miércoles, 27 de enero de 2016

Vista "La herencia Valdemar".

Hace por estos días 6 años que se estrenó esta película y que yo había visto en su momento, quedando la segunda parte pendiente hasta hace nada. La web oficial sigue activa y arroja datos interesantes como, por ejemplo, que es una producción sin subvenciones estatales y que el proyecto original se desarrollaba a lo largo de una trilogía, con el universo lovecraftiano como origen y base. Podemos añadir que es la opera prima de un director, José Luis Alemán, que se atrevió a hacer lo que apenas se hace en España. Como, por ejemplo, sin salir del género, traerse a un enfermo Jacinto Molina para un papel. Ole solo por ello y por las ganas de realizar el filme. Y es que me vienen a las mientes palabras de don Jacinto donde saludaba con ganas el cine de terror actual pero con tristeza compartía su desazón porque a él nunca le tenían en cuenta los directores modernos. Eso lo escribió, claro, antes de este proyecto. Y así, tendremos un poco de Naschy, en su último papel, que me suene, muriendo casi dos meses antes del estreno.

(Jervás): Por cierto, señor, ¿está usted seguro de lo que va a hacer? ¿Confía en ese hombre?
(Lázaro): No sé si confío en él, Jervás. Pero, por primera vez en mi vida, creo que realmente puede haber algo más. Y empiezo a considerar las implicaciones.

En una historia que se desarrolla entre el presente y la narración del pasado de cierta casa, iremos conociendo a los personajes. Ah, lo que iba a ser trilogía quedó en dos películas y para la segunda aún nos tocará conocer en profundidad a los que aquí se nos presentan. Quedándonos con lo dicho, acudimos al presente: una inmobiliaria debe tasar una propiedad para dar precio a un comprador y tener los papeles listos. El tasador que va desaparece y se envía a una segunda trabajadora. La propiedad está en un lugar apartado y comprende una casa de corte victoriano y el terreno alrededor. Si la casa tiene su aquel vista a plena luz del día, mejor no la hojeen en la foto del informe. Al inicio de la película, cuando esa foto se enfoca y acerca, vemos una figura fantasmal moviéndose tras una ventana. Sí, tal cual, en una fotografía. Con el desagrado de un cercano gato que bufa.


El caso es que el curro es el curro y la esforzada agente de la inmobiliaria tendrá que hacerse cargo de una propiedad para tasarla y presentar un informe en un par de días. La casa tiene su hálito de magia pero el toque de terror ya se lo pone un jardinero con aire de pocas luces que cuida del lugar y llega a afirmar que otros que fueron por allí desaparecieron... que se fueron sin decirle ni adiós. Y entiende lo que entiendas, maja. El repelús se le quita al ver que tiene mucho trabajo por delante, en una olvidada mansión dieciochesca. Esa mansión a la que había un tasador antes. ¿Que no apareció? Pues la chica lo encuentra. Y no vivo precisamente. Al terror de la visión del cadáver llega la sobrexcitación de una presencia humanoide en la casa, de la que logra salir, siendo rescatada por el jardinero y otro hombre. Según fluya el tiempo, más que rescatada se verá raptada. Impagables los momentos en que una asustada mujer ve la camilla donde había descubierto el cadáver de su compañero al lado de la puerta de su habitación y, el otro, cuendo uno de sus rescatadores pilla una mosca y la guarda en un pastillero, en lo que parece un guiño al Renfield de Drácula.

Pero mientras esto se cuenta, la trama se abre por otro lado. Y tendremos a la inmobiliaria en medio, aunque cada vez ocupará menos espacio al descubrirse que las investigaciones y los secretos parten de una fuente superior: la Fundación Valdemar. Un hombre de afilado corte aristocrático, con un bastón de cthulhiana manufactura, envía a un investigador para que haga tándem con la presidenta de la Fundación. 

El viaje en tren, en un vagón pillado para ambos, marca el inicio del flash back: la historia del matrimonio Valdemar, Leonor y Lázaro, con sus criados, entre los que sobresale Jervás, encarnado por Naschy. Este matrimonio acoge niños y prepara sus adopciones. Descubren que pueden hacer dinero con fotografías trucadas durante sesiones de espiritismo y destinar esas pesetas a su obra social. Pero el cabroncete de un periodista levanta la liebre y se descubre el pastel: las sesiones y las fotos son un fraude.

(Doctora): No sea tímido.

(Investigador): Hola. La doctora Cerviá, supongo.

(Doctora): El listo de turno, supongo yo. Puede llamarme Nora si no viene con ideas tan pretenciosas.


Encarcelado, Lázaro recibe la visita de un fan suyo, nada menos que Aleister Crowley que, en un perfecto castellano, le da noticias de su mujer y le anima, ofreciéndose como defensa suya. 

