jueves, 28 de abril de 2016

Imperio 3. Cómics Star Wars. I

Entre el 2013 y 2014, Planeta DeAgostini ofreció una selección de cómics Star Wars. La presentación era a todo color, en tapa dura, con una extensión que solía sobrepasar las 200 páginas. El repaso incluía un paseo por la Antigua República y te llevaba a los descendientes del clan Skywalker, incluyendo los clásicos y las adaptaciones de las películas. 70 volúmenes para adentrarse en el universo Star Wars y darse cuenta que la Galaxia no es un lugar fácilmente recorrible sino que es amplia y variada. Hasta aprendes que no es la única.

El volumen 34 lleva el título de Imperio 3 y se compone de 6 historias trasladando al castellano los originales Star Wars: Empire 14, 16-22 y Star Wars: A Valentine Story (Breaking the ice), publicados por Dark Horse. Los autores son variados, así como los estilos de dibujo y coloreado, apenas repitiendo un par de guionistas. Los momentos que recorremos con este volumen son los siguientes a la explosión de la primera Estrella de la Muerte y a una aventura tres años después.

Vamos a por las tres primeras aventuras, todas muy cercanas en el tiempo a la primera gran victoria de la alianza rebelde en su intento por devolver a la galaxia la paz y la democracia. Por lo pronto, han podido destruir una gran arma estelar con la potencia suficiente como para reducir a escombros un pequeño planeta. Gracias a un hueco de la estructura y el uso de la Fuerza por parte de Luke Skywalker se pudo acabar con ella. Pero eso no significa haber terminado el trabajo, ya que otras naves están allí y este arma no era la única, aunque sí la más potente del Imperio. Una de las naves supervivientes fue la de Lord Vader, aunque dañada y sin referentes imperiales cercanos que pudiesen recogerla para reparar. Aquí nos sitúa la primera historia.


El corazón salvaje comienza con la explosión de la Estrella de la Muerte y los giros incontrolados del caza de Vader, antes de poder estabilizarse y huir del lugar. Era precisa una reparación de aparato. Así que busca un lugar y lo más cercano es un perdido planeta, Vaal, con un perdido contingente de tres soldados. Parafraseando un refrán, podríamos decir que uno trabajaba y dos miraban. O, también, que los tres estaban puestos por el ayuntamiento y dejaban pasar los días en su retiro, seguros de estar abandonados casi a su suerte por un Imperio demasiado amplio como para fijarse en ellos. Por despreocuparse, llegan al extremo de no comprobar los datos que señalan la entrada de algo en la atmósfera del planeta, simplificando el superior del lugar (la estación imperial de relevo V-794) al decir que se trata de un meteorito. En tercero en discordia, el único que parece preocuparse por hacer bien su trabajo acabrá contagiándose del clima de dejadez hasta el punto de despreocuparse tanto como sus compañeros. Aunque sea en el peor momento y con una visita no esperada. No, si es que si en la academia te decían que el Emperador y Vader sabían lo que hacías por muy lejos que estuvieses...

Vader. El lord Sith logra terrizar en el planeta tras esquivar manualmente los asteroides que rondan el lugar. Y ya en superficie se enfrenta a la fauna local. Sobrevive al matar al macho alfa de la manada que le adopta a él como tal. Cuando al día siguiente cuenta con la fidelidad de los animales resulta que aparece otro de otra especie y se reafirma como el líder al matarle. Momento de subidón para él, que llega a gritar imponiendo su alarido al de los animales que le siguen como perillos. Y no lo son, que llegan con Vader a la base y se meriendan a los tres soldados tranquilamente, mientras el Sith marcha en una nave. Su destino es Coruscant donde manda recado al Emperador de su llegada y ordena la recuperación de su caza y la reintegración de un equipo humano para la base ahora desierta.


Hasta el último hombre nos introduce en los tejemanejes de los oficiales, historias donde el esfuerzo y el compañerismo se ve empañado por la envidia y las ganas de medrar en el escalafón. La trama se concreta en las acciones del oficial Janek Sunber en campaña con dos referencias, tanto al inicio como al fin, del ambiente en un centro de formación, Carida. La mirada se fija en los oficiales, de distintos rasgos, más que mostrar el estilo de vida de los soldados rasos. Esta historia no es la única que muestra el día a día de personal del Imperio y ayuda a no demonizar a todo el personal. Ciertos principios, necesarios y positivos, eran observados y practicados por hombres y mujeres que esperaban levantar algo glorioso y ordenado que trajese paz y estabilidad a la Galaxia. Muchos soldados viven de ese ideal y se esfuerzan en alcanzarlo, creyendo que separatistas y rebeldes son desarrapados que viven al margen de la ley y el sacrificio por las buenas causas.


Janek Sunber es un hombre esforzado que sube el escalafón despacio y con el respeto y hasta cariño de sus hombres y algunos superiores. Sus aspiraciones eran de altos vuelos, pues no en vano pensaba ser piloto, pero al no poder llegar a tales cimas se decidió a una carrera sobre terreno, sirviendo en la infantería. La entrega que vive se ve en esta historia, donde comparte esfuerzos a pie de barro con sus soldados, mas que aprovechar su rango para ir tranquilamente en posiciones más cómodas. Eso sí lo hacen dos superiores que, a mayores, le miran con malos ojos. No sé cómo les llamaran a sus espaldas pero eso aquí responde a la denominación "los de la pata del Cid", ascendidos por méritos de familiares suyos y no propios. Así les va a la hora de presentar batalla, paralizados por el miedo o lo primero que recuerdan del manual de batalla.


