lunes, 29 de febrero de 2016

Vista "La noche de Walpurgis".

Algo tiene esta noche, algo tiene, con sus leyendas de demonios y muertos que nos visitan en los vientos de la noche del 30 de abril al primero de mayo. Su sola mención ponía nervioso al director del hotel y al cochero del relato de Bram Stoker, El invitado de Drácula. Siendo, pues, noche para no salir de casa y protegerse con el poder de la cruz y la fe, es vista como noche de liberación por el licántropo Waldemar Daninsky, hombre que carga con la maldición de su transformación y que es ayudado, aquí, por su entregada hermana. Acercarse a este monstruo supone compadecerse de la desgracia de un hombre que se vuelve lobo con la luna llena y pierde su voluntad para abandonarse a la de la bestia. Una transformación rápida que le saca de casa para cometer asesinatos y dejarle postrado, al amanecer, con las sanguilontes pruebas de su metamorfosis letal.

El final de tal maldición aparece como la confluencia de aspectos astrales, físicos y amorosos. En lo alto ha de brillar el plenilunio de la noche de Walpurgis, en la mano de una mujer ha de brillar la daga de plata que se forjó a partir del cáliz de Mayenza, en el corazón de la ejecutora ha de brillar el amor por el hombre que todos odian. Una curiosa mezcla de amor y muerte que pone en peligro a los protagonistas de la liberación. Una coincidencia astronómica que reverbera en el amor incondicional que sabe que la persona de su devoción solo es liberada para poder morir en paz. La redención no llega, solo se ofrece la liberación.


El hombre lobo, en una lectura amplia, no solo admite el mito y hasta la creencia en su realidad, sino que nos muestra la oscuridad de cada uno, la bestia que convive con la rectitud y la conciencia, el pozo y la sombra que en más de una ocasión pugnan por salir y arrastrarnos a la existencia primaria y prerracional. Y aún podríamos complementar esto con la lectura de quien desea tal estado, del que busca la transformación en la bestia, para embriagarse de un poder animal que le pondrá por encima de otros.

El caso es que podemos vivir tranquilos mientras todo sea una película que, además, se ofrece con magnífica calidad por el segundo canal de la televisión estatal. Un filme entroncado en la semana dedicada al terror en nuestro cine patrio que ocupa, excepto hoy, jueves, las pantallas de La 2 a partir de las 22 h, terminando antes de medianoche. Es de agradecer una apuesta así que levante miradas y saque a la luz esas joyas que tantas veces han aparecido bien valoradas en el extranjero mientras aquí le hacían ascos mil. Con una breve presentación, la proyección de estas películas nos retrotrae a la infancia o incluso antes y nos pone ante la obra de gente que hoy es odiada y elevada a los altares del culto a partes iguales. Desde aquí un gracias a Televisión Española por estas emisiones y a su sonriente presentadora Elena S. Sánchez por poner el toque amable al terror, a pesar de no ser su estilo favorito de lejos, como dijo cuando prologaba Angustia, de Bigas Luna, que no me vi, todo sea dicho de paso.


- Todo el mundo cree que es un hombre lobo, ¿no? Si hacemos caso de la leyenda, al extraerle los proyectiles que le causaron la muerte, puede volver a la vida. Veámoslo.

Anotando detalles del filme del martes, La noche de Walpurgis, hay que decir que me hizo sonreír la cantidad de conocidos que trabajaron juntos, gente que no siempre cito en estas notas divulgativas pero que hoy dejo por escrito en rápido vistazo. Así, como asistente estaba el que también sería director, Carlos Aured. En producción y música estaban dos que luego repetirían juntos en la encarnación de los templarios ciegos, José Antonio Pérez Giner y Antón García Abril. La dirección la llevó León Klimovsky (expresamente pedido por Naschy) y el guion corrió a cargo de Hans Munskel y Jacinto Molina, este también como monstruo protagonista. Película en coproducción hispanoalemana del año 1971. Naschy sacaba de nuevo a la luz a uno de sus personajes estrella y lo hacía de la mano de la productora alemana a la que luego tanto aludiría en sus entrevistas, Hi- Fi Stereo 70.