 (Crowley):
Los periodistas son gente que ha fracasado en su carrera. El problema de la réplica a un ataque de la prensa es como el intento de Hércules de cortar la cabeza de la Hidra. No hay la menor probabilidad de éxito. En fin, habrá que buscar otra estrategia. Pero, de eso, ya me encargo yo.

Los favores se acaban cobrando y Crowley lo hace con un nuevo regalo, un libro de conjuros, y una exigencia, retomar las sesiones espíritas en su casa. Todo ello, basándose en la creencia de que Lázaro es un auténtico médium. En mala noche descubren que no es así y que lo que han convocado es maligno y descontrolado. Sí, finalmente, veremos quién es el auténtico canal con el mundo de los espíritus pero ni tiempo nos concederán para despedirnos, al ser arrancada del mundo de los vivos. 

Se regresa al presente y a la investigación pero ya la película se corta, prometiendo y adelantando unas imágenes de la continuación.

La impresión que me dejó el filme es la que me suscitó la banda sonora: preciosa pero contenida. Donde más lamento esa contención, hasta el punto de cierta dejadez, es en la interpretación. Algunos personajes daban la sensación de recitado, con escasa naturalidad. A otros, como la presidenta, ese aire de distanciamiento le quedaba bien, de controladora y superior. Naschy se desenvuelve muy bien y aunque uno lamente que no tenga un protagonismo mayor, se comprende que estaba enfermo y quizás ello le limitaba. No sé si por maquillaje o decrepitud, su malestar se transmite muy bien en las escenas que encarna en la segunda parte de esta entrega.

Interesante la aparición del tema de las feministas, dotando, así, a dos mujeres de una fuerza especial, siendo una de ellas Leonor, la esposa de Lázaro Valdemar. Sin embargo, contrasta con el tratamiento de las señoras que acuden a la sesión de Crowley en la casa. Aunque sean refinadas y de la alta sociedad, su papel es secundario y silencioso. Podría aducirse que para el tiempo que aparecen... Sin embargo, luego quedan como cobardicas, dándose la palabra, durante la huida, únicamente a los varones.

 (Crowley): No. Obviamente, los muertos no le sirven pero buscará lo que llevan dentro. Las larvas tienen vida y son millares. Si les da poder, conocimiento, las puede enseñar a acelerar su reproducción, a fortalecer tejidos, a dar vida. Esto no debía de haber ocurrido jamás.




Dos temas de sociedad se dan la mano y los reseño: el periodismo y el espiritismo. Llama la atención encontrarse al reportero de entonces, un hombre capaz de meterse en la boca del lobo por una noticia, el enterado que patea la calle y se mete en las casas para escuchar las historias de primera mano. Pero, en este caso, nos encontramos con un trepas, capaz de lo anterior por hacer un buen trabajo pero mezquino al venderse al mejor postor y escribir conforme a la verdad del capital y los intereses. La época, con sus convulsiones sociales, dio lugar a muchas publicaciones, sobre todo en el ámbito de los trabajadores. Y no son las únicas historias que se escriben sino que, trascendiendo, se abre hueco una experiencia que deja atrás este mundo sórdido para infiltrarse en el etéreo. El espiritismo, traído desde América, iniciado en 1858, conocería un auge especial en Francia de la mano del autonombrado Allan Kardec. este escribiría una obra fundamental para el tema en 1857. El caso es que haría furor en el mundo y las sesiones en casas o salones discretos fue la tónica de la época. Como sucede hoy, no solo interesa el conocimiento sino que afluye el deseo de saber el destino de los familiares difuntos, por ejemplo. Con la fotografía ya no solo se hablaba del tema sino que se mostraba, dejando prueba de manifestaciones espectrales, levitaciones y materialización de ectoplasma. Hubo defensas y oposiciones, entre las que me quedo con el libro del Padre Heredia, jesuita él, donde reproduce muchos de los fenómenos que se vendían como ciertos y él mostró como supercherías, Los fraudes espirititas.


(Leonor, en trance): No hay que intentar comprender lo que no se conoce. Solo se despiertan respuestas oscuras e innombrables.
 
Hemos intentado darlo todo para crear la primera saga fantástica del cine español, dedicada a un terror muy suave, muy romántico, que esperamos atraiga a la gente en un momento lleno de horrores bruscos y violentos, decía el director en rueda de prensa, antes del estreno. Un terror que se manifiesta al principio con detalles convertidos en sustos (el fantasma en la foto, la puerta que aparece abierta al darse la vuelta la agente inmobiliaria, la sombra del demonio al fondo,...) para ir, despacio, muy despacio, hasta llegar al clímax que supone la sesión dirigida por Crowley y la aparición del ser malvado en nuestra realidad. La ambientación ayuda al realismo de la distintas situaciones, jugando con lugares que a la luz del día y por fuera son mágicos y una vez que entras por su puerta se convierten en tétricos y oscuros.


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