sábado, 30 de enero de 2016

Un paseo dominical entre ruinas: Melón.

Aunque haya perdido la costumbre, los domingos por la tarde solíamos salir en familia a pasear y ver algún lugar más o menos cercano, cuando no estábamos de visita a familiares a quienes no veíamos por la semana. Antes, generalmente, la comida en casa de papás.

La buena temperatura, la tarde sin lluvia y un sincronización para después de comer, me llevó, con mis padres, a un paseo por Melón, su monasterio en ruinas y el cercano barrio o zona denominada O Coto, por debajo del monasterio, al otro lado del río da Cortella. 

El atractivo de la zona tiene mucho que ver con las aguas vivas de este río y de los cercanos das Bouzas, el regato da Armada y el caudaloso Cierves, que afluye al Miño después del Avia y el Outeiro, en territorios que delimitan las provincias de Ourense y Pontevedra. Años ha, estaríamos hablando también de la división de dos diócesis pero a día de hoy las fronteras diocesanas se han modificado y adaptado a las civiles. Un detalle: en su momento, y sin hacer tanto tiempo, la villa de Ribadavia pertenecía a Ourense y a Tuy-Vigo. La frontera era la natural del río Avia, cruzado por un puente que existe hoy, como todavía existe el convento de san Antonio, fin de la diócesis auriense por este lado. En 1954 se produjeron los cambios para la adaptación a los límites civiles, extendiéndose hasta los límites de A Cañiza, por entonces diócesis de Tuy. En 1959 esta denominación cambia a la actual: diócesis de Tuy-Vigo.


Pues bien, en el pueblo de Melón, ayuntamiento y sede del mismo, provincia y diócesis de Ourense, el domingo callejeamos con calma. Y aunque no pasamos esta vez por ellos, hay que resaltar que la posición es buena para paseos y ocio, si gustas de la naturaleza. En primer lugar por las pozas, piscinas naturales de agua fría que baja de la montaña, caudal del río Cierves. Tienes las de abajo, en la N 120, cerca de un bar. Disponen de sitio para aparcar y desde allí a las mismas es un paso. Son nadables. Si quieres, el pateo puede seguir por el monte, llegando a pasar para un puente de la autovía A 52. Y tienes las de arriba, más vistosas pero actualmente no accesibles por las protecciones y pasamanos de madera, a las que accedes subiendo por el cementerio, dirección Tourón. El sitio para aparcar es mínimo y el recorrido a pie es precioso, atravesando el bosque, por camino de tierra amplio. Hace unos años aún podías pasearte por las piedras y las pequeñas piscinas de agua. Eso sí, con cuidado, que algunos resbalamos por ellas, aunque lo contamos. A día de hoy se ha adaptado el lugar con señalizaciones de senderos y con pasamanos de manera y hasta un mirador de metal, con unas vistas preciosas del río Cierves bajo tú y las montañas rodeándote.

Por donde sí fuimos y paseamos fue por las ruinas del monasterio cistercienses de santa María de Melón. Situado en la N 120, con sitio para aparcar y un pequeño parque antes de la entrada, llama la atención por su vistosa iglesia, hoy parroquial, y por contener en la muralla que le rodea una casa, con carteles que indican que es o fue una choricera. Una puerta lateral porta el nombre de Villa Conchita y el número 7 de portal. 

Suele estar abiero el lugar y sin vigilancia aparente. La iglesia es el templo parroquial y un cementerio cercano es visitado y cuidado por la gente que reza o recuerda a sus difuntos. Si la iglesia no está abierta sí puedes verla en parte porque la entrada suele consistir en una verja. Así la puerta puede estar abierta, respirar el interior y, al tiempo, queda protegida de asaltos y profanaciones. Personalmente, nunca he entrado, siempre la he visto desde la entrada. 

Una pesada puerta metálica con dudoso estilo, que se repite luego dentro, por ejemplo, en el acceso a la cafetería, da paso a un patio y a las escaleras que te llevan al piso superior. Sí, entrando a la derecha, está la subida y está la cerrada cafetería. Una vez más cerrada, quizás por la falta de una afluencia constante de clientes. El lugar es precioso, pues es un recinto abovedado y entrañable. Subiendo paseas por la zona de habitaciones, pasillo y una habitación pequeña con chimenea. Pero puedes atravesar el patio y subir por escaleras de piedra. 

La visita de la parte inferior es un constante descubrir recintos y columnas sencillas, propias del austero estilo cisterciense. Aunque la impresión es de grandiosidad, aún sin estar completa la restauración. Muchas piedras siguen en el suelo, a veces a la vista y otras veces adivinadas entre la maleza. Incluso, parece que muchas otras fueron reutilizadas y ya son irrecuperables para el conjunto. 
 
El paseo por los alrededores, siempre dentro de la muralla, te lleva a la parte de atrás de la iglesia, con sus formas redondeadas, sugiriendo una girola, como la de Oseira, que leo que fue modelo de esta. Y el bosque puede relajarte la vista, con sus altos pinos.

Una curiosidad son las paredes que quedan en esta zona, trozos de pared de piedra, en los que la hiedra se ha subido y anclado, restos de construcciones que gracias a la limpieza se pueden imaginar. Porque nos ha cuadrado un día donde la limpieza de maleza y hierba se nota especialmente.

Continuando, llegas al palomar, construcción que se mantiene en buen estado a la que puedes acceder por una pequeña puerta. He entrado como siete veces y nunca he tenido un encuentro con otro bicho dentro, jeje.

Nuestro paseo nos llevó a las casas de O Coto, atravesado por un río, el das Bouzas, con algunos detalles curiosos como una cruz de Santiago en una casa, mirando al río, otra casa con una cruz en tejado, mirando a la carretera o el lavadero a un paso del agua. Las lluvias le han dado un buen impulso y el caudal resuena cantarín. También nos llamaron la atención dos casas cuyo portal metálico contenía en cénit un camarín para imágenes devotas.


 Subir de nuevo, a pie, hasta la N 120 y atravesar, solo atravesar Melón, te conduce a un pueblo donde se ha restaurado mucho y se ven buenas construcciones. Además de no percibir más de un alma (unida a su debido cuerpo), me llamaron la atención un peto de ánimas, con el año inscrito, cuerpo de azulejo blanco pintado de azul y la renovación en piedra del país, todavía "limpia" en contraste con la más antigua y que corona el peto.

También el curioso calvario, formado por tres cruces, enfrente de un cruceiro. No sé la historia pero vi una cruz central, latina, normal, y las dos de los lados parecidas a la Tau, al faltarles o ser talladas sin el pequeño brazo superior.



El paseo por la calle central, Calvo Sotelo, depara alguna sorpresa en forma de exposición cara el público de piezas de un carro.




Y así, dejamos que las tinieblas cayeran y disfrutamos, antes de la noche, de un cafecito caliente en el Oasis, viendo el valle ribadaviense callarse en un fundido en verde.