En los inicios de la película dos son las investigaciones científicas a las que asistimos: una disección y una documentación histórica. La primera ya ni se inicia sino que se queda en la extracción de las balas de un cadáver. ¿Qué lo hace especial? Que, dicen, es el cuerpo de un hombre lobo. Por aquello de tentar a la superstición, el descreído doctor le saca las balas diciendo que si es tan licántropo como dicen seguro que se levanta de la mesa de operaciones... Ya te imaginas lo sucedido, ¿verdad?



Elvira: Mi amiga, Genevieve Bennett, Waldemar Daninsky.

Waldemar: Mucho gusto. Su amiga me explicó lo que les sucede. El problema tiene difícil solución. Prácticamente, soy yo aquí el único habitante. El monasterio y las granjas llevan años deshabitados. 
 


En cuanto a la segunda investigación, es la motivación de dos amigas en busca de la tumba de cierta noble, Wandesa Dárvula de Nadasdy. Sus estudios históricos las llevan a una región lejana donde acaban casi sin gasolina pero con la invitación de Waldemar Nadinsky a su casa. Así, él compartirá sus pergaminos con ellas y, entre todos, con su investigación documental y el recorrido sobre el terreno, darán con la sepultura de la terrorífica mujer. Escena especular de la primera: aquí la decisión es la de sacar la daga que atraviesa el pecho del cadáver. Un rasguño deja sangre de la una de las chicas, Genevieve, sobre la huesuda boca de la enterrada. Lo dicho, ya te imaginas que esta tampoco se queda del lado de la muerte, ¿verdad?

Elvira: "Wandesa Dárvula de Nadasdy, 1452-1480. Enamorada de Satanás. Encontró la muerte que merecía. Que nadie turbe su reposo y que Dios tenga piedad del alma". 

Waldemar es un hombre afable con las señoritas pero esconde un terrible secreto: es un hombre lobo. Su maldición le lleva a cometer asesinatos a la luz de la Luna. Por fortuna, su hermana le acompaña en su estado humano y le aprisiona antes de la transformación lobuna, lo cual no siempre acaba bien. El lugar de las ataduras es descubierto y la hermana muere, Waldemar sufre y mata, la maldición gana terreno al hombre que se apartó de los hombres para no causarles mal. Ni en el Tíbet, donde la maldición le alcanzó, ni en su actual residencia puede huir de la bestia. De todas, queda una esperanza. Que una mujer se enamore de él y, poniendo sus vida en peligro, le clave cierta daga forjada con el cáliz de Mayenza, en el plenilunio de la noche de Walpurgis. Curiosamente, la noche que se acerca.


Genevieve: La leyenda dice que si se le arranca del pecho la cruz de plata de Mayensa, Wandesa volvería.

Waldemar: Es solo una leyenda. ¿Dónde está Elvira?



Pero no es el único secreto. Aquella que fue molestada en su dormir eterno, sin la atadura de la daga de plata, resurge de la sepultura, y se lleva por delante a una de las investigadoras. Dos sensuales criaturas de la noche que beben sangre humana y cuya aparición se rodea de nocturnidad y una laxitud que las distingue en el discurrir temporal, moviéndose a cámara lenta, con vaporosos vestidos. La condesa de Nadasdy viste completamente de negro, cubriendo su cabeza con un velo. La neófita, al ser vampirizada, contrasta con sus vestidos blancos. Pero, como una metáfora de la transformación, estos van a ser cubiertos en parte por otros oscuros.


Waldemar: Satán sigue siendo poderoso. Los pueblos neciamente continúan ignorando su fuerza. Wandesa volvió a la vida, y con ella, Verdun, el monje maldito. Cada vez adquirirán más poder. Y lo más terrible es que la noche de Walpurgis se acerca. Se desatarán todos los horrores de nuevo. Según la leyenda, en la noche de Walpurgis, Satanás se manifiesta. Es una lucha eterna que atormenta al ser humano desde que fue creado. La soberbia, su condenación.