Sunber destaca por sus observaciones y su aprovechamiento del terreno, el personal y las armas. Sus decisiones salvan parte de la tropa, que se ve superada por el número y fiereza de los amani, los nativos del planeta. A punto de morir por culpa de un superior, se mantiene firme en el ideal y no se revuelve enfadado contra las malas decisiones de quienes deberían protegerles y alinearles en el campo de batalla. Tampoco da su parecer hasta que se lo piden, mostrando un delicado equilibrio y creatividad entre lo aprendido en la academia y las circunstancias del entorno. Su decisión y persistencia le lleva a la supervivencia y al arrojo, llegando a ser nombrado comandante durante la refriega y ser honrado como valiente guerrero, perdonándole la vida y llegando a acuerdos con los beligerantes nativos. Sabremos, a mayores, que el motivo de tales escaramuzas era que los soldados habían cruzado terreno sagrado para los amani y estos comenzaban un ritual consistente en el acoso y destrucción de los itinerantes invasores. Solo si sobrevivían como lo hicieron los imperiales se llega a acuerdos y valoración.


Poco tiempo después, en Carida, es obligado sunber a entregar la insignia de comandante y ser reducido a su estado oficial inicial, con mención honorífica en su expediente militar. Un oficial superviviente sonríe porque no le gustaba y no le muestra respeto ni sale en su ayuda a la hora de contar todo lo sucedido. Sunber, insobornable y decidido, sale serio pero firme a la hora de continuar con su carrera y su entega. 

El interludio deja espacio para tomar aire y regresar a las andanzas de Vader. Al inicio del volumen le vimos escapar de la explosión de la primera Estrella de la Muerte y de las garras aliadas. Su llegada a Coruscant marca un antes y después pero no le supone una larga estancia de descanso. Más bien es un refresco para retomar su actividad de descubrimiento, localización y destrucción de los rebeldes. Estos, al tiempo, andan a la busca de un lugar donde establecer una nueva base que les permita un descanso, el reagrupamiento y la reconfiguración de su ejército. La esperanza les anima pero son conscientes del peligro que corren, con un Imperio tocado pero no hundido. Con el miedo recorriendo las sombras de la Galaxia, más oscuras mientras Vader viva.

En una nave de transporte imperial sale de nuevo al espacio. Le mueve la idea de localizar a los rebeldes y acabar con ellos. Necesita información y sabe que un bothan puede ser el medio magnífico que la consiga. Así da comienzo Objetivo: Vader. El espía que va a visitar es uno en nómina imperial que debió de ser bueno pero que actualmente no cumple los requisitos mínimos como para recompensarle y, quizás, ni aún, pagarle sus honorarios. Jib Kopatha, mercenario de la información, rodeado de sirvientes y agentes a su servicio, está tranquilamente en su estación espacial enclavada en un asteroide y se lleva la sorpresa, como los tres soldados de la primera aventura, de la visita del lord Sith. Visita que viene con reprimenda y puesta a punto. La información requerida es la referente al ejército rebelde y su localización.


Vader se encuentra con un Jib desprevenido y sin datos que suministrar. Este intenta ganar tiempo alegando buenos servicios anteriores y un rato de calma en su harén. Cosa que rechaza el Sith. Aquí se da un quiebro en la actitud de Vader, cuando el informante bothan le ofrece un preciado vino de pétalos de Naboo o a la chica que lo porta. Momento tenso de silencio donde los recuerdos y el amor de Anakin regresarían a tiempos pasados y dejarían un poso amargo en el presente aprendiz del Emperador. Saldrá de la presencia de Jib para ser atraído por Xora, habitante del planeta Falleen. Los habitantes de allí son capaces de controlar la expulsión de feromonas con el fin de manejar a sus oponentes. Darth Vader está sobre aviso y no bajará la guardia ni cuando recibe la promesa de información sobre la alianza.


Xora lo lleva a un nivel subterráneo del lugar pero no le da la información sino que inicia un ataque conjunto de varios compatriotas que se la tienen jurada al enfundado guerrero otrora Jedi. Es uno de los atentados que sufre a lo largo de las historias del universo expandido. Muchas veces es por sacárselo de delante ante su traición a los Jedi, otras es por el peligro que supone como batallador y símbolo, sin faltar quienes le buscan para ocupar su lugar. En este caso es por venganza. En medio de la refriega descubrimos que el Imperio arrasó una gran ciudad de Falleen para ocultar sus investigaciones en el campo de las armas biológicas. Vamos, la solución radical que se usa en estos casos, la destrucción total de instalaciones y alrededores. Como otros atentados, este falla y termina con un Vader que regresa por donde vino sin datos ni objetivos claros. De nuevo el señor oscuro sale al negro espacio y no ceja en su empeño de destrucción y muerte.