señor Harker, si hay algún valiente que quiera mi puesto, que se quede con él. Yo voy a buscar otra casa donde haiga locos simpáticos y razonables, que se crean Napoleón, ¡reyes!, algo que valga la pena.
 
Renfield ha sido internado en el sanatorio del doctor Seward. Este es el padre de Lucía, joven que rendida a los encantos de Drácula, será su víctima y sabremos que es un vampiro por los testimonios que hablan de una dama blanca que absorve la sangre a los niños del parque. De su fin solo veremos al doctor Helsing y Juan Harker salir de la sepultura donde le han dado estacazo. Ya vemos aquí cambios respecto a la novela, ¿verdad? Lucía no está pretendida por tres jóvenes y es la hija de Seward. Su amiga Eva será la siguiente víctima de la casa. Cansada tras un sueño donde ve a Drácula acercar sus labios a su cuello, se ve desfallecida, coincidiendo con episodios de exaltación por parte de Renfield. Las visitas del conde a la casa son la tercera pata de una tríada que lleva a Van Helsing a señalar al nuevo habitante de la abadía de Carfax como el vampiro responsable. Para proteger a Eva usa acónito, flor de color violeta, y no ajos. El crucifijo sí aparece y espanta a Drácula. Este tiene poder hipnóticos y mueve a su antojo a algunas personas. Van Helsing parece lo suficientemente fuerte para resistirle un tanto. Este doctor es un científico aplomado que nos regalará algunos rostros de lo más expresivos durante el filme y mostrará el potencial que unas manos tienen a la hora de transmitir, apoyando sus diálogos con lenguaje no verbal.


Al final, Eva está a un paso de la transformación vampírica: ha bebido de las infectas venas del conde. Y este la rapta para completar el tránsito. El sol evita ese instante y Eva será rescatada, Drácula atravesado con un madero y Renfield quedará en las manos del doctor Van Helsing, que contempla su cadáver. Ha muerto el loco a manos del maestro, de aquel que le había prometido vidas animales para alargar su vida humana. Renfield es un personaje histriónico, capaz de pasar de la calma a exaltación, en una memorable actuación de Pablo Álvarez.

¿Qué te has pasado media hora más visionando esta versión que la de Browning? Es que aquella se recortó y quedó reducida, respecto al metraje e idea original. Incluso algún material le sirvió para escenas como la de Drácula entrando en la ópera, presente en la versión hispana. Y hasta dicen que Lugosi saludó a Carlos Villarías, en uno de los estrenos de esta película.