Oscuridad en torno, con el número de combatientes igualados a dos: dos vivos en la casa de Waldemar, dos muertas en las ruinas del antiguo monasterio. Pero con la oscuridad de la superstición en contra de los vivos. Así, es normal que un aldeano se atreva a atacar a Daninsky para desterrar su faz de la del mundo. Nada sucede. Parece que en su estado humano el hombre lobo es indestructible. Muere el aldeano. Y con la noche del Walpurgis a un paso, Waldemar y la superviviente Elvira, buscan afanosamente la tumba de Wandessa, ayudados por un amigo policía de ella. Será la confrontación final, un hombre lobo contra una vampiresa, los humanos como testigos mudos, al principio. Porque vendrá el final de la mano femenina de quien amó a un licántropo y le clavó la daga de plata para librarle de su maldición.


Marcel: Pero estoy convencido de que detrás de todo esto, hay una maquinación criminal. ¿No tiene nada que decirme, señor Daninsky? 

Uno de los detalles que se repite en el cine de la época es la mención a Satanás. Aquí no se le muestra directamente sino como una sombra que se va acercando sin llegar a materializarse. La idea es que la vampiresa es sierva del demonio y a él va a sacrificar una vida humana. La misma  lápida de la sepultura, que la cámara no enfoca de frente pero que Genevieve lee en alto, dice de ella que fue "Enamorada de Satanás". No es la única adoradora demoníaca que sale en la película. 


Wandesa: Satán va a venir, le pertenecerás, y tu sangre hará que se manifieste. Aquí está mi señor. La luna llena pronto brillará en el cielo. Debo cumplir mi misión. Tu sangre será su aliento vital y por fin dominará al mundo.

Aunque con un papel de segundos, aparece vivo y correteando, el oscuro monje que vivía en la ermita de santa Ana, a un paso de la confrontación final, Bautista Verdún, del que se afirma que celebraba misas negras. Desaparecerá ante el contacto con la daga de plata. Este objeto fue forjado con el metal de un cáliz, se supone de celebrar Misa, con lo que tendríamos una nota más de una lucha entre el bien y el mal, con la presencia casi tangible del demonio y la secundaria de Dios, mediada por la daga. También se menciona en dos ocasiones la necesidad de la oración para alcanzar la calma de la salvación y el fin de la pesadilla.

Elvira:  Últimamente, Genevieve y yo descubrimos algo referente a Wandesa Dárvula de Nadasdy, una condesa húngara que vivió en el siglo XV. 
Está envuelta en una leyenda, una leyenda horrible. Tomaba parte en los aquelarres y adoraba a Satanás. 
 Sacrificaba a hermosas doncellas para beber su sangre,porque también tenía la marca de los vampiros.

Podemos dejar nota de otro detalle que muchas veces tenemos ya como fijado, que es el de que desaparecida la fuente del mal desaparecen sus frutos necróticos. Así, más de una vez es necesario matar a un vampiro para que su víctima no acabe como él. Por ejemplo, aquí lo vemos respecto de las dos amigas: cuando Genevieve vampiriza a Elvira, esta se libra de sus cicatrices al morir aquella. La transformación no se ha completado y el refrán brilla con luz propia, recordándonos que muerto el perro se acabó la rabia


Unido a esto, hemos visto muchas veces cómo al morir un monstruo recupera su forma humana. Al respecto, aquí asistimos a dos muertes donde seguimos su metamorfosis. La de Wandesa se queda en la disolución de su rostro hasta quedar, literalmente, en los huesos, tal como la contemplamos en su sepultura, cerca de las ruinas de santa Ana. La de Waldemar es la canónica del hombre lobo que va progresivamente recuperando su rostro humano.


 
Vamos a los enlaces, conscientes de que las películas seguro que no duran mucho en la web. 

Y agradeciendo a Claustroman que avisase con tiempo de este ciclo y consiguiese las fotos de hemeroteca.


- La noche de Walpurgis (web RTVE) 

- Presentación de la película (web RTVE)

- Coloquio final sobre el cine de terror español (web RTVE)